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África Occidental: ¿La estación central del tráfico ilegal?

África Occidental se ve afectada por varios flujos comerciales de productos ilegales. Algunos son originarios de la región, como el petróleo de contrabando, los emigrantes indocumentados, o las trabajadoras sexuales. Otros la tienen como destino, como los vertidos tóxicos, las armas o las medicinas falsificadas. Y otros simplemente la atraviesan, como la cocaína. Pero todos y cada uno de estos flujos dejan su impronta en la zona.

En este artículo Francis Maertens y Amado Philip de Andrés, de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC), intentan evaluar y comparar esta huella. Pulse en cualquiera de las pestañas inferiores para obtener más información.

© Reuters/Borja Suarez

El uso preferente de África Occidental como ruta de tránsito hacia Europa constituye un fenómeno relativamente nuevo, favorecido por los cambios en los flujos de productos ilegales que abandonan una Norteamérica en declive en favor de un mercado europeo en pleno crecimiento.

La mayor parte de la cocaína que circula por la región cruza el Atlántico en grandes “barcos nodriza”, modificados para llevar cargas de varias toneladas de droga. La mercancía se traslada luego a embarcaciones más pequeñas a lo largo de las costas de África Occidental. También se han interceptado alguna veces aviones pequeños adaptados para vuelos transatlánticos con cargamentos de casi una tonelada, en su mayoría provenientes de Venezuela.

Si nos basamos en las capturas en el mar y en los puertos, parece que existen al menos dos centros principales de distribución de cocaína en la zona. El más meridional introduce la droga en el Golfo de Benín y la reparte hacia Togo, Benín y Nigeria, mientras que el más septentrional utiliza las dos Guineas (Bissau y Conakry) como puertos de entrada, y posiblemente también Sierra Leona y Mauritania como destinos aéreos. La mercancía puede enviarse después por avión a Senegal, Malí y Gambia. Durante el punto álgido de este comercio Bamako se convirtió en el centro de los envíos aéreos, a pesar de que está situado a unos 1.000 kilómetros de los países costeros en los que se desembarcaba la cocaína. La razón para este desvío por el interior parece ser puramente comercial: desde hacía mucho tiempo se importaba marihuana desde Malí y los traficantes que la compraban pueden haber ofrecido un buen “tipo de cambio” para los pagos en coca.

Actualmente, la mayoría de los envíos parecen estar bajo el control de traficantes latinoamericanos. Colombia produce más de la mitad de la cocaína mundial, y sus narcotraficantes han dominado durante mucho tiempo el mercado mundial de esta droga. En 2007 el 40% de los traficantes de cocaína extranjeros detenidos en España, principal punto de entrada al mercado europeo, tenían esa nacionalidad.

Pero los habitantes de África Occidental desempeñan un papel importante en el transporte de la droga desde su región a Europa y la posterior distribución en ese continente. Es posible que a los que participan en el transporte marítimo se les pague en especie en vez de en metálico, y traigan el producto a Europa usando una técnica que ellos mismos han perfeccionado: el envío mediante correos que viajan en vuelos comerciales. La mayoría de los 1.400 correos detenidos desde 2004 transportando cocaína en vuelos procedentes de África Occidental con destino a Europa eran naturales de la zona. Una vez llegada a su destino la droga es distribuida a menudo por compatriotas suyos residentes en el Viejo Continente, especialmente nigerianos. Con la excepción de Suiza y Portugal, países en los que existen colonias activas de otras nacionalidades de la zona, en el resto de Europa entre el 10% y el 31% de los traficantes extranjeros de cocaína detenidos en los últimos años eran nigerianos.

Este tráfico parece estar haberse reducido desde 2008, probablemente debido a la mayor atención internacional que se presta a la región. En 2007 se capturaron 11 grandes alijos de cocaína en África Occidental o en sus costas, frente a sólo cuatro en 2008 y ninguno en lo que llevamos de 2009. A pesar de los progresos alcanzados, parece ser que se sigue exportando cocaína desde ese territorio por valor de mil millones de dólares anuales, y la red de distribución por Europa de naturales de la región sigue estando intacta.

