IDIOMA
La Revista de la OTAN se publica en español unas dos semanas después que en inglés a causa de la traducción.
ACERCA DE LA REVISTA DE LA OTAN
POLÍTICA SOBRE COLABORACIONES
INFORMACIÓN SOBRE COPYRIGHT
EQUIPO EDITORIAL
 RSS
ENVIAR ESTE ARTÍCULO A UN AMIGO
SUBSCRÍBASE A LA REVISTA DE LA OTAN
  

Crimen organizado y grupos terroristas: ¿Compañeros o camaleones?

Get the Flash Player to see this player.

La Revista de la OTAN analiza cómo trabajan de forma conjunta las bandas terroristas y del crimen organizado, cómo evolucionan, quién representa una mayor amenaza de seguridad, y hasta qué punto se pueden diferenciar unas de otras.

Duración del vídeo: 11 minutos

 Subtítulos: / NO

Resulta fácil y reconfortante creer que las actividades del crimen organizado

y de los grupos terroristas son problemas lejanos de países remotos.

También podemos preferir pensar que sus actividades

apenas afectan de refilón a nuestra sociedad.

Pero estos dos grupos colaboran cada vez más estrechamente,

y no sólo en la oscuridad, en productos y servicios ilegales.

Sus actividades llegan al mismo centro de nuestra vida cotidiana.

Cuchillas de afeitar, pilas, cualquier producto que se pueda imaginar, resultan ser

falsificaciones fabricadas normalmente en Lejano Oriente

e importadas a la Unión Europea

con la ayuda de grupos pertenecientes al crimen organizado.

El tabaco de contrabando está muy presente en la vida cotidiana

al igual que el alcohol, o el fraude con tarjetas de crédito.

Misha Glenny es un autor galardonado y antiguo corresponsal de la BBC.

Su último libro, "McMafia", aporta uno de los análisis más claros

sobre las diferentes formas de actuación del crimen organizado en el mundo.

La actividad que implica a más gente es

la que se denomina "carding", consistente en

fraudes bancarios con tarjetas falsas o mediante suplantación de identidad

y se han detectado casos de miembros de Al Qaeda aquí, en Reino Unido,

y en otros lugares, implicados en este tipo de operaciones para obtener financiación.

Uno investiga cosas como el fraude en las tarjetas, por ejemplo,

que a todos los efectos se trata de un delito más bien leve,

y encuentra de pronto una red comprometida en ataques para robo de identidades

que también participó en el ciber ataque contra Estonia, o en casos similares.

Y te dices: "Espera un momento, ¿qué esta haciendo ese tío allí?"

A primera vista los criminales comunes y las organizaciones terroristas

pueden parecer socios improbables.

Las bandas del crimen organizado prefieren mantener un perfil bajo

que no atraiga la atención, sobre todo la de la policía;

en cambio, las acciones terroristas pretenden ante todo conseguir llamar la atención.

El crimen organizado busca obtener beneficios económicos,

mientras que los terroristas, al menos en teoría, se mueven por motivos ideológicos.

El crimen organizado no permite que los principios afecten a sus beneficios,

mientras que los grupos terroristas justifican sus acciones basándose en principios políticos o religiosos.

Pero estas descripciones dibujan un cuadro en blanco y negro,

que en realidad está lleno de tonos grises.

Si analizamos el funcionamiento del crimen organizado

podemos dividirlo en zonas de producción,

como Colombia y Afganistán,

zonas de distribución, como el Norte de México o los Balcanes,

y zonas de consumo, como EEUU o Europa Occidental.

En las zonas de producción y de distribución el crimen organizado no cede a nadie su protagonismo.

Los expertos en seguridad han descubierto que la coincidencia entre crimen organizado y terrorismo

puede hacer que sean difíciles de distinguir.

Lo que se ha visto estos últimos años es la aparición de organizaciones híbridas que tienden a uno u otro lado de la gama,

pero que intervienen en ambos de forma similar, si no idéntica,

y que están muy próximos en cuanto a objetivos, operaciones y estrategias de reclutamiento.

No se trata de que exista una división del crimen organizado de Hezbolá,

que llame diciendo: Hola, ¿está Juan Pablo, del cártel de Cali? La cosa no funciona así.

Los dos grupos se solapan en actividades, intereses, personal y capacidades técnicas.

