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Redes sociales: ¿Pueden usarse contra la democracia?

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Se ha hablado mucho del papel de las redes sociales en la difusión de la democracia, pero ¿qué peligro pueden representar esas redes si caen en malas manos? ¿Pueden ser más eficaces contra la libertad que a su favor?

 Subtítulos: / NO

Redes sociales: ¿Pueden

usarse contra la democracia?

La campaña electoral del Presidente

Obama en 2008 se consideró

un triunfo democrático

de las redes sociales.

Su página de Facebook como candidato

tenía 2 millones de amigos.

La campaña de Obama en 2008

fue un auténtico ejemplo de manual

de cómo usar las redes sociales

con fines políticos.

El canal de Obama en Youtube

tuvo más de 18 millones de visitas.

Pudimos comprobar, por ejemplo,

en la campaña del Presidente Obama

que si se moviliza a mucha, mucha

gente con pequeñas cantidades

se puede reunir una gran cantidad

de dinero en muy poco tiempo.

Pero, las redes sociales,

¿pueden ser igual de poderosas

cuando se usan contra

la libertad y la democracia?

Ahora mismo estamos siguiendo

una gran curva de aprendizaje.

Claro que algunas herramientas

de las redes sociales pueden

usarse en favor de la democracia,

pero también existen

regímenes como el chino

que vigilan sus contenidos y

pueden usarlas con fines represivos.

¿Han usado los gobiernos

las redes sociales

para impedir que

haya más libertad?

Los gobiernos tienen que

enfrentarse al dilema:

¿Cómo contener esta clase

de revolución, este tipo de cambio?

Y una de las formas de hacerlo consiste

en imponer cada vez más herramientas

para controlar el tráfico de Internet,

eliminar contenidos,

cobrar por ellos, para

que la gente no se los pueda permitir,

levantar cortafuegos,

y terminar, a fin de cuentas,

impidiendo la difusión

de la información

con la excusa de la

seguridad a corto plazo.

Creo que los gobiernos

de países como Birmania y China,

o de otros sitios, como Zimbabue,

están dándole muchas vueltas

a las posibles formas

de controlar esas redes.

¿Qué pueden hacer los gobiernos

para evitar que estas redes difundan

la información más libremente?

Hay dos caras. Se puede localizar

a los opositores con las redes sociales.

Eso fue lo que ocurrió en Irán,

donde se dedicaron

a revisar los vídeos

de Youtube de la gente,

pero creo que cuando se alcanza

un punto crítico de ruptura

los autócratas normalmente no se dan

cuenta, no se han dado cuenta,

de las conversaciones

que se están desarrollando.

Lo hemos visto por ejemplo

en Irán, donde se acusó a

empresas occidentales de vender tecnología

de supervisión de paquetes de datos.

Es decir, capacidad para analizar

el flujo de información en detalle

y, o bien interceptar los datos que circulan,

o también, por ejemplo, si usted escribe

en un SMS: "Vamos a manifestarnos",

ellos interceptarían el mensaje

y lo borrarían o alterarían

para que le indique un sitio diferente.

Así que la tecnología está ya disponible.

¿Qué probabilidad hay de que consigan

bloquear los flujos de información?

Creo que hemos visto un cambio político

que constituye un hito histórico mundial

y ya no se puede volver atrás.

Los gobiernos se verán obligados

a atender lo que quiere la gente

o aumentar la represión tecnológica.

Podríamos observar el caso de China

que sería un buen ejemplo

de cómo usar Internet para permitir

comunicarse, pero también para impedirlo.

Hay que mirar también

la otra cara de la moneda.

¿Cuánto le cuesta a China

filtrar toda esa información?

Varios gigabits

de datos cada día.

Y las estimaciones que he visto hablan

de decenas de miles de funcionarios.

¿Cuánto tiempo pueden

mantener todo eso?

Según se reduce el coste de la información,

va resultando más difícil mantener el secreto.

Hemos podido verlo en el caso

de Wikileaks en Estados Unidos.

Basta con que una sola persona

publique la información

desde un entorno seguro

para que veamos

cómo esa información

se propaga por Internet.

Así que los gobiernos se van

a enfrentar a un importante dilema.

O siguen intentando

clasificar la información

y por clasificar me refiero intentar hacer

más difícil que el público acceda a ella,

o deciden: "La información

no va a perjudicar a la gente."

Y, por último,

las redes sociales,

¿constituyen la mayor amenaza

de Internet contra los gobiernos?

Si se trata de la vulnerabilidad del software,

usamos protecciones antivirus.

Si se trata de la vulnerabilidad

de los servicios.

creamos, por ejemplo, un mando

para la ciberdefensa, o algo equivalente.

También podemos hablar de los

hackers como actores no estatales.

Para nosotros se trata de todo eso,

pero para ellos se trata

de la distribución

de unos y ceros.

