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La OTAN debe replantearse su futuro

Xinghui Zhang, periodista de un importante diario chino, nos explica cómo ha ido obteniendo una mejor percepción de las interioridades del funcionamiento de la OTAN, y opina sobre las cuestiones en las que debería centrarse la Alianza en sus actuaciones futuras.

Permítanme empezar explicándoles lo que la OTAN significaba para mí en el pasado: una organización adversaria, con una forma de operar misteriosa y muy lejana desde el punto de vista geográfico. Esta era mi visión durante la guerra fría y en ciertos periodos posteriores a ella.

¿Por qué? Bueno, su forma de operar me parecía misteriosa a causa de la opacidad de su proceso de elaboración de decisiones, y porque sus actividades no tenían ninguna semejanza o conexión con la vida política, económica o social de China. Resultaba geográficamente lejana porque todos sus países miembros estaban en Europa Occidental o Norteamérica. Y era adversaria porque su propósito original y principal consistía en enfrentarse al antiguo bloque comunista de la Unión Soviética.

Por estos motivos percibía a la Alianza como un “gran extraño” y la consideraba una herramienta utilizada por EEUU para expandir su “hegemonía mundial”. Así que resultaba natural que no existieran relaciones entre China y la OTAN.

Posteriormente, en 1999 la OTAN bombardeó la embajada china en Belgrado en el transcurso de sus ataques aéreos contra el régimen de Milosevic, matando a tres ciudadanos chinos. Pocas personas hubieran imaginado que el primer contacto directo entre la Alianza y China se iba a producir en unas circunstancias tan terribles.

Por aquel entonces yo trabajaba como periodista en la sede principal del diario China Youth Daily de Pekín, y compartí con mis furiosos colegas las amargas emociones del momento. Fui testigo de las grandes demostraciones y protestas callejeras de mis conciudadanos de todas las clases sociales.

El ataque contra la embajada sembró las semillas del odio en el corazón del pueblo chino, haciendo que pareciese imposible cualquier tipo de relación futura entre China y la OTAN.

Los chinos dicen que se puede tener una vida afortunada si se sabe prescindir de las cosas innecesarias. Creo que esto también se le puede aplicar a la OTAN.

Avancemos ahora hasta finales de 2007, cuando llegué a Bruselas como responsable de la delegación de mi periódico en esa ciudad. Allí tuve la oportunidad de conocer a la Alianza en su propio terreno, y de plantearme seriamente varias cuestiones: ¿qué es la OTAN realmente?, ¿hacia dónde se dirige?, ¿cómo se está transformando? Lo que expongo a continuación es un resumen de mis conclusiones.

El mundo actual se ve sometido a cambios y reajustes tremendos, así que todos los actores del sistema global deben tener una comprensión clara de las principales tendencias para así poder establecer su propia posición al respecto.

En mi opinión, existen tres corrientes fundamentales.

En primer lugar, la cooperación ha sustituido al enfrentamiento, y la OTAN es una organización que ha crecido en un ambiente de confrontación. El que sea capaz de librarse totalmente de esa ideología frentista será lo que determine si puede o no transformarse con éxito dentro del marco de la comunidad internacional.

En segundo lugar, la paz se ha convertido en una meta común y universal. En ese sentido la OTAN, en su calidad de grupo militar más poderoso a nivel global, tiene la responsabilidad ineludible de demostrar al mundo que las disputas no tienen que resolverse necesariamente por medios militares.

En tercer lugar, el desarrollo económico y social beneficia a todos los actores, tanto estatales como no estatales. La OTAN además de ocuparse de su propio desarrollo tiene que realizar su aportación particular al desarrollo pacífico de toda la humanidad.

Al basarse en estos tres pilares esenciales de este mundo en proceso de cambio la OTAN mostrará claramente la dirección estratégica de su transformación, y podrá planificar sus misiones a largo plazo sin verse interrumpida por las dificultades inmediatas. Tal y como dice un poema chino, “sin preocuparse de las nubes que tapan la vista, porque se está ya en la cima de la montaña”.

Desde la desintegración de la Unión Soviética y su alianza comunista, la OTAN ha ido transformándose de forma permanente en cuatro aspectos.

En primer lugar, está aumentando el número de sus miembros, admitiendo en su seno a diez antiguas repúblicas de la Unión Soviética o del bloque comunista, en dos grandes rondas de ampliación hacia el este. En 2009 otros dos países se sumarán a esta lista.

En segundo lugar, ha emprendido una serie de campañas fuera de su zona de operaciones. La organización se creó para contener la expansión de la influencia comunista y defender Europa Occidental, y sus fundadores restringieron claramente el área geográfica incluida en su misión. Pero en la época posterior a la guerra fría la OTAN se vio directamente implicada en las guerras de Bosnia-Herzegovina, Kosovo y Afganistán, y ayudó a la Unión Africana a ampliar su misión de mantenimiento de la paz en Darfur. Y al mismo tiempo está desempeñando un papel específico en la transición iraquí.