Si tu tienes una red de personas no importa si un individuo trabaja

la mitad de su tiempo para una organización criminal y la otra mitad para un grupo insurgente,

se trata simplemente de intercambiar capacidades.

Desde hace bastante tiempo los grupos terroristas utilizan actividades criminales para financiarse.

Especialmente secuestros, tráfico de personas y drogas.

Algunas se han convertido en la "razón de ser" para muchos grupos terroristas

que se han transformado en bandas del crimen organizado.

Al estrecharse los vínculos algunos grupos están cambiando su estructura para evitar que los detecte la policía.

Pasan de tener una estructura jerárquica a otra de tipo red.

Es algo que las dos partes han ido aprendiendo con el mutuo contacto.

Incluso puede afirmarse que en este aspecto los criminales han ido por detrás de los insurgentes.

Copiaron la estructura basada en células y la utilizan para evitar la investigación policial.

Esta área de Londres está muy cerca del East End,

que hasta hace unos pocos decenios estaba lleno de nativos del barrio

que formaban una comunidad muy unida.

Pero ahora está llena de tiendas internacionales y gente y dinero de todo el mundo.

Al igual que esta zona ha cambiado a causa de la globalización,

también lo han hecho la gente y las técnicas de las bandas criminales y grupos terroristas.

La capacidad de los capitales de moverse libremente entre países, salvando fronteras y comunidades,

ha facilitado hasta cierto punto la conexión entre crimen organizado y terrorismo.

Para el crimen organizado los avances tecnológicos, sobre todo en comunicaciones,

les permiten contactar rápidamente con gente de otros países

y continentes, y ponerse en contacto en poco tiempo con nuevos clientes o posibles cómplices.

La caída del Muro de Berlín, la desintegración de la Unión Soviética en 1991,

y otros acontecimientos de los noventa proporcionaron unas condiciones excelentes para el crecimiento del crimen organizado.

Al mismo tiempo se produjo la liberalización de los mercados financieros internacionales

lo que significó que en muy poco tiempo el volumen de transacciones

debido también a las nuevas tecnologías que aparecieron entonces,

ese volumen de transacciones financieras llegó a niveles asombrosos

y nadie, absolutamente nadie, podía seguirle la pista.

Al igual que la década de los 90 fue una época de cambio e incertidumbre,

la reciente crisis financiera de 2008 y 2009 ha creado unas condiciones que

los grupos criminales y terroristas estaban listos para aprovechar.

Este es el corazón de la City de Londres.

Una de las preocupaciones que señalan los analistas de seguridad

es que con la crisis financiera se den las condiciones adecuadas para que el crimen organizado

y los grupos terroristas inviertan en lugares como éste,

que ahora están desesperados por conseguir capital y puede qué ahora pregunten menos sobre su origen.

Se podría decir que los grupos criminales son uno de los pocos sectores

beneficiados por las crisis crediticia, pues ahora tienen la oportunidad de adquirir

compañías al borde de la quiebra o entrar en el accionariado a través, por ejemplo, del mercado inmobiliario.

También pueden introducirse en las pequeñas y medianas empresas, para beneficiarse

de los programas de ayuda para ese tipo de empresas que han implantado muchos gobiernos.

La clave reside en que afrontamos una gigantesca crisis de liquidez

y el crimen organizado se mueve en una economía de pago al contado.

Por eso se trata de una oportunidad de oro para ellos.

La relación entre grupos terroristas y criminales es un matrimonio de conveniencia,

y como tal matrimonio puede entrar en crisis.

Se empiezan a vislumbrar señales de un enfrentamiento por el control entre algunos grupos

especialmente en lugares como Rusia y Asia Central

donde las oportunidades de beneficio pueden ser incluso excesivas.

Ahora están intentando instalarse y repartir el mercado, al mismo tiempo

y eso evidentemente provoca una guerra por el control.

Creo que en muchos terrenos, como el de las drogas,

los recién llegados tienen que escuchar lo que dicen los que tienen más edad y sabiduría.

Vienen a decirles, si quieres probar y encargarte de las bandas que se ocupan de la heroína de este país

entonces serás mi invitado, pero yo, aunque fuera el mismísimo Osama ben Laden,

me lo pensaría dos veces antes de trabajar con esos tipos.

Lo que es evidente es que los vínculos entre el crimen organizado y los terroristas

no son nada nuevo.

