IDIOMA
La Revista de la OTAN se publica en español unas dos semanas después que en inglés a causa de la traducción.
ACERCA DE LA REVISTA DE LA OTAN
POLÍTICA SOBRE COLABORACIONES
INFORMACIÓN SOBRE COPYRIGHT
EQUIPO EDITORIAL
 RSS
ENVIAR ESTE ARTÍCULO A UN AMIGO
SUBSCRÍBASE A LA REVISTA DE LA OTAN
  

Get the Flash Player to see this player.

Jamie Shea: Kosovo, pasado y presente

Jamie Shea habla sobre la OTAN, Kosovo... y las hamburguesas de McDonald's. Pulse en los enlaces de la parte inferior para pasar directamente a cada pregunta concreta.

Jamie Shea, portavoz de la OTAN durante la campaña de 78 días que en 1999 puso fin a la crisis humanitaria de Kosovo, vuelve a la sala en la que celebraba sus conferencias de prensa diarias y nos ofrece su punto de vista personal sobre las lecciones que aprendieron tanto la OTAN como el mismo Kosovo.

Duración del vídeo: 30.41

Ir directamente a la pregunta

¿Estuvo siempre convencido de que la campaña de Kosovo iba a ser un éxito?

La verdad es que sí, lo estuve, y la razón evidente es que sabía que, al emprender esta operación, tanto la OTAN, como Estados Unidos y las principales potencias europeas iban a jugarse su propia credibilidad a una escala mucho mayor que cualquier otra cosa que la Alianza hubiera hecho previamente. Y, por supuesto, si estaba en juego la credibilidad de las democracias occidentales con personas como Tony Blair, Bill Clinton o Chirac, la cuestión quedaría vinculada con la propia credibilidad política interior.

Así que estaba convencido de que una vez que se hubiera empezado, por mucho tiempo que fuera necesario o muy difícil que resultase, la OTAN tendría que llegar hasta el final.

Y también me constaba que a los Aliados les había llevado mucho tiempo alcanzar esa decisión. Habían pasado meses, primero negociando con los serbios y los albanokosovares, y después debatiendo la estrategia interna, el plan aéreo y toda la campaña. Así que pensé que había resultado bastante difícil tomar esa decisión, pero que era típico de la OTAN que una vez adoptada se mantuviera contra viento y marea. E incluso creía que hubiéramos acabado utilizando tropas terrestres, cediendo a regañadientes ante lo inevitable, si la campaña aérea no hubiese funcionado.

¿Tenían un Plan B alternativo?

No, en realidad no existía porque la OTAN había empeñado toda su credibilidad en esta operación, y a fin de cuentas la Alianza no puede compararse con ningún otro organismo. No es una organización económica o social, sino político-militar y de seguridad, y para poder afirmar que nuestros miembros hablan en serio cuando dicen que van a defender a alguien, que somos una organización seria que hace lo que dice y que dice lo que hace, entonces la credibilidad constituye un factor muchísimo más importante para nosotros que para otros tipos de asociaciones internacionales.

¿Qué preparativos se hicieron para la guerra informativa y de los medios de comunicación?

Bueno, para ser sincero tengo que decir que no estábamos todo lo preparados que deberíamos haber estado. Quizás yo sea responsable de eso. Todo lo que puedo alegar es que Kosovo fue algo totalmente nuevo para la OTAN. La Alianza nunca se había visto implicada en una guerra, aunque no la llamáramos guerra sino conflicto. Pero nunca antes nos habíamos visto envueltos en una acción militar de este calibre.

