Energía y crisis: ¿Mayor o menor seguridad?

El efecto de la crisis financiera sobre la seguridad energética podría ir mucho más allá del precio del petróleo.

(Reuters)

La crisis financiera mundial podría dar paso a nuevos métodos de trabajo en el mundo de la energía, según defienden el Dr. Heiko Borchert y Karina Forster que en este artículo analizan su efecto sobre las compañías energéticas y cómo les puede obligar a cambiar.

A primera vista la crisis actual parece deberse a errores financieros y económicos, pero hay mucho más en juego.

La comunidad transatlántica ha basado su liderazgo internacional en la creencia de que la autorregulación del sector privado ofrece mayores beneficios económicos, pero esta crisis ha debilitado bastante dicha premisa.

Así que se trata también de una crisis política, lo que se traduce en una fractura en el liderazgo mundial. El resultado principal de esta lucha de poder va a ser la inestabilidad económica, y es en el campo energético donde el hecho resulta más evidente.

Los países ricos en recursos naturales siguen usándolos para promover sus intereses, ampliar sus zonas de influencia y crear alianzas con socios de mentalidad similar

Cada vez es mayor la dependencia mundial respecto al suministro de energía, lo que convierte a la seguridad energética en una prioridad estratégica. La crisis económica actual ha bajado los precios y frenado el crecimiento económico, pero se trata tan sólo de una pausa.

Los países ricos en recursos naturales siguen usándolos para promover sus intereses, ampliar sus zonas de influencia y crear alianzas con socios de mentalidad similar. También los países de tránsito o consumo de energía intentan aunar posturas para conseguir reforzar su posición. Y estas tendencias van a cambiar la naturaleza misma de las relaciones internacionales.

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Los países ricos en recursos y la crisis financiera: ¿Un paisaje cambiante?

Hasta ahora la comunidad transatlántica no ha hallado respuestas convincentes para estos retos, algo bastante desafortunado.

En nuestra opinión, los efectos más probables sobre el sector energético son los siguientes:

Efectos sobre los suministradores de energía

Tanto Rusia como Irán y Venezuela parecen haberse visto muy afectados por la crisis actual. Algunos observadores creen que se ha atenuado un tanto el “nacionalismo energético”, mientras que otros aseguran que las concesiones en materia de precios de esos países serán sólo tácticas a corto plazo. Además, diversos analistas señalan el creciente número de trabajadores emigrantes sin empleo a causa del recorte de inversiones, sobre todo en el sector energético, que podría causar problemas sociales en Asia Central y algunos países del Golfo.

Un reciente análisis de Stratfor sugiere que los extranjeros representan un 69% de la población de Kuwait (8% de las reservas mundiales de crudo) y un 80% de la de Qatar (14% de las de gas). En cambio, en Arabia Saudita los emigrantes constituyen tan sólo un 25% de la población, y la Agencia Monetaria de Arabia Saudita ha invertido con más prudencia que las fundaciones de otros países del Golfo, lo que le proporciona una mayor seguridad financiera.

Las consecuencias para las compañías energéticas

La crisis está teniendo efectos contradictorios en las compañías energéticas. Por una parte, el aumento del coste de capital hace que sea más difícil invertir, lo que supone un problema para la industria de las energías renovables, que requiere unos costes de inversión mayores que los de otros sectores energéticos. También les ocurre lo mismo a las compañías propietarias de transportes y oleoductos, que necesitan financiación a largo plazo para sus infraestructuras, y a las de extracción de petróleo. Por otro lado, los países productores de energía se muestran ahora más abiertos a las compañías internacionales porque necesitan socios que les ayuden a soportar el alto coste de los problemas energéticos. Y este hecho podría abrir nuevas oportunidades de cooperación.

Por motivos estratégicos y medioambientales, debemos reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, pero la disminución de las inversiones puede frenar el desarrollo de las energías renovables

La disponibilidad de divisas aporta un mayor margen de actuación política

Algunos productores de energía han acumulado importantes reservas de divisas, lo que les da un mayor margen de actuación política. En lo que se podría considerar una muestra de que los tiempos han cambiado, la Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, aseguró en febrero de 2009 a China que las obligaciones del tesoro de EEUU que éste país posee, con un valor total a finales de enero de 2009 de 740.000 millones de dólares, seguían siendo una inversión valiosa. Además, las compañías energéticas con problemas de liquidez parecen más dispuestas a llegar a compromisos. En un acuerdo alcanzado en febrero de 2009 China podría haber comprado crudo a la petrolera rusa Rosneft a un precio que representaría un tercio del de mercado.

