Revista de la OTAN 2009
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La Revista de la OTAN se publica en español unas dos semanas después que en inglés a causa de la traducción.
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El papel futuro de Asia
Podría sostenerse que Asia es el continente que más ha cambiado durante el siglo XXI. A la vista de su crecimiento, su población y su floreciente economía, no podía tardar mucho en verse afectada la agenda de seguridad. Aquí analizamos una muestra de los posibles problemas, desde el papel de China en la lucha contra el cambio climático hasta la importancia de Asia Central en la estabilidad regional.

China: ¿Intereses nacionales o globales?

El ejército chino, ¿constituye un elemento clave de su impulso económico? Analizamos lo que implica la expansión de sus intereses globales para sus fuerzas armadas, su economía y sus socios extranjeros

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Este vídeo incluye material autorizado con derechos de autor de ITN/Reuters. Por tanto, aunque puede descargarse el vídeo, este material sólo puede usarse en otras producciones con el permiso del titular de los derechos.

Tanto Occidente como China se quejan del aumento del número de ciberataques. En este artículo analizamos cómo las dos partes están potenciando sus defensas.
¿Hasta qué punto China se toma en serio el cambio climático? ¿Cuál es su prioridad, el desarrollo industrial o el impacto sobre el medio ambiente? Este vídeo nos muestra las dos caras de la posición de China.
Pruebas de misiles nucleares, desfiles multituduinarios y mucho más: algunos aspectos de la seguridad asiática ofrecen imágenes muy elocuentes. Aquí se muestran algunas de las mejores.
David Snowdon, del Observatorio Empresarial Internacional, analiza cómo el crecimiento económico chino está inextricablemente ligado a su percepción de la seguridad.
Muchos de los nuevos socios de la OTAN provienen de Asia o sus alrededores. Michito Tsuruoka analiza cómo ambas partes perciben sus relaciones, y cómo se benefician de ellas.
Tras más de 50 años de gobierno del Partido Democrático Liberal, ¿se ha iniciado el resurgir de un nuevo Japón? Birgit Huetten evalúa el grado de cambio real que se producirá en el país.
Aunque normalmente son otras zonas de Asia las que acaparan los titulares, existe un creciente interés por los recursos, situación y lealtades de Asia Central, cuya importancia va en aumento.

Cuando se trata de Asia, no es habitual que haya poco que decir. Una región que alberga un estado nuclearizado y peligroso, la segunda y tercera mayores economías del mundo, la mayor población del planeta... y se podrían seguir añadiendo cosas.

Ahora parece evidente que incluso las cuestiones transatlánticas están estrechamente ligadas a lo que sucede en Asia. Si existe alguna duda, basta con preguntar desde a los activistas del cambio climático hasta a los banqueros de Wall Street.

Resulta irónico que mientras las miradas del mundo entero se fijan cada vez más en Asia (y sobre todo en China), las de los asiáticos se van volviendo hacia sus propios asuntos internos. En Japón, por ejemplo, son los problemas internos del partido del gobierno los que acaparan los titulares.

Lo mismo ocurre en China: sería un error pensar que los problemas externos, como la ventas de armas de EEUU a Taiwán, provocan la irritación del ciudadano medio.

En una encuesta realizada justo antes del Congreso Nacional Popular (Parlamento de China) de marzo se preguntaba a los ciudadanos chinos qué temas debían debatirse. La lista no la encabezaban cuestiones como Taiwán o el Dalai Lama, sino la corrupción, las diferencias en los ingresos y el elevado precio de la vivienda.

Y ello se debe a que en China, como dice un refrán de EEUU, toda la política es política local. En este número analizamos cómo la posición en política exterior del país a menudo viene impuesta por sus necesidades internas. Los expertos suelen decir que la estabilidad general del país se basa en su capacidad de satisfacer esas necesidades.

Resulta esencial conocer estos hechos para comprender la posición china ante cualquier asunto, desde el cambio climático hasta con el programa de misiles de Corea del Norte. Todos los problemas exteriores se sitúan en segundo plano, lo primero es mantener la unidad, el desarrollo y la estabilidad del país.

Los líderes chinos saben que su audiencia fundamental es la doméstica. Y a ese respecto puede que estén siguiendo los consejos de Confucio, y en especial su máxima: "Cuando sientas crecer la ira, piensa en las consecuencias".

