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Una persona hambrienta es una persona enojada

José María Sumpsi Viñas, Vicedirector General de la FAO, expone cómo los alimentos podrían convertirse en una cuestión de seguridad en vista de la crisis alimentaria actual.

La situación mundial en lo relativo a los alimentos está evolucionando muy rápidamente. Los graves disturbios y manifestaciones de protesta que se producen en numerosas ciudades desde el Caribe hasta el Lejano Oriente muestran el grado de inestabilidad política que podría llegar a provocar.

La tendencia actual hacia una subida sin precedentes de los precios alimentarios y de la factura importadora de los países más pobres, unida a una reducción de los stocks de alimentos, han provocado la aparición de numerosos retos políticos, de seguridad, humanitarios, socioeconómicos y de desarrollo, además de las necesidades más inmediatas de los hambrientos.

En las últimas semanas el mundo entero ha ido tomando conciencia de la gravedad de estos retos, y han comenzado a surgir una serie de propuestas.

En vista de la complejidad del problema, los responsables políticos tienen que guardar un delicado equilibrio entre la urgencia de responder ante los problemas inmediatos y la necesidad de tomarse un tiempo para poder comprender y analizar los retos a afrontar y las posibles consecuencias de sus actuaciones.

En algunos casos hará falta una mayor claridad y algún tipo de acuerdo general para poder avanzar. Tenemos que revisar las fuerzas que operan sobre la oferta y la demanda de alimentos y que provocan los precios elevados, así como sus efectos y las amenazas más probables.

La consecuencia más inmediata y alarmante consiste en el creciente descontento social y político aparecido en muchos países a causa de la crisis alimentaria

Pero esta situación presenta tanto retos evidentes como oportunidades que quizás no lo sean tanto.

Los principales retos inmediatos serían:

  • la aparición de protestas y situaciones de inseguridad a causa de la crisis alimentaria;
  • una mayor inseguridad alimentaria con un aumento de los casos de desnutrición que exijan intervenciones urgentes;
  • el aumento del coste de las importaciones de alimentos y de los programas de ayuda alimenticia; y
  • la utilización por parte de los gobiernos de medidas de control de precios, limitaciones a la exportación y la eliminación de los aranceles de importación.

Entre las posibles oportunidades se contarían:

  • los posibles beneficios para los agricultores y ganaderos;
  • las novedades que se pueden introducir en los sistemas de ayuda alimenticia; y
  • las mejoras que se apliquen a las políticas de comercio de productos agrícolas.

La consecuencia más inmediata y alarmante consiste en el creciente descontento social y político aparecido en muchos países a causa de la crisis de los alimentos. Se trata de un riesgo particularmente elevado en los países que acaban de sufrir conflictos violentos, donde la seguridad todavía resulta bastante frágil y los avances políticos y económicos pueden descarrilar con facilidad.

En algunos casos los esfuerzos de estabilización pueden resultar seriamente perjudicados, al verse presionadas las misiones de pacificación para que apoyen los esfuerzos gubernamentales encaminados a sofocar los disturbios y convertirse el personal internacional y sus instalaciones (como los depósitos de alimentos) en objetivos de posibles ataques.

Si los problemas continúan en la forma previsible, tan sólo las necesidades adicionales para cuestiones humanitarias podrían costar miles de millones de dólares más

Al margen de las respuestas de seguridad inmediatas, como la realizada en Haití, hacen falta también otros esfuerzos urgentes, como los siguientes:

  • tener en cuenta el descontento provocado por la crisis alimentaria dentro de los sistemas de alerta temprana ante conflictos;
  • integrar la seguridad alimentaria en las actividades de fomento de la paz;
  • preparar planes de contingencia;
  • vigilar los mercados y precios alimentarios (especialmente en áreas urbanas); y
  • analizar cómo pueden las agencias y misiones de pacificación hacer frente a disturbios multitudinarios.

También se podría investigar el posible despliegue de equipos de capacidades de emergencia con experiencia en la respuesta ante ese tipo de eventos complejos.

Los alimentos para distribuciones de emergencia no solamente son urgentes, sino que cada vez resultan más caros, lo que perjudica la capacidad de respuesta internacional. En el momento de escribir este artículo el Programa Mundial de Alimentos había solicitado 750 millones de dólares adicionales para poder cumplir los programas presupuestados para 2008, una suma que sigue subiendo día a día. Muchas organizaciones y agencias necesitarán nuevas inyecciones monetarias para hacer frente a los costes de adquisición y transporte de los alimentos que actualmente distribuyen.

Si los problemas continúan en la forma previsible, tan sólo las necesidades adicionales para cuestiones humanitarias podrían costar miles de millones de dólares más. No está nada claro de dónde saldrán esos nuevos recursos, ni el efecto que pueden tener sobre otros tipos de asistencia humanitaria. Muchas personas que dependen de la ayuda alimenticia exterior pueden ver reducidas las raciones que reciben. La comunidad de donantes tiene que estar preparada para aportar una cantidad apreciable de recursos adicionales y abordar seriamente la cuestión de las prioridades respecto a la ayuda alimentaria y otras necesidades humanitarias.

Las Naciones Unidas deben mejorar urgentemente su sistema de evaluación de necesidades y análisis de vulnerabilidades, además de trabajar conjuntamente con los gobiernos para desarrollar redes de seguridad utilizando medidas como vales de comida o transferencias de efectivo, distribución de alimentos para las escuelas, programas de empleo o nutrición, y sistemas de seguros para la protección de los sectores de población más vulnerables.

En lo relativo al largo plazo, debe ayudarse a los productores rurales más pobres para que puedan aumentar su producción y aprovechar la oportunidad que les ofrecen unos precios altos de las materias primas. La producción de cereales de los países con bajos ingresos y déficit alimentario (LIFDC), exceptuando a China e India, se redujo en un 2,2 por ciento en 2007 mientras los precios internacionales subían. En muchos de esos países el rendimiento sigue siendo inferior a la media mundial por la falta de fertilizantes, variedades de cultivo de alto rendimiento, sistemas de riego, gestión de nutrientes y pesticidas integrada, y sistemas de cultivo conservacionistas.

La FAO ya ha emprendido diversas actuaciones para hacer frente al alza de los precios de los alimentos. En diciembre de 2007 lanzó una iniciativa para ayudar a los gobiernos de los países más afectados a potenciar la producción agrícola, que está siendo desarrollada en colaboración con el Banco Mundial, varias instituciones regionales, otras agencias con base en Roma y diversos gobiernos nacionales, con el fin de identificar las necesidades de inversión más urgentes en el sector agrícola.

Al igual que esta iniciativa implica trabajar de forma conjunta para ayudar a los agricultores a producir lo que quieren y necesitan, también la comunidad de seguridad puede trabajar conjuntamente con otros sectores para garantizar que este tipo de cuestiones se abordan y tienen en cuenta.

De este modo se podrá evitar que los alimentos pasen de ser un grave problema humanitario a una importante cuestión de seguridad.

José María Sumpsi Viñas

Preguntas y respuestas

¿Cuánto ha subido el precio de los alimentos?
¿Dónde existe un problema de seguridad?
¿Cuáles son las zonas más perjudicadas a causa este fenómeno?
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