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La seguridad y las restricciones presupuestarias

Últimamente la economía ha traído pocas buenas noticias, y en los 28 países de la OTAN aumentan las presiones presupuestarias. Pero sus gobiernos y parlamentos deben recordar, al estudiar posibles recortes, los fundamentos de nuestra economía de libre mercado, la importancia de compartir las cargas de la seguridad dentro de la Alianza y las numerosas posibilidades de gastar más inteligentemente, por ejemplo acercando a la OTAN y la UE.

Anders Fogh Rasmussen, Secretario General de la OTAN

“El mundo ha cambiado. Las amenazas han cambiado. También lo ha hecho la OTAN. Necesitamos, y tendremos, un Concepto Estratégico que tenga en cuenta tanto las realidades actuales como las amenazas del mañana.”

En la crisis actual existe el riesgo real de que los países se encierren en sí mismos y levanten barreras comerciales.

Pero la experiencia demuestra que este tipo de actuaciones resultan contraproducentes. Las medidas proteccionistas no salvarán negocios que están perdiendo su capacidad competitiva, y muchas veces sus consecuencias se sufren con más severidad en los países y regiones que ya son frágiles de por sí. De este modo se pueden amplificar algunas de las graves amenazas de seguridad a las que hemos tenido que enfrentarnos en los últimos años: terrorismo, piratería e interrupción del suministro de energía.

Además, nuestra prosperidad y bienestar no sólo dependen de unas medidas económicas acertadas; también requieren medidas de seguridad acertadas. Por ejemplo, ¿cómo proteger nuestras poblaciones e infraestructuras esenciales frente a los terroristas? ¿O nuestros territorios frente a ataques con misiles? ¿O nuestros barcos frente a los piratas? ¿Cómo proteger, no sólo las actividades económicas, sino también las vidas humanas, sin tener las capacidades adecuadas?

Al repartir las cargas dentro de la OTAN cada Aliado puede conseguir un nivel mucho mayor de seguridad del que obtendría mediante planteamientos nacionales, y a un menor coste. Pero esta póliza de seguro colectiva requiere pagar primas periódicas. Todos los Aliados, en las dos orillas del Atlántico, tienen que demostrar su voluntad política de seguir invirtiendo en defensa y asumir la parte que les corresponde dentro de la Alianza.

Debemos garantizar la cohesión de nuestras decisiones de defensa dentro de la Alianza. Nuestro principio rector debe ser quitar grasa y desarrollar músculo

Ahora mismo todos los Aliados se enfrentan a los graves efectos de la crisis económica. Eso es un hecho, y los recortes son inevitables. Sin embargo, debemos ser conscientes de los posibles efectos negativos a largo plazo si los recortes en defensa son excesivos o desproporcionados. Los Aliados europeos, en especial, deben resistir la tentación de una reducción excesiva de inversiones en defensa que aumente aún más la brecha transatlántica en gasto de defensa.

Debemos garantizar la cohesión de nuestras decisiones de defensa dentro de la Alianza. Nuestro principio rector debe ser quitar grasa y desarrollar músculo. En vez de gastar en infraestructuras fijas y soldados que no van a salir de sus cuarteles, debemos redirigir nuestras inversiones hacia unas fuerzas armadas más flexibles, móviles y modernas. Unas fuerzas armadas que realmente podamos usar contra los retos que afrontamos en la vida real.

Los Aliados de la OTAN deben obtener también un mayor rendimiento de sus inversiones en defensa. Combinando planeamientos colectivos y soluciones multinacionales podemos conseguir más y mejores cosas. Mediante la especialización y priorización de funciones los diversos países pueden concentrar sus gastos en áreas específicas, en vez de extenderlas excesivamente para abarcar toda una serie de capacidades. Y la reorganización y la racionalización pueden contribuir a reducir los enormes gastos fijos en infraestructuras y personal.

La OTAN y la UE son dos de las principales instituciones mundiales. Tienen 21 miembros comunes, y sus destrezas y equipamientos son complementarias. Y ninguna otra asociación estratégica ofrecería tantos beneficios, tanto operativos como financieros

Pero existe otra forma de conseguir más con menos: edificar una verdadera asociación estratégica entre la OTAN y la Unión Europea. La OTAN y la UE son dos de las principales instituciones mundiales. Tienen 21 miembros comunes, sus destrezas y equipamientos son complementarios y ninguna otra asociación estratégica ofrecería tantos beneficios, tanto operativos como financieros.

En muchos casos las dos organizaciones comparten los mismos requisitos de capacidades militares. Así que debemos identificar las áreas prioritarias y acordar que, siempre que sea posible, cualquier trabajo sobre capacidades de una organización estará también abierto a todos los miembros de la otra, de modo que la cooperación mutua sea la norma en vez de la excepción.

En una época de restricciones presupuestarias debemos ser conscientes del peligro de tomar decisiones equivocadas en nuestros gastos en defensa.

Pero también hemos de darnos cuenta de que se nos presenta una oportunidad poco frecuente. Al centrarnos en las principios económicos del libre mercado, compartir la carga de la defensa de una forma más equitativa, y gastar con más inteligencia, podemos conseguir una seguridad real e incluso una OTAN más eficaz a menor coste.

Esas son buenas noticias para los gobiernos de la Alianza. Y todavía mejores noticias para los contribuyentes de nuestros países.

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