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China y el cambio climático: ¿En el ojo del huracán?

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Este vídeo incluye material autorizado con derechos de autor de ITN/Reuters que sólo puede usarse en otras producciones con el permiso del titular de los derechos.

¿Hasta qué punto China se toma en serio el cambio climático? ¿Cuál es su prioridad, el desarrollo industrial o el impacto sobre el medio ambiente? En este vídeo se analizan los aspectos a veces contradictorios de la posición china.

 Subtítulos: / NO

La relación de China con el cambio climático es complicada.

Los límites de emisiones son una amenaza para su desarrollo.

Pero sus dirigentes saben que a China le afectarían

gravemente las consecuencias del cambio climático.

China es el principal emisor de dióxido de carbono

y aún lo será más en los próximos decenios.

Por supuesto que la lucha contra el cambio climático es importante.

Pero, pese a los acuerdos de principio sobre el cambio climático,

la trampa se esconde en los detalles.

En principio, entre China y el resto del mundo

no existen diferencias.

China está de acuerdo en enfrentarse al cambio climático

de forma cooperativa.

Pero a veces no estamos de acuerdo,

sobre todo por los métodos, la forma de abordar el asunto.

La Conferencia de Copenhage demostró lo difícil que resulta

resolver los detalles.

Ya pasó la hora de las declaraciones oficiales

y de reiterar posiciones archiconocidas.

Es el momento del encuentro mutuo.

Lo verdaderamente importante en la cumbre

es que China no quiere poner frenos a su crecimiento.

Ha aceptado que su industria sea un 45% más eficiente

en 2020 para reducir las emisiones,

pero ve la pretensión, sobre todo europea, de un límite del 20%

como un intento disimulado de proteger sus economías

ahogando el crecimiento de los países emergentes.

Los países occidentales suelen vincular sus actuaciones

a lo que hagan los otros países.

Por ejemplo, la Unión Europea ha dicho siempre:

Hemos establecido objetivos de límites de emisiones.

Si hacemos eso en la UE y Estados Unidos,

China tiene que hacer lo mismo.

China sabe que en cierto modo no negocia sólo en su nombre

sino también en el de muchos países y economías en desarrollo.

Pekín sigue atribuyendo una gran importancia

a su tradicional alianza con el Tercer Mundo.

Por eso su representación y demostración de fuerza

durante la Cumbre de Copenhague demuestran

que esa alianza sigue siendo muy importante para los chinos.

Su tasa de crecimiento supone un gran problema para el cambio climático.

Mantiene un crecimiento anual entre el 8 ó 9% del PIB,

es el mayor productor mundial de automóviles

e inaugura una central de carbón nueva cada semana.

No puede pararse el desarrollo.

Tenemos que encontrar la forma

de proteger el medioambiente a la vez

que la economía china sigue desarrollándose

para mejorar el nivel de vida de los más pobres,

sobre todo los que viven en el campo, en sitios remotos.

Pero los gobiernos locales ¿obedecerán las órdenes de Pekín sobre medio ambiente?

Por supuesto que los gobiernos locales y provinciales

quieren potenciar y desarrollar sus economías

y harán cualquier cosa por mantener sus fábricas en marcha

a pesar de la preocupación de la gente por la contaminación,

o el riesgo de envenenar el medio ambiente.

Hasta ahora Pekín parece haber sido claro y firme al respecto.

No debemos subestimar su control

sobre los gobiernos locales.

En los dos últimos años el gobierno ha impuesto criterios de evaluación

a sus cargos provinciales. En vez de mirar sólo el crecimiento del PIB

también tienen que evaluar lo limpias que son sus economías.

China tiene 1.300 millones de habitantes

y parece que cada vez más gente

toma conciencia de los problemas medioambientales.

En China hasta los agricultores de los lugares más remotos

entienden de protección medioambiental.

¿Qué es la protección medioambiental? ¿Qué implica?

Los agricultores locales lo saben. El agua está contaminada.

Los peces murieron por esa causa.

El aire está contaminado.

No es tan fresco como el que había hace 20 años.

En lo relativo al cambio climático tiendo a no ser

demasiado crítico con la postura china.

Si se contempla lo que ha hecho el gobierno chino

para frenar las emisiones, resulta impresionante.

China está abriendo un montón de centrales eléctricas de carbón

pero cada semana cierra 4 antiguas para hacerlas más eficientes.

Si examinamos las cantidades que invierte

en investigación y desarrollo de energías limpias,

veremos que superan a las de los 27 países de la UE.

Las tecnologías limpias y su financiación dan la clave de la postura china,

tal y como pudo apreciarse en Copenhague.

No, pienso que la cuestión financiera es muy importante.

Cualquier iniciativa que anuncien esos países representará un avance.

Y respecto a las otras dos cuestiones clave, el dinero y la tecnología,

esos dos elementos esenciales están controlados por Occidente.

Los países desarrollados deben asumir su responsabilidad histórica.

Y esperamos que los países desarrollados al menos

aportarán más dinero para una fundación

que ayude a los países en vías de desarrollo

a luchar contra el cambio climático.

Una lección evidente de las negociaciones celebradas sobre el tema

es que China no puede tener una política de "café para todos".

Las necesidades de sus zonas más pobres son muy distintas

de las de su economía y su medio ambiente.

Es algo a tener en cuenta en la próximas negociaciones a finales de 2010.

Todavía existen provincias muy poco desarrolladas,

sobre todo en el interior,

que tendrán muchas dificultades con las nuevas directrices,

pues aún tienen pendiente una industrialización

que hará que contaminen más que Guangdong

que quiere ser la provincia más verde,

y una de las regiones más verdes de toda Asia.

