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En forma a los sesenta

Daniel Korski, socio sénior del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, describe los retos a los que se enfrenta la Alianza al cumplir los sesenta años, y la forma de abordarlos.

Para seguir progresando, la OTAN tendrá que saber llegar hasta la gente

La OTAN ha conseguido en la posguerra fría mucho más de lo que nadie hubiera podido imaginar cuando cayó el muro de Berlín y perdió su razón de ser más evidente. Entre esos logros se cuentan su ampliación y las operaciones en Bosnia y Kosovo.

Pero mientras sus dirigentes se preparan para reunirse en Estrasburgo-Kehl, en la que será la primera cumbre de la OTAN del Presidente Obama y donde se hará oficial la plena integración de Francia en la estructura militar permanente y en los organismos de planeamiento de la defensa de la Alianza, todavía siguen pendientes muchos retos. Entre ellos su futura ampliación, su actuación en Afganistán y su transformación en una organización más optimizada. Tras estas cuestiones subyace oculta una pregunta aún más importante: ¿qué planes tiene la OTAN para el siglo XXI?

Algunos Aliados quieren volver a una postura estática y defensiva, centrada en las amenazas territoriales tradicionales, mientras que otros quieren concentrarse en operaciones expedicionarias como la ISAF (Fuerza Internacional de Apoyo a la Seguridad) en Afganistán. Probablemente éste sea el principal dilema estratégico de la Alianza. Obviamente la mejor elección es considerar que las dos misiones se refuerzan mutuamente y proseguir la transformación de sus ejércitos para que a la Alianza no le resulte aún más difícil reunir las fuerzas de combate necesarias.

Pero convencer a la mayoría de los Aliados de llegar a este compromiso de “lo uno y lo otro” no va a resultar nada fácil.

Así que la misión afgana puede acabar siendo la menos problemática de las asignadas a la OTAN. Todo el mundo sabe que hay que proseguirla, aunque pocos crean que vaya a tener éxito. Y todos saben que el Presidente Obama querrá ver un aumento significativo del esfuerzo europeo. La cuestión es cómo conseguirlo. Si los europeos no aportan más tropas, tendrán que lograr que las actuales cumplan mejor su tarea principal: la formación de las fuerzas afganas.

Las relaciones de la OTAN con Georgia y Ucrania pueden resultar más problemáticas. Rusia ha dejado claro que se opone a la ampliación.

Para ello se dará a conocer en la próxima Cumbre un Cuerpo Militar Asesor permanente de la OTAN, que aunque no resolverá todos los problemas de la ISAF, sí que reforzará el esfuerzo europeo e impulsará sus capacidades. Y puede ayudar a garantizar que aunque la administración Obama asuma gradualmente todas las operaciones en el sur y el este de Afganistán, sus Aliados no se retirarán y EEUU seguirá considerando a la OTAN como un instrumento útil.

Las relaciones de la OTAN con Georgia y Ucrania pueden resultar más problemáticas. Rusia ha dejado claro que se opone a la ampliación, pero vale la pena mantener el contacto con esos países. Y aunque Europa necesita reequilibrar sus relaciones con Rusia, dar a este país un derecho de veto sobre las decisiones de la organización seguramente no fomentaría un mejor comportamiento por parte del Kremlin. Estoy convencido de que la administración Obama tiene mucho interés en no provocar un conflicto en la Cumbre de 2009, pero probablemente no desee volver a la política de “puertas abiertas” de la Alianza.

La clave consiste en asegurarse de que las dos comisiones creadas por la OTAN para ayudar a la reforma de las estructuras de defensa de Ucrania y Georgia tengan un significado real. La experiencia balcánica ha dejado claro que supervisar reformas de defensa políticamente sensibles es más difícil que aportar asistencia técnica o servir simplemente de paraguas para la ayuda a la reforma ofrecida por los Aliados.

Esta vez tiene que haber cambios si se quiere que la oferta de la OTAN tenga un verdadero significado para Kiev y Tiflis (y para Moscú).

Habrá que reforzar el personal de la OTAN que se ocupa de los procesos de reforma, nombrar Representantes Civiles de Alto Nivel de la OTAN en Kiev y Tiflis, y reunir a todos los Aliados para que decidan un paquete de reformas de suficiente entidad.

No se trata solo de tener más tropas, sino también de cómo usarlas

Después la OTAN tendrá que encontrar el modo de tranquilizar a Polonia, Estonia y Lituania, que se sienten amenazadas por Rusia.

Para eso la Alianza debe ofrecer la creación de instalaciones no militares en la región, como institutos de investigación o centros de adiestramiento, lo que daría a los nuevos miembros la sensación de que los Aliados se preocupan por sus problemas sin que Moscú se sienta provocado. El centro de ciberdefensa en Estonia constituye un buen comienzo.

Y los dirigentes occidentales deberían asignar al JFC de Brunssum –uno de sus mandos militares– la misión de observar e informar sobre la evolución militar en Europa Septentrional.

