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El Golfo y la OTAN: un buen momento para repasar las relaciones

A la vista de las cuestiones de seguridad a las que se enfrentan, como Irán, Iraq y el petróleo, los países del Golfo tienen que encontrar un rumbo nuevo para sus disposiciones de seguridad, según la opinión de Abdulaziz Sager, que en este artículo nos explica por qué la cooperación con la OTAN puede ser una de las posibles respuestas.

La forma en la que el planeta entero se ha visto afectado por la crisis financiera actual demuestra que ninguna zona del mundo puede seguir aislada.

Tomemos como ejemplo la región del Golfo. Un reciente informe del Centro de Investigaciones para el Golfo sobre el Impacto de la crisis financiera estadounidense sobre los países del GCC (Consejo de Cooperación del Golfo) muestra que además de la pérdida de valor en muy poco tiempo de una gran cantidad de activos invertidos en EEUU, los estados miembros del GCC (Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos) han tenido que enfrentarse a problemas de financiación y liquidez que se han ido agravando y que han acabado teniendo un efecto apreciable en su propio desarrollo económico interior.

En los mercados bursátiles del GCC algunas bolsas han perdido más del 40 por ciento del valor de sus activos respecto a los índices de principios de 2008. Esto no sólo sirve para resaltar las interrelaciones a gran escala actuales, sino también el papel que se espera que cumplan los países del GCC en la búsqueda de un sentimiento renovado de estabilidad en los mercados financieros mundiales.

El primer ministro británico, Gordon Brown, dejó esto muy claro durante su visita a los países del Golfo a principios de noviembre de 2008, cuando pidió que Arabia Saudita y otros grandes productores de petróleo del Golfo contribuyeran a una nueva institución de financiación que se está constituyendo dentro del Fondo Monetario Internacional.

Lo que también demuestra esta última crisis es que la región del Golfo, que ya era la zona de mayor importancia estratégica a nivel mundial, tiene un papel económico y de seguridad estrecha e inextricablemente vinculado al desarrollo tanto de la región como del resto del mundo.

Pero lo que a menudo no se comprende es que se trata de un efecto bidireccional.

Es importante que comprendamos que el papel desempeñado por los países del GCC constituye una parte integrante del proceso hacia una solución para la seguridad regional.

Los acontecimientos que se producen en la región del Golfo tienen consecuencias muy lejos de esta zona, ya se trate del precio del barril de petróleo, el creciente protagonismo de las inversiones de los países de la zona en Occidente, la inestabilidad en Iraq, la amenaza terrorista o la posibilidad de que Irán militarice su programa nuclear.

Por eso, al igual que el Golfo no se puede aislar de las turbulencias que se producen en el resto del mundo, tampoco los actores protagonistas de la seguridad y estabilidad internacionales pueden permitirse ignorar el papel de esta zona o pretender que lo que allí ocurra sólo afectará a dicha región.

Y los recientes acontecimientos económicos y de seguridad deben contemplarse precisamente desde esa perspectiva.

Dicho en unos términos más centrados en el campo de la seguridad, es importante que comprendamos que el papel desempeñado por los países del GCC constituye una parte integral del proceso hacia una solución para la seguridad regional.

Hasta ahora la principal estrategia para contribuir a la seguridad del Golfo ha consistido en confiar en una gran potencia exterior, Estados Unidos, que se ocupe de mantener el status quo, regular las relaciones entre los países de la región y aportar al menos un mínimo de seguridad o la sensación de que esta existe. Dada la actitud a menudo hostil de sus vecinos, los estados del Golfo han ido viendo cómo la seguridad de sus regímenes y naciones está cada vez más vinculada a la protección y el poderío militar de EEUU.

Y esto no se debe a que Estados Unidos vaya a resolver todos sus problemas de seguridad, presentes y futuros, sino porque al menos es capaz de evitar que sus principales adversarios regionales, Irán e Iraq, pongan en práctica sus planes y ejecuten sus designios. Por eso EEUU ha acabado convirtiéndose en una potencia regional y se ha visto profundamente implicada en el debate estratégico de la zona.

Pero se ha podido apreciar que la amplia dependencia respecto a Estados Unidos no ha resultado ser la respuesta para la obtención de una seguridad duradera en el Golfo.

Estados Unidos ha ido adoptando diferentes estrategias intentado garantizar la seguridad de la región. Su política de dos pilares de los años setenta le llevó a confiar en Arabia Saudita e Irán. Su planteamiento de equilibrio de poder de los ochenta reforzó a Iraq frente a un Irán revolucionario. En los noventa aplicó su doble contención con el objetivo de aislar a Irán e Iraq al mismo tiempo. Y en 2003 su estrategia acabó desembocando en la intervención directa y la invasión de Iraq.

Pero ninguno de esos enfoques ha conseguido aportar a la región las bases de un mejor entorno de seguridad; por el contrario, cada política ha ido sembrando las semillas de la siguiente crisis.

Desde el punto de vista norteamericano la situación se ha ido volviendo cada vez más insostenible porque el ejército estadounidense ha ido soportando una carga cada vez mayor a la vez que su papel político y militar le ha convertido en el blanco del extremismo y la frustración de la región. Tras ocho años de política unilateral de la administración Bush y teniendo en mente la última crisis financiera que se ha desatado en EEUU, para mí está claro que este país constituye en igual medida un problema y una solución para las grandes cuestiones regionales.