Paul King, Director.

Para planear la seguridad el conocimiento es muy importante.

Saber quién es el mayor.

Por ejemplo, ¿quién es el mayor inversor extranjero en Afganistán?

¿Qué país tiene más usuarios de Internet?

¿Qué país es el principal emisor de dióxido de carbono?

Y ¿cuál es el país más poblado del mundo?

Todas esas preguntas tienen la misma respuesta: China.

El crecimiento chino ha aumentado su interés por el resto del mundo.

Los proyectos y empresas chinas operan en los cinco continentes,

pero esta expansión no siempre se ha desarrollado sin problemas.

Hemos tenido varios incidentes en África,

por ejemplo en Nigeria, Kenia y, especialmente, Zimbabue,

donde inversores chinos fueron amenazados por grupos políticos

y por facciones armadas.

Se han producido secuestros y asesinatos,

y varios barcos chinos fueron capturados

o retenidos para pedir rescate.

Y los problemas no se han limitado a África.

Hasta en Pakistán se han producido ataques contra intereses chinos.

Ha habido incidentes, ataques contra objetivos chinos en Baluchistán,

Waziristán e incluso en la capital de Pakistán.

Así que se trata de algo serio.

¿Cómo han reaccionado los chinos?

Según informes no confirmados, en África podrían haber creado

sus propias compañías privadas de seguridad

para proteger sus oleductos y plantas energéticas.

Pero sus inversiones en África ayudan a los países subdesarrollados.

Le he oído decir a Jeffrey Sachs que China parece más interesada

que Occidente en el desarrollo de las infraestructuras africanas.

Están construyendo nuevas vías férreas.

Ya las construyeron en los 50 y los 60,

pero ahora hacen carreteras, ferrocarriles, estadios de fútbol,

edificios ministeriales... Todo va incluido en el paquete.

Pero una parte de esos beneficios viene con condiciones.

Si analizamos los grandes préstamos

que China está concediendo por todo el continente africano,

vemos que los chinos reciclan ese dinero hasta tres o cuatro veces.

Y se trata de préstamos, no de regalos. A la hora de gastarlos

a menudo hay que usar contratistas y trabajadores chinos,

u otras condiciones similares.

Así que conllevan compromisos económicos, en vez de políticos.

Pero a veces parecería que China no tuviera segundas intenciones

a la hora de ayudar a países africanos sin recursos naturales.

Muchos observadores dicen que sus programas persiguen sólo

o principalmente recursos, pero lo contrario también es cierto.

Por ejemplo, Malí, un país desprovisto de recursos naturales.

Los chinos le ayudan a construir un segundo puente

sobre el río Níger.

También contribuyen a la creación de un centro contra la malaria

y proporcionan equipos médicos y medicinas a la población

ofreciendo un tratamiento gratuito de la enfermedad.

Y no parece que haya allí ningún que recurso que China

pueda utilizar para su propio desarrollo.

Pero a pesar de estos aspectos positivos, el negocio es el negocio.

China no es una ONG, y si contemplamos la visión de los expertos

y funcionarios chinos sobre la cooperación económica,

por una parte subrayan que es importante mostrar

que aún se mantiene esa alianza Sur-Sur,

pero por otro lado lo principal sigue siendo

ocuparse de sus propios intereses económicos.

Además sostienen que más que conseguir recursos,

las empresas chinas se dedican a vender en el mercado libre.

Esas empresas hacen negocios en África.

Por ejemplo, la petrolera china invierte mucho en Sudán.

Pero también vende el petróleo de ese país

en los restantes mercados mundiales,

en vez de enviarlo todo China para su desarrollo. ¿Por qué?

Porque son empresas orientadas al mercado.

Tienen que ganar dinero.

Defender un conjunto de intereses globales chinos en expansión

puede contribuir a que su ejército descubra una nueva función.

Las economías emergentes, como la de China,

descubren que tienen intereses que proteger,

posibles amenazas de las que defenderse,

y un status,

un status simbólico que exige desarrollar

un ejército o unas fuerzas de seguridad poderosas.

Dentro de la élite militar existe un gran interés

por encontrar nuevas tareas para el Ejército Popular de Liberación.