En 1981 el grupo El-Jihad, que asesinó al presidente egipcio Anwar Sadat

financió sus ataques con robos a varias joyerías cuyos dueños eran cristianos.

Más recientemente, en 1993, los primeros ataques contra el World Trade Centre se financiaron en parte

con la venta de camisetas piratas.

En un siglo tan dinámico como el XXI, no parece que

ni el crimen organizado ni los grupos terroristas que queden atrás.

Hezbolá es una organización mucho más moderna de lo que cree la gente.

Quiero decir que su trabajo en el ciberespacio es realmente impresionante

en lo referente a desarrollar capacidades ofensivas, ciber-capacidades;

el hecho es que se construido su propia red de fibra óptica en el Líbano.

Y para ellos los nuevos retos como el cambio climático representan nuevas oportunidades de negocio.

Se han conocido detalles del primer gran fraude de venta de derechos de emisiones

de dióxido de carbono, un delito que implica enormes cantidades de dinero.

Una de las herramientas más eficaces para enfrentarse a esos grupos es la estrecha coordinación

entre países y organizaciones. De lo contrario siempre habrá puntos débiles que aprovecharán despiadadamente.

Resulta mucho más difícil colaborar en una operación combinada

si un lado no quiere compartir su información con el otro.

Creo que ahora mismo probablemente éste sea el principal obstáculo para la cooperación necesaria.

La aparición de la banca por Internet ha resultado increíblemente útil para desviar fondos,

transferirlos a gran velocidad por todo el mundo, y ocultar su rastro.

De hecho, uno de los cambios consiste en que ahora es mucho más rápido

evitar la actuación de la policía simplemente

moviendo el dinero casi instantáneamente ante cualquier indicio de investigación.

Curiosamente, desde el punto de vista de alto valor añadido para el crimen organizado en Europa

las mayores operaciones consisten en los denominados fraudes de carrusel, o de comerciante desaparecido,

que en esencia consisten en explotar las diferencias en los regímenes de IVA de los países.

Así obtienen miles de millones de euros cada año.

Pero quizás la pregunta sería qué actividad causa más daño

y representa una amenaza de seguridad más grave: ¿el crimen organizado o el terrorismo?

Personalmente creo que a menudo se exagera la importancia del terrorismo

frente a la amenaza que supone el crimen organizado en todo el mundo.

Quiero decir, la vida de las personas se ve mucho más afectada si, por ejemplo,

vemos casos como la guerra en la República Democrática del Congo

que se debió principalmente a una gran empresa criminal

que costó la vida a cinco millones de personas.

Lo cierto es que el terrorismo sólo en sueños puede alcanzar cifras como esa.

Resulta fácil y reconfortante creer que las actividades del crimen organizado

y de los grupos terroristas son problemas lejanos de países remotos.

También podemos preferir pensar que sus actividades

apenas afectan de refilón a nuestra sociedad.

Pero estos dos grupos colaboran cada vez más estrechamente,

y no sólo en la oscuridad, en productos y servicios ilegales.

Sus actividades llegan al mismo centro de nuestra vida cotidiana.

Cuchillas de afeitar, pilas, cualquier producto que se pueda imaginar, resultan ser

falsificaciones fabricadas normalmente en Lejano Oriente

e importadas a la Unión Europea

con la ayuda de grupos pertenecientes al crimen organizado.

El tabaco de contrabando está muy presente en la vida cotidiana

al igual que el alcohol, o el fraude con tarjetas de crédito.

Misha Glenny es un autor galardonado y antiguo corresponsal de la BBC.

Su último libro, "McMafia", aporta uno de los análisis más claros

sobre las diferentes formas de actuación del crimen organizado en el mundo.

La actividad que implica a más gente es

la que se denomina "carding", consistente en

fraudes bancarios con tarjetas falsas o mediante suplantación de identidad

y se han detectado casos de miembros de Al Qaeda aquí, en Reino Unido,

y en otros lugares, implicados en este tipo de operaciones para obtener financiación.

Uno investiga cosas como el fraude en las tarjetas, por ejemplo,

que a todos los efectos se trata de un delito más bien leve,

y encuentra de pronto una red comprometida en ataques para robo de identidades

que también participó en el ciber ataque contra Estonia, o en casos similares.

Y te dices: "Espera un momento, ¿qué esta haciendo ese tío allí?"

A primera vista los criminales comunes y las organizaciones terroristas

pueden parecer socios improbables.