Ahora que estamos en Afganistán y se producen tiroteos y combates cada día, eso nos parece algo mucho más familiar, pero Kosovo vino a representar nuestra pérdida de virginidad en ese aspecto, fue la primera vez que pasamos de la seguridad mediante la prevención y la disuasión a la seguridad mediante la actuación, el combate, las bajas y la asunción de riesgos. Y precisamente porque era algo nuevo, no creo que llegáramos a plantearnos a priori qué era lo que iba a cambiar cuando las fuerzas aliadas comenzaran a soltar bombas. También pienso que existía una cierta creencia, que resultó ser totalmente errónea, de que al cabo de un par de días de bombardeo Milosevic tiraría la toalla, que se daría la vuelta y diría "no quiero meterme en una escalada de enfrentamientos. He intentado subirle la apuesta a la OTAN y he fallado, así que ahora tengo que volver a la mesa de negociaciones." Por eso no nos preparamos para una campaña larga, ni para las tensiones mediáticas que inevitablemente surgirían durante una campaña de tanta duración.

¿Qué lecciones aprendieron sobre el modo de usar los medios de comunicación como un arma más?

Que hay que prepararse para lo peor. No te plantees escenarios de color de rosa en los que todo acaba bien al terminar el día. Prepárate para lo peor, y prepárate para recibir críticas. Y pienso también, con toda sinceridad, que estábamos convencidos de que hacíamos lo correcto. Teníamos una causa justa y ética, habíamos intentado negociar y habíamos seguido las reglas. Acudimos a las Naciones Unidas, intentamos obtener una resolución del Consejo de Seguridad. Habíamos advertido que usaríamos la fuerza antes de llegar a utilizarla realmente, y estuvimos intentando alcanzar un acuerdo equitativo para las dos partes, que los serbios deberían haber aceptado. Así que estábamos convencidos de que íbamos a tener un apoyo abrumador de la opinión pública, era algo obvio.

Así que los medios de comunicación no iban a resultar un problema porque todos nos aclamarían. (Risas). Un tanto ingenuo, como pudo verse al final. Descubrimos que aunque la gente creyese que tu causa era justa, eso no significaba necesariamente que estuvieran de acuerdo con los bombardeos, ni con tus tácticas y estrategias, y que no les gustaban los daños colaterales, ese momento terrible en el que los mejores planes fallan, se producen errores y matas a las personas a las que estás intentando ayudar. Y que los serbios también podían ser eficaces desarrollando su propia campaña informativa contra nosotros.

Así que ahora somos conscientes de que cualquier tipo de operación militar va a suscitar polémicas en la opinión pública. Algunos van a mantener su pacifismo a cualquier precio, otros se centrarán en la discusión sobre si la estrategia es realmente la más adecuada. Y algunos se sentirán frustrados porque la cosa se prolonga durante mucho tiempo sin alcanzar ningún éxito.

En cualquier caso los medios de comunicación creen que su papel no consiste en hacer de animadoras, sino en plantear preguntas difíciles e inquisitivas. Así que, lección número uno, estar preparados para lo peor, y, sobre todo, organización, organización y organización. No se puede tener éxito en esas empresas confiando tan sólo en grandes mensajes y en portavoces geniales y comunicadores con carisma. No, no y no; tienes que disponer de una organización de comunicación adecuada que prepare los hechos, investigue y presente el mensaje de la forma más eficaz. Y no podemos ocuparnos de los medios de comunicación con menos seriedad que la que empleamos para la misma operación militar.

¿Qué resultó más poderoso y eficaz: la unidad de los Aliados o sus ataques aéreos?

Bueno, creo que los ataques aéreos no fueron tan eficaces como esperábamos. Las cosas son así, y ahora somos conscientes de ello. El problema del poderío aéreo es que si lo utilizas de forma decisiva provocas daños tremendos en la economía, la sociedad e incluso en la población civil. Eso se podía hacer en la Segunda Guerra Mundial, pero ahora ya no serían admisibles bombardeos como los de los aliados sobre Alemania y Japón. Hay que emplear el potencial aéreo de forma mucho más discriminada, de acuerdo con las reglas que marca la ley internacional.

Pero, siendo sinceros, esto provoca que resulte menos eficaz, o al menos que tarde más tiempo en producir efecto. Así que habíamos pensado, por ejemplo, que destruiríamos muchos más tanques serbios de los que al final conseguimos dejar fuera de combate, y por eso gente como Tony Blair llegó a pensar hacia el final de la campaña que haría falta la intervención de tropas de tierra porque la fuerza aérea no podía vencer por sí sola. Afortunadamente no hubo que recurrir a ello, pero nos lo estábamos planteando hacia el final.

