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Los talibanes: ¿desdoblamiento de personalidad?

No sólo ha cambiado la táctica de los talibanes; también su estructura, ideología e integrantes han ido evolucionando desde 2001. Paula Hanasz analiza un libro recientemente publicado que estudia cómo y por qué se han producido estos cambios.

Las canciones revolucionarias ensalzan a quienes anteriormente habían prohibido todo tipo de música; los videos relatan las hazañas de la gloriosa guerrilla, que lucha para erradicar todas las imágenes de objetos animados; y mediante Internet y los teléfonos móviles se promueve una organización que ataca y amenaza a los operadores de telecomunicaciones. Bienvenidos al mundo de los neo-talibanes.

Escenas como esas se describen en el último libro de Antonio Giustozzi, dedicado a la insurgencia en Afganistán en el periodo 2002-2007. Giustozzi expone su punto de vista sobre la creciente actividad insurgente como parte del movimiento yihadista internacional y las diferencias ideológicas y tácticas entre los talibanes actuales y los anteriores a 2001.

En “Koran, Kalashnikov and Laptop” Giustozzi sostiene que el uso de la tecnología por los neo-talibanes ha provocado un cambio en sus tácticas de propaganda y armamento. Han adoptado de sus aliados yihadistas extranjeros una actitud más liberal hacia tecnologías y técnicas de importación: las cintas y CDs de canciones yihadistas se venden en los mercados a pesar de las prohibiciones gubernamentales, las cámaras de vídeo están presentes en los combates, y sus jefes están equipados con ordenadores portátiles incluso cuando actúan en el mismo Afganistán, en donde es raro encontrar un suministro eléctrico fiable.

Los videos de propaganda muestran confesiones y ejecuciones de “espías”, entrevistas con comandantes más o menos famosos, y actuaciones de yihad por todo el mundo (especialmente en Iraq). Desde 2003 los talibanes han adquirido cientos de motocicletas para usarlas como medio de transporte, reconocimiento, comunicaciones, coordinación en el campo de batalla y ataques contra los controles de carreteras. A menudo esas motos van equipadas con cargadores para teléfonos móviles.

Según Giustozzi, la trascendencia de los vínculos extranjeros estriba en que han hecho cambiar el objetivo de la insurgencia desde la simple lucha de liberación a la yihad global

Los neo-talibanes llevan un cierto retraso respecto a sus homólogos iraquíes en lo relativo a la fabricación de Artefactos Explosivos de Improvisados (IEDs), pero las diferencias se han acortado en gran medida a lo largo de 2006.

Por otra parte la tecnología de los ataques suicidas y el perfil de los voluntarios han mejorado sensiblemente, reduciendo el porcentaje de atentados fallidos de un 60-70 % en 2004 al 10-15 % del año siguiente. No hay duda alguna de que las mejoras en el armamento proceden del exterior, pues incluso los propios talibanes han reconocido recibir apoyo técnico y financiero de origen árabe.

Esta internacionalización es la segunda característica que distingue a los neo-talibanes. Mientras que los “viejos” talibanes no se suelen integrar en la nueva yihad, los extranjeros (especialmente los árabes y paquistaníes) sí lo hacen.

Sin embargo, Giustozzi se muestra escéptico sobre el beneficio obtenido de esta ayuda por los insurgentes, señalando que los comandantes, que son siempre afganos, consideran que los voluntarios extranjeros a menudo se comportan de forma indisciplinada y extremista, hasta el punto de haber tenido que pedir a algunos de ellos que se marchasen para evitar enfrentamientos con la población local.

Y son estos extranjeros, poco familiarizados con el terreno y sin ningún tipo de conexión con la población local, los que sufren una mayor tasa de mortalidad. Según Giustozzi, la trascendencia de los vínculos extranjeros estriba en que han hecho cambiar el objetivo de la insurgencia desde la simple lucha de liberación a la yihad global.

Los “ocupantes” no constituyen el objetivo principal de los ataques de los neo-talibanes. Se trata de una táctica deliberada, importada de Iraq, consistente mantener ocupadas a las fuerzas aliadas e ir desgastándolas. En este aspecto la estrategia de los neo-talibanes es diferente a la de la insurgencia clásica: la victoria sólo es válida si se obtiene a nivel global.