Las bandas del crimen organizado prefieren mantener un perfil bajo

que no atraiga la atención, sobre todo la de la policía;

en cambio, las acciones terroristas pretenden ante todo conseguir llamar la atención.

El crimen organizado busca obtener beneficios económicos,

mientras que los terroristas, al menos en teoría, se mueven por motivos ideológicos.

El crimen organizado no permite que los principios afecten a sus beneficios,

mientras que los grupos terroristas justifican sus acciones basándose en principios políticos o religiosos.

Pero estas descripciones dibujan un cuadro en blanco y negro,

que en realidad está lleno de tonos grises.

Si analizamos el funcionamiento del crimen organizado

podemos dividirlo en zonas de producción,

como Colombia y Afganistán,

zonas de distribución, como el Norte de México o los Balcanes,

y zonas de consumo, como EEUU o Europa Occidental.

En las zonas de producción y de distribución el crimen organizado no cede a nadie su protagonismo.

Los expertos en seguridad han descubierto que la coincidencia entre crimen organizado y terrorismo

puede hacer que sean difíciles de distinguir.

Lo que se ha visto estos últimos años es la aparición de organizaciones híbridas que tienden a uno u otro lado de la gama,

pero que intervienen en ambos de forma similar, si no idéntica,

y que están muy próximos en cuanto a objetivos, operaciones y estrategias de reclutamiento.

No se trata de que exista una división del crimen organizado de Hezbolá,

que llame diciendo: Hola, ¿está Juan Pablo, del cártel de Cali? La cosa no funciona así.

Los dos grupos se solapan en actividades, intereses, personal y capacidades técnicas.

Si tu tienes una red de personas no importa si un individuo trabaja

la mitad de su tiempo para una organización criminal y la otra mitad para un grupo insurgente,

se trata simplemente de intercambiar capacidades.

Desde hace bastante tiempo los grupos terroristas utilizan actividades criminales para financiarse.

Especialmente secuestros, tráfico de personas y drogas.

Algunas se han convertido en la "razón de ser" para muchos grupos terroristas

que se han transformado en bandas del crimen organizado.

Al estrecharse los vínculos algunos grupos están cambiando su estructura para evitar que los detecte la policía.

Pasan de tener una estructura jerárquica a otra de tipo red.

Es algo que las dos partes han ido aprendiendo con el mutuo contacto.

Incluso puede afirmarse que en este aspecto los criminales han ido por detrás de los insurgentes.

Copiaron la estructura basada en células y la utilizan para evitar la investigación policial.

Esta área de Londres está muy cerca del East End,

que hasta hace unos pocos decenios estaba lleno de nativos del barrio

que formaban una comunidad muy unida.

Pero ahora está llena de tiendas internacionales y gente y dinero de todo el mundo.

Al igual que esta zona ha cambiado a causa de la globalización,

también lo han hecho la gente y las técnicas de las bandas criminales y grupos terroristas.

La capacidad de los capitales de moverse libremente entre países, salvando fronteras y comunidades,

ha facilitado hasta cierto punto la conexión entre crimen organizado y terrorismo.

Para el crimen organizado los avances tecnológicos, sobre todo en comunicaciones,

les permiten contactar rápidamente con gente de otros países

y continentes, y ponerse en contacto en poco tiempo con nuevos clientes o posibles cómplices.

La caída del Muro de Berlín, la desintegración de la Unión Soviética en 1991,

y otros acontecimientos de los noventa proporcionaron unas condiciones excelentes para el crecimiento del crimen organizado.

Al mismo tiempo se produjo la liberalización de los mercados financieros internacionales

lo que significó que en muy poco tiempo el volumen de transacciones

debido también a las nuevas tecnologías que aparecieron entonces,

ese volumen de transacciones financieras llegó a niveles asombrosos

y nadie, absolutamente nadie, podía seguirle la pista.

Al igual que la década de los 90 fue una época de cambio e incertidumbre,

la reciente crisis financiera de 2008 y 2009 ha creado unas condiciones que

los grupos criminales y terroristas estaban listos para aprovechar.

Este es el corazón de la City de Londres.

Una de las preocupaciones que señalan los analistas de seguridad

es que con la crisis financiera se den las condiciones adecuadas para que el crimen organizado

y los grupos terroristas inviertan en lugares como éste,

que ahora están desesperados por conseguir capital y puede qué ahora pregunten menos sobre su origen.