Con esto pretendo sugerir un cambio en la forma en la que los países del Golfo se plantean su seguridad. Por supuesto que la relación entre EEUU y los países del GCC sigue siendo muy fuerte. Con los problemas de seguridad que tienen que afrontar, los gobiernos del GCC no pueden permitirse cortar repentinamente sus lazos con ese país y buscar unos mecanismos de seguridad alternativos.

Sin embargo, se está produciendo un cambio que está provocando una creciente internacionalización del Golfo y que incluye tanto una mayor implicación de diversas potencias europeas y asiáticas en la zona como una reorientación de los países de la región respecto a su posición dentro del sistema internacional y el papel desempeñado por Estados Unidos dentro de ese contexto

Precisamente dentro de este debate global es donde debe encajar el concepto que guía la Iniciativa de Cooperación de Estambul (ICI) y su aplicación en la región del Golfo. Cuando la OTAN lanzó su iniciativa para la región durante la Cumbre de Estambul de 2004, muchos consideraron que la idea y el concepto que la sostenían eran excesivamente vagos o demasiado ambiciosos.

Por un lado, se percibía a la ICI como un gran esquema que resolvería todos los problemas asociados a la presencia de EEUU en la zona y a la vez proporcionaría a los países del GCC la seguridad que necesitan para asegurar su permanencia y estabilidad.

Por otro, algunos sostenían que la IC no era más que una presencia de EEUU en forma de lobo disfrazado con piel de oveja, y que lo que ofrecía la ICI no era lo que la región necesitaba.

Y lo más importante es que se echaba en falta una concepción multilateralista en el sentido de que mientras que el planteamiento de la OTAN para la región se desarrollaba como organización multilateral, la ICI era en esencia un programa bilateral que se aplicaba individualmente a cada uno de los países del GCC.

Este es ya el momento adecuado para que el GCC envíe señales claras a la OTAN que muestren su deseo de que su cooperación se amplíe y profundice.

Dado que el dilema de seguridad del Golfo sigue pendiente de resolver, que los países del GCC siguen afrontando el doble desafío de un Irán amenazador y un Iraq inestable, y que las recientes turbulencias han remarcado la interdependencia entre el GCC y el resto del mundo, resulta necesario reconsiderar la ICI para llegar a entender mejor dónde reside su valor real.

Esto, en principio, implica una evaluación que en vez de contemplar la ICI como algo sospechoso y lleno de motivaciones ocultas, sitúe la iniciativa como el primer paso de una relación capaz de evolucionar y basada en una cooperación mejor y más estrecha.

La ICI no constituye una solución automática para todos los dilemas regionales de seguridad –pero nunca ha sido eso ni se ha pretendido que lo fuera.

Lo que sí representa es una parte de un proceso gradual que puede resaltar campos de posible cooperación y ayude a crear áreas concretas de intereses mutuos y objetivos comunes. A fin de cuentas, la ICI ofrecerá lo que los países receptores quieran que les ofrezca, y serán los países del GCC los que decidan lo que quieren recibir de la Alianza.

Lo más importante es que los implicados vayan siendo conscientes de que la ICI constituye un mecanismo que permite a los países del GCC que sus problemas de seguridad estén mejor representados, y de ahí la necesidad de que estos países refuercen sus relaciones con la OTAN.

En lo relativo a la seguridad del Golfo tanto China como Rusia, India y los restantes países asiáticos no representan una alternativa a EEUU en la región, ni pueden considerarse candidatos a reemplazarle en el futuro. Aunque la presencia militar estadounidense en la región provoca problemas y complicaciones, sigue siendo una parte fundamental a la hora de asegurar la independencia y soberanía de los países del GCC, rodeados por unos vecinos peligrosos e impredecibles.

Al mismo tiempo con la nueva administración entrante Washington podría evolucionar hacia una postura en la que decidiera, bien por presiones internas o por motivos financieros, reducir su presencia militar en la región del Golfo y promover la internacionalización de su presencia en Iraq. En estas condiciones unos vínculos más estrechos entre la OTAN y el GCC representarían una alternativa viable para ayudar a la región aportándole la estabilidad que necesita y manteniendo al mismo tiempo los lazos con una presencia estadounidense que sigue siendo necesaria.

Además, la ICI es la plataforma más adecuada para potenciar la cooperación y coordinación regionales.

En consecuencia, parece que este es ya el momento adecuado para que el GCC envíe señales claras a la OTAN que muestren su deseo de que la cooperación desarrollada dentro de la ICI se amplíe y profundice.

Y aunque Arabia Saudita y Omán no se han incorporado hasta ahora a la ICI, este nuevo rumbo de actuación podría adelantar los acontecimientos y acelerar el proceso que les llevara a considerar positivamente dicha incorporación.

Los países del Golfo también han sido el objetivo de atentados terroristas. En la foto puede verse la refinería saudí de Abqaiq, que ha sufrido varios ataques.

Abdulaziz Sager

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