Así que mi opinión es que definitivamente fue la unidad aliada la que se impuso. Creo que Milosevic pensaba lo que Napoleón cuando dijo "Dios mío, si tengo que luchar que sea contra una coalición". Las alianzas son débiles y tienden a deshacerse con mucha rapidez, la gente rompe filas. Y creo que tuvieron que pasar 78 días para que Milosevic se diera cuenta de que a pesar de todos nuestros problemas eso no iba a ocurrir y que la OTAN iba a seguir unida, así que acudió a las Naciones Unidas y empezó a buscar una salida.

¿Se siente decepcionado porque la unidad que mostraron los Aliados durante la campaña no haya quedado de manifiesto a la hora de reconocer la independencia de Kosovo?

Bueno, me siento decepcionado en el sentido de que había esperado que avanzaríamos en Kosovo mucho más de lo que hemos hecho hasta ahora y en un futuro previsible. Que tendríamos una sociedad reconciliada e integrada, con las heridas cicatrizadas y una economía en plena expansión en camino hacia la integración euroatlántica, y está claro que eso va a tardar mucho tiempo. Así que es verdad que estoy decepcionado porque no hayamos conseguido más progresos durante los últimos diez años, y porque muchos de los problemas fundamentales que existían en 1999, especialmente en lo referente a las relaciones entre serbios y albaneses, siguen en pie.

Lo que me gustaría resaltar es que resulta evidente que no emprendimos la campaña aérea de 1999 para que Kosovo fuera independiente. Ese no fue nunca nuestro objetivo, ni lo fue tampoco el librarnos de Milosevic; no le teníamos especial cariño, pero el cambio de régimen no era nuestra meta. Lo que nos guiaba era el impulso humanitario de parar la limpieza étnica y crear un entorno estable en el que se pudiera volver a desarrollar la acción política. No se podía hacer política mientras las fuerzas serbias realizaban redadas expulsando a los albaneses, o mientras el Ejército de Liberación de Kosovo mataba a policías serbios.

Así que tengo que reconocer que resulta decepcionante que hoy no exista un Kosovo independiente, en el sentido de que no sea reconocido por todos, supone en primer lugar malinterpretar las razones por las que emprendimos la operación Fuerza Aliada. Quiero decir que si el cambio de régimen o la independencia de Kosovo hubiera sido el objetivo, no hubiéramos conseguido la unidad aliada para iniciar la operación.

Pero, desgraciadamente, tenemos que enfrentarnos con las nuevas situaciones que surgen a partir de las intervenciones, que por sí mismas cambian la dinámica política. Y creo que para algunos países resulta mucho más difícil aceptar un Kosovo independiente cuando serbia se ha convertido en un país democrático. Francamente, hubiera sido más fácil haberlo hecho cuando Milosevic estaba en el poder, decidido a no moverse y a no negociar. Es mucho más difícil imponer un Kosovo democrático a una Serbia que está ahora mismo en la senda de ingreso en la Unión Europea con la firma del acuerdo de estabilización y asociación, y que es socio de la OTAN.

Dicho esto, sin embargo, lo cierto es que la comunidad internacional ha decidido, y creo que con razón, que Kosovo, dado su pasado, no puede volver a depender directamente de Belgrado. Se ha declarado la independencia, que han reconocido algunos Aliados. Así que tenemos que encontrar alguna solución constructiva que satisfaga el deseo de independencia de los albanokosovares, a la vez que el deseo de los serbios de seguir manteniendo una fuerte vinculación con Belgrado.

Y no resulta fácil, pero estoy convencido que con el tiempo alcanzaremos soluciones imaginativas que permitan satisfacer a las dos partes. Existen un montón de precedentes en todo el mundo en los que se han podido alcanzar acuerdos de ese tipo, sólo tenemos que mantener la acción política en marcha.

