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Desde la AMF hasta la NRF

El incierto entorno de seguridad internacional actual ha atraído una renovada atención hacia el papel de las fuerzas de reacción rápida a la hora de proteger los intereses de seguridad esenciales de la OTAN. Diego Ruiz Palmer describe el desarrollo de esas fuerzas.

Históricamente las fuerzas de reacción rápida de la OTAN –iniciadas con la Fuerza Móvil del Mando Aliado en Europa (AMF), creada en 1960, hasta llegar a la actual Fuerza de Respuesta de la OTAN (NRF)– han desempeñado funciones que van desde la disuasión hasta la defensa y la seguridad; desde el final de la guerra fría se complementan con las cada vez más importantes misiones de respuesta ante crisis. Aunque cada función tiene un propósito político y operativo específico, que refleja el cambiante contexto mundial en el que se lleva a cabo, en muchos aspectos estas funciones se superponen y refuerzan mutuamente.

Las características permanentes de las fuerzas de reacción rápida de la Alianza son: elevada disponibilidad, capacidad de respuesta y despliegue, y multinacionalidad. De ahí su importancia para las operaciones expedicionarias a distancia estratégica de Europa y Norteamérica, y para misiones de refuerzo dentro del área del Tratado del Atlántico Norte.

Las primeras incursiones de la OTAN en la reacción rápida se remontan a 1960, con la propuesta del entonces Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR), General Lauris Norstad, de crear en su mando –Mando Aliado en Europa (ACE)– una fuerza móvil que se desplegara con gran rapidez, y que contribuyera a disuadir posibles intimidaciones, coacciones, y agresiones que no llegaran a la categoría de guerra abierta, contra los Aliados de los flancos septentrional y meridional del ACE. En tiempo de paz esos países no albergaban tropas aliadas, o sólo fuerzas reducidas, y el concepto de la AMF pretendía poder enviar una capacidad militar disuasoria con muy poco preaviso.

Las contribuciones nacionales a la AMF se distribuían en diferentes conjuntos de fuerzas multinacionales planificados con antelación, optimizados para su despliegue en cinco áreas de contingencia: norte de Noruega, islas Zealand (Dinamarca), noreste de Italia, norte de Grecia y la Tracia griega y turca. Un pequeño estado mayor internacional ubicado en la República Federal Alemana supervisaba el planeamiento y adiestramiento, pero en caso de una contingencia real el mando y control de los componentes desplegados de la AMF sería responsabilidad de los mandos aéreo y terrestre de la OTAN en la zona, para garantizar una integración sin fisuras entre las fuerzas locales y las de refuerzo, y presentar un solo “rostro” de la Alianza.

La creación de la AMF en 1960 se vio impulsada por la preocupación por la disuasión en las regiones septentrional y meridional del ACE, pero la crisis de Berlín en 1961 redirigió la atención de la OTAN hacia la defensa de la región centro. Tras la construcción del muro de Berlín, EEUU reforzó masivamente sus fuerzas estacionadas en Europa Occidental. La magnitud casi hercúlea de ese esfuerzo puso en evidencia las dificultades de un refuerzo rápido que implicaba el transporte transatlántico de miles de vehículos y que desembocó en el primer ejemplo de disposición previa de equipamientos a gran escala, cuando EEUU almacenó en el sur de Alemania material para dos divisiones completas.

En 1963 el ejercicio Big Lift puso a prueba las posibilidades de EEUU para reforzar rápidamente la región centro, quedando demostrada la creciente capacidad de transporte aéreo estratégico de ese país, la validez del concepto de disposición previa de equipamientos y la factibilidad de un refuerzo rápido a gran escala.

En 1968, tras la decisión de EEUU de trasladar algunas unidades de su ejército de Europa a Norteamérica para apoyar su intervención en el sureste asiático, se almacenó en el sur de Alemania un tercer stock de equipamiento divisional. A partir del año siguiente y hasta el final de la guerra fría, EEUU comprobó anualmente su capacidad de “restituir fuerzas a Alemania” mediante los ejercicios REFORGER de movilidad estratégica.

En 1975, poco después de ser nombrado SACEUR, el General Alexander Haig decidió armonizar los diferentes planes de refuerzo de los países y la OTAN en un único Plan de Refuerzo Rápido (RRP) del SACEUR, e incorporar los ejercicios REFORGER en un conjunto más amplio de ejercicios coordinados denominado Auttumn Forge, destinados a comprobar y demostrar la capacidad de la OTAN para reforzar y defender con suficiente rapidez las tres regiones del ACE.

