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Editorial
Plus ça change…

Creo que hubo un momento revelador el día que Hillary Clinton le ofreció un botón rojo con la palabra reset al Ministro ruso de Asuntos Exteriores, Lavrov, al comienzo de la presidencia de Obama. Lavrov no parecía demasiado encantado con la ceremonia de relaciones públicas que le había preparado la Sra. Clinton en un escenario improvisado. Sólo pareció animarse cuando notó que la palabra reset estaba mal traducida al ruso. Al preguntarle cuál era su verdadero significado, Lavrov respondió que overcharge (sobrecarga). “Bueno, no voy a dejar que me cobre de más”, fue la réplica de la Secretaria de Estado.

Y ahí reside, en mi opinión, la esencia de las diferencias y desconfianzas que sustentan –o quizás apuntalan– las relaciones entre los dos países.

Por supuesto, Lavrov utilizaba overcharge en el sentido de sobrecarga eléctrica, mientras que Clinton entendió la palabra en el sentido comercial, cobrarle de más a un cliente.

Este intercambio verbal permitió vislumbrar la desconfianza respecto a los antiguos cuadros soviéticos que en ese momento dirigían Rusia, que nunca llegó a desaparecer totalmente. Y una de las razones más poderosas para esa persistente desconfianza la constituían las advertencias de los países bálticos de que había que mantenerse en guardia. Algunos de las principales naciones occidentales –al igual que Rusia– aseguraban que los países bálticos se dejaban influir excesivamente por el pasado y no sabían adaptarse al nuevo orden mundial. Rusia era ahora un socio, y Occidente no necesitaba recordatorios incómodos de su desagradable pasado, así que todo iría bien. Pero los países bálticos no acababan de convencerse.

Nuestro nuevo documental, “¿Hermanos de sangre?” pretende mostrar lo motivos por los que un país báltico, Lituania, no estaba convencido. De hecho, lo ocurrido recientemente ofrece una visión especialmente significativa de la forma en la que se desenvolvieron los planes rusos. Lituania sufrió muchos ataques cuando declaró su independencia hace 25 años, similares a los que Ucrania sufre actualmente. Y también tuvo gente que protestó, murió y luchó para que su país fuera realmente independiente.

La Revista de la OTAN viajó a Lituania para averiguar cómo se ve desde ese país el drama que se desarrolla en Ucrania, y cómo se las arreglaron ellos para evitar un destino similar.

Paul King

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