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Talibanes, televisión, teléfonos –y terror

Nick Grono, Vicepresidente del Grupo de Crisis Internacionales, examina los elementos principales de la campaña mediática de los talibanes: sus puntos fuertes y débiles –y cómo derrotarles en ese terreno.

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PAUL KING (Director de la Revista de la OTAN): La lucha por ganar los corazones y las mentes de los afganos suele considerarse una de las áreas fundamentales en la guerra que transcurre en ese país.

Un reciente informe del Grupo Internacional de Crisis ha examinado las técnicas talibanes en ese terreno en un documento titulado “La propaganda de los talibanes: cómo ganar la guerra del lenguaje”. En él se analiza la evolución de sus tácticas, y lo que eso implica para la guerra en Afganistán.

Para debatir sobre dichos descubrimientos nos hemos reunido hoy con el Vicepresidente del Grupo de Crisis Internacionales, Nick Grono.

Sr. Grono, en su informe se menciona que los talibanes usan diferentes idiomas para comunicarse: el inglés para las audiencias internacionales, el árabe para temas generales y para la financiación y reclutamiento, y las lenguas locales para recabar apoyo en Afganistán.

¿Cuál de esas audiencias cree usted que es ahora mismo la más importante para los talibanes?

NICK GRONO (Vicepresidente del Grupo de Crisis Internacionales): Creo que todas ellas son igual de importantes. Necesitan la audiencia internacional para ir minando la voluntad de la comunidad internacional de mantenerse en Afganistán, y ese es un punto crítico para los talibanes, el demostrar que pueden aguantar más que el resto del mundo.

La audiencia afgana es especialmente importante porque a fin de cuentas esos son los corazones y mentes que quieren ganarse, y en ese sentido están superando claramente a la comunidad internacional a la hora de llegar hasta los afganos y esparcir su mensaje.

Quizás la audiencia árabe sea menos importante, pero aún así sigue constituyendo una fuente esencial de financiación. Sin embargo, en mi opinión los talibanes dan prioridad a las otras dos audiencias.

Usted ha mencionado el efecto que está teniendo la falta de un verdadero dominio de los idiomas en Occidente a la hora de lograr comunicar mensajes. ¿Hasta qué punto es eso cierto para Afganistán? ¿Está a favor de potenciar la comunicación en esos lenguajes o de utilizar comunicadores locales?

Bueno, contestaré antes a su segundo punto. Estoy a favor de las dos cosas. Hay que comprender los mensajes y los objetivos de los oponentes, y hasta ahora no se ha hecho muy bien que digamos. La comunidad internacional no ha estado nada hábil a la hora de analizarlos: cuando elaboramos nuestro informe descubrimos con gran sorpresa que era uno de los primeros trabajos de entidad realizados en ese campo, y sin embargo se trata de una fuente de información de gran valor.

Por supuesto que se trata de información manipulada, pero siempre se puede aprender mucho de los mensajes que están emitiendo nuestros oponentes. Y también resulta esencial para poder contrarrestar esos mensajes logrando comunicar con sus mismas audiencias, como es el caso de los afganos. Y para eso hay ser capaces de comunicar en pastún y dari.

Uno de los temas que aparece en el informe es la forma en que los talibanes se benefician de la falta de un gobierno responsable, con una autoridad que cuestione su legitimidad. ¿Hasta qué punto deben considerarse estos asuntos como un reto de comunicación para los mismos afganos?

Sí, por supuesto que es importante, aunque el problema relativo a la responsabilidad y corrupción dentro del gobierno afgano es mucho más grave que un simple tema de comunicación. Se trata del principio mismo de gobernabilidad del país, de modo es imprescindible entenderlo y afrontarlo.

Los talibanes sí que lo han comprendido, porque gran parte de su propaganda se refiere a esa cuestión y trata de socavar la legitimidad del gobierno central. Así que la comunidad internacional y el gobierno afgano tienen que trabajar mejor a la hora de dar a conocer lo que están haciendo, adoptando los pasos necesarios para abordar el problema, y eso constituye un verdadero reto.

Está claro que los medios de comunicación afganos no tienen una función fácil que desempeñar. Se ven presionados por los talibanes y por el gobierno. ¿Cuál es la mejor manera de ayudar a que los medios de comunicación afganos sean más fiables y libres?

Como ya ha dicho usted, los medios están pasando por una época bastante dura y no podemos evitar simpatizar con ellos. Si criticas a los talibanes, ellos te amenazan; si criticas al gobierno, te ves sometido a verdadera presión.

El gobierno tiene que comprender que unos medios de comunicación libres acabarán beneficiándole. Habrá críticas, pero lo cierto es que si se quiere ganar la campaña de información no se pueden imponer restricciones a la capacidad de informar de los medios.

