Guerra híbrida: ¿una oportunidad para la colaboración OTAN-UE?

Guerra híbrida: ¿una oportunidad para la colaboración OTAN-UE?

A raíz del conflicto ucraniano la OTAN ha decidido emprender una tarea ambiciosa: desarrollar un conjunto de herramientas para disuadir y defenderse contra adversarios que libren una guerra híbrida.

Tal y como ha quedado demostrado en el caso de Ucrania, los conflictos híbridos implican esfuerzos a diferentes niveles con el objetivo de desestabilizar un estado funcional y provocar una polarización de su sociedad. A diferencia de lo que ocurre en la guerra convencional, el “centro de gravedad” de la guerra híbrida es un sector determinado de la población. El enemigo trata de influenciar a los estrategas políticos más destacados y a los principales responsables de la toma de decisiones combinando el uso de la presión con operaciones subversivas. El agresor a menudo recurre a actuaciones clandestinas para no asumir la responsabilidad o las posibles represalias. Sin la existencia de pruebas fehacientes resultará difícil que la OTAN acuerde realizar una intervención.

Por supuesto que la superación del reto de la guerra híbrida constituye uno de los desafíos institucionales de la Alianza. Para poder combatir con eficacia amenazas irregulares la OTAN tendrá que reforzar su cooperación con otras organizaciones internacionales, especialmente con la UE.

La Alianza tiene un amplio abanico de instrumentos a su disposición; en los últimos años ha empleado una gran cantidad de esfuerzo para mantenerse al tanto de las nuevas amenazas, sobre todo en el ciberespacio. De todos modos la OTAN, siendo una alianza militar, nunca podrá abarcar todo el espectro de posibles amenazas que engloba la guerra híbrida.

Por qué dos es mejor que uno

La política actual de disuasión de la OTAN para la guerra híbrida se basa en una respuesta militar rápida. Esta política tiene tres posibles puntos débiles. Primero, a los países miembros les puede resultar difícil ponerse de acuerdo sobre el origen de un conflicto, creando así una importante barrera a la hora de emprender la acción colectiva. Segundo, para combatir las amenazas irregulares la fuerza por sí sola no es suficiente. Con independencia de lo rápida que pueda ser una respuesta, el despliegue de una fuerza militar en una zona que sufre las consecuencias de la guerra híbrida será siempre un caso de “demasiado poco, demasiado tarde”, y muchas veces el conflicto evoluciona pasando desapercibido. Por último, una disuasión basada únicamente en la fuerza militar no resultará creíble. Para afrontar las amenazas irregulares la OTAN no puede limitarse a resucitar la estrategia de la represalia masiva, ni confiar exclusivamente en un solo procedimiento de actuación.

La OTAN debe tomar en consideración una política más flexible e intentar disuadir a los posibles adversarios con una amplia gama de herramientas. Asociándose con la UE y ampliando su catálogo de instrumentos será capaz de afrontar la amenaza desde diferentes ángulos y, lo más importante, podrá incluso ser capaz de evitarla.

La UE parece la organización más adecuada para complementar los esfuerzos de gestión de crisis de la OTAN, ya que ofrece una gran variedad de instrumentos que pueden utilizarse en la guerra híbrida. La OTAN y la UE podrían formar un eje institucional eficaz con una amplia gama de instrumentos políticos y militares a su disposición. La Cumbre de la OTAN en Gales declaró que la UE es un socio estratégico de la Alianza, y la amenaza común de la guerra híbrida en la zona euroatlántica representa una oportunidad sólida para llevar esta asociación a un nuevo nivel.

La OTAN y la UE deben intensificar sus consultas y colaborar en una planificación conjunta, especialmente para implementar las decisiones sobre seguridad adoptadas por el Consejo de la UE en diciembre de 2013. La cooperación entre las dos instituciones debería ser más sistemática y pragmática.

Los acontecimientos de Ucrania han cambiado la percepción que se tiene en Europa. Los recientes compromisos de revertir los recortes en los presupuestos de defensa confirman esta idea, y la OTAN y la UE deberían aprovechar el impulso. Mediante una estrecha coordinación en los planes de defensa las dos organizaciones pueden evitar duplicidades y conseguir una mayor convergencia. La reunión del Consejo de Europa en junio de 2015 ofrecerá una buena oportunidad para revisar y seguramente ajustar el rumbo futuro de la cooperación. El Secretario General de la OTAN no debe desperdiciar las oportunidades que surgirán a partir de esa reunión.

La importancia de la reforma del sector de la seguridad

La prevención constituye el mejor medio posible de enfrentarse a la guerra híbrida. Las amenazas irregulares son mucho más difíciles de manejar una vez que se han convertido en un claro intento de desestabilización. Las columnas de blindados avanzando y los combates generalizados, tal y como se ha podido ver en Ucrania, implican que un conflicto híbrido ha entrado en sus etapas finales. Ese tipo de escaramuzas puede derivar fácilmente en un insurgencia sin una solución militar o política previsible. Como probablemente ocurra en Ucrania, el resultado puede ser un “conflicto enquistado”.

© EU

Los estados potencialmente vulnerables ante la desestabilización pueden adoptar medidas para aumentar preventivamente la resistencia de su sector de seguridad. El concepto de Reforma del Sector de la Seguridad (SSR), incluido en la Resolución 2151 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (UNSC) aporta una herramienta indispensable para afrontar los retos que presenta la guerra híbrida. La SSR aspira a reforzar la capacidad de un estado de ofrecer seguridad pública y garantizar el Estado de Derecho, implantando a la vez la transparencia y rendición de cuentas. La comunidad transatlántica debe solicitar a los países más propensos a la desestabilización que asuman la iniciativa SSR. Estas medidas no sólo prepararán al país para combatir las amenazas externas, sino que también allanarán el camino para el desarrollo sostenible y la prosperidad.

La UE ha incorporado la SSR a sus operaciones de Política Común de Defensa y Seguridad. Ahora mismo está concluyendo su primera misión exitosa de este tipo en la República Democrática del Congo y ha emprendido recientemente una misión SSR en Ucrania. Un sector de seguridad robusto y unos instrumentos “blandos” bien desarrollados representan la mejor medida para garantizar la paz y la estabilidad en toda Europa, sobre todo contra las amenazas subversivas de las que hemos sido testigos en Ucrania.

Una oportunidad que no se debe desperdiciar

Para una defensa eficaz frente a la guerra híbrida creo que la Alianza tendrá que ampliar sus capacidades y aumentar su cooperación con la UE. Mediante un enfoque global la OTAN y la UE podrán emplear toda una gama de instrumentos en un conflicto emergente. Adoptando el concepto de SSR, pueden concentrar sus esfuerzos en los países más vulnerables y ayudarles a aumentar su resistencia frente a las amenazas de desestabilización. Las dos organizaciones no deben desperdiciar esta oportunidad de llevar su asociación a un nuevo nivel: coordinando más estrechamente sus esfuerzos no sólo podrían prevenir amenazas irregulares, sino también contribuir a garantizar la paz y la estabilidad en el área euroatlántica para un futuro previsible.

Sobre el autor

Peter Pindják trabaja en el Departamento de Política de Seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores y Europeos de Eslovaquia. En su calidad de becario licenciado de la Fundación Jack Kent Cooke prepara su doctorado en la Academia de las Fuerzas Armadas eslovacas especializándose en guerras irregulares.

Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente las del autor y no representan la posición oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores y Europeos de Eslovaquia.