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Asia Central: Donde se enfrentan poder, política y economía

Aunque otros países asiáticos mayores o más inestables suelen acaparar los titulares, existe un creciente interés por los recursos, situación y lealtades de Asia Central, cuya importancia va en aumento. La Dra. Tamara Makarenko, experta en esta región, nos expone su opinión sobre las causas de ese interés.

© Reuters/Sergei Karpukhin

En un mundo cada vez más ávido de energía, los recursos de Asia Central despiertan un interés creciente

De mis relaciones a nivel académico y profesional con Asia Central desde 1998 he sacado la conclusión de que la región presenta innumerables casos prácticos que muestran como se enfrentan y/o convergen las relaciones entre los intereses internacionales, la economía legal, la criminalidad y la violencia política.

Esta visión surgió a partir de mi investigación académica sobre la relación entre crimen y terrorismo, en la que concluía que el Movimiento Islámico de Uzbekistán debía su empuje al hecho de que Juma Namanganiy hubiera logrado dar una apariencia de legitimidad a sus tratos con el narcotráfico.

A lo largo de los años estos casos evolucionaron hacia operaciones más sofisticadas en las que convergían intereses económicos, criminales y políticos. Por ejemplo, las pruebas indican que en Kirguizistán aunque los principales sectores económicos están a menudo implicados en actividades ilegales, siguen teniendo carta blanca para acceder al sistema bancario y captar inversiones extranjeras.

En lugar de adoptar los ideales democráticos y mecanismos de mercado occidentales como principio del camino en pos del crecimiento económico y la estabilidad política, el desarrollo de Asia Central se ha visto limitado por el poder de los regímenes autoritarios, las oligarquías y las redes criminales.

Además, a pesar de que la región ha recibido reiteradas advertencias por su falta de progresos democráticos y su incapacidad para controlar la delincuencia y el creciente extremismo, las actuaciones de los agentes externos tienden a perpetuar el régimen autocrático y la corrupción que alimentan a su vez el clima de inestabilidad económica, política y social.

Asia Central se ve implicada en varios conflictos en los que los actores externos compiten por obtener influencia y, en última instancia, el acceso a sus recursos

La Geoeconomía como nueva Geopolítica

Históricamente se ha contemplado a Asia Central dentro del contexto de su situación en la encrucijada entre Oriente y Occidente, enclavada entre grandes imperios y fronteriza con zonas de conflicto e inseguridad como Afganistán, la provincia china de Xinjiang e Irán. Aunque la región fue más bien ignorada durante la guerra fría, su vitalidad y su importancia han sido redescubiertas al poco tiempo.

En todo momento se reconoce que Asia Central es un actor importante en el tema de la energía del Caspio, una de las vías de la seguridad energética de China, el terreno en el que Rusia desarrolla sus políticas de fuerza y una zona de tránsito para las actividades delictivas y el fanatismo religioso que se han visto llevadas al límite en Afganistán.

Todo ello provoca que Asia Central se vea implicada en varios conflictos en los que los actores externos compiten por obtener influencia y, en última instancia, el acceso a sus recursos. La pugna por el control de los recursos regionales se pone a menudo de manifiesto en los acuerdos bilaterales y multilaterales, tanto económicos como militares, que se negocian con los países de Asia Central.

Aunque nadie piensa que los países de fuera de la región puedan dictar las condiciones de los acuerdos, las élites regionales han demostrado que pueden superar la contraposición de intereses si así obtienen provecho, a menudo de forma personal. Por eso se suele considerar que el Estado de Derecho, el gobierno corporativo y la transparencia en las operaciones comerciales son elementos prescindibles si se trata de intereses nacionales.

El ámbito del poder político ya no se reduce a las actuaciones estatales sino que incluye la capacidad de los países de influir en los intereses comerciales y eludir el control policial sobre la esfera económica, sin aumentar la inestabilidad a corto plazo. Observando por separado las actividades de China, Rusia y EEUU se podría afirmar que cada uno de esos países ha contribuido a mantener el statu quo de las repúblicas de Asia Central. Para acceder a los recursos e infraestructuras han dado prioridad a los mecanismos de negociación que creen que les permitirán ir aumentando su influencia en la región.

Una extensión de la estrategia africana de China

La estrategia de China en Asia Central, una región en la que se ha visto involucrada desde la década de 1990, es sin duda polifacética. Sin embargo, el impulso principal de su política en esta región parece un reflejo exacto de la que lleva a cabo en África. China sigue aumentando su presencia en la zona mediante la adquisición de participaciones en activos energéticos e infraestructuras y la concesión de préstamos "sin compromisos". Por ejemplo, Pekín acordó recientemente proporcionar a Astaná un préstamo de diez mil millones de dólares para ser utilizados exclusivamente en el desarrollo de la industria del gas y del petróleo. Una medida que seguramente usará para ampliar su vinculación energética con la región.

Aunque se hayan firmado acuerdos bilaterales entre Pekín y Dusambé, Taskent, Almaty y Biskek, y China haya conseguido una posición similar a la de Rusia en la Organización de Cooperación de Shanghai, su principal baza sigue siendo una estrategia inversora cuidadosamente dirigida, como ha quedado de manifiesto en Tayikistán, con la participación de China en la industria del aluminio, y en Kazajstán, con los importantes acuerdos comerciales que ha firmado con KazMunaiGaz y Kazatomprom. Europa ha empezado a observar con preocupación los patrones de la inversión china mientras advierte que las inversiones directas y préstamos a largo plazo del país en la región ascienden según las estimaciones a unos trece mil millones de dólares.