Esa es la cuestión principal, no estancarse, aunque resulte difícil, y mantener la política en marcha.

¿Se trata ahora sólo de que Serbia acepte la realidad de los hechos?

Bueno, sí, en el sentido de que tenemos que cortar de algún modo el nudo gordiano. Los albanokosovares quieren ser independientes; no se trata tan sólo de un partido político o un pequeño porcentaje de la población, sino de un sentimiento abrumadoramente mayoritario. Han declarado su independencia y bastantes aliados, como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, aliados importantes, la han reconocido. De hecho, creo que ya son 45 los países que lo han hecho. De acuerdo con que no es todavía una mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero estoy seguro de que su número seguirá subiendo.

Por eso no creo que los kosovares se echen atrás en su declaración de independencia. Por otro lado, también creo que tenemos que llegar, tal y como acabo de mencionar, a una situación en la que se reconozca que Serbia tiene un interés legítimo en los asuntos de Kosovo porque existe una importante minoría serbia, que queremos que permanezca allí. Queremos que Kosovo sea un estado interétnico.

Así que creo, y me estoy repitiendo, que según vaya avanzando el proceso tendremos que buscar soluciones imaginativas. Es decir, existe una solución obvia y es que Kosovo y Serbia ingresen en la Unión Europea y puede incluso que algún día en la OTAN, quién sabe, porque cuando uno se integra en estructuras más amplias, como la UE, las cuestiones fronterizas o de posesiones territoriales pierden importancia. Las sociedades se vuelven más fluidas, más abiertas las unas con las otras.

Así que estoy seguro de que la solución sólo puede residir en algún tipo de marco europeo a largo plazo.

KING: Otra de las entrevistas de este número es la de Paddy Ashdown.

SHEA: Sí, le conozco bastante.

¿Sería justo decir que la independencia de Kosovo es el precio que tuvieron que pagar por la locura del régimen de Milosevic?

Sí, hablando en primera persona, porque tal y como mencioné los aliados mantienen posturas diferentes, así que sólo puede ofrecerle mi punto de vista personal, lo cierto es que no creo que sea justo decir eso. En Rambouillet, antes de que la violencia se iniciara, o se reiniciara de forma generalizada en 1999, los albanokosovares estaban dispuestos a aceptar la autonomía; de mala gana, bajo cierta presión de la comunidad internacional, pero estaban dispuestos. Volvieron a Rambouillet diciendo de acuerdo, sí, aceptaremos, hubiésemos querido un referéndum consultivo sobre el futuro al cabo de tres años pero podemos aceptar vivir con los serbios si nos devuelven la autonomía que Milosevic nos quitó en 1989.

Y resultó que fueron los serbios... quiero decir, había un gobierno diferente en Serbia, aunque obviamente seguía siendo el antiguo régimen de Milosevic, que rechazó la propuesta porque no estaba dispuesto a restaurar una verdadera autonomía.

Así que hasta cierto punto sí, hay que reconocer que el gobierno serbio fue en todo momento responsable por haber utilizado una fuerza excesiva que le ganó la animadversión permanente de la población albanokosovar, y por rechazar un compromiso político justo. En ese momento creyeron erróneamente que podían obtener más en el campo de batalla que en la mesa de negociaciones, y el conflicto, tal y como hemos hablado, creó una dinámica en la que los albanokosovares al final no estaban ya dispuestos a aceptar nada menos que la independencia, y al mismo tiempo el grupo de contacto, el grupo de países que negociaba en nombre de la comunidad internacional los acuerdos en las Naciones Unidas, también estuvo de acuerdo en que no se podía volver al status quo anterior al conflicto.

Y si no se puede volver al status quo anterior, está claro que tienes que inventar algo nuevo.

¿Hasta qué punto resulta importante que Serbia se convierta en una democracia?