Guerra, sí, pero ¿de qué clase?

Giustozzi pretende encajar estas nuevas tácticas y actitudes con los métodos y teorías conocidos. ¿Están los neo-talibanes haciendo una guerra de baja intensidad? ¿Han estado leyendo a Mao Tse-tung? ¿Son los insurgentes un modelo de la “guerra de cuarta generación”? ¿O se trata de una combinación de las tres opciones anteriores?

Giustozzi llega a una primera conclusión provisional de que se trató de una guerra de guerrillas de baja intensidad hasta el año 2005, cuando surgió la tendencia yihadista internacional. Pero no lo afirma categóricamente y parece invitar al lector a discutir, debatir y formarse su propia opinión.

Reconoce que todavía no está claro si continuará esta deriva hacia la yihad internacional o se acabará limitando a algo parecido los partidos islamistas de Paquistán que, no obstante su carácter reaccionario, aceptan participar en los procesos electorales.

Pero a pesar de que la insurgencia en Afganistán forme parte de un movimiento global, los neo-talibanes gastan en un año menos del 1 % del gasto mensual el ejército norteamericano en Afganistán; sus radios de campaña son aparatos comerciales con frecuencias prefijadas que permiten que cualquiera pueda enterarse de sus planes operativos; y aún contando con las mejoras tecnológicas implementadas en los IDE y ataques suicidas y el armamento de importación, sus arsenales son muy inferiores a los de la OTAN. Entonces, ¿por qué asegura Giustozzi que está fracasando el esfuerzo contrainsurgente?

La insurgencia, dice, sería una simple molestia si no hubiera sido capaz de aprovecharse de las debilidades intrínsecas del estado afgano (tanto antes como después de 2001)

Giustozzi considera que la incoherencia estratégica constituye una parte del problema. Sostiene que los esfuerzos norteamericanos han ido oscilando entre el planteamiento tradicional (la erradicación permanente de los baluartes talibanes para evitar que consoliden su poder) y el alternativo basado en la prevención, mediante la asistencia y el desarrollo. Y no está convencido de que ninguna de las dos estrategias –incluso si se las hubiera usado de forma continuada y coherente– hubiera logrado una derrota clara de los insurgentes.

La insurgencia, dice, sería una simple molestia si no hubiera sido capaz de aprovecharse de las debilidades intrínsecas del estado afgano (tanto antes como después de 2001). Por eso las soluciones técnicas no podrán resolver un problema que, en última instancia, es de tipo político.

Al igual que ocurre con los esfuerzos de contrainsurgencia, este libro se ha ido desarrollando “sobre la marcha”. Pero a pesar de haberse escrito en pocos meses resulta detallado, claro y bien enfocado; solamente algunos diagramas y cuadros de poca calidad dejan traslucir la prisa con que fueron hechos.

El autor ha estado investigando y escribiendo sobre Afganistán durante más de diez años y complementa sus fuentes (citadas exhaustivamente) con entrevistas personales con representantes de los talibanes y de la coalición. Giustozzi conoce íntimamente a los actores principales, las rivalidades y estructuras tribales, y la historia de las luchas por el poder local.

Aunque no resulta de tan fácil lectura como el ya clásico “Talibanes”, escrito por Ahmed Rashid en 2001, el punto fuerte de este libro reside en su carácter actual: no se trata de un análisis a posteriori de lo que salió mal y lo que debería haberse hecho, ni de una tesis redactada para polemizar o establecer teorías, sino de un libro corto y escrito deprisa porque trata un fenómeno en continua evolución que se está produciendo ahora mismo. Giustozzi manifiesta explícitamente que lo que pretende es estimular e iniciar un debate político, no hacer una autopsia.

Giustozzi ha sacrificado una mayor amplitud en la cobertura del tema en favor de la oportunidad. El resultado es una especie de tarea inacabada, un primer intento de definir a los neo-talibanes y realizar una clasificación de la insurgencia para estimular la discusión política entre quienes pueden influir en los resultados de las actuaciones de contrainsurgencia.

No se trata sólo de un “quién es quién” del terrorismo en Afganistán desde 2002, sino que también se analiza el “qué” y el “por qué”.

Paula Hanasz

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