El núcleo del RRP consistía en una compromiso sin precedentes de EEUU con la OTAN: desplegar el equivalente a 10 divisiones listas para defender Alemania Occidental en diez días contados a partir de la aprobación de la decisión de proceder al refuerzo (el concepto “10-en-10”), lo que obligaba a tener almacenados equipamientos de disposición previa para tres divisiones en ubicaciones del norte de Alemania, Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos.

Las fuerzas de reacción rápida y el planeamiento de refuerzos representaron la encarnación del lema de la Alianza para la defensa colectiva: “Uno para todos, y todos para uno”

Uno de los objetivos esenciales del RRP –encaminado a sostener la credibilidad política y la eficacia militar de las fuerzas de reacción rápida y el planeamiento de refuerzos de la OTAN durante la guerra fría– fue la garantía de seguridad. No podía existir una motivación más fuerte para los Aliados situados en la frontera con Europa Oriental para el compromiso con una defensa avanzada robusta y la preparación para resistir las intimidaciones, coacciones o agresiones, que la promesa efectuada a través del RRP por los Aliados “lejanos” como Canadá, Portugal, Reino Unido y Estados Unidos, de acudir en su ayuda en caso de crisis o guerra. De este modo, las fuerzas de reacción rápida y el planeamiento de refuerzos representaron la encarnación del lema de la Alianza para la defensa colectiva: “Uno para todos, y todos para uno”.

Lógicamente todas estas disposiciones dejaron de ser necesarias con el final de la guerra fría: se cancelaron los ejercicios REFORGER, se clausuraron la mayoría de los almacenes en Europa y se puso a fin a muchos compromisos de refuerzo, tanto antiguos como modernos (ver recuadro 2). El RRP había conseguido su propósito de disuasión y garantía de seguridad, pero había sobrevivido a las circunstancias que impulsaron su desarrollo.

Mientras Europa iba evolucionando con paso seguro hacia un continente unido, libre y en paz, la creciente posibilidad de crisis imprevistas en la periferia de la OTAN que escalaran rápidamente en conflictos, como ocurrió en los Balcanes, desplazó el objetivo principal de la reacción rápida del interior al exterior del área del Tratado del Atlántico Norte. Se llegó a considerar la posibilidad de ampliar el tamaño de las fuerzas a disposición de la AMF de una brigada a una división para darle más robustez; pero a la AMF se le había pasado su hora.

A principios de 1991 el 1º Cuerpo Británico, que durante cuatro décadas había sido la principal contribución del Reino Unido a la defensa de Alemania Occidental, se convirtió en el Cuerpo Aliado de Reacción Rápida (ARRC), con carácter multinacional. La reacción rápida exigía una fuerza militar mayor y más capaz para operaciones de pacificación más exigentes como la IFOR en Bosnia-Herzegovina en 1995 y la KFOR en Kosovo en 1999, en las que el ARRC constituyó la fuerza inicial de intervención.

La AMF continuó funcionando hasta su disolución en 2002. En el vocabulario de la OTAN posterior a la guerra fría la AMF y el ARRC fueron catalogados como Fuerza de Reacción Inmediata (IRF) y Fuerza de Reacción Rápida (RRF), respectivamente.

En la década de los noventa, tras la experiencia adquirida en la guerra del Golfo, los Aliados adaptaron sus fuerzas para operaciones expedicionarias a distancias estratégicas de Europa y Norteamérica sin apenas preaviso. Se emuló el modelo del ARRC creando ocho cuerpos multinacionales situados en diversos puntos de Europa, de los que seis tenían una disponibilidad similar a la del ARRC. La reacción rápida había dejado de ser una capacidad militar especializada, convirtiéndose en el núcleo de la nueva Estructura de Fuerzas de la Alianza. Al final se abandonaron los modelos de IRF y FRF a favor de los de Fuerzas de Alta Disponibilidad (HRF) y Fuerzas de Baja Disponibilidad (FLR).

Desde 2003 la NRF ha proporcionado a la Alianza una capacidad de apoyo de reacción rápida de unos 20.000 efectivos por rotación

Pero al no haber unificado el concepto de uso, los cuerpos multinacionales HRF (HRF(L)) y sus homólogas, las formaciones marítimas HRF (HRF(M)), constituían capacidades aisladas. El objetivo del concepto de Fuerza de Respuesta multinacional de la OTAN, aprobado por los jefes de estado y de gobierno en la Cumbre de Praga de 2002, consistía en vincular todas las HRF mediante un esquema rotativo común y la adopción de tácticas, técnicas y procedimientos normalizados. En esencia, la NRF se convertía en la espina dorsal de la capacidad de reacción rápida de la Alianza, mientras que las HRF pasaban a ser el músculo. Se trató de una “asociación ideal” entre una capacidad expedicionaria en crecimiento y un innovador concepto de uso.