Y los medios de comunicación desempeñan también un papel imprescindible a la hora de ayudar al gobierno a enfrentarse a cuestiones de responsabilidad y corrupción. Así que el gobierno tiene que mostrarse mucho más abierto en su planteamiento respecto a los medios. Y la comunidad internacional no debería dudar a la hora de denunciar restricciones inapropiadas impuestas a los medios por el gobierno afgano.

¿Cómo puede prosperar el periodismo objetivo en un entorno como el de Afganistán en los que los acontecimientos a menudo se producen en regiones aisladas, en las que resulta difícil tener acceso a los hechos y donde a menudo se amenaza a los periodistas? ¿Cómo puede ayudar Occidente a los periodistas para que sean más objetivos al informar en un ambiente como ese?

Bueno, se trata de unos medios de comunicación todavía inmaduros, que no están habituados a trabajar en un ambiente de libertad. Pero una de las cosas que hay que hacer para ayudar a los medios a desarrollar esas capacidades es permitirles trabajar con libertad. En Pakistán se puede observar un proceso similar. Una de las actuaciones más positivas del gobierno de Musharraf en sus inicios fue la de dar mucha más libertad a la prensa, lo que posibilitó que surgieran un montón de voces competitivas. Muchas resultaban extremistas o histéricas, pero con el paso del tiempo fueron desarrollando una comprensión de sus audiencias mucho mejor y más objetiva. Y precisamente lo que hace falta en Afganistán es una mayor comprensión de la necesidad de dar un mayor margen a los medios para que puedan trabajar y desarrollarse.

¿Está de acuerdo en que a pesar del uso que hacen los talibanes de las tecnologías y técnicas de comunicación modernas, su instrumento más poderoso sigue siendo el boca a boca?

Se trata de una combinación de instrumentos, y el boca a boca es uno muy importante. A la hora de analizar sus técnicas de propaganda ha resultado muy interesante comprobar la sofisticación y variedad de los métodos utilizados: boca a boca, cartas nocturnas o tonos de llamada de móviles. La telefonía móvil está enormemente extendida por todo Afganistán, así que han creado tonos de llamada con canciones patrióticas. Tienen reproductores MP3, así que logran una gran eficacia a la hora de llegar hasta su público.

Otro punto interesante es el hecho de que no tengan una gran penetración a través de la radio porque les sigue resultando difícil instalar emisoras y mantenerlas en servicio. Pero saben usar con mucha eficacia los restantes medios de comunicación.

Durante su etapa de gobierno los talibanes prohibieron la televisión, la música, Internet e incluso las fotos de seres vivos. Y ahora para atacar a Occidente usan exactamente las mismas técnicas que prohibieron. ¿No existe en Afganistán una sensación de intolerancia o hipocresía respecto a esas conductas?

Me parece que no. Sospecho que tal y como usted dice resulte hipócrita utilizar esos medios contra sus enemigos, pero seguro que los talibanes se justifican pensando que están en guerra y por tanto pueden usarlo.

Y en lo que respecta a la gente, ellos sólo se fijan en la información que les llega y me parece que les preocupa muy poco la posible hipocresía de los talibanes al enviarla.

¿Cree que las operaciones militares occidentales en Afganistán constituyen un problema de comunicación en sí mismas, o el problema es el modo en el que se aprovechan de ellas los talibanes?

También en este caso se trata de ambas cosas. Si se mata a civiles en bombardeos la misma muerte de esas personas es un problema, pero también lo es la forma de darlo a conocer. Resulta que los talibanes responden con mucha mayor agilidad, en parte porque no les preocupa demasiado la exactitud de sus respuestas. Pero el portavoz de los talibanes estará disponible las 24 horas del día en el teléfono vía satélite para comentar cualquier acontecimiento ocurrido, mientras que las fuerzas internacionales y los medios afganos son mucho más lentos en su respuesta.

En parte se debe a los esfuerzos para asegurase de los hechos, pero también a que no está preparados para responder de una forma tan inmediata. Así que tienes que abordar las dos partes del problema.

Sabemos que se está trabajando mucho en el problema de las bajas civiles y que todavía queda mucho por hacer pues van transcurriendo las semanas y luego los meses y las cifras de víctimas siguen siendo muy elevadas.

Pero también es muy importante saber transmitir ese mensaje y dar a conocer las atrocidades de los talibanes y el modo en que hacen lo contrario de lo que dice su propaganda.

