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Doble perspectiva: un punto de vista afgano-americano

Imagine lo que sintieron los afgano-americanos en septiembre y octubre de 2001: sus dos países fueron atacados, cada uno por el otro. ¿Cómo reaccionaron, con quién estuvo su lealtad? ¿Cómo podrían ayudar a sus dos países? Le preguntamos a uno de ellos cómo se enfrentó a ese dilema.

Este vídeo incluye material sujeto a derechos de autor con autorización para la OTAN de ITN/Reuters, titular de dichos derechos. El material sujeto a derechos de autor no puede usarse en otras producciones sin el permiso del titular de los derechos, ITN/Reuters.

Doble perspectiva:

un punto de vista afgano-americano

Hace diez años comenzaron

las operaciones internacionales

para liberar Afganistán

del régimen talibán.

Se había identificado

a Afganistán

como origen de los atentados

del 11-S contra EEUU.

¿Cómo se sintieron

los afgano-americanos?

¿Apoyaron en todo momento

las actuaciones internacionales?

¿Cuáles han sido

los mayores cambios

en Afganistán en

los últimos diez años?

Hablé con un afgano-americano,

Waleed Rashid,

que ha trabajado y vivido

en los dos países, para averiguarlo.

Ahora que se cumplen diez años

desde los primeros bombardeos

contra Afganistán tras el 11-S,

¿puede contarnos su reacción

ante lo sucedido el 11-S?

Creo que la primera reacción instintiva

fue de rabia, frustración...

O te preguntabas si

realmente éramos tan malos.

¿Nos merecíamos un bombardeo?

¿Qué habíamos hecho para provocarlo?

Yo tenía 21 años,

estaba en la universidad

e iba andando por el campus

para llegar temprano a clase

y la mayoría de la gente aún no

tenía ni idea de lo estaba ocurriendo.

Nadie sabía lo que estaba pasando

y yo acababa de ver dos aviones

estrellándose en la Zona Cero

contra las Torres Gemelas.

Así que salgo de clase,

todavía conmocionado,

intentando comprender lo que

acababa de pasar en Nueva York.

Salgo y veo que en la

plaza principal del campus

los estudiantes se están reuniendo

y comienzan a manifestarse

y la gente habla

de bombardear Afganistán.

Y vuelve a ocurrir lo mismo...

la misma rabia: Pero, ¿por qué?

Siendo afgano-americano,

¿cómo afectó todo esto

a su sentimiento de pertenencia?

Al crecer tendías a

considerarte sólo afgano.

Y te sentías vinculado a ellos,

a tu cultura, tu familia

y tus amigos.

Pero se trataba de una situación

que no se explicaba o comentaba,

era un estado natural que vivías.

No hacía falta debatir

sobre lo que significaba ser

afgano, simplemente lo eras.

Tras el 11-S se convirtió

en algo mucho más tangible.

Y la gente se dio cuenta de que

ser afgano desde cierto punto de vista

significaba esto, aquello o aquello otro.

Pero desde mi punto de vista

significa esto, aquello y aquello otro,

y además muchas otras cosas.

- Y después, en 2007,

usted viajó a Afganistán. ¿Cambió

eso su sentimiento de pertenencia?

Hasta que no fui a Kabul

y trabajé en Afganistán

y hube pasado un tiempo allí, no me di

cuenta de lo norteamericano que era.

Casualmente, cuando

estuve en Afganistán

el apodo que me pusieron

fue chorigi, extranjero.

Resultó un tanto curioso,

y un despertar muy duro,

darme cuenta de que

en esta tierra a la que

hasta ese momento de mi vida

me sentía tan vinculado,

que consideraba mi hogar,

allí soy un chorigi.

¿Hasta que punto cree

que será capaz de

seguir involucrado en

la ayuda a Afganistán?

Ese fue uno de mis grandes

motivos para decidir volver a EEUU.

