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Morir para comer

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¿Cómo afecta la escasez de alimentos a la seguridad? ¿Y al papel a desempeñar por los ejércitos? ¿Cuáles son las áreas más amenazadas?

 Subtítulos: / NO

Nadie quiere morir de hambre,

así que de esto puede surgir una guerra.

Se está iniciando un nuevo capítulo

de la seguridad alimentaria mundial.

Uno repleto de peligros.

¿Qué posibles consecuencias puede

tener una mayor inseguridad alimentaria?

Supondrá un problema, militar

y diplomático, muy delicado

el mantener la seguridad

e integridad de las fronteras,

porque tenemos fronteras con países

que se verán gravemente afectados.

Y habrá refugiados, gente desesperada,

que quizás tengan que realizar acciones

que podemos calificar de irracionales

porque la alternativa consiste en morir de hambre.

La presión de los refugiados,

llamémosles refugiados climáticos,

va a ser tan grande que superará

el problema exclusivamente policial.

Y las fronteras tendrán que ser

militarizadas, al menos parcialmente,

no por una amenaza de invasión,

sino frente a las oleadas de refugiados

que se arrastran hacia ellas.

Como la valla de 3.000 km que India

está levantando alrededor de Bangladesh.

Ahora mismo sirve para detener

a los refugiados económicos,

de los que hay millones en los países

que rodean Bangladesh,

pero, si usted va a Delhi y habla

con la gente, verá como admiten

que también es una precaución de cara al futuro,

cuando la mitad de Bangladesh, o

digamos, un 20 por ciento, esté bajo el agua,

y haya 30 millones de personas

intentando salir de ahí.

Así que vamos a construir ya la valla.

¿Qué novedades hay en lo relativo

a la seguridad alimentaria en el siglo XXI?

Hay más de una docena de países

intentando adquirir tierras

fuera de sus fronteras para garantizar

su seguridad alimentaria.

No es sólo la tierra, es la tierra y el agua.

La tierra sin agua no vale nada.

Ahora contemplamos una carrera por la tierra

que traspasa las fronteras nacionales

de una forma nunca vista.

Y que representa el inicio de un nuevo capítulo

en la seguridad alimentaria mundial.

Cuando vuelva a subir el precio de los cereales,

como inevitablemente ocurrirá,

va a resultarles más difícil a los países que han invertido

en naciones hambrientas,

como por ejemplo Etiopía y Sudán,

importar alimentos sin enfrentarse

a disturbios y posibles insurrecciones

de gente hambrienta que ve

cómo la comida de su país

se va al extranjero.

Y muchos conflictos podrían extenderse

por todo el mundo de diversas formas.

Podrían convertirse en restricciones

o embargos económicos

y demás, pero es evidente que

ya se están desarrollando las tensiones.

¿Qué puede hacerse para afrontar esos problemas?

Ningún país va a aceptar que el 30% de su población

venga de lugares muy lejanos y no hable el idioma local.

Lo pararemos antes de eso,

es algo que hay que parar.

Sí, hay un problema de fronteras.

¿Cómo impedir que las atraviesen?

Existen otras formas de afrontar el problema,

como aportar ayudas para que

puedan quedarse en casa,

lo que ayudaría a que los países que originarían

esas oleadas puedan alimentar a su población.

Pudo verse en la Cumbre de Copenhague de diciembre,

aunque en conjunto fuera un fracaso,

cómo se manejaba una cifra extraordinariamente alta:

cien mil millones de dólares anuales en 2020,

en ayudas, principalmente de los países desarrollados

a los menos desarrollados, para a) librarles

de su dependencia de combustibles fósiles

y b) ayudarles a afrontar las consecuencias,

que para ellos serán peores

y más tempranas, del cambio climático.

En lo referente a su capacidad

de alimentar a su población

y ocuparse de su bienestar,

bajo unas condiciones climáticas extremas.

Las fronteras de la Unión Europea con Oriente Medio y,

a través del Mediterráneo, con África,

se verán sometidas a enormes presiones

cuando las cosas empeoren,

porque las zonas subtropicales

van a verse mucho más afectadas

que las zonas en las que vivimos.

Ahora Europa pertenece en su mayoría a la OTAN.

Y el resto de la OTAN, es decir, Norteamérica,

tendrá sus propios problemas con la frontera

entre el mundo desarrollado y el antiguo Tercer Mundo,

entre EEUU y México.

Hay que hallar formas de controlar

esta presión sin llegar a la confrontación

y a posibles nuevas formas de polarización,

como en la guerra fría.