KING: Hablando de autonomía, me gustaría leerle una cita, algo que usted dijo por aquel entonces. Que cuando la gente ha sufrido la opresión dentro de su propio país lo más probable es que piensen que la única solución es la independencia, pero si Serbia fuese un país democrático, basado en el pluralismo, descentralizado y con economía de mercado, en el que se tuviera en cuenta a los diferentes grupos étnicos en la actuación política, entonces en su opinión las cosas serían diferentes. ¿Qué piensa ahora de todo esto?

SHEA: Bueno, eso es lo que dije entonces, pero quizás me equivoqué y soy capaz de reconocerlo, en el sentido de que un montón de gente creía sinceramente que cuando Serbia se democratizara, como ocurrió tras la caída de Milosevic y los sucesivos gobiernos de Kostunica y Tadic, los serbios y los albaneses serían capaces de volver a reunirse y negociar, y que encontrarían una solución satisfactoria para las dos partes.

Y otra vez hay que reconocer que la comunidad internacional se puso a ello. Martti Ahtisaari, que jugó un papel decisivo en 1999 a la hora de convencer a los serbios de que retiraran sus fuerzas, volvió a aparecer en escena con el encargo de las NU de que presentara el plan Ahtisaari. Se iniciaron las conversaciones, y se efectuó una segunda ronda bajo el patrocinio de la UE en la que bajo la presidencia de Wolfgang Ischinger se reunió a los rusos, a las partes en conflicto, Estados Unidos y la Unión Europea. Así que les volvimos a dar una buena oportunidad, pero al acabar las sesiones los dos lados mostraban posiciones muy, muy distantes.

También hay que decir que incluso en la Serbia democrática existe todavía una vena nacionalista que afecta a su actitud respecto a Kosovo. Y en mi opinión esa es la razón de que muchos miembros de la OTAN, no todos pero sí muchos de ellos, hayan decidido ahora que la independencia representa el único camino viable.

Pero al mismo tiempo, hay que seguir intentado llegar a algún tipo de acuerdos especiales, sobre todo respecto al enclave mayoritariamente serbio en el norte de Kosovo, que garanticen a esos serbios el sentimiento de que no han quedado aprisionados en un estado extranjero, y que pueden mantener sus vínculos a través de la frontera. Tenemos ejemplos de soluciones similares en Europa, mire por ejemplo a Irlanda del Norte. Los acuerdos de Viernes Santo representaron un gran avance porque los católicos de pronto se dieron cuenta de que podían vivir en Irlanda del Norte junto a los protestantes bajo un mecanismo de reparto de poderes, sin dejar de mantener un montón de vínculos a través de la frontera con el sur, la República de Irlanda, gozando muchos de ellos de la doble ciudadanía, algo habitual en muchas partes del mundo.

Por ejemplo, mire a la población de lengua alemana que vive felizmente en Bélgica y cruza la frontera todos los días para ir a trabajar a Alemania. Dentro de la Unión Europea pueden encontrarse un montón de ejemplos de actividades transfronterizas porque la integración ha hecho que las cuestiones fronterizas y territoriales vayan perdiendo importancia.

Estoy convencido de que llegará el día en que se alcance una situación de ese tipo para los Balcanes, el problema ahora es cómo evitar estancarnos de una forma que frustre a las dos partes, pues si no se producen progresos reales alguna gente podría sentir la tentación de volver a usar la violencia. Tal y como dije antes, aunque la solución definitiva esté aún muy lejana la clave ahora consiste en mantener en marcha el proceso político, de modo que las partes siguen hablando y manteniendo la comunicación. La OTAN y la UE, ahora que hemos asumido en cierta forma la responsabilidad conjunta de asegurar el futuro de Kosovo, tienen que hablar para poder dirigir el proceso de la forma más razonable posible.

¿En qué momento pensó que solamente podía haber un resultado final, la independencia, para la situación de Kosovo?

KING: Usted habla sobre el hecho de que la comunidad internacional ha realizado grandes esfuerzos para garantizar que avance el proceso y que al final haya tanta gente satisfecha como sea posible. Y que al final no funcionaron. Estuvo el plan Kai Eide, luego el de Ahtisaari, una sucesión de propuestas.

SHEA: Sí.