Durante la guerra fría cada mando de la OTAN tenía un ámbito y visión regionales. Los países podrían acudir a ellos para actualizar su información sobre la situación militar, como por ejemplo los movimientos de la armada soviética. Los cometidos militares han cambiado y los mandos se centran en actividades más funcionales: Brunssum está ahora en la cadena de mando de la ISAF y considera que la misión es su “máxima prioridad”. Pero en vista del comportamiento ruso, sería bueno encargar al JFC que estuviera pendiente de lo que ocurra en Europa Septentrional.

Cuando el Presidente Truman inauguró la Alianza hace seis décadas, difícilmente podía imaginar el mundo en el que vivimos

También habría que encargar al JFC de Nápoles la tarea de estar pendiente de lo que ocurra en el flanco sur de Europa, para así evitar darle a la OTAN un cierto sesgo anti ruso. También se debería analizar la posibilidad de realizar maniobras militares limitadas dentro de un escenario defensivo de los previstos en el Artículo 5.

Cuando el Presidente Truman inauguró la Alianza hace seis décadas, difícilmente podía imaginar el mundo en el que vivimos. Pero la fuerza de la Alianza ya no proviene tan sólo de sus capacidades o número de miembros, sino también del reforzamiento de sus vínculos con la UE. Las experiencias de los Balcanes y Afganistán demuestran que las capacidades militares por sí solas no garantizan el éxito, sino que se necesita una mezcla compleja de herramientas políticas y de desarrollo. Y eso sólo puede conseguirse con el trabajo conjunto de la OTAN y la UE, así que ambas organizaciones deben dejar de preocuparse más de los procesos que de los fundamentos y encontrar un nuevo modus operandi que arranque en Estrasburgo-Kehl.

La distancia no debe representar un obstáculo para las buenas relaciones, sea en Europa, en África o en cualquier otro lugar

Mientras no se resuelva el conflicto de Chipre será mejor evitar iniciativas a gran escala que podrían ser vetadas por Turquía.

Pero debería ser posible crear una base de trabajo para un acercamiento entre la UE y la OTAN. Una posibilidad sería que la UE asumiera las tareas de reconstrucción de las principales ciudades afganas, mientras la OTAN aporta seguridad interior y las fuerzas de EEUU operan en las zonas rurales.

El primer paso podría consistir en un “plan de seguridad y desarrollo para Kabul”, así como el uso de las fuerzas policiales europeas –a través de la OTAN o de la UE– para ayudar a formar la policía afgana.

Las dos organizaciones deberían tomar en consideración otras áreas de cooperación como el apoyo sobre el terreno de la ISAF a la EUPOL (Misión de Policía de la UE), el adiestramiento conjunto y la preparación previa al despliegue para el personal de los PRT (Equipos Provinciales de Reconstrucción) y las maniobras conjuntas de civiles y militares. Incluso podría crearse una Escuela UE-OTAN para situaciones post-conflicto, en la que las dos organizaciones aportasen sus capacidades para aprovecharlas en misiones en las que ambas participen. ¿Qué mejor foro que la Cumbre de Estrasburgo-Kehl para hacer pública esa idea?

Aparte de los compromisos pendientes y las relaciones UE-OTAN, probablemente surjan otros dos retos a largo plazo para la Alianza. Uno es el posible papel de la organización en un acuerdo entre israelíes y palestinos, que incluyese tareas de mantenimiento de la paz y ayuda para la creación de las instituciones de seguridad palestinas. El otro reto consiste en qué se hace con África. Creo que a pesar de la petición de ayuda de la UA para el desarrollo de sus capacidades, los esfuerzos realizados hasta ahora no han sido del todo eficaces.

El mandato del actual Secretario General de la OTAN expira este año, así que habrá que encontrar un candidato de talla similar

La nueva administración Obama debería ayudar a la OTAN a analizar el mejor modo de operar con el Africom y la UA, y a explorar la posibilidad de un nuevo organismo híbrido UA-OTAN, que podría también incluir a las Naciones Unidas y la UE, con una presencia permanente en África y que se convirtiera en un socio a largo plazo para la asistencia en cuestiones de seguridad y la prevención de conflictos.

También resultan necesarias reformas para potenciar las operaciones actuales y futuras, con ajustes en las estructuras de mando de la OTAN que permitan delegar una mayor autoridad en los mandos militares y mejorar la integración sobre el terreno con socios como las Naciones Unidas.

También deberían considerarse posibles cambios en la financiación de las misiones de la OTAN, quizás mediante un presupuesto común de operaciones.

Y está también la cuestión de la dirección. El mandato del actual Secretario General de la OTAN expira este año, así que habrá que encontrar un candidato de talla similar.

Si la nueva administración Obama ayuda a la OTAN a aprovechar el fuerte pro atlantismo del actual presidente francés, y a conseguir un equilibrio entre fortaleza y defensa, la Alianza mantendrá su relevancia ante la opinión pública europea y todos sus miembros la aceptarán como posible actor para toda la gama de operaciones militares.

Y ese sería el mejor regalo que la OTAN podría desear para su sexagésimo cumpleaños.

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