El conflicto Rusia-Ucrania-UE del gas: ¿quién tiene más que perder?

El conflicto Rusia-Ucrania-UE del gas: ¿quién tiene más que perder?

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El conflicto ucraniano y la anexión rusa de Crimea no son en última instancia cuestiones energéticas, sino de poder. Sin embargo, en esta crisis la estrategia de desestabilización rusa tiene importantes aspectos energéticos que suelen pasar desapercibidos.

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© REUTERS

En abril el Presidente ruso Vladimir Putin declaró en una carta abierta a los líderes europeos que Europa se enfrentaba a un riesgo creciente de una nueva crisis de suministro de gas. Moscú amenazó con cortar el suministro de gas a Ucrania (por tercera vez desde 2006) si este país no efectúa el pago previo de su energía. Más de 85 millardos de metros cúbicos (bcm) del gas que exportó Gazprom a Europa en 2013 atravesaron la red de gasoductos ucranianos –alrededor de la mitad del total. La respuesta de la UE al Kremlin subrayaba que las exportaciones de energías fósiles venían a suponer el 50 por ciento de los ingresos rusos.

Gazprom ya ha aumentado el precio del gas suministrado a Ucrania en un 81%, desde 268,5 dólares por cada mil metros cúbicos (Mcm) a finales de 2013 hasta 485 dólares por Mcm en abril. Ucrania considera que esta nueva tarifa –la más alta de Europa para el gas ruso– es injusta e insostenible, y afirma que está dispuesta a pagar los 2.200 millones de dólares de gas ruso que aún debe cuando se reinstaure el precio contratado de 268,5 dólares por Mcm. La Comisión Europea ha rechazado a su vez la política de precios gasísticos de Moscú al considerarla una estrategia de “divide y vencerás”, y ha reclamado un precio uniforme para el gas ruso en el mercado común energético europeo.

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La respuesta de Kiev ante estos retos de energía se enfrenta a grandes dificultades. Internamente el principal problema reside en sus intentos de diversificación; en Europa hay compañías y gobiernos que parecen dispuestas a sacrificar las políticas comunes energéticas europeas y la seguridad energética ucraniana en pro de contratos de gas ruso más barato; y en EEUU algunas empresas como ExxonMobil pueden pensar que tienen mucho que perder en Rusia (cuyas reservas sin explotar de gas y petróleo se cuentan entre las mayores del mundo) si ayudan a Ucrania a modernizar sus infraestructuras energéticas y diversificar sus importaciones de gas.

Esto nos lleva a hacernos varias preguntas. ¿Hasta qué punto la UE y Ucrania son capaces de hacer frente a nuevos cortes de suministro de gas ruso? ¿Puede permitirse Rusia cortes prolongados de gas a Ucrania que afectarían a toda Europa? Y, lo más importante de todo, ¿quién tiene más que perder?

¿Está Rusia maniatada por la “interdependencia mutua”?

Para el Kremlin el sector energético ruso constituye el activo comercial más importante y el pilar económico de su estabilidad interna e influencia en política exterior. Entre 2000 y 2012 la dependencia del gobierno respecto a los ingresos del sector del gas y el petróleo aumentó del 47 al 50 por ciento del presupuesto nacional, lo que supone aproximadamente el 25 por ciento del PIB ruso.

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La estrategia energética rusa en el exterior ha tenido siempre como objetivo el mantener y profundizar la dependencia europea respecto al suministro de energía rusa, lo que ayudaría a aumentar su influencia política y geopolítica, y reducir los riesgos para su seguridad nacional.

Antes incluso del conflicto ucraniano Rusia estaba claramente interesada en diversificar sus exportaciones de gas, especialmente a Asia. Rusia no podría compensar las sanciones europeas contra su sector energético y su negocio del gas redirigiendo sus exportaciones hacia China, por la falta de infraestructuras de transporte de gas.

Los expertos económicos y energéticos occidentales han asegurado a menudo que existe una interdependencia mutua entre la UE y Rusia: la UE depende del gas y otras exportaciones energéticas rusas, y Rusia depende de la UE al ser su mercado más importante para las exportaciones de gas, y de las inversiones y tecnologías europeas.

Pero los siloviki (funcionarios del sector de la seguridad) rusos han considerado siempre que se trata de una “interdependencia asimétrica”, porque Rusia podría vivir al menos un año sin ninguna inversión ni tecnología europea u occidental, mientras que Europa no sobreviviría ni 30 días sin el gas ruso.