KING: En este punto, ¿pensó usted que solamente iba a haber una solución posible, y que consistiría en la independencia?

SHEA: Bueno, creo que el problema es que desde 1999 Serbia no desempeñó ningún papel en Kosovo, porque a pesar de que la resolución 1244 seguía reafirmando la soberanía serbia, dejaba también claro que no sería Belgrado quien definiría el futuro de Kosovo, sino las Naciones Unidas, es decir, la comunidad internacional. Y entonces el grupo de contacto decidió que no se podía volver al control directo de Belgrado, no habría retorno al status quo anterior al conflicto. Así que nos vimos inmersos en una situación en la que simplemente no podíamos regresar al pasado, teníamos que inventar algo totalmente nuevo.

Y, claro está, tras diez años de vivir con la OTAN bajo el gobierno de las Naciones Unidas en lugar del de Belgrado, los kosovares se han acostumbrado a sentirse dueños de su propio destino. Se les han ido transfiriendo progresivamente competencias en lo relativo a las instituciones provinciales y autogobierno, así que antes de que se declarara la independencia se iban viendo a sí mismos cada vez más en el camino hacia ella. Y una vez creado ese impulso psicológico en el que Belgrado había desaparecido de su vida cotidiana, al menos para los albanokosovares, resulta muy difícil convencer a la gente de que de pronto se va a parar el reloj y hacerlo retroceder al pasado. Y tuvimos que vivir con las consecuencias de este hecho.

Pero, por supuesto, la otra lección es que no se puede intervenir en un sitio, parar la violencia y entonces marcharse sin enfrentarse a la situación política provocada. Hemos aprendido esa lección en Afganistán y en Bosnia: el que interviene asume también la responsabilidad por el destino a largo plazo de ese país. No se puede limitar a ser una fuerza militar que no se implica en la política. Cuando Colin Powell era Secretario de Estado estadounidense solía denominar a eso el "efecto tienda de cerámica". Solía decir que si lo rompes, lo pagas. Bueno, no estoy diciendo que nosotros rompiésemos Kosovo, pero lo que sí es seguro es que lo estamos pagando.

¿Será la creación de una fuerza de seguridad kosovar el umbral que defina el momento en el que Kosovo empiece a mantenerse por sí solo?

KING: Si volvemos la vista al Kosovo actual, evidentemente vemos la declaración de independencia, banderas, himno, etc. Uno de los acontecimientos que se presentará en breve es la creación de la fuerza de seguridad de Kosovo. Algunos aseguran que se trata de la ruptura final con el pasado porque supone el nacimiento de una fuerza sin ningún vínculo con el antiguo Ejército de Liberación de Kosovo. ¿Cree que este es el momento clave en el que Kosovo empezará a mantenerse por sí solo?

SHEA: No, creo que en última instancia, al menos en mi opinión, la cuestión clave será la viabilidad económica de Kosovo, porque si se quiere que los serbios se sientan en su propio país dentro de Kosovo y que se queden en él, no pueden seguir con la sensación de que van a ser una especie de eternos desempleados dependientes del subsidio o de las pensiones o limosnas de Belgrado, que además es poco probable que se lo pudiera permitir en vista de su propio programa de reformas. Tienen que sentir que Kosovo es una tierra de oportunidades donde puedes tener éxito, y yo soy de los que piensan que la prosperidad económica constituye un magnífico integrador.

En la zona de los Balcanes es bien sabido que las comunidades étnicas se han llevado bien en el terreno del crimen organizado. Cuando existe la perspectiva de ganar dinero las diferencias se desvanecen muy rápidamente.

Así que creo que en cuestiones como la lucha contra la corrupción, la gobernabilidad, la representación étnica en el funcionariado, la policía, y otras similares, el que exista la sensación de que el proceso está despegando, y que la gente quiera formar parte de él resulta bastante importante. Por ejemplo, una de las razones por las que las minorías rusófonas de los países bálticos están satisfechas de haberse quedado en los nuevos estados es que disfrutan de una economía en alza y un nivel de vida superior al que tendrían en otros lugares.