El volumen de petróleo robado en África Occidental tiene un valor similar al de la cocaína exportada, pero este tráfico está aún más vinculado a la inestabilidad, dado que sus beneficios van directamente a milicianos y funcionarios corruptos de Nigeria, la potencia económica regional que acoge a la mitad de la población de la zona. El conflicto en el Delta del Níger hunde sus raíces en los agravios de los nativos que viven en la pobreza dentro de un territorio muy rico y que sostienen que el daño medioambiental provocado por la industria ha perjudicado sus modos de vida tradicionales. Pero el robo y contrabando de petróleo (denominado “bunkering” en la región) se ha convertido en una empresa criminal internacional por derecho propio, y las violentas luchas políticas proporcionan una adecuada cortina de humo para los que se dedican a su enriquecimiento personal.

© Reuters/Chaiwat Subprasom

A pesar de la limitada capacidad de los gobiernos de África Occidental para recaudar los impuestos, el contrabando de cigarrillos hacia la región y de ésta al norte del continente representa una importante fuente de ingresos, valorada en unos 750 mil millones de dólares.

En 2007 los africanos fumaron unos 400 mil millones de cigarrillos. Si el tabaco de contrabando representa un 15% de todo el consumido en África, ese año se fumaron 60 mil millones de cigarrillos ilegales (30 millones de cartones, unos 6.000 contenedores). África Occidental representa tan sólo el 17% del consumo total del continente, a pesar de tener un 30% de la población. Pero la demanda es muy superior en el norte de África, en países como Argelia, Egipto, Libia, Marruecos y Túnez, así que África Occidental actúa como ruta de transporte. En algunos países del norte y oeste el tabaco de contrabando representa hasta el 80% del mercado, así que la mayor parte de los beneficios acaban en manos de criminales. Normalizar los regímenes fiscales y de licencias dentro de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS) y gravar con impuestos todo el tabaco que entre en los puertos afectaría a parte de este comercio, pero no a su totalidad.

En China, Vietnam y otros países de Lejano Oriente se fabrican masivamente cigarrillos falsificados o de “marca blanca”, al igual que en Europa Suroriental. Se cree que en estas dos regiones constituyen el origen principal del tabaco de contrabando de África Occidental y del Norte, aunque el producto no suele importarse directamente de allí. Lo habitual es que provenga de zonas francas, como las que existen en el Emirato de Dubai

Los puertos de contenedores de Lomé, Cotonou y Tema constituyen los principales puntos de entrada del tabaco de contrabando en África Occidental, al igual que ocurre con la mayoría de los cigarrillos ilegales que acaban en el mercado norteafricano. Se declaran como mercancías “en tránsito” con destino final en Malí, Nigeria y Burkina Fasso, evitando así la inspección aduanera y los impuestos. En realidad se desvían en su mayoría hacia el norte de África, especialmente a Libia.

Si sumamos las diferentes cifras parciales podemos estimar que cada año atraviesan la zona cigarrillos por valor de 638 millones de dólares a precio de minorista (algo menos del 60% del mercado de África Occidental). Aproximadamente la mitad de esta cantidad les corresponde a importadores ilegales y contrabandistas de la zona, lo que supone 319 millones de dólares. Si le añadimos el dinero obtenido en ventas ilegales en la misma región (455 millones de dólares) llegamos a la cifra final de 774 millones de dólares anuales.

El comercio ilegal de medicinas caducadas o de baja calidad en África Occidental no se suele considerar como una actividad criminal importante, pero sus ramificaciones son graves y se extienden más allá de la zona. Aunque no se ha llevado a cabo ningún estudio sobre el porcentaje de medicamentos de baja calidad, varios muestreos realizados indican cifras del orden del 50%. Si nos fijamos tan sólo en los medicamentos contra la malaria, se pueden estimar que el sector privado regional trata unos 83 millones de casos al año.

Además, un estudio sobre el efecto de la regulación de ciertos sectores comerciales sobre las actividades criminales llegó a la conclusión de que “varios grupos criminales organizados han trasladado su interés desde el contrabando de armas y narcóticos hasta la falsificación de medicinas.” La INTERPOL ha ido encontrando cada vez más pruebas de que esta falsificación está vinculada al crimen organizado y grupos terroristas, incluida Al Qaeda.

© Reuters/STR New

En 2006 se detectaron un total de 570 víctimas de explotación sexual provenientes de África Occidental en 11 países europeos (Austria, Bélgica, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Holanda, Noruega, España, Suiza y Reino Unido). Los reclutadores les ofrecían un préstamo de entre 40.000 y 55.000 dólares para pagar la inmigración ilegal y les hacían firmar un contrato para que devolvieran el dinero en un cierto periodo de tiempo. Durante el viaje estaban bajo la vigilancia de un acompañante varón, que al llegar a su destino las entregaba a la rama local de la organización (a menudo los reclutadores y los explotadores pertenecen a la misma familia). Las víctimas se veían obligadas a ejercer la prostitución hasta acabar de pagar la deuda.

