Qué nos deparará el futuro: Defensa, presupuestos y crisis financiera

En el Airshow de París de junio de 2009, los pedidos de defensa superaron a los del sector comercial.

¿Cómo influirán las nuevas restricciones en la forma en que se emplean los presupuestos militares? ¿Cuándo se notarán sus consecuencias sobre la defensa? El Dr. Derek Braddon analiza sus efectos sobre los diferentes países y alianzas.

“Los economistas son seres pesimistas: han predicho ocho de las tres últimas recesiones”, bromeó en una ocasión el Dr. Barry Asmus, economista senior del Centro Nacional para el Análisis Político. Pesimistas o no, para los que hemos pasado toda nuestra vida estudiando economía el reciente “colapso crediticio” global y sus efectos políticos han ampliado nuestra comprensión sobre esta cuestión y sus dimensiones.

Ha habido tanta urgencia a la hora de abordar la crisis financiera actual que las políticas fiscales y monetarias de muchos países han adoptado métodos y grados de intervención que antes se hubieran considerado insostenibles, y puede ser que hasta irresponsables. El acuerdo de abril de 2009 del G20 de reflaccionar conjuntamente la economía mundial con una inyección de 1,1 billones de dólares (incluyendo un plan de estímulo fiscal de 809 mil millones tan sólo para EEUU) no tiene precedentes históricos.

En muchos aspectos se puede decir que nos movemos en aguas desconocidas. La extrema incertidumbre que presenta el futuro económico enfrenta a los responsables políticos, incluidos los del sector de la defensa, ante una especie de dilema.

Una crisis inflacionista exigiría recortes draconianos en el gasto púbico, y el gasto en defensa sería inevitablemente uno de los objetivos principales

Si las actuales políticas económicas expansionistas tienen éxito se evitará un recesión grave y duradera, pero las medidas de estímulo fiscales y monetarias adoptadas (sobre todo en EEUU y Reino Unido) para evitar el colapso económico carecen de precedentes y podrían provocar en breve una crisis inflacionista. Ésta exigiría recortes draconianos en el gasto púbico, y el presupuesto de la defensa sería inevitablemente uno de los objetivos principales

Por otro lado, si los últimos “brotes verdes” resultan ser engañosos y las políticas económicas no consiguen detener una depresión global, las perspectivas para el gasto público serían igual de ominosas. Y el presupuesto de la defensa volvería a constituir un objetivo fácil para los recortes.

Reuters

¿Un blanco fácil? En muchos países el presupuesto de defensa puede sufrir fuertes reducciones.

Históricamente los efectos de los recortes en defensa han sido más locales que nacionales. Por eso resultan más fáciles de implementar que los de otros sectores públicos.

También la inflación en el precio de los productos de la defensa tiende a ser superior a la media, lo que hace que el sector parezca menos preocupado por los costes que el resto, y por lo tanto quizás parezca merecedor de un mayor recorte presupuestario.

Por último, aunque la defensa suele ser un elemento positivo para el comercio de países como EEUU y Reino Unido, el “mercado de armamentos” sigue siendo muy impopular y existen en ambos países grupos de presión poderosos que apoyarían recortes fuertes en el gasto en defensa.

Sin embargo, a corto plazo resulta poco probable que el sector de la defensa afronte grandes recortes de gasto.

La mayor parte del gasto está vinculado a compromisos gubernamentales a largo plazo, cuya cancelación resulta difícil y a menudo cara. La reciente propuesta del Presidente Obama de otorgar 634 mil millones de dólares para el presupuesto de defensa supone un recorte respecto a los planes de su predecesor, pero todavía representa un incremento global del 4%. De forma similar, es poco probable que haya recortes en defensa en el Reino Unido, a pesar de las referencias al “agujero negro” de dicho gasto.

En EEUU varios importantes proyectos de defensa están siendo cancelados o se hallan seriamente amenazados, como el F-22, los nuevos helicópteros, la nueva generación de vehículos blindados y los navíos de alta tecnología

El peligro para el gasto en defensa debe considerarse a largo plazo (después de 2010), cuando se conozca el coste real de la crisis financiera. Si no se produce una explosión de crecimiento económico a nivel mundial, los presupuestos públicos se verán sometidos a una presión sin precedentes cuando los gobiernos tengan que devolver los enormes préstamos solicitados. Y entonces es cuando los grandes proyectos de la defensa serán más vulnerables, ante la necesidad de recortes.

En EEUU varios importantes proyectos de defensa están siendo cancelados o se hallan seriamente amenazados, como el F-22, los nuevos helicópteros, la nueva generación de vehículos blindados y los navíos de alta tecnología.

En Europa y el Reino Unido los analistas sugieren que el transporte aéreo A400M sigue estando en situación de riesgo, así como la sustitución de los Trident. Además, muchos de los miembros menores de la OTAN, a los que ya les costaba bastante mantener su compromiso para un reparto de cargas más justo dentro de la organización, no tendrán más remedio que realizar recortes muy severos en sus presupuestos de defensa a largo plazo.

Lockheed Martin

El cazabombardero conjunto F-35, un proyecto líder... y tremendamente caro.

Un nuevo informe sobre el gasto en defensa del Reino Unido realizado por el Instituto para la Investigación de Políticas Públicas (IPPR) refuerza la teoría de que no se van a poder evitar drásticas reducciones en defensa. El informe, elaborado y redactado por un grupo de reputados expertos militares del Reino Unido, deja clara la diferencia que ya se percibía entre los equipamientos de defensa que el país quiere comprar y los que realmente se puede permitir.