Así que para mí se trata de la cuestión esencial. Pero las fuerzas de seguridad son muy importantes también porque siguen existiendo demasiadas armas en Kosovo. Existen muchas estructuras. Ahí está el Cuerpo de Protección de Kosovo, que se nutrió en gran parte del antiguo Ejército de Liberación de Kosovo, y como bien señaló Martti Ahtisaari es mejor tener a esa gente al aire libre, donde puedes verlos, haciendo cosas legítimas bajo supervisión internacional, que bajo tierra, quiero decir con alijos de armas, entrenamiento secreto en los bosques a media noche, con pasamontañas y capuchas tapándoles la cara y dispuestos a intervenir en cualquier momento en algún tipo de actividad insurgente.

Pienso que eso también le puede beneficiar a Belgrado, y que así debe de plantearse la cuestión. Y, por supuesto, cuanto más tarde la OTAN en asesorarles y ayudarles a crear su propia fuerza, más probable será que los kosovares se empiecen a mover y la desarrollen por sí solos, y acaben creando una estructura que no nos guste demasiado; y por muy absurdo que nos parezca, no tendremos más opción que aguantarnos.

Por eso pienso que lo más razonable es que seamos nosotros los que movamos el proceso.

La ora cuestión, por cierto, es que a menudo los nuevos países o los que acaban de hacerse independientes como Kosovo tienden a pensar demasiado a lo grande. Quieren ejércitos de 50.000 hombres ... bueno, quizás no sea el caso de Kosovo, pero creo que se entiende lo que quiero decir, quieren tanques y aviones de combate. En definitiva, quieren una fuerza militar completa con todos los detalles. Y tienes que decirles, cuidado, esperad un momento, no os podéis permitir esto, esas no son las prioridades. Va a convertirse en una carga muy pesada para vuestra economía, y equivaldrá a enviar señales negativas a vuestros vecinos. Parad. Necesitáis ayuda para planificar algo que sea económicamente viable, que no resulte perjudicial para las relaciones con vuestros vecinos, y que pueda ocuparse de las tareas de seguridad combatiendo las amenazas que de verdad necesitáis combatir, sea el crimen organizado o cualquier otra.

Y también es este sentido pienso que la OTAN puede resultarles muy útil a los kosovares por toda la experiencia que ha ido adquiriendo en la reforma del sector de la seguridad en otros países de Europa Central y Oriental.

¿Representa el crimen organizado la peor amenaza de seguridad para el Kosovo actual?

KING: La próxima cuestión se refiere a que, tal y como usted ha dicho, el desarrollo económico probablemente sea la zanahoria que atraiga a Kosovo por el camino que conduce a la estabilidad y el desarrollo. Pero, como también ha mencionado, el crimen organizado representa otro factor esencial.

SHEA: Totalmente de acuerdo.

KING: Hay un montón de armas circulando entre los civiles, y el contrabando y el tráfico de mercancías ilegales se cuentan entre los principales problemas de la zona. ¿Cree que ese es el principal problema de seguridad que afronta Kosovo en estos momentos?

SHEA: Sí, así lo creo. Porque es evidente que va envenenar las estructuras estatales desde su mismo interior. Si se corrompen políticos o jueces, si no se recaudan los impuestos necesarios para financiar el presupuesto nacional, significa que cada vez se va a depender más de la ayuda extranjera porque no puedes obtener tus ingresos.

La gente se mostrará reacia a crear nuevos negocios si piensan que tendrán que sobornar a todo el mundo antes de poder ponerse a producir hamburguesas de McDonald's y vendérselas al público. Hemos tenido algunas experiencias muy malas. Recuerdo hace unos pocos años cuando desayunaba con Jacques Klein, el administrador de NU en Bosnia por aquel entonces. Me dijo "Jamie, ¿sabías que este es el único lugar de Europa en el que no hay un McDonald's? Es como retroceder a los noventa. Porque hasta McDonald's, que es capaz de ganar dinero en cualquier parte, considera que hacer negocios aquí es demasiado arriesgado."

