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Crecimiento demográfico: el reto del siglo XXI

¿Tiene la tecnología soluciones para el creciente problema del aumento de la población, el cambio climático y las necesidades de comida y agua?

Durante este siglo nuestro planeta se enfrentará a las consecuencias de la mayor explosión demográfica en la historia de la humanidad.

Si no se hace algo ahora, miles de millones de personas de todo el mundo sufrirán hambre, sed, insalubridad y conflictos

Imagínese otros dos mil millones de personas en el mundo dentro de 40 años, que necesitarán comida, agua y vivienda, mientras el cambio climático dificulta esas necesidades básicas.

Si no se hace algo ahora, miles de millones de personas de todo el mundo sufrirán hambre, sed, insalubridad y conflictos a causa de sequías, escasez de alimentos, chabolismo, migraciones y unos recursos naturales que se van agotando, mientras que la producción trata de alcanzar a la demanda.

Y el crecimiento previsto de esa demanda resulta aterrador. El aumento en el número de bocas hambrientas y el cambio de preferencias alimentarias implicarán:

  • duplicar la producción agrícola en cuarenta años,
  • un incremento del 30% en el consumo de agua para 2030, y
  • tres mil millones de personas más buscando alojamiento urbano a mediados de siglo.

Si a esto se le añaden las exigencias energéticas para sostener el crecimiento económico en países pos-industriales, industriales y recién industrializados, con una demanda que se habrá duplicado para 2050, se aprecia la magnitud del reto para los gobiernos y las sociedades.

La buena noticia consiste en que un informe reciente del Colegio de Ingenieros Mecánicos del Reino Unido, titulado “Población: ¿Un planeta, demasiada gente?”, asegura que los cambios previstos podrían resolverse con tecnologías ya existentes y prácticas sostenibles. Lo que implica que no es necesario retrasar las acciones globales a la espera de futuros descubrimientos tecnológicos o cambios de mentalidad sobre el control demográfico.

Se prevé que la población mundial aumente hasta los 9.000 millones de personas en 40 años (desde los actuales 6.900 millones) y alcance un máximo de 9.500 millones en 2075

El informe concluye también que nos hallamos en el momento álgido de una oportunidad única, con una gran disponibilidad de conocimientos y tecnologías limpias que permiten a las naciones en desarrollo “atajar” en la fase inicial de altas emisiones y escasez de recursos en el proceso de industrialización. Esto es especialmente importante porque se espera que los mayores aumentos demográficos se produzcan en esas economías emergentes.

Se prevé que la población mundial aumente hasta los 9.000 millones de personas en 40 años (desde los actuales 6.900 millones) y alcance un máximo de 9.500 millones en 2075. Pero esas cifras globales no muestran las grandes tendencias demográficas que indican la aparición durante los próximos decenios de tres tipos diferenciados en los que se podrán incluir la mayoría de las naciones:

1) Economías pos-industriales maduras, que se caracterizarán principalmente por una población estable o en descenso. Por ejemplo, se prevé que la población de la Unión Europea se reduzca un 20% de aquí a 2100. El consecuente descenso de la proporción de jóvenes tendrá repercusiones en cuestiones como protección social, sanidad y la composición de la población laboral. Los conflictos por motivos demográficos y las tensiones debidas al cambio climático en zonas lejanas afectarán también a esas economías por las perturbaciones en las cadenas de suministro de productos agrícolas y bienes manufacturados.

2) Economías en las últimas fases de desarrollo, caracterizadas por un alto grado de industrialización, que experimentarán una reducción de su crecimiento demográfico según vaya aumentando su prosperidad. Por ejemplo, la población de Asia, que supone actualmente la mitad de la mundial, se prevé que aumente tan solo un 25% hasta alcanzar su máximo en 2065 y empezar a disminuir de forma similar a las economías pos-industriales. Este aumento continuo, aunque modesto, de la población de la zona, combinado con el elevado crecimiento del bienestar y los ingresos personales, probablemente produzca tensiones geopolíticas entre algunos países a causa de recursos naturales como acuíferos compartidos y materias primas industriales.