Si calculamos que se detecta uno de cada 30 casos de tráfico de personas, eso implica que en todo momento existen unas 17.000 víctimas en Europa, con una tasa de rotación anual de unas 5.700 personas. Si multiplicamos este número por la cantidad media de deuda que tienen que devolver, el resultado es un mercado con un valor de casi 300 millones de dólares.

© Reuters/STR New

El tipo de contrabando que más suele asociar con la desestabilización es el del armamento. Tanto la violencia política como la mayoría de las formas de crimen organizado serían inviables sin él, y se sabe que los activistas armados en el Delta del Níger usan los beneficios del contrabando de petróleo para comprar armas, al igual que muchos otros grupos insurgentes de la región. El único problema que presenta este análisis es el hecho de que ya existen muchas armas en la región (se calcula entre 7 y 10 millones), y que, a diferencia de lo que ocurre con las drogas y el petróleo, las armas ilegales tienen una duración más larga. Entre 1998 y 2004 se recogieron o capturaron unas 200.000 armas de pequeño calibre, destruyéndose unas 70.000. Existen bastantes indicios de que los rebeldes y criminales pueden comprar o alquilar armas de las fuerzas de seguridad, y que existe un floreciente mercado de “armas artesanales” de fabricación local, especialmente en Ghana.

¿Qué opciones políticas existen?

La monocultura económica es otro factor que puede favorecer el mal gobierno, un problema denominado “la maldición de los recursos”. Analistas como Paul Collier han señalado que la excesiva dependencia respecto a la exportación de materias primas aumenta el riesgo de guerra civil.

Por otro lado, África Occidental ha tenido que sufrir los estragos del crimen organizado por su bajo nivel de defensas, aunque los patógenos en sí suelen venir del extranjero. La región se ve prisionera de los tráficos comerciales ilegales facilitados por criminales locales, pero siempre hay al menos un componente de la cadena que reside fuera de la región. Se trata de retos transnacionales, lo que significa que existen al menos dos grandes enfoques generales para la propuesta de soluciones en forma de opciones políticas.

Se trata de retos transnacionales, lo que significa que existen al menos dos grandes enfoques generales para la propuesta de soluciones en forma de opciones políticas

La primera opción sería abordar los aspectos del problema ubicados fuera de la región. A menudo suele ser el camino más fácil, ya que los sistemas policiales y judiciales de África Occidental se cuentan entre los peores del mundo. Reducir la demanda de petróleo robado, limitar el suministro de medicamentos de baja calidad, restringir el tránsito de mercancías ilegales por las zonas francas, regular el mercado mundial de aparatos electrónicos de segunda mano, regularizar la situación de la mano de obra emigrante, mejorar la transparencia de las transferencias financieras: todas estas formas de ordenar y regular los flujos comerciales globales supondrían grandes avances para aliviar los males de África Occidental.

La segunda opción consiste en un proyecto a largo plazo: mejorar la inmunidad de África Occidental impulsando el Estado de Derecho. Ese es el camino seguido durante los últimos cinco años por la UNODC, trabajando con otros socios como la ECOWAS, el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz (DPKO) de las Naciones Unidas, la INTERPOL, y la Oficina de las Naciones Unidas para África Occidental (UNOWA). No se trata de una empresa tan inalcanzable como puede parecer. Por ejemplo, se puede eliminar el margen de beneficio del contrabando de cigarrillos armonizando los regímenes fiscales y de licencias. Y la regulación de los vertidos tóxicos y los suministros médicos constituyen en esencia un problema tecnocrático. El objetivo final es la construcción de estados sanos, pero a lo largo del camino se pueden ir consiguiendo avances intermedios que aporten dividendos inmediatos en la eliminación del desgobierno y la inseguridad.

En ambos planteamientos –el transnacional y el local– la implicación de la comunidad internacional constituye un factor esencial para un éxito sostenible. Los esfuerzos unilaterales de cualquiera de los países de África Occidental se verían socavados por las prácticas menos avanzadas empleadas por sus vecinos, especialmente si tenemos en cuenta la porosidad de las fronteras de los países de la región.

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