IDIOMA
La Revista de la OTAN se publica en español unas dos semanas después que en inglés a causa de la traducción.
ACERCA DE LA REVISTA DE LA OTAN
POLÍTICA SOBRE COLABORACIONES
INFORMACIÓN SOBRE COPYRIGHT
EQUIPO EDITORIAL
 RSS
ENVIAR ESTE ARTÍCULO A UN AMIGO
SUSCRÍBASE A LA REVISTA DE LA OTAN
  

Aún se oye nuestro mensaje entre las voces

© Ditte Capion, Magasinet IN

A pesar de competir con millones de mensajes, la OTAN aún disfruta de un considerable apoyo entre el público, según la Subsecretaria de Diplomacia Pública de la OTAN, Stefanie Babs.

Una pregunta: Cuántos videos cree que se ven cada día en YouTube. ¿Varios millones? ¿Un par de cientos de millones?

La respuesta real es dos mil millones, y siguen aumentando día a día.

En 2007 Twitter tenía 5.000 tweets al día. ¿La cifra actual? Más de 90 millones.

Yogi Berra, una leyenda de béisbol, dijo una vez: "El futuro no será lo que era."

En ningún sitio es más evidente el ritmo del cambio que en los medios de comunicación de masas. Gracias a las cámaras digitales y a los móviles, las fotos y vídeos se distribuyen en cuestión de segundos por todo el mundo, convirtiendo a millones de personas en proveedores de información.

Si a los países les resulta difícil mejorar su imagen, para los organismos multilaterales lo es aún más

Esto presenta varios inconvenientes para los gobiernos nacionales y las organizaciones internacionales. Sencillamente, resulta mucho más difícil hacer llegar nuestros mensajes. El patrón de comunicación de arriba a abajo de la época de la guerra fría está siendo reemplazado por relaciones entre iguales y redes sociales.

A nadie sorprende que los canales de comunicación institucionales susciten muy poca confianza, lo que aumenta la necesidad de esfuerzos de diplomacia pública bien planificados. Las comunicaciones estratégicas, la imagen de marca y las relaciones públicas constituyen herramientas esenciales para convencer a la audiencia de que vale la pena apoyar los valores de un país u organización. Muchos gobiernos han contratado a empresas de relaciones públicas para mejorar su imagen.

Si a los países les resulta difícil mejorar su imagen, para los organismos multilaterales lo es aún más. Para la mayoría de la gente el trabajo de las grandes organizaciones internacionales es algo demasiado complejo y alejado de sus preocupaciones cotidianas.

Así que ¿cómo encaja aquí la OTAN? ¿Qué tal le ha ido a la hora de transmitir sus mensajes?

Los resultados de una reciente encuesta realizada por la Fundación Marshall Alemana, titulada “Tendencias transatlánticas”, nos ofrece unas pocas pistas: la mayoría de los ciudadanos de 11 países europeos (59%) y de EEUU (60%) sigue creyendo que la OTAN es esencial para su seguridad. La excepción la constituye Turquía, donde sólo el 30% piensa de esa manera.

Resulta interesante que el 62% de los encuestados en los 11 países europeos también apoye las acciones de la OTAN fuera de Europa, mientras que el 32% preferiría que se centrara en este continente. En EEUU el apoyo es mucho mayor, con un 77% que opina que la Alianza debe actuar fuera de Europa en caso necesario.

Incluso dentro de Rusia la opinión que se tiene de la OTAN está mejorando. En 2009 sólo el 23% de los rusos tenía una visión positiva de la OTAN; ahora un 40% manifiesta una opinión favorable, aunque otro 40% la sigue percibiendo de forma desfavorable.

Pero sería aconsejable que los Aliados no diesen por hecho el apoyo de la opinión pública a la OTAN.

Las encuestas nacionales e internacionales muestran que la gente –especialmente la generación posterior a la guerra fría– apenas tiene una vaga idea de las nuevas misiones y políticas de la OTAN

La operación dirigida por la OTAN en Afganistán (ISAF) sigue en el candelero. Más de la mitad de los europeos occidentales quieren la retirada o reducción de las tropas destacadas en Afganistán, con Polonia a la cabeza (77%) y Turquía a la cola (45%). El apoyo a la operación también ha empezado a declinar en Estados Unidos, donde el 41% de los encuestados quieren que las tropas vuelvan a casa o que se reduzca significativamente su número.

Frente a este escenario los Aliados deben realizar un trabajo mejor y más coherente para explicar su estrategia en Afganistán. Deben convencer a los parlamentarios y a la opinión pública de la importancia de terminar el trabajo en ese país.