Las políticas sobre el cambio climático se ven sometidas a presiones

Existe la duda de si el impulso que reciben ahora mismo las políticas sobre el cambio climático va a durar mucho tiempo. Por motivos estratégicos y medioambientales, debemos reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, pero la disminución de las inversiones puede frenar el desarrollo de las energías renovables, cuya necesidad de financiación podría llevar a rebajar los objetivos de reducción de emisiones de dióxido de carbono. Y si se mantuvieran los objetivos actuales, los países productores podrían trasladar los procesos que generen altas cantidades de dióxido de carbono a regiones con estándares menos exigentes, lo que mejoraría el equilibrio de emisiones de unas regiones a costa de otras, provocando tensiones diplomáticas. Por último, las subvenciones a las energías renovables se verían sometidas a más presiones, considerando que ya han provocado disputas comerciales entre EEUU y la Unión Europea.

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La crisis financiera amenaza a los suministradores de energía, a las compañías y a los consumidores.

El creciente papel del estado

El papel del estado puede verse reforzado como consecuencia directa de la crisis financiera. Los gobiernos tendrán que financiar las inversiones en infraestructuras energéticas, y volverán a intervenir en el sector de la energía como actores activos, bien a través de compañías estatales o como accionistas. Por último, las compañías podrían pedir a los gobiernos que construyan nuevas infraestructuras energéticas como instalaciones de almacenamiento de dióxido de carbono y oleoductos.

Cambios en los sistemas regulatorios

La autorregulación parece no haber funcionado en el sector financiero, y eso tendrá consecuencias importantes para las compañías energéticas internacionales partidarias de la no intervención gubernamental. El apoyo de los gobiernos probablemente venga acompañado de condiciones. Una pregunta importante es la de si esos mismos gobiernos seguirán garantizando un trato normativo preferente para las energías renovables.

Además, Michael Levi del Consejo de Relaciones Exteriores señaló recientemente que “los créditos fiscales se han convertido de pronto en un instrumento muy útil para compañías en problemas que se encuentran imposibilitadas de pagar sus impuestos”. Esto podría conllevar un cambio desde la regulación basada en incentivos a otras formas más tradicionales de regulación y gasto gubernamental.

¿Qué hacer?

Todos estos elementos han hecho que resulte más difícil garantizar la seguridad energética. Además, algunos acontecimientos recientes han demostrado que la seguridad energética podría provocar divisiones entre los miembros de la UE, y entre ellos y Estados Unidos. Los socios transatlánticos deben hacer los máximos esfuerzos posibles para evitar divergencias en cuestiones energéticas.

La crisis económica actual crea oportunidades de cooperación con los productores de energía

De hecho, la crisis económica actual crea oportunidades de cooperación con los productores de energía. La cooperación científica y tecnológica con esos productores puede impulsar la mejora de la eficiencia energética y ayudar a proteger el clima.

Es la hora de las acciones concretas

Durante demasiado tiempo los miembros de la comunidad transatlántica han proyectado sobre otros países la imagen de sus propias preferencias regulatorias. Debe perseguirse con más énfasis el desarrollo de un diálogo estratégico sobre seguridad energética con la Iniciativa de Cooperación de Estambul, el Consejo de Cooperación del Golfo, el Foro Internacional de la Energía y la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Todas esas instituciones deberían impulsar el diálogo sobre la mejor forma de combinar los objetivos de prosperidad económica, política energética, estabilidad regional y conservación del medio ambiente.

Además, se tiene que promover la implicación directa con las compañías nacionales de gas y petróleo, que podrían servir como puntas de lanza para mejorar la eficacia energética en los países productores y fomentar la seguridad de las infraestructuras energéticas.

Se podría impulsar un “Pacto mundial de inversiones para unas infraestructuras energéticas sostenibles” con los productores de energía y los principales consumidores energéticos.

Esta iniciativa debería reunir a compañías energéticas multinacionales y estatales, bancos inversores, instituciones financieras internacionales, fundaciones estatales y compañías tecnológicas. El Pacto analizaría la combinación de tecnologías energéticas más adecuada para los planes de desarrollo económico regional y los objetivos medioambientales, establecería las prioridades de los proyectos de inversiones en infraestructuras y estimularía las iniciativas multinacionales de investigación y desarrollo.

La protección y seguridad de las infraestructuras energéticas resulta de vital importancia para todos los actores implicados en la cadena mundial de suministro energético.

Dos cuestiones tienen una importancia fundamental. En primer lugar, la dimensión externa de la protección de infraestructuras, es decir, la dependencia respecto a infraestructuras localizadas en terceros países, que debería recibir una mayor atención. Se deben realizar análisis conjuntos de riesgos e intercambiar información sobre las mejores prácticas en seguridad energética. En segundo lugar, la seguridad marítima resulta esencial para garantizar el transporte de energía por el mar. Así que aparecerán oportunidades para nuevas empresas conjuntas internacionales encaminadas a ofrecer seguridad a instalaciones portuarias y rutas marítimas estratégicas. Y todas esas áreas tendrán una influencia directa sobre la OTAN.

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