A fin de cuentas, si corto

los cables transatlánticos,

si destruyo físicamente

las torres de servidores,

entonces habré provocado el mismo

efecto que los ciberataques.

Y sólo existe número

limitado de cables.

Redes sociales: ¿Pueden

usarse contra la democracia?

La campaña electoral del Presidente

Obama en 2008 se consideró

un triunfo democrático

de las redes sociales.

Su página de Facebook como candidato

tenía 2 millones de amigos.

La campaña de Obama en 2008

fue un auténtico ejemplo de manual

de cómo usar las redes sociales

con fines políticos.

El canal de Obama en Youtube

tuvo más de 18 millones de visitas.

Pudimos comprobar, por ejemplo,

en la campaña del Presidente Obama

que si se moviliza a mucha, mucha

gente con pequeñas cantidades

se puede reunir una gran cantidad

de dinero en muy poco tiempo.

Pero, las redes sociales,

¿pueden ser igual de poderosas

cuando se usan contra

la libertad y la democracia?

Ahora mismo estamos siguiendo

una gran curva de aprendizaje.

Claro que algunas herramientas

de las redes sociales pueden

usarse en favor de la democracia,

pero también existen

regímenes como el chino

que vigilan sus contenidos y

pueden usarlas con fines represivos.

¿Han usado los gobiernos

las redes sociales

para impedir que

haya más libertad?

Los gobiernos tienen que

enfrentarse al dilema:

¿Cómo contener esta clase

de revolución, este tipo de cambio?

Y una de las formas de hacerlo consiste

en imponer cada vez más herramientas

para controlar el tráfico de Internet,

eliminar contenidos,

cobrar por ellos, para

que la gente no se los pueda permitir,

levantar cortafuegos,

y terminar, a fin de cuentas,

impidiendo la difusión

de la información

con la excusa de la

seguridad a corto plazo.

Creo que los gobiernos

de países como Birmania y China,

o de otros sitios, como Zimbabue,

están dándole muchas vueltas

a las posibles formas

de controlar esas redes.

¿Qué pueden hacer los gobiernos

para evitar que estas redes difundan

la información más libremente?

Hay dos caras. Se puede localizar

a los opositores con las redes sociales.

Eso fue lo que ocurrió en Irán,

donde se dedicaron

a revisar los vídeos

de Youtube de la gente,

pero creo que cuando se alcanza

un punto crítico de ruptura

los autócratas normalmente no se dan

cuenta, no se han dado cuenta,

de las conversaciones

que se están desarrollando.

Lo hemos visto por ejemplo

en Irán, donde se acusó a

empresas occidentales de vender tecnología

de supervisión de paquetes de datos.

Es decir, capacidad para analizar

el flujo de información en detalle

y, o bien interceptar los datos que circulan,

o también, por ejemplo, si usted escribe

en un SMS: "Vamos a manifestarnos",

ellos interceptarían el mensaje

y lo borrarían o alterarían

para que le indique un sitio diferente.

Así que la tecnología está ya disponible.

¿Qué probabilidad hay de que consigan

bloquear los flujos de información?

Creo que hemos visto un cambio político

que constituye un hito histórico mundial

y ya no se puede volver atrás.

Los gobiernos se verán obligados

a atender lo que quiere la gente

o aumentar la represión tecnológica.

Podríamos observar el caso de China

que sería un buen ejemplo

de cómo usar Internet para permitir

comunicarse, pero también para impedirlo.

Hay que mirar también

la otra cara de la moneda.

¿Cuánto le cuesta a China

filtrar toda esa información?

Varios gigabits

de datos cada día.

Y las estimaciones que he visto hablan

de decenas de miles de funcionarios.

¿Cuánto tiempo pueden

mantener todo eso?

Según se reduce el coste de la información,

va resultando más difícil mantener el secreto.

Hemos podido verlo en el caso

de Wikileaks en Estados Unidos.

Basta con que una sola persona

publique la información

desde un entorno seguro

para que veamos

cómo esa información

se propaga por Internet.

Así que los gobiernos se van

a enfrentar a un importante dilema.

O siguen intentando

clasificar la información

y por clasificar me refiero intentar hacer

más difícil que el público acceda a ella,

o deciden: "La información

no va a perjudicar a la gente."

Y, por último,

las redes sociales,

¿constituyen la mayor amenaza

de Internet contra los gobiernos?

Si se trata de la vulnerabilidad del software,

usamos protecciones antivirus.

Si se trata de la vulnerabilidad

de los servicios.

creamos, por ejemplo, un mando

para la ciberdefensa, o algo equivalente.

También podemos hablar de los

hackers como actores no estatales.

Para nosotros se trata de todo eso,

pero para ellos se trata

de la distribución

de unos y ceros.

A fin de cuentas, si corto

los cables transatlánticos,

si destruyo físicamente

las torres de servidores,

entonces habré provocado el mismo

efecto que los ciberataques.

Y sólo existe número

limitado de cables.

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