Desde su inicio en 2003 la NRF ha proporcionado a la Alianza una capacidad de apoyo de reacción rápida de unos 20.000 efectivos por rotación, algo sin parangón para la OTAN de la guerra fría o en cualquier país del mundo actual, salvo EEUU. La experiencia adquirida con las sucesivas rotaciones ha demostrado que el concepto NRF es válido y que la dinámica transformacional que aportó su creación se ha expandido profundamente por todos los estamentos militares de la Alianza.

Además, los sucesivos despliegues de cuatro centros de mando HRF(L) en Afganistán entre 2004 y 2007 para proporcionar el núcleo de mando de la Fuerza Internacional de Apoyo a la Seguridad (ISAF) –dirigida por la OTAN con mandato de las Naciones Unidas– permitieron utilizar la experiencia de la NRF en una operación exigente y actual, aportando a su vez la experiencia de un despliegue en un teatro de operaciones distante a la NRF.

Hay que reconocer que las constantes carencias en capacidades clave de la NRF… han ensombrecido la trayectoria de esa fuerza

Hay que reconocer que las constantes carencias en capacidades clave de la NRF, especialmente las de tipo operativo cuya disponibilidad resulta esencial para el uso y despliegue de la fuerza, así como la permanente incapacidad para completar las sucesivas rotaciones, han ensombrecido la trayectoria de esa fuerza y provocado dudas sobre su eficacia operativa y viabilidad a largo plazo. Se han lanzado propuestas que consistirían en una reducción del tamaño de la NRF acordado cuando se aprobó su creación.

Pero aunque la persistencia de estas carencias constituya una verdadera causa de preocupación, eso no significa que se ponga en duda la validez del concepto NRF original, sino que refleja el reto que supone para muchos Aliados el mantener una parte de sus mejores fuerzas en situación de disponibilidad mientras se ven implicadas en múltiples operaciones expedicionarias simultáneas.

Estas carencias son también sintomáticas de unas debilidades más amplias y generales que afectan a la forma en que la OTAN reúne fuerzas para las operaciones de principios del siglo XXI:

• La incapacidad para aprovechar el proceso de planeamiento de la defensa de la OTAN y la creación de las HRF de modo que la formación de fuerzas resultara más predecible, eficiente y sostenible;

• Un uso insuficiente de la financiación común para compartir parte del coste de los despliegues imprevistos de la NRF, una práctica que desincentiva la aportación de fuerzas para rotaciones por parte de Aliados dispuestos a contribuir pero que temen no poder afrontar gastos prolongados y no presupuestados si dichas fuerzas tienen que participar en una situación de crisis;

• Una segregación demasiado rígida de las fuerzas de la Alianza en categorías diferentes, que impide un uso más flexible de todas las capacidades disponibles y complica la utilización de la NRF; y

• Un planteamiento a la hora de estimar la capacidad de cada rotación de la NRF que se ha centrado excesivamente en las carencias respecto a los requisitos genéricos, en vez de intentar aprovechar las contribuciones disponibles de los países miembros.

Existe un consenso general sobre el efecto prejudicial que han tenido todas estas deficiencias sobre la credibilidad y empleo de la NRF, así que una de las prioridades de la Alianza en la Cumbre de Estrasburgo-Kehl deber ser la de abordar y resolver estos problemas.

En una Alianza ampliada las fuerzas de reacción rápida con gran capacidad de despliegue siguen siendo importantes para la disuasión, defensa y confianza

En vista de la implicación de la OTAN en Afganistán, la misión prioritaria de la NRF y las HRF asociadas consiste en la respuesta ante crisis, que puede producirse a distancia estratégica de Europa y Norteamérica, para proteger intereses de seguridad fundamentales de la Alianza, ayudar a evitar que las crisis se conviertan en guerras, o resolver conflictos y ayudar a la pacificación. Además, en una Alianza ampliada las fuerzas de reacción rápida con gran capacidad de despliegue siguen siendo importantes para la disuasión, defensa y confianza.

En cualquier caso, la capacidad sin parangón de la Alianza para planear y llevar a cabo operaciones multinacionales expedicionarias y unificar capacidades dispares dentro de una fuerza coherente ayudará a garantizar que el legado de la AMF se mantiene mediante la NRF durante el próximo decenio de existencia de la OTAN e incluso con posterioridad a él.

Varios oficiales discuten los planes durante el ejercicio Alexander Express

La ubicación, tipo y tamaño de las fuerzas de reacción rápida ha ido cambiando continuamente a lo largo del tiempo

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