Se podría decir que los grupos criminales son uno de los pocos sectores

beneficiados por las crisis crediticia, pues ahora tienen la oportunidad de adquirir

compañías al borde de la quiebra o entrar en el accionariado a través, por ejemplo, del mercado inmobiliario.

También pueden introducirse en las pequeñas y medianas empresas, para beneficiarse

de los programas de ayuda para ese tipo de empresas que han implantado muchos gobiernos.

La clave reside en que afrontamos una gigantesca crisis de liquidez

y el crimen organizado se mueve en una economía de pago al contado.

Por eso se trata de una oportunidad de oro para ellos.

La relación entre grupos terroristas y criminales es un matrimonio de conveniencia,

y como tal matrimonio puede entrar en crisis.

Se empiezan a vislumbrar señales de un enfrentamiento por el control entre algunos grupos

especialmente en lugares como Rusia y Asia Central

donde las oportunidades de beneficio pueden ser incluso excesivas.

Ahora están intentando instalarse y repartir el mercado, al mismo tiempo

y eso evidentemente provoca una guerra por el control.

Creo que en muchos terrenos, como el de las drogas,

los recién llegados tienen que escuchar lo que dicen los que tienen más edad y sabiduría.

Vienen a decirles, si quieres probar y encargarte de las bandas que se ocupan de la heroína de este país

entonces serás mi invitado, pero yo, aunque fuera el mismísimo Osama ben Laden,

me lo pensaría dos veces antes de trabajar con esos tipos.

Lo que es evidente es que los vínculos entre el crimen organizado y los terroristas

no son nada nuevo.

En 1981 el grupo El-Jihad, que asesinó al presidente egipcio Anwar Sadat

financió sus ataques con robos a varias joyerías cuyos dueños eran cristianos.

Más recientemente, en 1993, los primeros ataques contra el World Trade Centre se financiaron en parte

con la venta de camisetas piratas.

En un siglo tan dinámico como el XXI, no parece que

ni el crimen organizado ni los grupos terroristas que queden atrás.

Hezbolá es una organización mucho más moderna de lo que cree la gente.

Quiero decir que su trabajo en el ciberespacio es realmente impresionante

en lo referente a desarrollar capacidades ofensivas, ciber-capacidades;

el hecho es que se construido su propia red de fibra óptica en el Líbano.

Y para ellos los nuevos retos como el cambio climático representan nuevas oportunidades de negocio.

Se han conocido detalles del primer gran fraude de venta de derechos de emisiones

de dióxido de carbono, un delito que implica enormes cantidades de dinero.

Una de las herramientas más eficaces para enfrentarse a esos grupos es la estrecha coordinación

entre países y organizaciones. De lo contrario siempre habrá puntos débiles que aprovecharán despiadadamente.

Resulta mucho más difícil colaborar en una operación combinada

si un lado no quiere compartir su información con el otro.

Creo que ahora mismo probablemente éste sea el principal obstáculo para la cooperación necesaria.

La aparición de la banca por Internet ha resultado increíblemente útil para desviar fondos,

transferirlos a gran velocidad por todo el mundo, y ocultar su rastro.

De hecho, uno de los cambios consiste en que ahora es mucho más rápido

evitar la actuación de la policía simplemente

moviendo el dinero casi instantáneamente ante cualquier indicio de investigación.

Curiosamente, desde el punto de vista de alto valor añadido para el crimen organizado en Europa

las mayores operaciones consisten en los denominados fraudes de carrusel, o de comerciante desaparecido,

que en esencia consisten en explotar las diferencias en los regímenes de IVA de los países.

Así obtienen miles de millones de euros cada año.

Pero quizás la pregunta sería qué actividad causa más daño

y representa una amenaza de seguridad más grave: ¿el crimen organizado o el terrorismo?

Personalmente creo que a menudo se exagera la importancia del terrorismo

frente a la amenaza que supone el crimen organizado en todo el mundo.

Quiero decir, la vida de las personas se ve mucho más afectada si, por ejemplo,

vemos casos como la guerra en la República Democrática del Congo

que se debió principalmente a una gran empresa criminal

que costó la vida a cinco millones de personas.

Lo cierto es que el terrorismo sólo en sueños puede alcanzar cifras como esa.

Compartir:    DiggIt   MySpace   Facebook   Delicious   Permalink