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Afganistán ha avanzado en el fomento y protección de los derechos humanos y de la mujer, de la libertad de expresión, y de la educación, especialmente la de las mujeres.

© Nomad photos

Afganistán: qué ha ido bien y qué ha ido mal

Cuando en 2001 cayó el régimen talibán la esperanza renació por todo el país. El pueblo afgano, hastiado de su oscuro pasado, se embarcó en la brillante aventura de reconstruir un país y un estado. Esperaban conseguir prosperidad, paz y libertad. La presencia, cooperación y apoyo de la comunidad internacional impulsaba esas esperanzas. Si ahora miramos hacia atrás, observamos una mezcla de progresos extraordinarios y fracasos amargos.

Los progresos: se ha avanzado en el fomento y protección de los derechos humanos y de la mujer, de la libertad de expresión, y de la educación, especialmente la de las mujeres. Se han celebrado dos convocatorias de elecciones presidenciales y parlamentarias, además de poner en marcha los servicios públicos y mejorar las infraestructuras públicas.

Los fracasos: no se han conseguido asentar dos pilares fundamentales para la sociedad: la justicia y la seguridad. El interminable conflicto y el empeoramiento de la situación de seguridad, combinados con un sistema judicial bastante frágil, han dificultado y puesto en peligro todos los progresos obtenidos hasta el momento en Afganistán.

Actualmente, alrededor del 32% de los estudiantes afganos son mujeres. © Nomad photos

La nueva constitución afgana garantiza los derechos humanos y libertades fundamentales de los ciudadanos de la forma más amplia posible, pero su implementación selectiva la ha vuelto ineficaz. Además, mientras los derechos constitucionales no estén completamente reconocidos, implantados y respaldados por la legislación y un sistema judicial fiable, los afganos seguirán sintiéndose desconectados de sus derechos fundamentales.

Sin embargo, las mujeres afganas, que se vieron privadas de sus derechos y libertades fundamentales durante el régimen talibán, afrontan una nueva situación más abierta. Ahora se sientan en el parlamento, ocupan cargos ministeriales y representan a su país en eventos nacionales e internacionales. No obstante, persisten retos estructurales, tradicionales, sociales y políticos como la violencia doméstica, la visión patriarcal de la sociedad, la pobreza, los conflictos y la inseguridad, que representan obstáculos significativos para el ulterior desarrollo de los derechos de la mujer.

Adiestramiento del Ejército Nacional Afgano (ANA). © ISAF

El sistema educativo, ampliado y más accesible, constituye uno de los éxitos de Afganistán. Según los últimos datos del Departamento de Estado de EEUU, más de seis millones de alumnos acuden cada día a la escuela, y alrededor del 32% son chicas. Ahora que los niños vuelven al colegio se vislumbra un futuro más brillante para el país, pero sigue siendo necesario mejorar la calidad de la educación y las instalaciones y aumentar el número de profesores titulados (sobre todo profesoras).

Ahora hay más afganos (65%) con acceso al sistema de salud que en cualquier otro momento de su historia, pero todos sabemos que la calidad sigue siendo un reto enorme. Las clínicas y hospitales recién construidos necesitan desesperadamente personal cualificado, y la disponibilidad de medicamentos y equipos médicos sigue siendo un gran problema.

En lo político, el país ha ido levantando unos cimientos todavía frágiles. Ha celebrado dos convocatorias electorales presidenciales, provinciales y parlamentarias, que se han visto empañadas por fraudes e irregularidades. No creo que la administración del Presidente Hamid Karzai haya sido un ejemplo de gobierno honrado y eficaz, pero ninguno de los gobiernos anteriores lo hizo mejor. Espero que con el tiempo tanto los partidos políticos como el aparato gubernamental demuestren una mayor capacidad para adoptar las decisiones más importantes.

El haber conseguido un ejército afgano disciplinado, equipado con armas modernas y sometido al control de la autoridad civil, representa otro logro para el país, pero el gobierno sigue esforzándose en construir una policía civil capaz de hacer respetar la ley, garantizar el orden y proteger a sus ciudadanos. En cualquier caso, se han realizado todo tipo de esfuerzos para mejorar la seguridad en las principales ciudades.

Hasta ahora la presencia permanente de fuerzas internacionales ha ayudado a evitar el estallido de una guerra civil, pero aún queda por ver si los afganos pueden mantener la paz y seguridad de forma sostenible.

Un desarrollo socioeconómico firme y constante ha sacado a cientos de miles de afganos de la pobreza absoluta dándoles la oportunidad de recibir un salario gracias a proyectos de reconstrucción y de infraestructuras. Iniciativas empresariales que van desde granjas avícolas a negocios de artesanía mediante microcréditos y otras actividades diversas no sólo han potenciado el estatus de la mujer dentro del núcleo familiar, sino que han cambiado las normas. Y esto es algo que debe mantenerse.

Paisaje afgano. © Nomad photos

El fomento y protección de los derechos humanos ocupa una posición clave en las políticas nacionales e internacionales de Afganistán, y se han conseguido varias mejoras, sobre todo en lo relativo a derechos civiles y políticos. El país ha visto como sus medios de comunicación crecen en cantidad y calidad, las condiciones de las cárceles mejoran, disminuyen los casos de tortura y han mejorado, aunque en menor grado, los procesos judiciales.

Pero todavía ahora, diez años después de la invasión, la inexistencia de un sistema judicial fiable e imparcial sigue representando el principal fracaso del país. Aunque se ha intentado restaurar y revitalizar nuestro sistema de justicia, lo cierto es que los afganos siguen percibiendo negativamente los progresos. Sin un sistema judicial fuerte, independiente y eficaz, es poco probable que se tenga éxito en otros frentes.

Queda mucho futuro por delante, tanto para los afganos como para comunidad internacional. Para impulsar los logros que tanto trabajo costó alcanzar durante estos diez años, preservar nuestros avances y edificar sobre nuestros éxitos, tenemos que seguir trabajando conjuntamente. Hay que poner un mayor énfasis en la buena administración, la justicia, los derechos humanos, la fortaleza de la sociedad civil y la seguridad. Tenemos que seguir invirtiendo en educación, sanidad y empleo. El gobierno tiene que ser más receptivo, aportar más resultados y comprometerse realmente en la lucha contra la corrupción.

La comunidad internacional debe proteger a Afganistán frente a las interferencias internacionales que promueven el radicalismo y el terrorismo.

Creo que avanzaremos y resurgiremos aún más fuertes, pero sólo si sabemos tener paciencia, perseguir nuestras metas y ser fieles a nuestros valores.

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Sobre el autor

La Dra. Sima Samar fue la Ministra de la Mujer de Afganistán entre 2002 y 2003. Ahora es la Presidenta de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán (AIHRC).

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