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Cómo combatir a los talibanes en los medios de comunicación

Tim Foxley sostiene que se dedica demasiado poco tiempo, esfuerzo y recursos analíticos para intentar entender lo que dicen los talibanes, y que un cambio en este planteamiento podría significar un cambio en el curso del conflicto.

Una carta nocturna de los talibanes: estas cartas amenazadoras, diseñadas para sembrar el temor, constituyen una herramienta de comunicación eficaz entre la población afgana

Disculpen por pasar directamente al punto central de este artículo, pero la cuestión que quiero plantear es ¿qué se está haciendo en la batalla “mediática” contra los talibanes?

Y no me refiero sólo al flujo de “buenas noticias” a propagar entre los afganos y la comunidad internacional, sino a campañas proactivas que hagan frente y pongan en evidencia las declaraciones de los talibanes, sus vulnerabilidades y contradicciones.

Creo que se dedica demasiado poco tiempo, esfuerzo y recursos analíticos para intentar entender lo que lo que dicen los talibanes, cómo lo dicen y por qué lo dicen. Y hay demasiado pocos informes como el que elaboró el Grupo Internacional de Crisis y que analizaba la propaganda de los talibanes. Por eso no se llega a entender, ni despierta aparentemente el menor interés, el análisis de posibles medidas para contrarrestar la actividad de los talibanes en los medios de comunicación.

La OTAN está invirtiendo mucho en las comunicaciones estratégicas, pero propagar “buenas noticias” e informaciones por todo Afganistán representa tan sólo uno de los frentes de la batalla global en los medios de comunicación. En mi opinión, los talibanes resultan bastante vulnerables en este terreno, y un esfuerzo proactivo contra ellos podría dar muy buenos resultados.

Comunicar no es tanto una cuestión de sofisticación como de eficacia

Al examinar la batalla “física” contra los talibanes muchos analistas señalan que no se trata de que sean fuertes, sino de que normalmente son los que ocupan el terreno a nivel de distrito. Yo creo que se puede decir lo mismo cuando se trata de los medios de comunicación.

Los talibanes son buenos, o “eficaces”, a nivel local, cuando se comunican de forma simple con su comunidad pastún –a los dos lados de la frontera. En este entorno el idioma y los valores tribales comunes les dan una gran ventaja frente a un planteamiento occidental que me da la sensación que resulta a veces “torpe”. A los talibanes se les da bien el conectar con las preocupaciones locales: el temor a la erradicación del cultivo de amapolas, el honor mancillado por los infieles o los daños colaterales contra personas y propiedades.

Aunque las actividades mediáticas de los talibanes no sean especialmente sofisticadas (y me parece que la OTAN y la ISAF han tendido a usar la supuesta “sofisticación” mediática de los talibanes como excusa para su propia ineficacia), en esta parte del debate debemos ser muy cuidadosos por varias razones. En primer lugar, porque no se trata de una cuestión de sofisticación, sino de efectividad, y no parece que se realicen demasiados análisis sobre la eficacia mediática de los talibanes. En segundo lugar, para llegar a las audiencias a las que se dirige su mensaje no se necesita demasiada sofisticación.

¿Quién está ganando la batalla mediática, la OTAN o los talibanes?

En el terreno de los medios de comunicación la OTAN debería llevar ventaja, dado que cuenta con dinero, recursos y conocimiento técnico. Pero también tiene sus desventajas:

  • Sus debates, dilemas y problemas son siempre dolorosamente públicos
  • Parece que emplea buena parte de sus esfuerzos mediáticos en mantener a su propio equipo “en el candelero”
  • Se dirige a una audiencia más amplia, sofisticada, exigente y escéptica en sus respectivos países

A demás de todas esas dificultades, con frecuencia los medios de comunicación internacionales hacen “regalos” propagandísticos involuntarios a los talibanes. Por ejemplo, el continuo uso del término “ofensiva de primavera” ha conseguido que al final los talibanes se apropien del término. Y si alguien le pregunta a sus portavoces: “¿Lanzaron ustedes un ataque contra la base aérea de Bagram porque sabían que el Secretario de Defensa de EEUU estaba allí?”, seguro que le van a contestar que sí.

