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Sin instructores no hay transición

El Tte. Gen. Bill Caldwell explica por qué considera que los instructores son la clave para el futuro de Afganistán.

Hace poco visité el Hospital Militar Nacional de Kabul con el Jefe de Estado Mayor afgano. Cuando íbamos hacia allá mi vehículo tuvo que detenerse ante una procesión de civiles y militares afganos. Era el entierro de un soldado afgano.

Contemplar esta comitiva y conocer en el Hospital Militar Nacional a soldados afganos heridos por defender a su país fueron dos experiencias conmovedoras. Aunque los sacrificios de la Fuerza Nacional de Seguridad Afgana apenas han merecido la atención de los medios occidentales, pude ver de cerca el peaje que le está cobrando esta guerra a los ciudadanos más valientes.

Pero estos héroes no están solos. Las fuerzas internacionales (militares y civiles) trabajan día a día para apoyar el desarrollo de sus fuerzas y de los sistemas que las soportan y mantienen, y para colaborar con ellos sobre el terreno. Nuestros esfuerzos no han sido en vano.

En los últimos diez meses se han obtenido progresos apreciables en la Fuerza Nacional de Seguridad Afgana, tanto en calidad como en cantidad. Desde su activación el pasado mes de noviembre la Misión de Adiestramiento en Afganistán de la OTAN (NTM-A) ha colaborado con los ministerios afganos de Interior y Defensa para reclutar, adiestrar y desplegar más de 100.000 soldados y policías: una proeza admirable.

Para poder conseguirlo se ha aumentado la capacidad de adiestramiento, pasando de sólo 10.000 plazas para entrenamiento policial a casi 15.000.

También se ha incrementado la calidad: la ratio entre instructores y alumnos se ha reducido de 1:76 a 1:29, potenciándose la atención individualizada. Mejoras como esa han conseguido aumentar los resultados de las pruebas de tiro desde un lamentable 35% hasta un 97%.

Para desarrollar los sistemas e instituciones necesarios para que la Fuerza Nacional de Seguridad Afgana siga creciendo y profesionalizándose hace falta adiestramiento especializado

Para profesionalizar la fuerza, proporcionando a sus miembros capacidades suficientes para proteger su país y su Fuerza de Seguridad, habrá que concentrarse aún más en la calidad. Y para eso hacen falta más instructores internacionales que además estén más especializados.

Para desarrollar los sistemas e instituciones necesarios para que la Fuerza Nacional de Seguridad Afgana siga creciendo y profesionalizándose hace falta entrenamiento especializado. Hay que enseñar materias como compras, logística, mantenimiento, inteligencia e incluso artillería campal, para equilibrar una fuerza con un exceso de infantería.

Además, son necesarios cursos de liderazgo como la escuela de personal de policía, las escuelas de candidatos a oficiales de la policía y el ejército, y otros varios cursos de desarrollo para suboficiales. Para esos programas especializados se precisan instructores con conocimientos específicos, que sólo pueden obtenerse en la comunidad internacional.

En los próximos diez meses se duplicarán nuestras necesidades de instructores con conocimientos en temas que van desde pilotaje y mantenimiento de helicópteros Mi-17 hasta sanitarios, y desde la policía a todas las armas del ejército.

Si no dotamos de recursos a la misión de adiestramiento en Afganistán, no seremos capaces de alcanzar nuestros objetivos de cantidad y calidad

El no aportar los instructores necesarios para la NTM-A implicará mayores dificultades para el incremento de capacidades, retrasos en el desarrollo de las escuelas de especialistas, la ralentización del desarrollo de capacidades de apoyo y más obstáculos para la profesionalización de la Fuerza Nacional de Seguridad Afgana.

En resumen, se retrasará el proceso de transición para la Fuerza Nacional de Seguridad Afgana, pues tal y como declaró recientemente el Secretario General de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, “sin instructores no hay transición”.

Y, lo que es aún más importante, la falta de instructores impide que afganos valerosos como los del Hospital Militar de Kabul adquieran los conocimientos necesarios para defender a su gente y a sí mismos.

Si no dotamos de recursos a la misión de adiestramiento en Afganistán, no seremos capaces de alcanzar nuestros objetivos de cantidad y calidad.

No debemos permitir que eso ocurra.

Para crear una capacidad afgana duradera y autosostenible debemos profesionalizar la policía, el ejército y las fuerzas aéreas, crear unos sistemas logístico y sanitario viables y mejorar las infraestructuras e instituciones de formación y adiestramiento.

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