La defensa de las fronteras sigue siendo muy importante,

al igual que mantener la estabilidad interna,

pero existe una interesante búsqueda de una especie de

nueva misión histórica, como lo denominan ellos, para el PLA.

Y las nuevas amenazas de seguridad tendrán un papel importante

en esa búsqueda de nuevas funciones.

Para que sus ejércitos sean más indpendendientes

China ha pasado de comprar sus equipos a fabricarlos localmente.

Hasta ahora ha comprado la mayoría de su material militar a Rusia.

Dos mil millones de dólares al año, una cantidad importante.

Pero ellos consideran un objetivo estratégico a largo plazo

la creación de un complejo militar industrial

nacional e independiente.

Por todas partes vemos cómo los chinos están empezando a exportar

sus productos militares a otros países en vías de desarrollo,

así que también les resulta lucrativo.

Se ha acusado a China de no dar datos reales

sobre el nivel de sus gastos militares.

Su gasto militar declarado es menor que el real,

las cifras son demasiado bajas, pero eso no sólo ocurre con China.

Si investigas en India o Rusia encuentras ese mismo problema.

El ministro de defensa brasileño llegó a decir hace un par de años

que su presupuesto de defensa debía incrementarse un 50%.

Nadie se inmutó.

Los chinos dicen que las diferencias se deben

a las distintas metodologías de cálculo del gasto en defensa.

Siempre exageran el gasto militar chino.

En los últimos años aumentamos las inversiones en defensa.

Pero por lo que sé, la mayor parte

del dinero se gasta en sueldos

y en la mejora de las condiciones de vida.

China tiene más de dos millontes de soldados.

Si se le sube un poco el sueldo a cada oficial y soldado,

la suma total resulta enorme.

También ha cambiado el tipo de equipos militares:

los proyectos ofensivos se han unido a los defensivos.

China realiza actualmente un montón de investigación y desarrollo

en sistemas de armamentos no defensivos.

Su última generación de misiles de crucero tiene un alcance muy largo.

Si se examinan sus misiles anti-navío más modernos,

se ve que alcanzan los 200 kilómetros.

Creo que esto muestra que China va ampliando gradualmente

su repertorio militar tradicional, y esto es sólo el principio.

China puede fabricar su propios equipos, pero ¿es eso bueno?

He escuchado a expertos militares señalar, por ejemplo,

que la tecnología china más reciente,

la G10, viene a ser tecnología de los 80.

Que se trata de lanzaderas de un sólo misil.

China cree que, lejos de representar una amenaza,

ha ayudado a mantener la economía mundial durante la crisis.

China posee Deduda Pública estadounidense

por valor de un tercio del paquete de estímulos de ese país.

El gobierno de EEUU tiene un gran defícit presupuestario.

Necesita más dinero para llevar adelante el paquete de estímulo,

para impulsar la recuperación de la economía estadounidense.

Visto así, China invierte su dinero en el presupuesto de EEUU

para salvar a ese país,

y para salvar también la economía mundial.

El nuevo enfoque de una China globalizada y más fuerte

respecto a su políticas exterior y de seguridad plantea dudas.

¿Se reactivarán conflictos dormidos por esa acumulación de equipos militares?

¿Cómo compaginará su principio de no intervención

con la necesidad de proteger sus crecientes inversiones extranjeras?

Pocos tienen todas las respuestas, pero la mayoría tiene una cosa clara:

se trata de una tarea todavía en construcción.

En realidad, se reconoce que China está más preocupada

por sus problemas y amenazas internos que por los externos.

Es consciente de que las cuestiones internas de seguridad

representan la amenaza más directa, la de más alta prioridad.

La insurgencia interna, el terrorismo, incluso el control de las masas.

Hay manifestaciones, manifestaciones masivas,

por problemas medioambientales.

Así que se han familiarizado con el concepto de seguridad no tradicional.

Son cosas que vigilan mucho. Me he visto envuelto en alguna,

en mitad de alguna de esas manifestaciones masivas.

Ahora se aproxima el momento más difícil,

cuando se trata de conseguir un crecimiento más equilibrado,

más orientado a la creación de nuevos empleos

y más ecológico. Todos esos retos siguen ahí delante,

y creo que eso le da bastantes motivos de preocupación a Pekín.