© Reporters / Associated Press

Jugar el juego de los medios de comunicación: los talibanes saben que con la velocidad –y no con la exactitud– de la información consiguen adelantarse en los medios

Los talibanes también tienen a su favor la mayor rapidez en la respuesta: asumen inmediatamente la responsabilidad de cualquier incidente que se ajuste a sus propósitos. Las reivindicaciones de su página web y sus comunicados en Internet están compuestos por una lista de bajas enemigas tremendamente infladas, además de una estrafalaria cuenta de “tanques destruidos”.

Creo que a nivel estratégico la OTAN mantiene su ventaja, porque los esfuerzos de los talibanes respecto a cuestiones políticas más amplias resultan confusos, infantiles y carentes de credibilidad. Por ejemplo, el año pasado sugirieron que no eran ellos los que estaban destruyendo colegios, y que de hecho ¡tenían una política educativa! Pero siempre parecen incómodos cuando tienen que hablar de cualquier asunto político que vaya más allá de la matanza de infieles, básicamente porque su pensamiento apenas supera ese punto. Sus declaraciones casi nunca tocan los temas que más interesan a los afganos: la reconstrucción, el empleo y el desarrollo.

Tanto si a usted le convencen estos argumentos como si no, el hecho indudable es que los talibanes van mejorando lentamente a nivel de mensaje estratégico, tal y como he ido percibiendo desde la primera vez que empecé a ocuparme de estos temas a finales de 2006. Y los ataques, como los realizados este año contra el hotel Serena o el presidente Karzai, probablemente señalen el rumbo futuro de las actividades de los talibanes, en el sentido de coordinar sus operaciones con mensajes estratégicos para los medios de comunicación.

Yo mismo fui testigo de un incidente en la provincia de Faryab que demostraba cómo los talibanes, cuando les conviene, hacen caso omiso de los valores pastunes

Si conoces los puntos vulnerables de tus enemigos, ya llevas recorrida la mitad del camino para explotarlos. Si examinamos las declaraciones de los talibanes aprenderemos mucho sobre sus preocupaciones. Se muestran muy sensibles respecto a los siguientes temas:

  • las amenazas o desafíos contra su credibilidad y credenciales como pastunes, afganos, yihadistas o islámicos
  • las bajas que puedan haber sufrido
  • las bajas civiles (afganas) que puedan haber causado con sus ataques
  • los informes sobre sus divisiones internas
  • las contradicciones en sus declaraciones

Tim Foxley

Se presentan muchas oportunidades para sacar partido de esas debilidades. El pasado mes de julio yo mismo fui testigo de una, mientras estaba en Afganistán.

Ocurrió en la provincia de Faryab, una parte del país que suele describirse como “relativamente tranquila”. Se había producido un pequeño incidente de seguridad. En la frontera entre las provincias de Badghis y Faryab, un “gobernador en la sombra” talibán irrumpió en una aldea al frente de un pequeño grupo de combatientes para secuestrar a los trabajadores locales de una ONG que habían estado construyendo un pozo para la población. El jefe de la aldea, siguiendo el código de honor pastún que obliga a proteger a los huéspedes, se puso de parte del equipo de la ONG y acabó matando de un tiro al dirigente talibán, lo que provocó la huida del resto de los atacantes.

Mediante un trabajo cuidadoso se puede conseguir usar este tipo de situaciones para demostrar, por ejemplo, que los talibanes desprecian los valores pastunes cuando les conviene y que están fracasando claramente en la consecución de la yihad popular que pretenden liderar.