Justo antes de la Conferencia de Copenhague

China lo dejó muy claro: Queremos conseguirlo.

Pero eso es sólo el principio de la campaña del cambio climático.

Quizás la próxima vez todos los países tengan más experiencia

para decidir qué hacemos a continuación.

La relación de China con el cambio climático es complicada.

Los límites de emisiones son una amenaza para su desarrollo.

Pero sus dirigentes saben que a China le afectarían

gravemente las consecuencias del cambio climático.

China es el principal emisor de dióxido de carbono

y aún lo será más en los próximos decenios.

Por supuesto que la lucha contra el cambio climático es importante.

Pero, pese a los acuerdos de principio sobre el cambio climático,

la trampa se esconde en los detalles.

En principio, entre China y el resto del mundo

no existen diferencias.

China está de acuerdo en enfrentarse al cambio climático

de forma cooperativa.

Pero a veces no estamos de acuerdo,

sobre todo por los métodos, la forma de abordar el asunto.

La Conferencia de Copenhage demostró lo difícil que resulta

resolver los detalles.

Ya pasó la hora de las declaraciones oficiales

y de reiterar posiciones archiconocidas.

Es el momento del encuentro mutuo.

Lo verdaderamente importante en la cumbre

es que China no quiere poner frenos a su crecimiento.

Ha aceptado que su industria sea un 45% más eficiente

en 2020 para reducir las emisiones,

pero ve la pretensión, sobre todo europea, de un límite del 20%

como un intento disimulado de proteger sus economías

ahogando el crecimiento de los países emergentes.

Los países occidentales suelen vincular sus actuaciones

a lo que hagan los otros países.

Por ejemplo, la Unión Europea ha dicho siempre:

Hemos establecido objetivos de límites de emisiones.

Si hacemos eso en la UE y Estados Unidos,

China tiene que hacer lo mismo.

China sabe que en cierto modo no negocia sólo en su nombre

sino también en el de muchos países y economías en desarrollo.

Pekín sigue atribuyendo una gran importancia

a su tradicional alianza con el Tercer Mundo.

Por eso su representación y demostración de fuerza

durante la Cumbre de Copenhague demuestran

que esa alianza sigue siendo muy importante para los chinos.

Su tasa de crecimiento supone un gran problema para el cambio climático.

Mantiene un crecimiento anual entre el 8 ó 9% del PIB,

es el mayor productor mundial de automóviles

e inaugura una central de carbón nueva cada semana.

No puede pararse el desarrollo.

Tenemos que encontrar la forma

de proteger el medioambiente a la vez

que la economía china sigue desarrollándose

para mejorar el nivel de vida de los más pobres,

sobre todo los que viven en el campo, en sitios remotos.

Pero los gobiernos locales ¿obedecerán las órdenes de Pekín sobre medio ambiente?

Por supuesto que los gobiernos locales y provinciales

quieren potenciar y desarrollar sus economías

y harán cualquier cosa por mantener sus fábricas en marcha

a pesar de la preocupación de la gente por la contaminación,

o el riesgo de envenenar el medio ambiente.

Hasta ahora Pekín parece haber sido claro y firme al respecto.

No debemos subestimar su control

sobre los gobiernos locales.

En los dos últimos años el gobierno ha impuesto criterios de evaluación

a sus cargos provinciales. En vez de mirar sólo el crecimiento del PIB

también tienen que evaluar lo limpias que son sus economías.

China tiene 1.300 millones de habitantes

y parece que cada vez más gente

toma conciencia de los problemas medioambientales.

En China hasta los agricultores de los lugares más remotos

entienden de protección medioambiental.

¿Qué es la protección medioambiental? ¿Qué implica?

Los agricultores locales lo saben. El agua está contaminada.

Los peces murieron por esa causa.

El aire está contaminado.

No es tan fresco como el que había hace 20 años.

En lo relativo al cambio climático tiendo a no ser

demasiado crítico con la postura china.

Si se contempla lo que ha hecho el gobierno chino

para frenar las emisiones, resulta impresionante.

China está abriendo un montón de centrales eléctricas de carbón

pero cada semana cierra 4 antiguas para hacerlas más eficientes.

Si examinamos las cantidades que invierte

en investigación y desarrollo de energías limpias,

veremos que superan a las de los 27 países de la UE.

Las tecnologías limpias y su financiación dan la clave de la postura china,

tal y como pudo apreciarse en Copenhague.

No, pienso que la cuestión financiera es muy importante.

Cualquier iniciativa que anuncien esos países representará un avance.

Y respecto a las otras dos cuestiones clave, el dinero y la tecnología,

esos dos elementos esenciales están controlados por Occidente.

Los países desarrollados deben asumir su responsabilidad histórica.

Y esperamos que los países desarrollados al menos

aportarán más dinero para una fundación

que ayude a los países en vías de desarrollo

a luchar contra el cambio climático.

Una lección evidente de las negociaciones celebradas sobre el tema

es que China no puede tener una política de "café para todos".

Las necesidades de sus zonas más pobres son muy distintas

de las de su economía y su medio ambiente.

Es algo a tener en cuenta en la próximas negociaciones a finales de 2010.

Todavía existen provincias muy poco desarrolladas,

sobre todo en el interior,

que tendrán muchas dificultades con las nuevas directrices,

pues aún tienen pendiente una industrialización

que hará que contaminen más que Guangdong

que quiere ser la provincia más verde,

y una de las regiones más verdes de toda Asia.

Justo antes de la Conferencia de Copenhague

China lo dejó muy claro: Queremos conseguirlo.

Pero eso es sólo el principio de la campaña del cambio climático.

Quizás la próxima vez todos los países tengan más experiencia

para decidir qué hacemos a continuación.

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