Para planear la seguridad el conocimiento es muy importante.

Saber quién es el mayor.

Por ejemplo, ¿quién es el mayor inversor extranjero en Afganistán?

¿Qué país tiene más usuarios de Internet?

¿Qué país es el principal emisor de dióxido de carbono?

Y ¿cuál es el país más poblado del mundo?

Todas esas preguntas tienen la misma respuesta: China.

El crecimiento chino ha aumentado su interés por el resto del mundo.

Los proyectos y empresas chinas operan en los cinco continentes,

pero esta expansión no siempre se ha desarrollado sin problemas.

Hemos tenido varios incidentes en África,

por ejemplo en Nigeria, Kenia y, especialmente, Zimbabue,

donde inversores chinos fueron amenazados por grupos políticos

y por facciones armadas.

Se han producido secuestros y asesinatos,

y varios barcos chinos fueron capturados

o retenidos para pedir rescate.

Y los problemas no se han limitado a África.

Hasta en Pakistán se han producido ataques contra intereses chinos.

Ha habido incidentes, ataques contra objetivos chinos en Baluchistán,

Waziristán e incluso en la capital de Pakistán.

Así que se trata de algo serio.

¿Cómo han reaccionado los chinos?

Según informes no confirmados, en África podrían haber creado

sus propias compañías privadas de seguridad

para proteger sus oleductos y plantas energéticas.

Pero sus inversiones en África ayudan a los países subdesarrollados.

Le he oído decir a Jeffrey Sachs que China parece más interesada

que Occidente en el desarrollo de las infraestructuras africanas.

Están construyendo nuevas vías férreas.

Ya las construyeron en los 50 y los 60,

pero ahora hacen carreteras, ferrocarriles, estadios de fútbol,

edificios ministeriales... Todo va incluido en el paquete.

Pero una parte de esos beneficios viene con condiciones.

Si analizamos los grandes préstamos

que China está concediendo por todo el continente africano,

vemos que los chinos reciclan ese dinero hasta tres o cuatro veces.

Y se trata de préstamos, no de regalos. A la hora de gastarlos

a menudo hay que usar contratistas y trabajadores chinos,

u otras condiciones similares.

Así que conllevan compromisos económicos, en vez de políticos.

Pero a veces parecería que China no tuviera segundas intenciones

a la hora de ayudar a países africanos sin recursos naturales.

Muchos observadores dicen que sus programas persiguen sólo

o principalmente recursos, pero lo contrario también es cierto.

Por ejemplo, Malí, un país desprovisto de recursos naturales.

Los chinos le ayudan a construir un segundo puente

sobre el río Níger.

También contribuyen a la creación de un centro contra la malaria

y proporcionan equipos médicos y medicinas a la población

ofreciendo un tratamiento gratuito de la enfermedad.

Y no parece que haya allí ningún que recurso que China

pueda utilizar para su propio desarrollo.

Pero a pesar de estos aspectos positivos, el negocio es el negocio.

China no es una ONG, y si contemplamos la visión de los expertos

y funcionarios chinos sobre la cooperación económica,

por una parte subrayan que es importante mostrar

que aún se mantiene esa alianza Sur-Sur,

pero por otro lado lo principal sigue siendo

ocuparse de sus propios intereses económicos.

Además sostienen que más que conseguir recursos,

las empresas chinas se dedican a vender en el mercado libre.

Esas empresas hacen negocios en África.

Por ejemplo, la petrolera china invierte mucho en Sudán.

Pero también vende el petróleo de ese país

en los restantes mercados mundiales,

en vez de enviarlo todo China para su desarrollo. ¿Por qué?

Porque son empresas orientadas al mercado.

Tienen que ganar dinero.

Defender un conjunto de intereses globales chinos en expansión

puede contribuir a que su ejército descubra una nueva función.

Las economías emergentes, como la de China,

descubren que tienen intereses que proteger,

posibles amenazas de las que defenderse,

y un status,

un status simbólico que exige desarrollar

un ejército o unas fuerzas de seguridad poderosas.

Dentro de la élite militar existe un gran interés

por encontrar nuevas tareas para el Ejército Popular de Liberación.

