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OTAN y Rusia: resucitar la asociación

Andrew Monaghan explica que se han conseguido grandes avances en la cooperación práctica entre la OTAN y Rusia, pero ambas siguen sin alcanzar un consenso real y completo sobre sus roles respectivos.

© Reuters / Vasily Fedosenko

Frenazo al progreso: la guerra de Georgia en agosto de 2008

La guerra entre Rusia y Georgia representó un momento crucial para las relaciones OTAN-Rusia; la culminación de una creciente disonancia estratégica entre las dos partes, en la que cada una extrajo conclusiones diferentes y discordantes de unos mismos hechos: desde las “revoluciones de colores” de Georgia y Ucrania hasta las disputas gasísticas entre Gazprom y Naftohaz Ukraini.

Se empezaron a disipar todos los sentimientos de asociación y cooperación nacidos al abrigo del nacimiento del Consejo OTAN-Rusia (NRC) en 2002, para verse reemplazados por una frustración mutua debida al lento desarrollo de la cooperación práctica y a las acusaciones y desconfianza recíprocas. Después, la guerra de agosto de 2008 llevó la tensión OTAN-Rusia a su punto álgido, produciéndose la suspensión del funcionamiento del NRC.

En 2009 se inició la vuelta a la normalidad, cuando EEUU, la comunidad euroatlántica y Rusia intentaron reanudar sus relaciones. Fue en muchos sentidos una recuperación del impulso que ya se había producido diez años antes para rescatar y recuperar la relación con Rusia, que se hallaba bajo una tensión parecida tras la guerra de Kosovo.

Ahora, al igual que en 2000, un nuevo Secretario General está intentando dar nuevo vigor y una mayor prioridad a la relación entre la Alianza y Rusia. El Secretario General Rasmussen ha querido ocuparse de inmediato de una relación “que necesitaba reparación urgente” y crear “una verdadera asociación estratégica” con Rusia, con una agenda que permita centrarse en un programa más coherente y ampliar la cooperación práctica en áreas de interés común.

Las dos partes parecen estar de acuerdo en seguir en desacuerdo sobre temas que antes les enfrentaban, como la guerra ruso-georgiana

La Cumbre de la OTAN y la reunión del NRC celebradas en Lisboa en noviembre de 2010 constituyeron un importante punto de partida para el restablecimiento de las relaciones, cuando los dirigentes de Rusia y de los países de la OTAN resaltaron que se iniciaba una “nueva fase” en sus relaciones y subrayaron los esfuerzos realizados para modernizarla.

El nuevo Concepto Estratégico de la OTAN pone el énfasis en los fundamentos de la relación establecidos en el Acta Fundacional OTAN-Rusia y la Declaración de Roma, y reconoce que la cooperación entre las dos partes es una cuestión de importancia estratégica al contribuir a la creación de un espacio común de paz, estabilidad y seguridad. Así que el NRC aprobó una agenda conjunta que incluía la cooperación en la lucha contra el terrorismo, la piratería y las drogas, y en el fomento de la seguridad internacional y la defensa de misiles.

Como muestra adicional de la recuperación de relaciones tras la guerra de Georgia, el NRC dio la bienvenida durante su reunión en Lisboa al acuerdo sobre “Análisis Conjunto OTAN-Rusia sobre los retos comunes de seguridad del siglo XXI”, así como a ciertas actividades de cooperación como los mecanismos ofrecidos por Rusia para facilitar el tránsito de la ISAF hacia Afganistán y la reanudación de las maniobras de defensa de misiles de teatro.

Otros aspectos de la agenda conjunta muestran también los progresos alcanzados en la restauración de las relaciones.

En la lucha antiterrorista, la OTAN y Rusia organizaron en junio de este año las maniobras “Vigilant Skies 2011”, en las que escenificaba el secuestro de un avión comercial por terroristas. Fue el primer ejercicio de ese tipo y formaba parte de la Iniciativa para la Cooperación en el Espacio Aéreo, un proyecto prioritario para el NRC que pretende crear una imagen compartida de radar del tráfico aéreo que permita la detección precoz de actuaciones aéreas sospechosas. Al mismo tiempo se llevan a cabo otras actividades de cooperación antiterrorista como el proyecto SANDEX para detección a distancia de explosivos portados por terroristas suicidas.

También se colabora en otros campos, como la búsqueda y rescate submarinos. Rusia participó en la primavera de 2011 en el ejercicio Bold Monarch, que simulaba el salvamento de un submarino en apuros. Debe resaltarse el giro completo que se ha producido en las relaciones, especialmente en la cooperación militar, desde la suspensión de contactos en agosto 2008. Estas actividades ofrecen grandes beneficios potenciales, además de fomentar la confianza y los vínculos entre socios. Por ejemplo, la realización de este tipo de ejercicios sentó las bases para la cooperación que permitió el rescate de un sumergible ruso en agosto de 2005.