La seguridad del suministro de gas a la UE

Europa obtiene el 30 por ciento de sus importaciones de gas de Rusia, pagando unos 250.000 millones de dólares de factura energética anual. En los últimos años la UE ha mejorado su seguridad energética mediante diversos proyectos de diversificación gasística. La situación actual es muy diferente de la última crisis del gas de 2009 entre Rusia y Ucrania, por los siguientes motivos:

  • El proyecto del corredor meridional del gas permitirá en unos pocos años las importaciones de gas de la región del Caspio evitando por primera vez el paso por Rusia, que perderá así su monopolio de exportación de gas desde esa región hacia Europa.
  • Actualmente se puede importar mucho más GNL (gas natural licuado) como medida a corto plazo, al haber más terminales de GNL y está prevista la apertura de otras nuevas en Polonia y Lituania en 2015 y en otros países (como Croacia) de aquí a 2020. Esto hará que existan nuevas posibilidades de importaciones desde países como EEUU e Israel.
  • La UE puede importar también mucho más GNL, ya que sus terminales no utilizaron en 2013 el 73 por ciento de su capacidad de regasificación. En los dos últimos años Europa ha reducido sus importaciones de GNL en un 45 por ciento. Sin embargo, las importaciones europeas de GNL serán caras al tener que competir con los precios de importación asiáticos, que duplican o triplican los europeos.
  • Las nuevas interconexiones de gas entre los países de Europa Central y Oriental han intercomunicado las “islas energéticas” de la UE y permiten un mejor suministro de gas en caso de crisis, además de nuevas capacidades de flujo inverso. Sin embargo, no todas las “islas energéticas” han quedado interconectadas. Las medidas a corto plazo de la UE se siguen viendo limitadas al menos en lo que respecta a algunos países miembros, aunque eso va a cambiar en dos o tres años.
  • También ha cambiado la situación del suministro de gas en la UE. Rusia transporta sólo el 53 por ciento de sus exportaciones de gas a Europa –comparado con el 80 por ciento en 2009– mediante la red de gasoductos ucraniana, debido a la apertura del gasoducto Nord Stream.
  • Esta no es la mejor época del año para que Rusia recurra a cortes de suministro de gas. Europa ha tenido un invierno bastante templado, dejando los depósitos de almacenamiento de gas relativamente llenos. El continente consume mucho menos gas en primavera y principios de verano que en invierno, una época en la que cualquier corte tendría un efecto mucho mayor sobre la seguridad del suministro energético europeo.
  • La mayoría de los países de la UE podrían afrontar un déficit de suministro de 90 días mediante una combinación de fuentes alternativas, siendo el elemento más importante los depósitos de almacenamiento de gas. Incluso los países bálticos, que todavía dependen al cien por cien del gas de Gazprom, han desarrollado una serie de contramedidas frente a cualquier nuevo corte de suministro de gas ruso.

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Ahora la principal cuestión es si la UE realmente cumplirá su política anunciada de aumentar la diversificación de sus importaciones de gas, o si mantendrá (o incluso aumentará) su dependencia del gas ruso.

El apoyo de países como Bulgaria, Austria, Italia y otros al gasoducto South Stream subraya la brecha existente entre las declaraciones de la UE y el resultado concreto de su política energética común. El gasoducto South Stream es el proyecto de importación gasística más caro de la zona, lo que incrementará aún más los precios del gas en la UE, ya bastante elevados de por sí (tres veces más que los de EEUU). Esto sucederá en un momento en el que la UE ha anunciado su intención de reducir los precios de la energía y el gas para mantener su competitividad económica, y en el que están disponibles muchas otras opciones más baratas de suministro de gas.

En última instancia, el gasoducto South Stream puede aumentar realmente la dependencia de la UE del gas ruso, y socavar la justificación económica de todos los restantes proyectos de diversificación en Europa Suroriental, dado que la demanda regional de gas es bastante baja y la dependencia regional del gas de Gazprom alta. Si en lugar de eso Rumanía, Bulgaria, Grecia, Chipre y Croacia desarrollaran sus propios proyectos de gas convencional submarino y gas de esquistos terrestre, podrían aumentar su producción de gas, crear muchos más puestos de trabajo sostenibles y ofrecer exportaciones de gas a través de gasoductos mucho más cortos y baratos que los de Rusia a los otros países europeos.

La cuestión estratégica ya no es si Europa tiene opciones alternativas de diversificación de sus importaciones de gas, sino si los países miembros de la UE tienen voluntad política y visión estratégica para oponerse a la presión rusa, formular estrategias nacionales coherentes y hacer que sus intereses y estrategias nacionales cumplan la política común de diversificación energética y gasística anunciada por la UE.

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Sobre el autor

El Dr. Frank Umbach es Director Asociado del Centro Europeo para la Seguridad de la Energía y los Recursos (EUCERS) del King's College de Londres, además de socio senior y responsable del Programa "Seguridad Energética Internacional" del Centro de Estrategias de Seguridad Europeas (CESS GmbH) de Múnich.