La defensa de las fronteras sigue siendo muy importante,

al igual que mantener la estabilidad interna,

pero existe una interesante búsqueda de una especie de

nueva misión histórica, como lo denominan ellos, para el PLA.

Y las nuevas amenazas de seguridad tendrán un papel importante

en esa búsqueda de nuevas funciones.

Para que sus ejércitos sean más indpendendientes

China ha pasado de comprar sus equipos a fabricarlos localmente.

Hasta ahora ha comprado la mayoría de su material militar a Rusia.

Dos mil millones de dólares al año, una cantidad importante.

Pero ellos consideran un objetivo estratégico a largo plazo

la creación de un complejo militar industrial

nacional e independiente.

Por todas partes vemos cómo los chinos están empezando a exportar

sus productos militares a otros países en vías de desarrollo,

así que también les resulta lucrativo.

Se ha acusado a China de no dar datos reales

sobre el nivel de sus gastos militares.

Su gasto militar declarado es menor que el real,

las cifras son demasiado bajas, pero eso no sólo ocurre con China.

Si investigas en India o Rusia encuentras ese mismo problema.

El ministro de defensa brasileño llegó a decir hace un par de años

que su presupuesto de defensa debía incrementarse un 50%.

Nadie se inmutó.

Los chinos dicen que las diferencias se deben

a las distintas metodologías de cálculo del gasto en defensa.

Siempre exageran el gasto militar chino.

En los últimos años aumentamos las inversiones en defensa.

Pero por lo que sé, la mayor parte

del dinero se gasta en sueldos

y en la mejora de las condiciones de vida.

China tiene más de dos millontes de soldados.

Si se le sube un poco el sueldo a cada oficial y soldado,

la suma total resulta enorme.

También ha cambiado el tipo de equipos militares:

los proyectos ofensivos se han unido a los defensivos.

China realiza actualmente un montón de investigación y desarrollo

en sistemas de armamentos no defensivos.

Su última generación de misiles de crucero tiene un alcance muy largo.

Si se examinan sus misiles anti-navío más modernos,

se ve que alcanzan los 200 kilómetros.

Creo que esto muestra que China va ampliando gradualmente

su repertorio militar tradicional, y esto es sólo el principio.

China puede fabricar su propios equipos, pero ¿es eso bueno?

He escuchado a expertos militares señalar, por ejemplo,

que la tecnología china más reciente,

la G10, viene a ser tecnología de los 80.

Que se trata de lanzaderas de un sólo misil.

China cree que, lejos de representar una amenaza,

ha ayudado a mantener la economía mundial durante la crisis.

China posee Deduda Pública estadounidense

por valor de un tercio del paquete de estímulos de ese país.

El gobierno de EEUU tiene un gran defícit presupuestario.

Necesita más dinero para llevar adelante el paquete de estímulo,

para impulsar la recuperación de la economía estadounidense.

Visto así, China invierte su dinero en el presupuesto de EEUU

para salvar a ese país,

y para salvar también la economía mundial.

El nuevo enfoque de una China globalizada y más fuerte

respecto a su políticas exterior y de seguridad plantea dudas.

¿Se reactivarán conflictos dormidos por esa acumulación de equipos militares?

¿Cómo compaginará su principio de no intervención

con la necesidad de proteger sus crecientes inversiones extranjeras?

Pocos tienen todas las respuestas, pero la mayoría tiene una cosa clara:

se trata de una tarea todavía en construcción.

En realidad, se reconoce que China está más preocupada

por sus problemas y amenazas internos que por los externos.

Es consciente de que las cuestiones internas de seguridad

representan la amenaza más directa, la de más alta prioridad.

La insurgencia interna, el terrorismo, incluso el control de las masas.

Hay manifestaciones, manifestaciones masivas,

por problemas medioambientales.

Así que se han familiarizado con el concepto de seguridad no tradicional.

Son cosas que vigilan mucho. Me he visto envuelto en alguna,

en mitad de alguna de esas manifestaciones masivas.

Ahora se aproxima el momento más difícil,

cuando se trata de conseguir un crecimiento más equilibrado,

más orientado a la creación de nuevos empleos

y más ecológico. Todos esos retos siguen ahí delante,

y creo que eso le da bastantes motivos de preocupación a Pekín.