Donde vienen a hablar los expertos

Insurgentes talibanes. © Galuna.com News

¿Valió la pena invertir en Afganistán?

¿Podemos comparar el Afganistán de las decapitaciones y torturas con el actual? Shafiq Hamdam describe el país que conoce. Aunque reconoce que no es perfecto, asegura que ha progresado mucho.

Nací y me crié durante un periodo crítico de la historia de Afganistán. He sido testigo de muchas cosas durante los últimos treinta años de historia de este país. He visto baños de sangre y genocidios en la misma capital, Kabul. Cuando era estudiante vi discriminar y torturar a gente en público y contemplé cómo decapitaban a seres humanos.

El régimen talibán representó la peor etapa de la historia del país. Millones de personas fueron desplazadas o tuvieron que emigrar, y otros miles murieron. Y los afganos fueron perdiendo la esperanza.

Entonces se produjo el 11-S. Los atentados constituyeron una tragedia para EEUU y Occidente, pero para los que sufrían a manos de los talibanes y Al Qaeda representaron una oportunidad inesperada.

En octubre de 2001, mientras EEUU y sus aliados emprendían una campaña militar en Afganistán la esperanza iba floreciendo entre los afganos. Yo vivía en Jalalabad, en la parte oriental de Afganistán, a pocos kilómetros del reducto de Al Qaeda en Tora Bora. Fui uno de los muchos jóvenes afganos que apoyaron la campaña.

La misión dirigida por EEUU y apoyada por los afganos consiguió vencer a los talibanes, Al Qaeda y sus aliados extranjeros en menos de seis semanas.

Tras la caída del régimen talibán Afganistán tuvo que comenzar desde cero. Tras treinta años de guerra las infraestructuras y la administración estaban totalmente arrasadas. No se trataba de reconstruir, sino de volver a levantarlo todo desde los cimientos. En los últimos diez años Afganistán ha ido creciendo hasta su situación actual: un país con logros sociales, culturales, políticos, económicos y de seguridad.

Libertad en marcha

Durante el régimen talibán se prohibió la prensa libre, la libertad de expresión y otros medios de comunicación. Como a cualquier otro estudiante me gustaban las revistas juveniles, y tuve que conseguirlas de contrabando. Ahora, en cambio, tenemos miles de publicaciones, más de 75 canales de televisión y más de 175 emisoras de radio: un logro increíble.

Cuando los talibanes destruyeron las estatuas de arenisca de los Budas de Bamiyán, de más de 1.700 años de antigüedad, escribí un artículo criticando el hecho. Me expulsaron de la universidad y me metieron en la cárcel. Tuve suerte de que al fin me soltaran, sobre todo porque no reconocí haber sido el autor del artículo.

Sólo tres países reconocían el régimen talibán, mientras que ahora la mayoría de los estados reconocen oficialmente a Afganistán. El país tiene 56 embajadas en todo el mundo y mantiene lazos bilaterales y estratégicos con varios países.

Aunque haya quejas sobre el gobierno y la democracia afganos, debemos recordar que los talibanes impusieron un emirato dictatorial. Afganistán tiene ahora una constitución, un gobierno y un presidente votados democráticamente, y un parlamento y consejos provinciales elegidos por sufragio, de los que un 25% de sus miembros son mujeres.

Todavía queda mucho por hacer para reforzar la sociedad civil, pero hay que recordar que en la época de los talibanes se prohibieron los partidos políticos, las ONG y las organizaciones civiles. Ahora, en cambio, hay cientos de ellas.

Construir un país nuevo

Antes no teníamos vías de comunicación aceptables, mientras que ahora se han reconstruido y asfaltado miles de kilómetros de carreteras y autopistas.

Se han reabierto miles de escuelas, cerradas durante el régimen talibán. Según el Ministerio de Educación de Afganistán, cada día van a clase más de 8 millones de niños y niñas afganos. Hace diez años eran sólo medio millón, y casi todos ellos chicos. Esto significa que más de la cuarta parte de los afganos están recibiendo algún tipo de enseñanza.

Las niñas afganas tienen ahora acceso a la enseñanza. Antes de 2001 menos de medio millón de afganos iban al colegio, casi todos ellos chicos. Ahora son 8,3 millones, tanto chicos como chicas. © Nomad Photos

Se han reconstruido los puentes y presas destruidos por los talibanes, así como cientos de clínicas y hospitales.

Cinco grandes compañías de telecomunicaciones conectan a millones de afganos con el resto del mundo mediante teléfonos móviles e Internet. Disfrutamos de un sistema bancario que funciona y de inversiones masivas en el sector minero.

Millones de niños de todas las zonas del país se vacunan contra las epidemias, y alrededor del 80% de la población tiene acceso a los servicios médicos esenciales.

La Estrategia para el Desarrollo Nacional, completada en 2008, ha sentado las bases para el desarrollo del país. En 2001 la renta per cápita era de 150 dólares, frente a los 600 actuales. Nuestro PIB ha aumentado de 3.000 a 18.000 millones de dólares. Afganistán se ha incorporado a todos los foros económicos regionales, y su comercio con los países vecinos ha alcanzado los 2.500 millones de dólares anuales.

Seguridad, seguridad, seguridad

Tras la caída del régimen talibán, las milicias de los muyahidines constituían la principal amenaza. Pero gracias al exitoso programa de las Naciones Unidas para el desarme, desmovilización y reintegración hemos podido ver como los milicianos muyahidines (y muchos talibanes) entregaban las armas y se reincorporaban a la comunidad.