3) Las economías en desarrollo y subdesarrolladas al borde de la industrialización configuran el tercer tipo. El crecimiento demográfico acelerado, responsable de la mayor parte del crecimiento global hasta 2075, constituirá la característica principal de esos países, situados mayoritariamente en África y que en muchos casos duplicarán o triplicarán su población de aquí a 2050. Esto provocará grandes presiones para el aumento de su producción alimentaria, la extracción de agua y el acceso a la energía. Cuando estos efectos se combinen con tensiones sociales y políticas debidas al urbanismo salvaje y el crecimiento dramático del chabolismo, pueden provocar conflictos interiores y exteriores que desestabilicen las rutas del comercio internacional e impulsen la emigración desde estas áreas de conflicto a regiones más estables como la misma Europa.

Las tensiones geopolíticas entre los países de los tres grupos probablemente se deban tanto a las fuentes de energías fósiles (carbón, petróleo y gas) como a las de bajas emisiones. El acceso a una energía abundante y barata constituye un requisito imprescindible para la industrialización, la erradicación de la pobreza, el crecimiento económico y el nacimiento de una sociedad pos-industrial.

Se desarrollará un nuevo orden mundial con países ricos en los nuevos recursos explotables, como la energía solar en el norte de África, y otros que dominaron el mercado energético del siglo XX y que lucharán por mantener su bienestar e influencia

La historia nos enseña una y otra vez que las sociedades que carecen de esta energía acaban colapsándose ante rentabilidades decrecientes con un grado de complejidad cada vez mayor. Se desarrollará un nuevo orden mundial con países ricos en los nuevos recursos explotables, como la energía solar en el norte de África, y otros que dominaron el mercado energético del siglo XX y que lucharán por mantener su bienestar e influencia.

De ahí que las nuevas economías en desarrollo sean esenciales para el éxito final. Si estos países siguen el mismo proceso de desarrollo no sostenible con grandes emisiones de gases de efecto invernadero (GHG) que recorrieron los países industrializados, los resultados serán perjudiciales para todos.

Por ejemplo, si durante el siglo XXI la combinación de industrialización y crecimiento económico provocase que la emisión media de GHG de los africanos llegase a los modestos niveles de los asiáticos actuales, la población que por entonces habrá en el continente aportaría unas 9 gigatoneladas anuales de GHG a la atmósfera: un cuarto de las emisiones mundiales de la actualidad. En un mundo que intenta reducir las emisiones debidas al legado de unas infraestructuras industriales insostenibles, sería un resultado trágico e imperdonable, especialmente cuándo están ya disponibles el conocimiento y las tecnologías limpias necesarias para evitarlo.

Mediante soluciones técnicas como la biotecnología, una mayor mecanización y automatización, reducciones en las pérdidas, mejoras en el almacenamiento y distribución y una adecuada gestión del agua, se pueden suministrar alimentos más que suficientes para la demanda prevista.

De forma similar, una mejor gestión de los acuíferos subterráneos, la recogida y almacenamiento del agua de lluvia, el reciclaje y la desalinización permitirían satisfacer el consumo futuro.

En las zonas urbanas la planificación integral y los nuevos modelos de propiedad comunitaria ofrecen soluciones para la actuación sobre infraestructuras de asentamientos chabolistas. Un tercio de la población urbana mundial vive en infraviviendas insalubres con acceso limitado o nulo a las infraestructuras sanitarias, energéticas o de agua potable.

Las soluciones técnicas también podrían desempeñar un papel fundamental contra la amenaza del aumento del nivel del mar en las zonas urbanas. Tres cuartas partes de las mayores ciudades del mundo están en la costa, y algunas de las de los países en desarrollo (Bangkok o Shanghái, por ejemplo) se asientan sobre llanuras de deltas en las que el hundimiento del terreno se verá acentuado por este problema. Vistos los largos plazos de implementación de estrategias como las infraestructuras que impedirían las inundaciones, resulta urgente una evaluación de las crecidas previstas y las posibles soluciones para los asentamientos costeros de todo el mundo.