El IPPR recomienda:

  • reducir progresivamente el gasto militar del Reino Unido en unos 24 mil millones de libras
  • analizar alternativas a la sustitución de los Trident
  • impulsar una mayor cooperación trans-europea en la adquisición de equipamientos de defensa
  • fomentar una mayor especialización de las fuerzas armadas británicas

El mensaje para todo el sector militar de la OTAN no puede ser más claro.

Las reducciones presupuestarias de los principales países de la Alianza pueden llegar a debilitar las capacidades defensivas de la OTAN en el futuro. Al mismo tiempo, los estrategas tendrán que asumir tres retos adicionales.

En primer lugar, otros países no miembros de la OTAN (sobre todo China e India) han ido aumentando en los últimos tiempos su gasto en defensa, una tendencia que parece que continuará cuando se vislumbre una recuperación. Se calcula que el porcentaje del gasto militar de Asia respecto al resto del mundo pasará de un 24% en 2007 a un 32% en 2016. El presupuesto de defensa chino, cuyo valor real podría duplicar las cifras oficiales según algunos analistas, es el mayor de Asia, y sus fuerzas armadas están llevando a cabo un vasto programa de modernización.

En India el crecimiento de los gastos de defensa ha sido abrumador (un 24% tan sólo entre los presupuestos de 2009 y 2010), convirtiendo a este país en el tercero que más invierte en defensa en proporción al poder de compra de su divisa.

En segundo lugar está la denominada “revolución en cuestiones militares (RMA)“, que se centra en aprovechar las tecnologías más punteras de la información y comunicación para conseguir unas mejores capacidades de “guerra en la red”. Se trata de un proceso tremendamente caro, que ya está sometiendo a grandes presiones a los presupuestos de los países implicados, pero sin él la OTAN no puede esperar seguir manteniendo por mucho tiempo su ventaja en este campo operativo.

Las fuerzas europeas se quejan por el nivel inferior de sus radios, armas y transportes blindados, entre otras cosas, en comparación con los de EEUU

Ya existen problemas en la OTAN por la calidad y disponibilidad de ciertos tipos de equipamientos militares. Algunos ejércitos europeos se quejan por el nivel inferior de sus radios, armamento y transportes blindados, entre otras cosas, en comparación con los de EEUU. Aunque se está intentando eliminar esas diferencias dentro de la Alianza, su resolución requiere un gasto enorme, así que la “brecha de la OTAN” y sus implicaciones estratégicas se verían agravadas por una reducción significativa de los presupuestos de defensa.

El tercer reto se refiere a la naturaleza cambiante de las amenazas que afrontamos. Durante la Guerra Fría por lo menos sabíamos con cierta certidumbre quién, qué y dónde nos amenazaba. Pero en la actualidad el enemigo tiende a ser una organización terrorista o un “estado delincuente”, y las fuerzas de la OTAN tienen tantas posibilidades de acudir a una zona de conflicto para mantener la paz o prestar ayuda humanitaria como para luchar en una guerra convencional.

Los recientes ataques terroristas en Mumbai y en otros lugares han dejado muy claro que la naturaleza de la guerra ha cambiado, así que se requiere un enfoque diferente para el adiestramiento y los equipos. En los últimos tiempos para la OTAN ha constituido una prioridad el adiestrar y equipar adecuadamente a su fuerzas de despliegue rápido, pero el grueso de nuestras tropas siguen estando equipadas y entrenadas para guerras convencionales. El proceso de reajuste (tanto en lo referente a estrategias como a presupuestos) va a ser bastante caro, lo que pondrá aún más a prueba los limitados fondos disponibles para financiar las operaciones militares de la Alianza.

Para cualquier economista que estudie los suministros de defensa en épocas de grave contracción financiera, estos retos sólo pueden significar una cosa, un concepto básico de la ciencia económica: elección. Algo que tendremos que hacer, quizás en muchas ocasiones.

Los principales programas militares verán cuestionada su viabilidad económica a largo plazo; habrá que elegir entre reclutar nuevas fuerzas o, por ejemplo, comprar nuevos equipos; es posible que haya que sacrificar las ventajas militares que conllevan los avances de la RMA para financiar operaciones militares; y así sucesivamente.

Al hablar de elección, los economistas a menudo se refieren a uno de los conceptos económicos fundamentales: el coste de oportunidad. Se trata de lo que tenemos que sacrificar para obtener algo mejor que queremos. En el futuro, cuando los responsables del sector de la defensa se esfuercen por minimizar los costes de oportunidad provocados por el recorte presupuestario, es posible que se pueda medir el precio real a pagar por la crisis financiera mundial en lo relativo a reducción de seguridad, aumento de amenazas y, en algunas partes del mundo, aumento de los disturbios civiles que serán más difíciles de resolver.

Los que se opongan a esta conclusión pueden argumentar que se han producido en el pasado muchas revisiones de la defensa estratégica sin que al final apenas cambiara nada. Pero en esta ocasión están actuando unas fuerzas económicas sin precedentes que pueden tener resultados desconocidos. Y el futuro que debe afrontar el sector de la defensa se va asemejando cada vez más a una cirugía radical.

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