Evidentemente, la situación ha cambiado desde entonces, pero creo que es un buen ejemplo de cómo esto se transforma en un cáncer social, y en mi opinión este el principal problema, con toda seguridad.

También es una cuestión de imagen. Todos conocemos el caso de países que tienen que cambiar su imagen para que se tenga la percepción de que respetan el Estado de Derecho, son transparentes y protegen las inversiones extranjeras. Los negocios son en gran parte una cuestión de confianza. Así que los kosovares tienen que abordar este problema cuanto antes y con la máxima prioridad, pero se trata también del tipo de cosas en las que creo que necesitan ayuda.

Viendo que todavía no se ha hecho plena justicia, ¿cree que puede imponerse el Estado de Derecho en Kosovo?

KING: La última pregunta se refiere también a la cuestión del Estado de Derecho. A la vista del alto número de criminales de guerra que cometieron atrocidades en Kosovo y han escapado a la acción de la justicia, con 2.000 personas de todos los grupos étnicos todavía desaparecidas, y con todos esos problemas judiciales que no parece que mejoren en Kosovo, ¿cree que todo esto se solucionará en un futuro previsible? ¿Cree que el Estado de Derecho llegará a imponerse en Kosovo?

SHEA: Bueno, la cuestión de los criminales de guerra está en manos del Tribunal de La Haya, el ICTY. Ha procesado a serbios por lo que ocurrió en Kosovo, pero también a albanokosovares por lo que ocurrió en ese mismo lugar. Y la KFOR, la Fuerza de la OTAN en Kosovo, ha cumplido con su parte cuando ha hecho falta para garantizar que esas personas eran trasladadas a La Haya. Somos totalmente imparciales en ese sentido. Un presunto criminal de guerra es un presunto criminal de guerra que tiene que ir a La Haya o ser juzgado en un tribunal local.

Y es muy importante que las dos partes vean que los responsables de estas atrocidades comparecen ante la justicia y son juzgados. No se trata simplemente de considerar responsable a una comunidad, porque sabemos perfectamente que aunque alguna gente ha sido más responsable que otra, una vez iniciadas las hostilidades se cometieron crímenes de guerra por los dos bandos o, como ocurrió en Bosnia, por todos los bandos en conflicto. Y pienso que esto es algo imprescindible para que se produzca una reconciliación, porque la gente siempre alberga animosidades y frustraciones cuando no existe la sensación de que se han cerrado estas heridas. Ellos no saben lo que les ocurrió a sus seres queridos, y ven que las personas responsables siguen en libertad. En estas condiciones resulta mucho más difícil hacer llamamientos a la reconciliación.

Pero creo que en última instancia una de las cosas que se echa en falta tan a menudo en esa parte del mundo es simplemente la frase "lo siento", una voluntad de... lo que quiero decir, uno recuerda a Willy Brandt, el Canciller alemán, arrodillado ante el memorial del gueto de Varsovia en su visita a Polonia de 1972, pidiendo perdón en nombre del pueblo alemán. La simple capacidad de ir a un sitio y pedir perdón, e identificarse con el sufrimiento ajeno y tratar de reconciliarse, en lugar de echarle la culpa de todo a la otra comunidad. Este tipo de actuaciones de estadista, es lo que en mi opinión hace falta.

Y creo que es muy positivo que los historiadores trabajen y lleguen a un acuerdo común. Resulta extraordinario que Francia y Alemania tengan ahora un libro de texto de historia común para los dos países, aprobado por ambos gobiernos, que trata sus relaciones durante el siglo XX. El que estos dos países, que lucharon en 1870, 1914, 1939 y 1940, puedan elaborar una historia de estos hechos y llegar a un acuerdo sobre las responsabilidades históricas de ambas naciones, representa un buen modelo a imitar en esta parte del mundo.

KING: Jamie Shea, muchas gracias.

SHEA: Gracias.

Compartir:    DiggIt   MySpace   Facebook   Delicious   Permalink