Y creo que la OTAN probablemente sea la organización

que va a desempeñar el papel principal,

aparte de los diplomáticos, en este aspecto.

Nadie quiere morir de hambre,

así que de esto puede surgir una guerra.

Se está iniciando un nuevo capítulo

de la seguridad alimentaria mundial.

Uno repleto de peligros.

¿Qué posibles consecuencias puede

tener una mayor inseguridad alimentaria?

Supondrá un problema, militar

y diplomático, muy delicado

el mantener la seguridad

e integridad de las fronteras,

porque tenemos fronteras con países

que se verán gravemente afectados.

Y habrá refugiados, gente desesperada,

que quizás tengan que realizar acciones

que podemos calificar de irracionales

porque la alternativa consiste en morir de hambre.

La presión de los refugiados,

llamémosles refugiados climáticos,

va a ser tan grande que superará

el problema exclusivamente policial.

Y las fronteras tendrán que ser

militarizadas, al menos parcialmente,

no por una amenaza de invasión,

sino frente a las oleadas de refugiados

que se arrastran hacia ellas.

Como la valla de 3.000 km que India

está levantando alrededor de Bangladesh.

Ahora mismo sirve para detener

a los refugiados económicos,

de los que hay millones en los países

que rodean Bangladesh,

pero, si usted va a Delhi y habla

con la gente, verá como admiten

que también es una precaución de cara al futuro,

cuando la mitad de Bangladesh, o

digamos, un 20 por ciento, esté bajo el agua,

y haya 30 millones de personas

intentando salir de ahí.

Así que vamos a construir ya la valla.

¿Qué novedades hay en lo relativo

a la seguridad alimentaria en el siglo XXI?

Hay más de una docena de países

intentando adquirir tierras

fuera de sus fronteras para garantizar

su seguridad alimentaria.

No es sólo la tierra, es la tierra y el agua.

La tierra sin agua no vale nada.

Ahora contemplamos una carrera por la tierra

que traspasa las fronteras nacionales

de una forma nunca vista.

Y que representa el inicio de un nuevo capítulo

en la seguridad alimentaria mundial.

Cuando vuelva a subir el precio de los cereales,

como inevitablemente ocurrirá,

va a resultarles más difícil a los países que han invertido

en naciones hambrientas,

como por ejemplo Etiopía y Sudán,

importar alimentos sin enfrentarse

a disturbios y posibles insurrecciones

de gente hambrienta que ve

cómo la comida de su país

se va al extranjero.

Y muchos conflictos podrían extenderse

por todo el mundo de diversas formas.

Podrían convertirse en restricciones

o embargos económicos

y demás, pero es evidente que

ya se están desarrollando las tensiones.

¿Qué puede hacerse para afrontar esos problemas?

Ningún país va a aceptar que el 30% de su población

venga de lugares muy lejanos y no hable el idioma local.

Lo pararemos antes de eso,

es algo que hay que parar.

Sí, hay un problema de fronteras.

¿Cómo impedir que las atraviesen?

Existen otras formas de afrontar el problema,

como aportar ayudas para que

puedan quedarse en casa,

lo que ayudaría a que los países que originarían

esas oleadas puedan alimentar a su población.

Pudo verse en la Cumbre de Copenhague de diciembre,

aunque en conjunto fuera un fracaso,

cómo se manejaba una cifra extraordinariamente alta:

cien mil millones de dólares anuales en 2020,

en ayudas, principalmente de los países desarrollados

a los menos desarrollados, para a) librarles

de su dependencia de combustibles fósiles

y b) ayudarles a afrontar las consecuencias,

que para ellos serán peores

y más tempranas, del cambio climático.

En lo referente a su capacidad

de alimentar a su población

y ocuparse de su bienestar,

bajo unas condiciones climáticas extremas.

Las fronteras de la Unión Europea con Oriente Medio y,

a través del Mediterráneo, con África,

se verán sometidas a enormes presiones

cuando las cosas empeoren,

porque las zonas subtropicales

van a verse mucho más afectadas

que las zonas en las que vivimos.

Ahora Europa pertenece en su mayoría a la OTAN.

Y el resto de la OTAN, es decir, Norteamérica,

tendrá sus propios problemas con la frontera

entre el mundo desarrollado y el antiguo Tercer Mundo,

entre EEUU y México.

Hay que hallar formas de controlar

esta presión sin llegar a la confrontación

y a posibles nuevas formas de polarización,

como en la guerra fría.

Y creo que la OTAN probablemente sea la organización

que va a desempeñar el papel principal,

aparte de los diplomáticos, en este aspecto.

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