En el informe del ICG vemos que los talibanes han obtenido un gran éxito a la hora de aparentar ser más fuertes de lo que son. ¿Indica ello que se han hecho expertos en operaciones sicológicas? ¿Cree que esta apariencia que han logrado crear puede tener una duración limitada?

No creo que tenga una duración limitada. Han sabido crear su propia imagen, y les faltan referencias. Han visto lo ocurrido en Iraq, donde se ha hecho un uso sofisticado de Internet y los restantes medios. Ellos se apoyan en esa experiencia y comprenden que en una guerra asimétrica resulta importantísimo proyectar la imagen deseada. Tienen esa lección perfectamente aprendida, así que continuarán haciéndolo.

La comunidad internacional y el gobierno afgano han sido un poco más lentos a la hora de captar lo importante que es no sólo comunicar los objetivos propios, sino también contrarrestar esta propaganda. Y esperamos que con este informe se entiendan mejor algunas de las cuestiones que hay que abordar.

En el informe también vemos que el fallo de la comunidad internacional a la hora de enviar en todo Afganistán un número suficiente de tropas que actuasen como guardianes de la paz neutrales es una de las causas originarias de muchos de los problemas actuales del país.

¿Se incluyen en este grupo los problemas de comunicación?

No, se trata de algo mucho más general que los problemas de comunicación. Llevamos criticando con dureza desde finales de 2002 y principios de 2003 la estrategia de enviar tropas a un norte relativamente seguro y dejar el sur, y especialmente Helmand, sin ninguna presencia de guardianes de la paz o fuerzas internacionales.

Creo que los británicos entraron en la zona sur en 2006, anteriormente habría unos 500 hombres de las fuerzas especiales operando allí, así que no resulta sorprendente que los talibanes pudieran sentar bases en la zona, crear redes y hacer muchísimo más difícil el trabajo del gobierno afgano cuando llegó la hora de desplazarse hacia el sur del país.

Así que la cuestión de las comunicaciones no es la parte fundamental de problema. Se trata de la forma de actuar, de enviar tropas en cantidad suficiente a donde realmente hacen falta.

Se ha debatido mucho últimamente si hace falta un planteamiento regional para el tema de Afganistán, y en su informe se resalta que la producción de publicaciones de los talibanes o para ellos, el uso de estudios para generar vídeos y el control de sus sitios se realiza en parte desde el vecino Pakistán. ¿Qué posibilidad existe de hacer frente a esa propaganda que se distribuye desde un país diferente, donde también se controla y produce?

Pakistán representa un problema para Afganistán y la mayoría de los observadores lo entienden así. Este país sirve de refugio a los insurgentes, que pueden utilizarlo como lugar de reagrupamiento, centro de producción propagandístico o base de operaciones, lo que hace aún más difíciles nuestros esfuerzos en Afganistán. Lo primero que tiene que hacer la comunidad internacional es reconocer la magnitud del problema, y eso ya está ocurriendo. En los últimos doce o dieciocho meses se ha producido un cambio radical, sobre todo en Washington, a la hora de valorar el papel que desempeña Pakistán.

El siguiente paso consiste en trabajar en colaboración con el gobierno de ese país y dejar claro que la comunidad internacional reconoce su preeminencia en lo relativo a ocuparse de las áreas tribales y del problema de los insurgentes en la zona. Se están haciendo bastantes cosas, y todavía puede hacerse mucho más. La propia comunidad internacional puede actuar de forma más coordinada a la hora de enviar este mensaje al gobierno pakistaní y apoyar sus actuaciones en las áreas tribales de la provincia de la frontera noroeste. De esta forma impulsaríamos un sano debate sobre el tema y demostraríamos a Pakistán que debe solucionar esta cuestión por su propio interés.

Está claro que los talibanes explotan cualquier baja civil que se produzca en Afganistán. Pero su informe menciona que cifras de fuentes independientes demuestran que en los tres primeros meses de 2008 las fuerzas antigubernamentales mataron cuatro veces más civiles que las internacionales.

¿Piensa que esta imagen deformada de la realidad se debe no solo a la propaganda de los talibanes, sino también a que las fuerzas internacionales no consiguen hacer llegar su mensaje de una forma clara?

Se trata de una cuestión importante. Y de nuevo resulta ser un asusto esencial y no sólo una cuestión de comunicación, aunque la comunicación resulte crítica a la hora de amplificar el mensaje. Y creo que con cierta frecuencia, aunque no tengo información de primera mano, está ocurriendo que la transmisión del mensaje se realiza sin que haya la debida conexión entre medio y mensaje.

Los talibanes han dejado muy claro que ellos no sufren ese problema y responden con gran rapidez ante esos incidentes, frente a la respuesta mucho más lenta de la comunidad internacional.