Cuando fui a Afganistán,

cuando regresé allí en 2007,

me di cuenta de que lo que podía

hacer con sólo 26 o 27 años

probablemente fuera mucho menos

de lo que podría llegar a conseguir

una vez que hubiera sido capaz

de asentarme y madurar,

así como desarrollarme de forma

que pueda ser más útil al país.

Porque se le puede ayudar igual

de bien desde un sofá de Los Ángeles

o desde un escaño parlamentario

en Kabul.

Si pudiera aconsejar

a las fuerzas

que se retiran de Afganistán

qué es la cosa más importante que

deben dejar en país, ¿cuál sería?

Si las fuerzas de EEUU

se van de Afganistán

lo más importante que

deben dejarle a la gente

son las infraestructuras.

Tan sencillo como electricidad,

agua, energía y carreteras.

Si pueden dejar

esas cosas al irse

y el gobierno afgano

es capaz de ofrecer

un cierto grado

de seguridad

en esas cuatro áreas especificas,

creo que entonces veremos

cómo la gente toma conciencia

y apoya a la policía afgana,

porque si no apoyan

a la policía afgana

los talibanes vendrán y

cortarán las líneas eléctricas

y el suministro de agua,

destruirán las carreteras...

Si veo que los talibanes

planean destruir la carretera

que lleva a mi ciudad

con una bomba en la cuneta,

entonces intervendré y

procuraré dar la alarma.

Ahora que Afganistán intenta

convertirse en un país nuevo,

uno de los aspectos más

comentados es el de la corrupción.

Ahora que los países occidentales

empiezan a retirarse,

¿cómo podemos garantizar

que todo lo conseguido

no se pierde a causa de la corrupción?

¿Hasta qué punto cree que es así,

y qué se puede hacer para solucionarlo?

Creo... que estoy de acuerdo... es

un asunto muy serio, en mi opinión.

Cuando EEUU decida

oficialmente irse de Afganistán...

el encargarse de la corrupción

gubernamental va a ser

uno de los grandes retos,

y, al mismo tiempo,

una de las grandes oportunidades

para fomentar la confianza

del resto de los afganos en que

este país puede sostenerse solo.

Aunque las fuerzas de EEUU

y la OTAN no hicieran nada más,

al menos podrían infundir

confianza a la gente:

Os hemos dado las herramientas

y las infraestructuras para poder hacerlo.

Doble perspectiva:

un punto de vista afgano-americano

Hace diez años comenzaron

las operaciones internacionales

para liberar Afganistán

del régimen talibán.

Se había identificado

a Afganistán

como origen de los atentados

del 11-S contra EEUU.

¿Cómo se sintieron

los afgano-americanos?

¿Apoyaron en todo momento

las actuaciones internacionales?

¿Cuáles han sido

los mayores cambios

en Afganistán en

los últimos diez años?

Hablé con un afgano-americano,

Waleed Rashid,

que ha trabajado y vivido

en los dos países, para averiguarlo.

Ahora que se cumplen diez años

desde los primeros bombardeos

contra Afganistán tras el 11-S,

¿puede contarnos su reacción

ante lo sucedido el 11-S?

Creo que la primera reacción instintiva

fue de rabia, frustración...

O te preguntabas si

realmente éramos tan malos.

¿Nos merecíamos un bombardeo?

¿Qué habíamos hecho para provocarlo?

Yo tenía 21 años,

estaba en la universidad

e iba andando por el campus

para llegar temprano a clase

y la mayoría de la gente aún no

tenía ni idea de lo estaba ocurriendo.

Nadie sabía lo que estaba pasando

y yo acababa de ver dos aviones

estrellándose en la Zona Cero

contra las Torres Gemelas.

Así que salgo de clase,

todavía conmocionado,

intentando comprender lo que

acababa de pasar en Nueva York.

Salgo y veo que en la

plaza principal del campus

los estudiantes se están reuniendo

y comienzan a manifestarse

y la gente habla

de bombardear Afganistán.