Podemos citar otras oportunidades similares que se han producido en el pasado:

  • En 2005 el mulá Omar fue despojado del título de “líder de los creyentes” por la misma corte islámica que le nombró en 1996.
  • En marzo de 2006 el Gran Mufti egipcio dictaminó que los actos de los terroristas suicidas eran ilegales. Este hecho fue citado al menos en el editorial de un periódico afgano, que se lamentaba de que no se diera a conocer esta decisión por todo el país.
  • En noviembre de 2006 un artículo de Ahmed Rashid citaba las declaraciones de miembros de varias tribus pastunes de la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP) que manifestaban: “Los talibanes están ahogando nuestros valores en un baño de sangre”.
  • En abril de 2007 una corte islámica de la NWFP dictaminó también que las actuaciones de los terroristas suicidas eran ilegales.

Existen numerosos ejemplos de las contradicciones de los talibanes, de los que citaremos tan sólo dos:

  • Lo anti-islámico que resulta el secuestrar mujeres (como ocurrió con las rehenes surcoreanas).
  • Reivindicar atentados suicidas para retractarse después cuando se hace evidente la cantidad de civiles afganos muertos (como ocurrió en Spin Boldak en enero de 2006). Esto provocó la afirmación, involuntariamente irónica, del ya fallecido mulá Dadullah: “Nuestras operaciones no matan civiles”.

Desafiar a los talibanes en los medios de comunicación no va a ser una “varita mágica” que provoque su desintegración a causa de sus propias contradicciones

Debe felicitarse a Anthony Cordesman por su trabajo en el CSIS (Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales), que no sólo nos recuerda que tenemos que revisar la forma en la que evaluamos y analizamos los acontecimientos políticos y militares en Afganistán, sino también que se trata de un problema regional, tan afgano como pakistaní. Hace falta una campaña en los medios de comunicación con un fuerte componente afgano/pakistaní/pastún, que desafíe a los talibanes a intentar justificar sus actos, y sus motivos.

Los gobiernos afgano y pakistaní –con la ayuda de la comunidad internacional– podrían hacer mucho para recuperar la iniciativa mediática ampliando el debate, conectando con los medios de comunicación regionales y sacando a los talibanes de la zona en la que se encuentran cómodos para que tengan que tratar de política, economía, derechos humanos de las minorías y las mujeres, educación y reconstrucción.

Pero antes habrá que avanzar mucho más en el análisis y la comprensión de las cosas que dicen los talibanes, el modo en el que las dicen y los motivos que tienen para decirlas –y no basta con el análisis habitual realizado por occidentales blancos de clase media. Pueden encontrarse muchos expertos buscando en los círculos afganos, pakistaníes y pastunes.

¿Qué se puede hacer y quién hará el trabajo?

Esto no quiere decir que yo crea que desafiar a los talibanes en el terreno de los medios de comunicación vaya a ser la “varita mágica” que provoque su desintegración a causa de sus propias contradicciones. Sólo se obtendrá un verdadero progreso en la lucha contra ellos si el gobierno afgano y la comunidad internacional consigan implementar una reforma y una reconstrucción reales –y, sobre todo, la presencia permanente de unas fuerzas de policía competentes, bien equipadas y fiables– y las frágiles reformas emprendidas logran echar unas raíces lo bastante fuertes como para mantener unido al país durante las próximas décadas.

Pero la mejor política siempre ha de ser proactiva, en vez de reactiva.

La comunidad internacional, los medios de comunicación internacionales, los gobiernos afgano y pakistaní, y la OTAN/ISAF podrían hacer mucho más para reducir el apoyo que reciben los talibanes y alentar a los “dudosos” con una campaña agresiva que ponga en evidencia las contradicciones y vulnerabilidades de estos últimos. Su disposición a destruir vidas humanas, propiedades e infraestructuras, y su carencia de contenidos políticos y económicos constituyen un terreno abonado dentro de los medios de comunicación, que todavía está por explotar.

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