Y aquí tiene que comprenderse un hecho básico. La OTAN está realizando un gran esfuerzo en el campo de la comunicación, porque entiende que queda mucho por hacer, y que hay que centrarse mucho más en el término afgano de la ecuación, trabajando con los afganos y reforzando las capacidades locales. Así que la Alianza no debería concentrarse tan sólo en el impulsar el término internacional de la ecuación y reforzar sus operaciones, sino también en asegurar que muchas de estas cuestiones puedan abordarse y solucionarse localmente.

¿Sería correcto decir que el ciudadano afgano medio no es consciente de ese desequilibrio?

Sí, creo que ahí hay un problema, y me parece que en gran parte se debe a la falta de capacidad local. Durante el curso de nuestra investigación se produjo una anécdota interesante: para entrar en la base de Kandahar (RC-South) la mayoría de las acreditaciones se han otorgado a periodistas internacionales de Reuters y agencias similares; a periodistas faganos no se ha dado ninguna.

Así que cómo se puede transmitir un mensaje si los afganos no pueden hablar con las fuerzas internacionales para informarles de lo que está ocurriendo y de las muertes de afganos a causas de operaciones talibanes.

Existe una cierta tendencia, especialmente entre los elementos internacionales, a dirigirse hacia la audiencia internacional, y eso nos devuelve al mismo tema que ya hemos tocado: la necesidad de formar ciudadanos afganos y dotar de más recursos a la actuación de los medios en el país, lo que significará tener que tratar con periodistas que no trabajen de la forma en la que estábamos acostumbrados y que quizás no lleguen a alcanzar un conocimiento tan sofisticado del mensaje como nos gustaría, pero se trata de la gente que les habla a los afganos, así que tenemos que ser mucho más eficaces a la hora de comunicar con ellos.

En su informe se resalta que dos de los principales ejes de la propaganda talibán son el provocar el hartazgo de Occidente y subrayar la corrupción en el país. ¿Cuál de los dos temas cree que es el más importante?

Dentro de Afganistán, la corrupción y los agravios. Para asentar la legitimidad del gobierno afgano hay que convencer al pueblo de que se trata de un gobierno creíble que trabaja buscando lo mejor para ellos, así que la corrupción rampante y el clientelismo ayudan muy poco en ese sentido. Los afganos tienen una historia, han vivido durante los últimos 30 años una situación en la que los violentos y poderosos han maltratado a la población. Y una de las razones por las que tuvieron tanto éxito los talibanes en sus inicios, a principios de los noventa, fue que daban la imagen que iban a ocuparse de toda la corrupción y la red de clientelismo establecidas. Y ahora mismo se pueden ver muchas condiciones similares.

Por eso debe quedar clara la necesidad de ocuparse en serio de estos problemas, y eso es algo muy, muy difícil.

¿Qué tal se están vendiendo los mensajes yihadistas en Afganistán? Por ejemplo, los talibanes aseguran que al matar a soldados extranjeros o morir luchando contra ellos se gana el paraíso, pero se trata de un culto al martirio que no existía antes en este país. Por eso, ¿hasta qué punto cala el mensaje allí?

Según nuestro análisis se trata de mensajes nuevos que quizás estén distribuyendo los yihadistas que han actuado por todas partes. Iraq es el ejemplo más obvio, pero hay otros conflictos. Y se trata de una tendencia preocupante.

También se ve exacerbada por la actividad de las madrazas de las áreas tribales que propagan consignas extremistas, y ese es uno de los temas en los que hace falta concentrarse mucho más para contrarrestar tanto el mensaje como la misma cuestión de las madrazas e insurgentes con base en Pakistán.

Por último, ¿qué recomendaciones tendría para las naciones que aportan tropas y para la propia OTAN como organización internacional que actúa en Afganistán?

Creo que el mensaje básico que les enviaría es que comprendieran el importante papel de los medios de comunicación afganos. A los elementos internacionales les resulta muy fácil concentrarse en las audiencias internacionales, y eso es muy importante. Pero no se ha prestado suficiente atención… Podemos hacer mejor la parte del trabajo que corresponde a la comunidad internacional, y tenemos capacidad suficiente para ello. Pero no se ha prestado suficiente atención a la parte que le corresponde al elemento afgano de la ecuación: hay que desarrollar el talento local.

Al final, si se quiere llegar a los corazones y mentes de los afganos habrá que utilizar a los medios de comunicación locales como vehículo, así que tenemos que concentrar muchos más esfuerzos en el objetivo de asegurar que nuestros mensajes circulan por esos medios con mucha más eficacia.

KING: Sr. Grono, muchísimas gracias.

GRONO: Gracias.

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