Y vuelve a ocurrir lo mismo...

la misma rabia: Pero, ¿por qué?

Siendo afgano-americano,

¿cómo afectó todo esto

a su sentimiento de pertenencia?

Al crecer tendías a

considerarte sólo afgano.

Y te sentías vinculado a ellos,

a tu cultura, tu familia

y tus amigos.

Pero se trataba de una situación

que no se explicaba o comentaba,

era un estado natural que vivías.

No hacía falta debatir

sobre lo que significaba ser

afgano, simplemente lo eras.

Tras el 11-S se convirtió

en algo mucho más tangible.

Y la gente se dio cuenta de que

ser afgano desde cierto punto de vista

significaba esto, aquello o aquello otro.

Pero desde mi punto de vista

significa esto, aquello y aquello otro,

y además muchas otras cosas.

- Y después, en 2007,

usted viajó a Afganistán. ¿Cambió

eso su sentimiento de pertenencia?

Hasta que no fui a Kabul

y trabajé en Afganistán

y hube pasado un tiempo allí, no me di

cuenta de lo norteamericano que era.

Casualmente, cuando

estuve en Afganistán

el apodo que me pusieron

fue chorigi, extranjero.

Resultó un tanto curioso,

y un despertar muy duro,

darme cuenta de que

en esta tierra a la que

hasta ese momento de mi vida

me sentía tan vinculado,

que consideraba mi hogar,

allí soy un chorigi.

¿Hasta que punto cree

que será capaz de

seguir involucrado en

la ayuda a Afganistán?

Ese fue uno de mis grandes

motivos para decidir volver a EEUU.

Cuando fui a Afganistán,

cuando regresé allí en 2007,

me di cuenta de que lo que podía

hacer con sólo 26 o 27 años

probablemente fuera mucho menos

de lo que podría llegar a conseguir

una vez que hubiera sido capaz

de asentarme y madurar,

así como desarrollarme de forma

que pueda ser más útil al país.

Porque se le puede ayudar igual

de bien desde un sofá de Los Ángeles

o desde un escaño parlamentario

en Kabul.

Si pudiera aconsejar

a las fuerzas

que se retiran de Afganistán

qué es la cosa más importante que

deben dejar en país, ¿cuál sería?

Si las fuerzas de EEUU

se van de Afganistán

lo más importante que

deben dejarle a la gente

son las infraestructuras.

Tan sencillo como electricidad,

agua, energía y carreteras.

Si pueden dejar

esas cosas al irse

y el gobierno afgano

es capaz de ofrecer

un cierto grado

de seguridad

en esas cuatro áreas especificas,

creo que entonces veremos

cómo la gente toma conciencia

y apoya a la policía afgana,

porque si no apoyan

a la policía afgana

los talibanes vendrán y

cortarán las líneas eléctricas

y el suministro de agua,

destruirán las carreteras...

Si veo que los talibanes

planean destruir la carretera

que lleva a mi ciudad

con una bomba en la cuneta,

entonces intervendré y

procuraré dar la alarma.

Ahora que Afganistán intenta

convertirse en un país nuevo,

uno de los aspectos más

comentados es el de la corrupción.

Ahora que los países occidentales

empiezan a retirarse,

¿cómo podemos garantizar

que todo lo conseguido

no se pierde a causa de la corrupción?

¿Hasta qué punto cree que es así,

y qué se puede hacer para solucionarlo?

Creo... que estoy de acuerdo... es

un asunto muy serio, en mi opinión.

Cuando EEUU decida

oficialmente irse de Afganistán...

el encargarse de la corrupción

gubernamental va a ser

uno de los grandes retos,

y, al mismo tiempo,

una de las grandes oportunidades

para fomentar la confianza

del resto de los afganos en que

este país puede sostenerse solo.

Aunque las fuerzas de EEUU

y la OTAN no hicieran nada más,

al menos podrían infundir

confianza a la gente:

Os hemos dado las herramientas

y las infraestructuras para poder hacerlo.

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