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Seguridad y elecciones en Afganistán: Por qué deben ser inseparables

Un supervisor electoral valida la documentación de un votante afgano.

Aunque intervienen muchos factores en las próximas elecciones –incluidos los nacionales, externos y tribales– el profesor Wadir Safi, de la Universidad de Kabul, sostiene que el problema principal puede ser la seguridad.

En 1964 Afganistán obtuvo su primera constitución, que garantizaba los derechos de sus ciudadanos aunque sólo fuera sobre el papel. Durante una década de democracia el país disfrutó de tranquilidad y no vio amenazadas su independencia, integridad territorial o soberanía.

Pero las elecciones parlamentarias de aquella época sufrieron múltiples interferencias ilegítimas desde el poder. Se hicieron grandes esfuerzos para apoyar a los partidarios del rey, lo que provocó una mayor intervención extranjera que, finalmente, desembocó en pronunciamientos militares y agresiones externas en apoyo de ciertos regímenes afganos.

Después de aquello, los últimos 30 años en Afganistán se han caracterizado por nuevas atrocidades, pérdidas de población, incremento del analfabetismo, dependencia económica, mentalidad autocrática y fundamentalismo religioso con fines políticos.

Teniendo todo esto en cuenta cabe preguntarnos: las próximas elecciones ¿serán libres y democráticas en vista del entorno de seguridad actual? Obviamente la respuesta es negativa.

Nuestro pueblo, desgarrado por la guerra, vive sometido a la corrupción y el cohecho del gobierno, lo que ha provocado descontento, desconfianza y desesperación entre los afganos

¿Por qué? En primer lugar porque hace falta un entorno seguro para que la gente pueda sentirse libre, pensar con tranquilidad y expresar sus ideas con autonomía. Y estas condiciones no se dan, todavía, para la mayoría de la población y el territorio de Afganistán.

Y ello se debe a los cambios producidos en materia de seguridad, economía, desarrollo social, justicia y estado de derecho. Nuestro pueblo, desgarrado por la guerra, vive sometido a la corrupción y el cohecho del gobierno, lo que ha provocado descontento, desconfianza y desesperación entre los afganos. Lo cual, a su vez, ha propiciado un aumento de la inseguridad y que muchos se pongan de parte de los enemigos del régimen.

Darko Zeljkovic/NOMAD

Se pretende que las elecciones ayuden a los afganos a recuperar el control de su país.

Mientras no se obligue a estos enemigos a hacer acto de presencia y participar en una negociación, bien sea mediante la presión militar, la actividad diplomática o una mezcla de ambas, no podrá haber elecciones libres y democráticas. Especialmente si ellos a su vez amenazan con atacar a quienes participen en el proceso. La historia reciente demuestra que son capaces de ello.

En segundo lugar, en las 34 provincias afganas el verdadero poder lo detentan principalmente líderes de bandas armadas vinculados a altos cargos del gobierno central de Kabul. Dicho de otro modo, tenemos 34 réplicas regionales de la situación actual de Kabul. Quienes se oponen a sus órdenes o se niegan a obedecerlas son hombres muertos. Y no existe ninguna comisión ni autoridad judicial capaz de llevarles ante la justicia.

Esto produce todavía más inseguridad en una sociedad con una administración débil. Creo que a veces eso fuerza a las familias de las víctimas a huir y entrar al servicio de la oposición armada. Se convierten así en rehenes religiosos o económicos, dispuestos a cometer crímenes como respuesta a lo que sucede en su país. Estas víctimas no sólo no participan en las elecciones sino que quieren impedir que los demás lo hagan.

En tercer lugar, aún no ha sido llevado ante la justicia ningún criminal de guerra o autor de violaciones de los derechos humanos, aunque muchos de ellos son sobradamente conocidos. Ante la ausencia de gobierno efectivo, los afganos siguen viviendo en un sistema tribal; y así seguirán durante décadas. Esta situación fue promovida por los regímenes pro-soviéticos que intentaron provocar divisiones étnicas, idiomáticas, geográficas, religiosas y políticas, para así forzar la obediencia popular. Incluso proporcionaron armas a diferentes grupos étnicos afganos para que lucharan entre sí.

Sin justicia, no hay paz. La injusticia reinante provoca que la gente no se sienta segura y no confíe en el régimen, y así es imposible celebrar unas elecciones libres y democráticas.

Incluso entre la población alfabetizada el grado de madurez política es mínimo

En cuarto lugar, hay que tener en cuenta el analfabetismo. En Afganistán la tasa de alfabetización ha sido siempre baja, y con las guerras ha descendido, entre otros motivos por el gran número de refugiados y desplazados. Además, no resulta fácil aprender a leer y escribir en un entorno eminentemente agrícola, sin industrias modernas y con una gran inseguridad económica. Las necesidades cotidianas son lo más importante en una sociedad que padece el azote del tráfico de personas, el contrabando de narcóticos y el sometimiento a las ideas religiosas y políticas ajenas a cambio de dinero. Incluso entre la población alfabetizada el grado de madurez política es mínimo.

En quinto lugar está la presencia de tropas extranjeras, para defender la seguridad o para luchar contra el terrorismo internacional. Los elementos armados y las fuerzas extranjeras antigubernamentales luchan de forma permanente en Afganistán, así que la insurgencia está empezando a convivir con el resto de la población. Esta situación provoca que sufran más los civiles que los insurgentes; si no físicamente, la mayoría se ven afectados mental y psicológicamente. Y eso origina descontento y oposición contra el régimen, a la vez que ayuda a los elementos extranjeros que quieren prolongar la guerra en Afganistán en beneficio de sus propios intereses nacionales.

ISAF/NATO

La seguridad de Afganistán se volverá a ver puesta a prueba durante las elecciones de este año.

En sexto lugar, las interferencias, públicas o encubiertas, en el proceso electoral por parte de otros países, vecinos o no, que esperan influir sobre el futuro gobierno representan un gran peligro para unas elecciones libres y democráticas. ¿Por qué? Porque muchas de las personas aferradas al poder confían más en el dinero y las armas del exterior que en los votos de sus conciudadanos.

En resumen, no destruyamos la imagen de la verdadera democracia intentando alcanzarla mediante un proceso falso y fraudulento. Afganistán está dando sus primeros pasos hacia las elecciones, y lo que necesita es autodeterminación, que los afganos elijan el camino socioeconómico y político más adecuado conforme a sus tradiciones económicas, sociales, y culturales.

Se trata de algo especialmente importante es esta época posterior a la guerra fría, en la que se anima al mundo entero a seguir métodos democráticos, como la celebración de elecciones, para alcanzar la prosperidad futura. Esto es lo que anhelan los afganos, y constituye la única forma de librarse de los males de un país torturado por la guerra. Así que la seguridad representa un requisito imprescindible para la instauración de un régimen realmente democrático.

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