Los planteamientos de financiación innovadores jugarán un papel importante tanto para los enfoques técnicos sobre urbanización como para el despliegue de tecnologías energéticas comunitarias limpias, como la solar, eólica y micro-hidroeléctrica, junto a centrales locales de ciclo combinado o que obtengan energía a partir de la biomasa o la basura. Para alcanzar un grado considerable de acceso a la energía y el agua e impulsar la adopción de tecnologías locales sostenibles habrá que utilizar mecanismos como préstamos blandos, microcréditos, paquetes de adaptación con “coste cero” y nuevos modelos de propiedad individual y comunitaria, como fundaciones, para reducir las inversiones de capital.

Resulta difícil predecir exactamente los cambios climáticos que se producirán en una región específica a causa de un posible aumento de temperatura de entre 3 y 6°C a final de siglo. En algunas zonas, sobre todo en el hemisferio septentrional, los efectos del cambio climático aumentarán la capacidad de los países para afrontar el crecimiento demográfico, gracias al aumento del rendimiento agrícola o un mayor acceso a la energía. Sin embargo, los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos, la subida de las temperaturas y los cambios en las precipitaciones provocarán que otras regiones encuentren dificultades a la hora de afrontar el aumento de población.

Está demostrado que existen soluciones técnicas sostenibles para afrontar muchos de los retos que provoque el crecimiento demográfico y atenuar los efectos del cambio climático

Las previsiones sugieren que el cambio climático podría provocar hasta 1.000 millones de desplazados en los próximos 40 años por la intensificación de los desastres naturales y sequías, la subida del nivel del mar y los conflictos por unos recursos cada vez más escasos. Las migraciones a gran escala desde esas zonas supondrán una presión adicional sobre las regiones del mundo que se vuelvan más templadas, provocando importantes problemas de seguridad en los países más afortunados.

Está demostrado que existen soluciones técnicas sostenibles para afrontar muchos de los retos que provoque el crecimiento demográfico y atenuar los efectos del cambio climático. Por ejemplo, el desarrollo de tecnologías de gestión de la energía, como electrodomésticos y termostatos inteligentes, junto a la reducción de las pérdidas térmicas con edificios mejor aislados y el uso eficaz de la calefacción, son muestras de iniciativas técnicas que podrían aliviar parte de los efectos de la necesidad de más fuentes de energía sostenibles.

Lo que hace falta es voluntad política y social para corregir los fallos del mercado, proporcionar mecanismos de financiación innovadores y nuevos modelos de propiedad individual y comunitaria, además de una transferencia y localización de conocimientos sobre tecnologías y prácticas ecológicas para conseguir unos resultados más seguros.

El informe del Colegio propone como primer paso para conseguir esta meta cinco objetivos de desarrollo técnicos (EDG), que cubren las cuestiones principales a abordar en los campos de la energía, agua, alimentos, urbanismo y finanzas.

Además solicita que el gobierno del Reino Unido asuma un papel de liderazgo trabajando con los técnicos para definir objetivos y parámetros del cumplimiento de la implementación de esos EDG a fin de proponer ante las Naciones Unidas su adopción como base de un nuevo marco internacional que suceda a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (MDG) cuando éstos expiren en 2015.

Para impulsar los objetivos el Colegio también recomienda que se adopte un mecanismo para la formación y asignación temporal de ingenieros en las naciones en desarrollo para asesorar sobre la localización de tecnologías limpias y prácticas sostenibles. De hecho, ha solicitado que el Departamento para el Desarrollo International (DFID) del gobierno británico asuma el liderazgo en el desarrollo de un nuevo modelo de asignación temporal dentro de sus atribuciones sobre el desarrollo exterior.

En resumen, dado que cada vez más gente vive más tiempo en dependencia mutua con un planeta cada vez más poblado y con recursos finitos, el crecimiento demográfico afectará en mayor o menor grado a la vida de todos, vivan donde vivan. Sus efectos no respetarán las fronteras, así que no se trata de altruismo, sino de crear un marco político e implementar una forma de autodefensa.

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