En tercer lugar, ha tejido una red mundial mediante sus diversos programas de asociación. Para extender su influencia global ha desarrollado programas de asociación específicos para diferentes países de distintas partes del mundo, como la Asociación para la Paz, el Diálogo Mediterráneo, la Iniciativa de Cooperación de Estambul, y otras. Estos programas permiten que los tentáculos de la Alianza lleguen hasta un gran número de países en varios continentes.

En cuarto lugar, creo que la OTAN intenta convertirse en un gigante omnipotente. La Alianza es esencialmente una organización militar defensiva, pero lo cierto es que se ha comportado de un modo muy poco acorde con ese carácter si se examinan sus actividades desde el conflicto de Kosovo en 1999 y la actual guerra antiterrorista en Afganistán. Por otra parte, sigue ampliando sus intereses en muchos campos en los que las organizaciones de defensa rara vez intervienen: por ejemplo, se ocupa de temas como el calentamiento global, la seguridad energética, los programas de formación y adiestramiento, y otros por el estilo.

Los chinos tienen un proverbio que viene a decir que se puede tener una vida afortunada si se sabe prescindir de las cosas innecesarias. Creo que esto también se le puede aplicar a la OTAN. Por eso creo que los responsables de la elaboración de sus políticas actuarían sabiamente si seleccionaran sus prioridades y las limitaran a lo que la Alianza mejor sabe hacer.

Es fácil observar que China es una de las principales potencias mundiales sin relaciones oficiales con la OTAN

El terrorismo representa una amenaza material para el mundo entero. Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos la OTAN pasó a concentrarse con gran rapidez en la lucha antiterrorista. Desde agosto de 2003 ha dirigido los esfuerzos internacionales de mantenimiento de la paz en Afganistán, pero hasta el momento no existen indicaciones claras de que pueda alcanzar sus objetivos en un futuro previsible. Un fracaso de las operaciones de la Alianza en Afganistán provocaría inevitablemente un aumento de las dudas sobre la misma necesidad de su existencia, por eso creo que debería asumir su misión en ese país como su máxima prioridad y dedicarse plenamente a cumplir la tarea asignada.

La recuperación de la seguridad y estabilidad en Afganistán resulta de interés común para todos los países. La guerra de Iraq ha demostrado que la receta de exportar libertad y democracia del tipo occidental no funciona. Si la OTAN quiere tener éxito en Afganistán, debe aprender de las lecciones de Iraq, y una de las principales consiste en que necesita ganarse la comprensión y cooperación del resto del mundo: pero también debe respetar las tradiciones, historia y cultura de cada país.

Respecto a su ampliación, en mi opinión la Alianza debería hacer una pausa y digerir los frutos de lo ya conseguido. Tras la guerra fría aumentó sus miembros de 16 a 26, y probablemente llegue a los 28 el año que viene. Incrementar más el número de Aliados podría provocar divisiones internas y debilitar su capacidad para elaborar políticas por consenso. Los dirigentes de la OTAN tienen que evitar que se convierta en una organización de dos niveles.

El talón de Aquiles de la OTAN quedó en evidencia a causa de las medidas adoptadas respecto a Rusia durante y después de la crisis de Georgia: Francia y Alemania no querían que la Alianza desempeñara un papel más significativo y la organización tuvo una influencia muy escasa a la hora de hacer de contrapeso de Rusia.

Desde el punto de vista exterior, su continua ampliación hacia el este ha contribuido a empeorar sus relaciones con Rusia y provocado una cierta alarma en China. Si se examinan las relaciones forjadas por la Alianza en todo el mundo es fácil observar que China es una de las principales potencias mundiales sin relaciones oficiales con la OTAN.

En los últimos seis años la OTAN y China han ido desarrollando gradualmente contactos oficiales e intercambios académicos, que han allanado el camino para que ambos puedan salir de las sombras que provocó el bombardeo de la embajada en Belgrado. Si las dos partes siguen reforzando su comprensión mutua, resulta muy probable que lleguen a establecer algún tipo de relación oficial. Pero “hacen falta dos para bailar un tango”, así que tanto la Alianza como China deben hacer esfuerzos conjuntos para seguir avanzando.

Confucio dijo: “Desde que cumplí los sesenta años, he sido capaz de distinguir la verdad y la mentira en las palabras de otras personas.” En 2009 la OTAN cumplirá sesenta años, y espero que las palabras de Confuncio resulten también ciertas para ella.

Una de las primeras grandes iniciativas encaminadas a conseguir un acercamiento entre Occidente y China fue la emprendida por el Presidente Richard Nixon en la década de los setenta.

Shanghai hoy en día: según cambia el paisaje de China, ¿debe cambiar también su postura respecto a la OTAN?

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