Durante los últimos diez años he sido testigo de logros impresionantes en el campo de la seguridad. El régimen talibán suprimió el ejército y la policía e implantó un sistema de milicias. Cuando las fuerzas de la Alianza del Norte entraron en Kabul, carecían de un ejército o policía organizados. Así que el gobierno afgano, con la ayuda de la OTAN y la Unión Europea, tuvo que empezar desde cero. Actualmente tenemos unas fuerzas armadas y de policía con 305.000 efectivos en la que están representados todos los grupos étnicos y tribales del país.

Las Fuerzas de Seguridad Nacionales Afganas están aumentando su número y mejorando su calidad. Actualmente el ejército y la policía afganos cuentan con 305.000 efectivos, en los que están representados todos los grupos étnicos y tribales del país. © NATO Training Mission in Afghanistan.

Las Fuerzas de Seguridad Nacionales Afganas (ANSF) no están tan bien equipadas como querrían los afganos, pero van incrementando no sólo su número sino también su calidad. Han obtenido logros impresionantes en la lucha antiterrorista y la protección de los ciudadanos.

Sin embargo, la insurgencia no ha desaparecido. En los últimos diez años miles de civiles inocentes han resultado muertos o heridos a causa de los IDE (artefactos explosivos improvisados) y los terroristas suicidas, y otros miles han sufrido desplazamientos forzosos. Pero el número de efectivos de las tropas internacionales y las Fuerzas de Seguridad Nacionales Afganas ha ido aumentando mientras los afganos se preparan para asumir el control de la seguridad del país en 2014.

La transición no es sólo un proceso, es también una cuestión de orgullo; una cuestión de propiedad, responsabilidad y autoridad. Todos los países valoran el dominio y soberanía sobre su territorio. Eso es lo que aportará la transición a los afganos, que siempre han anhelado ser los dueños de su propio país.

Una soldado de las Fuerzas de Seguridad Nacionales Afganas © Nomad Photos

La transición ha puesto en evidencia la falsedad de la propaganda insurgente, que calificaba a Afganistán de país ocupado. Al anunciar el proceso de transición el gobierno afgano ha demostrado que no somos un país ocupado, sino una nación libre e independiente que puede decidir cuáles son sus intereses.

Afganistán ha comenzado a resurgir como una nación para todos sus ciudadanos, que tras más de treinta años de conflicto empiezan a creer en un futuro mejor.

Creo que tenemos tiempo suficiente para completar la transición, y que al final del proceso tendremos las fuerzas de seguridad que se necesitan para proteger Afganistán.

La transición es lo que han pedido los afganos, el proceso que la gente necesita. No podemos seguir dependiendo indefinidamente de las tropas internacionales. Como cualquier otro país, tenemos que ser autosuficientes y asumir la responsabilidad como dueños de nuestro propio futuro.

Contando con los procesos de reconciliación y la reintegración, los compromisos de los países aliados y las asociaciones con la OTAN, EEUU y otros países de la zona, creo que a partir de 2014 tendremos un Afganistán mejor y más seguro.

Para conseguir una transición satisfactoria la comunidad internacional debería pensar también en la sociedad civil y los partidos políticos, porque los afganos no necesitan un estado militarizado, sino un país democrático con una fuerte sociedad civil y una amplia representación política

Sin embargo, estos logros no están garantizados. El gobierno no es aún lo bastante fuerte. La mala administración, las drogas, las cuestiones pendientes con los países vecinos, la pobreza y, sobre todo, la corrupción, siguen representando retos enormes. Estos son los problemas a abordar.

Para conseguir una transición satisfactoria la comunidad internacional debería pensar también en la sociedad civil y los partidos políticos, porque los afganos no necesitan un estado militarizado, sino un país democrático con una fuerte sociedad civil y una amplia representación política.

Por tanto, si se lleva a cabo una implementación adecuada de unas políticas y estrategias basadas en las necesidades de los ciudadanos, combinadas con un liderazgo afgano lo bastante sólido, estoy seguro de que el Afganistán del futuro será capaz de compensar a la comunidad internacional contribuyendo a la paz y seguridad internacionales.

Me gustaría hacer algunas preguntas al lector sobre las inversiones realizadas en Afganistán. ¿Cree que ha habido un cambio en el país? ¿Cree que ha habido mejoras en desarrollo, derechos humanos, administración y democracia? ¿Cree que, en general, el mundo es más seguro ahora que en 2001?

Espero que, al igual que yo, responda con un rotundo “sí”. El Afganistán actual no representa una amenaza para ningún país, y está mucho más desarrollado que hace diez años.

A pesar de todos los retos y problemas, como la inseguridad, la pobreza y otras cuestiones sobre las que se queja la gente, yo me pregunto: ¿puede compararse siquiera el Afganistán actual con el de hace diez años? Mi respuesta, al menos, es un “no” rotundo.

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Sobre el autor

Shafiq Hamdam es un ciudadano afgano que trabaja como Asesor sobre medios de comunicación y asuntos locales en la Oficina del Representante de Civil de Alto Nivel de la OTAN en Kabul.

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No creo que Bosnia esté preparada para la reconciliación,
pero sí creo que está preparada para la verdad.
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