Sin embargo, al mismo tiempo la Alianza tiene que afrontar otro reto fundamental. Dicho sin rodeos, debemos explicar mejor de qué se ocupa la Alianza Transatlántica en el siglo XXI.

Las encuestas nacionales e internacionales muestran que la gente –especialmente la generación posterior a la guerra fría– apenas tiene una vaga idea de las nuevas misiones y políticas de la OTAN. Aunque existe aún un grado considerable de confianza y seguridad respecto a la organización, a mucha gente le cuesta relacionarla con las nuevas amenazas de seguridad globales. Otros cuestionan la necesidad de invertir en defensa tras el fin de la guerra fría, o ven a la OTAN principalmente como una protección frente a Rusia.

Pero se trata de percepciones y suposiciones erróneas.

Lo tristemente cierto es que nuestro mundo se ha vuelto aún más frágil tras el fin de la guerra fría.

El terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, los conflictos regionales y las amenazas contra nuestra seguridad energética, infraestructuras de información y transportes comerciales son sólo algunos de los retos de seguridad más acuciantes que exigen respuestas urgentes. Ahora, más que nunca, tanto los gobiernos como los demás actores dentro de la escena internacional tienen que trabajar conjuntamente para afrontar esos retos y encontrar ayuda para las soluciones y cambios necesarios.

Ningún gobierno puede ocuparse en solitario de esos problemas en auge. La Alianza sigue siendo el mejor y más eficaz foro transatlántico justamente para eso, pero nuestra opinión pública no acaba de entender el papel de la OTAN como proveedor de seguridad.

¿Cómo responde la OTAN ante todo esto?

Por supuesto que desde hace tiempo los Aliados trabajan en una comprensión nueva y moderna de sus políticas de comunicación comunes. La transparencia, receptividad, exactitud e implicación directa con la opinión pública de los territorios de dentro y fuera de la Alianza, son ahora los pilares de su diplomacia pública.

Ahora, más que nunca, puede encontrarse a periodistas, responsables políticos y miembros de centros de estudios y ONG recorriendo los pasillos de la sede de la OTAN o reuniéndose con civiles y militares de la Alianza en encuentros públicos.

Pero la OTAN también es ahora más accesible para el ciudadano medio. Cada año miles de visitantes llegan a su sede para debatir la agenda de seguridad transatlántica con responsables nacionales y de la Alianza e incluso, si está disponible, con su Secretario General.

La Alianza no intenta ocultarse tras documentos confidenciales, ni evitar preguntas críticas. En los últimos años hemos potenciado especialmente nuestros esfuerzos para llegar a los más jóvenes, facilitando la creación de redes entre estudiantes y líderes políticos jóvenes, ofreciendo escuelas de verano y becas, y organizando seminarios y talleres de trabajo en los países miembros y socios de la OTAN.

También hemos mejorado nuestras capacidades tecnológicas para actualizar la página web de la OTAN y sus restantes herramientas y productos audiovisuales. Los textos, vídeos y debates en línea han conseguido que la interfaz de la organización con el mundo exterior sea más transparente e interactiva. No existen cuestiones tabú: los temas se extienden desde el nuevo Concepto Estratégico hasta la difícil operación en Afganistán.

En lo referente al uso de las nuevas herramientas de comunicación el Secretario General de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, es de los que van en cabeza

En lo referente al uso de las nuevas herramientas de comunicación el Secretario General de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, es de los que van en cabeza. Se ocupa de sus perfiles personales en Facebook y Twitter y contesta directamente a las preguntas de los ciudadanos de a pie en su bitácora “Secretary General’s Corner”.

La OTAN ha llegado a entender la importancia que tiene para la organización una estrategia de diplomacia pública moderna y receptiva. Nos hemos dado cuenta de que la imagen de la OTAN, para bien o para mal, depende de nosotros mismos.

Sin embargo, al final no se puede construir una marca fuerte y positiva sólo mediante eslóganes y logotipos. Tiene que ganarse mediante estrategias convincentes y actuaciones políticas, y eso es precisamente lo que los 28 Aliados intentan conseguir juntos en el día a día.

La Cumbre de Lisboa representa una oportunidad excelente para que los Aliados muestren su resolución de seguir construyendo una asociación transatlántica de seguridad eficiente. Estaremos preparados para transmitir nuestros mensajes con voz alta y clara –tanto con los métodos de comunicación modernos como con los antiguos– a los ciudadanos. Porque ellos son lo que más importa.

Compartir:    DiggIt   MySpace   Facebook   Delicious   Permalink