© NATO

De vuelta a la mesa de negociaciones: el Consejo OTAN-Rusia en Lisboa

A nivel estratégico, ambas partes parecen estar de acuerdo en seguir en desacuerdo sobre temas que antes les enfrentaban, como la guerra ruso-georgiana o el reconocimiento ruso de Osetia del Sur y Abjasia.

Al mismo tiempo, las dos tienen otras muchas prioridades que absorben su tiempo, atención y recursos en mayor medida que el desarrollo de una relación que sigue teniendo ambigüedades pendientes y tensiones subyacentes. Si, por un lado, ambas partes “comparten el claro objetivo” de garantizar que el pueblo libio pueda “forjar su propio futuro en libertad”, también es cierto que Moscú ha criticado las intervenciones de la OTAN en ese país: el embajador Rogozin sugirió que se trataba del inicio de una expansión hacia al sur de la Alianza, que según el gobierno ruso estaba excediendo el mandato de las NU de proteger a los civiles.

De forma más general, sus documentos estratégicos más recientes sugieren que sus prioridades respectivas no coinciden, e incluso se contradicen directamente en algunos casos. El análisis estratégico global ruso, que se ha ido ampliando desde 2008, pone el énfasis en el descenso de la influencia occidental en las cuestiones internacionales y la incapacidad de la OTAN para resolver los problemas de seguridad europeos, y señala que esta organización representa una posible amenaza para ciertos intereses rusos. Así que no se ha reducido de forma apreciable la vieja oposición rusa a la Alianza y su desconfianza frente a ella. Mucha gente en Rusia sigue cuestionando que la organización tenga alguna función e incluso piensan que debería desaparecer, ya que en su opinión es incapaz de actuar de forma positiva o eficaz.

Moscú ha subrayado repetidas veces que no acepta la idea de la OTAN como “policía mundial”

Por su parte, la OTAN ha puesto el énfasis en su compromiso y en la garantía que ofrece a sus países miembros frente a un ataque convencional, lo que se debe en parte a la preocupación de algunos Aliados respecto al papel de Rusia en los asuntos internacionales. La OTAN ha reiterado también su política de puertas abiertas a nuevas adhesiones y su intención de alcanzar un mayor compromiso político con sus socios de todo el mundo. Moscú ha subrayado repetidas veces que no acepta la idea de la OTAN como “policía mundial”, y sostiene que el Artículo V de la Alianza y su política de puertas abiertas fragmentan la seguridad europea.

Las diferentes interpretaciones sobre la indivisibilidad de la seguridad muestran una brecha especialmente importante entre los puntos de vista de los socios.

En la OTAN la indivisibilidad de la seguridad se define en función de su naturaleza integral en sus tres dimensiones (humana, económica y político-militar), de la seguridad entre países y del reconocimiento de que la seguridad europea y euroasiática se integra en la seguridad mundial. En cambio, Moscú la considera de forma diferente, en función de niveles diferenciados: uno de seguridad mediante acuerdos políticos dentro de la OSCE, y otro de compromisos vinculantes en la OTAN y la UE. Según Rusia la arquitectura de seguridad europea actual está dividida conforme a esos dos ejes, creando un espacio de seguridad en dos capas en el que Moscú no tiene ni voto ni garantía legal alguna.

Mantenerse a flote: Rusia y los países de la OTAN realizaron maniobras conjuntas de rescate submarino en 2011

Todo esto ha provocado que a las políticas globales de Bruselas y Moscú les falte aún bastante para llegar a conseguir éxitos importantes. Un ejemplo sería el enfoque poco entusiasta de la OTAN frente a la propuesta rusa de un tratado de seguridad europea, desviándola a través del Proceso de Corfú de la OSCE en vez de abordarla directamente.

Otro ejemplo podría ser el énfasis de la Alianza en que la defensa de misiles no puede ser realmente colectiva si Rusia no es miembro de la organización, lo que ilustra la brecha conceptual y la divergencia de puntos de vista existentes entre Bruselas y Moscú.

La restauración de la relación OTAN-Rusia tras la guerra ruso-georgiana constituye un importante avance estratégico para la seguridad europea. Ahora esta relación tiene una agenda más centrada y beneficiosa y ha conseguido importantes éxitos, sobre todo en la cooperación militar.

Pero sin abordar (y al menos empezar mitigar) las divergencias políticas resultará difícil ir más allá de la actual cooperación práctica y pasar a una agenda estratégica que sea verdaderamente mutua y conjunta: la base de una Asociación Estratégica.

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