© Reuters/POOL New

Los líderes de los países de la Organización de Cooperación de Shanghai en una de sus reuniones

La muestras del poder oligárquico ruso

Rusia también ha conseguido utilizar las relaciones comerciales para consolidar su poder e influencia en Asia Central. Un hecho especialmente evidente en Kazajstán, que puede decirse que representa el único vínculo directo de Rusia con las otras repúblicas. Rusia se ha introducido en el sistema bancario de Kazajstán a través de bancos estatales, mediante la adquisición directa o indirecta de acciones. En teoría, esta política permitirá que Moscú ejerza su influencia sobre la economía kazaja controlando su acceso a los préstamos y las decisiones sobre su deuda comercial. El Vnesheconombank, por ejemplo, concedió a Astaná un préstamo de 3.500 millones de dólares que sólo podrán utilizarse para la compra de productos rusos. También es probable que el banco kazajo BTA realice una reestructuración que incluiría una posible venta al Sberbank ruso.

A pesar de estar concentrada en el mercado financiero, Rusia también está ganando ascendiente en los sectores energético y minero. Empresas como Polyus Gold y Polymetal han adquirido una gran influencia sobre los yacimientos de oro y cobre, y LUKoil sigue ampliando su presencia. Por ejemplo, Moscú ofreció durante la crisis capital para garantizar que LUKoil pudiera comprar la participación de BP en el proyecto del Consorcio del Oleoducto del Caspio. También hay que reseñar que en 2003 el Presidente Nursultan Nazarbayev invitó a LUKoil a participar en el Consejo de Inversiones Exteriores de Kazajstán.

Las estrategias comerciales empleadas por China y Rusia para ganar influencia en la región han contribuido inadvertidamente a garantizar el actual statu quo político. Investigaciones realizadas sobre acuerdos en los que intervenían intereses chinos o rusos han confirmado que a menudo el Estado de Derecho, el gobierno corporativo y la transparencia sobre la propiedad de los beneficios se consideran lujos prescindibles. La participación estatal en las operaciones comerciales tiene poco que ver con la ayuda a la construcción de un crecimiento económico sostenible. De hecho, varias transacciones comerciales sólo han servido para mantener el "estado en la sombra", demostrando que la obtención de ingresos no está vinculada al desarrollo económico sino a las garantías de supervivencia del régimen.

EEUU se centra en las prioridades de seguridad

A diferencia de China y Rusia, cuya implicación en Asia Central no se ha visto limitada o impulsada por consideraciones de seguridad, a partir del 11-S la participación de EEUU en la región se ha centrado principalmente en asegurar y gestionar acuerdos de tipo militar. Mediante este tipo de pactos EEUU ha imitado las actuaciones de China y Rusia, sorteando los mecanismos de mercado tan apreciados en Occidente para garantizar sus prioridades nacionales.

Lo ocurrido con la base de Manas (Kirguizistán) representa un ejemplo bien documentado. En 2005 el FBI inició una investigación que puso al descubierto el desfalco de millones de dólares en contratos de combustible que el Pentágono había otorgado a empresas controladas por el hijo y el yerno del entonces presidente. Esta tendencia simplemente continuó tras la sustitución de Akayev por Bakiev, y los lucrativos contratos de combustible van ahora a empresas supuestamente controladas por el hijo del actual presidente. EEUU no sólo está pagando un precio financiero muy elevado para garantizar su presencia en la zona (acuerdos comerciales en combinación con ampliaciones de las ayudas), sino que según algunas acusaciones Washington hace la vista gorda respecto a las numerosas anomalías denunciadas en las últimas elecciones presidenciales de Kirguizistán.

La creciente importancia de Asia Central en el entorno posterior al 11-S ha provocado una situación distorsionada

El uso del poder geoeconómico y la seguridad en Asia Central

La seguridad en Asia Central está ahora prisionera de las reglas de la geopolítica, de modo que la región constituye un escenario en el que los actores externos pueden desarrollar sus juegos de poder político. La creciente importancia de Asia Central en el entorno posterior al 11-S ha provocado una situación distorsionada, en la que no ha cambiado el juego, pero sí la forma de jugar. Aunque no está claro el efecto inmediato de esta distorsión sobre el contexto regional, existe el peligro de que se cree un castillo de naipes económico y que Asia Central quede en una situación que pueda afectar de forma directa a la estabilidad de la zona.

Dra. Tamara Makarenko

El crecimiento de los intereses económicos legítimos y las oportunidades de inversión seguirá contribuyendo a una cierta extensión de la estabilidad económica, como ha ocurrido en toda Asia Central desde su independencia. Sin embargo, este entorno comercial se edifica sobre una base inestable, compuesta por capas de corrupción, intereses políticos contrapuestos, disturbios y decepciones populares, e inestabilidad provocada por la criminalidad. La prosperidad sigue siendo el coto privado de los poderosos, se siguen evadiendo capitales al extranjero (a menudo facilitando el movimiento de dinero obtenido ilícitamente) y la sociedad civil contempla cómo los actores políticos internos y externos siguen políticas contradictorias.

Mientras EEUU, Rusia y China continúen con sus juegos de poder económico en la región seguirán manteniendo una apariencia de estabilidad, y se asegurarán de ello por su propio interés. Sin embargo, deberíamos preguntarnos cuánto puede durar esa política, y reconocer que cualquier pequeña disminución de los intereses, por la razón que sea, podría representar el catalizador que hiciera deslizarse a la región de nuevo hacia la inestabilidad.

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