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Hacia la Cumbre de Bucarest

El Presidente rumano Traian Băsescu describe los avances que espera se consigan durante la Cumbre de la OTAN de este año.

Este año Rumanía tendrá el honor de ser la anfitriona de la Cumbre de la OTAN en Bucarest.

El acontecimiento se celebrará en un momento y lugar cargados de simbolismo. Desde la creación de la Asociación para la Paz, hace 14 años, la OTAN se ha incrementado en diez nuevos miembros. La Alianza ha forjado una cultura de cooperación, asesorado en cuestiones sobre reforma de la defensa y desarrollado el diálogo político. Y todo ello respetando los intereses y necesidades de sus Socios que se extienden desde los Balcanes hasta Europa Oriental, y a través del Mar Negro hasta el Cáucaso y Asia Central.

La ampliación ha sido un esfuerzo acertado y con visión de futuro. Los miembros de la OTAN han reforzado su propia seguridad al extenderla a otros países que comparten valores comunes. Además, la Alianza ha desarrollado una amplia red de asociaciones que nos permite proteger y fomentar mejor esos mismos valores. Mediante la integración y la asociación la OTAN ha contribuido a unir a Europa en torno a la libertad, la estabilidad y la democracia.

En el Este, la región del Mar Negro forma parte de esa labor de fomento de la democracia y la estabilidad por toda Europa. Esta región, que se encuentra en pleno cruce de caminos entre Europa, Asia Central y Oriente Medio, también representa un centro neurálgico para el comercio, la energía y los transportes. Los gobiernos y los pueblos trabajan en pos de la seguridad, la modernización y la mejora del nivel de vida, mientras se enfrentan a viejos conflictos y redes criminales transfronterizas. Se ha avanzado en las reformas y transformaciones democráticas, pero siguen existiendo muchos retos y todavía resultan imprescindibles la ayuda y apoyo de la OTAN.

Para conseguirlo es necesario que Rusia intervenga en el proceso.

La asociación entre la OTAN y Rusia ha iniciado una nueva década de existencia. A pesar de los obstáculos sigue constituyendo un elemento estratégico para impulsar la seguridad de la zona euroatlántica. Rumanía está interesada en una asociación sólida entre la OTAN y Rusia, que pueda contribuir a los regímenes de control de armamentos en Europa, la lucha antiterrorista y el fomento de la estabilidad y la democracia tanto en el área euroatlántica como fuera de ella. Nuestra asociación con Rusia ofrece un diálogo y cooperación francos y abiertos entre socios iguales, basados en el interés común de la mejora de la seguridad europea e internacional.

La Alianza ha forjado una cultura de cooperación, asesorado en cuestiones sobre reforma de la defensa y desarrollado el diálogo político.

A la vez que ha desempeñando un papel crucial en la seguridad europea, la OTAN ha intentado impulsar la estabilidad fuera de Europa. A los que cuestionan nuestra nueva agenda sólo les podemos contestar resaltando que la defensa colectiva transatlántica no puede desarrollarse de forma aislada.

Tras el 11-S la OTAN activó por primera vez la cláusula de defensa colectiva, demostrando no sólo su compromiso con el carácter fundamental de la Alianza, sino también nuestra capacidad para responder ante las nuevas amenazas y retos de seguridad, como el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva y la inestabilidad regional. Hemos emprendido una operación de seguridad marítima en el Mediterráneo y convertido la cooperación antiterrorista en una prioridad para todas nuestras asociaciones. Y hemos levantado puentes con otras regiones fuera de Europa, creando nuevos vínculos con los países del Norte de África y Oriente Medio a través del Diálogo Mediterráneo y la Iniciativa de Cooperación de Estambul.

La adaptación de la OTAN a un entorno de seguridad en continuo cambio ha supuesto una valiosa contribución a la seguridad internacional, no sólo porque la inestabilidad en zonas remotas puede llegar a afectar al área transatlántica, sino también porque la Alianza tiene el conocimiento y los medios necesarios para ayudar a fomentar e impulsar la seguridad, en colaboración con las Naciones Unidas y la UE. Por eso hemos realizado en Afganistán la mayor inversión financiera y de personal de la Alianza desde la guerra fría. Un Afganistán estable resulta esencial para la estabilidad y prosperidad en Asia Central y Meridional, lo que a su vez beneficiará a Oriente Medio y Europa. Nos gustaría ver cómo las antiguas rutas de la seda vuelven a difundir estabilidad y cooperación, en vez de terrorismo y narcóticos.

Los próximos pasos en Bucarest

Esperamos que la contribución de la OTAN a la estabilidad y seguridad dé un nuevo paso hacia delante en Bucarest. Debemos iniciar un serio debate sobre una nueva perspectiva estratégica que contribuya a mantener la Alianza como una organización fuerte, capaz de afrontar los cambiantes retos de seguridad cercanos y lejanos, y preparada para integrar a los países socios con capacidad y voluntad para contribuir a alcanzar sus objetivos y misiones.

En la Cumbre de Bucarest confiamos en poder invitar a Albania, Croacia y la antigua República Yugoslava de Macedonia* a ingresar en la Alianza como nuevos miembros, y les animamos a acelerar sus preparativos al respecto.

Tenemos la intención de potenciar la Asociación Euroatlántica, que constituye la política principal de la OTAN para su compromiso con Europa y Eurasia.

Queremos que la OTAN reafirme su compromiso con los Balcanes Occidentales manteniendo su presencia en Kosovo y potenciando sus asociaciones con Bosnia-Herzegovina, Montenegro y Serbia.

También esperamos que la Alianza continúe su política de implicación y expansión en la región del Mar Negro, reforzando su apoyo a las aspiraciones euroatlánticas de Georgia y Ucrania, y su asociación con la República de Moldavia, Armenia y Azerbaiyán. Georgia ha realizado grandes avances en su transformación democrática y en sus contribuciones a las operaciones de la OTAN. Esperamos que la Cumbre finalice con la aprobación de decisiones que ayuden a Georgia en su esfuerzo por cumplir el Plan de Acción para la Adhesión de la Alianza.

Estamos también dispuestos a ayudar a Ucrania en la consecución de sus objetivos de integración euroatlánticos, basados en una voluntad política sostenida y el apoyo de su población. La OTAN debe seguir desarrollando su cooperación con los Socios en Asia Central para apoyar la seguridad regional y euroatlántica.

Debemos iniciar un serio debate sobre una nueva perspectiva estratégica que contribuya a mantener la Alianza como una organización fuerte, capaz de afrontar los cambiantes retos de seguridad cercanos y lejanos.

Bucarest representará también una oportunidad para seguir desarrollando la amplia contribución de la OTAN a la seguridad internacional. Esperamos con ilusión la reafirmación del sólido compromiso de la Alianza con Afganistán y la renovación de nuestras estrategias junto a los socios que colaboran en las misiones. También confiamos en que la Cumbre servirá para remarcar la renovada cooperación entre la OTAN y las Naciones Unidas, además de unos lazos más fuertes con nuestros socios en materia de seguridad –Australia, Japón, Nueva Zelanda y la República de Corea– basados en el interés común.

Tenemos que difundir el mensaje de que una OTAN fuerte y activa potencia una Unión Europea fuerte, y viceversa. La ampliación de la asociación entre al UE y la OTAN en Kosovo, Afganistán y otros lugares seguirá siendo una de las prioridades de Rumanía, y esperamos que ese proceso sirva también para acercar Turquía a Europa.

La Cumbre sería el mejor foro para impulsar el desarrollo de un sistema de defensa de misiles de la OTAN, que se integre y complemente con el que ha desarrollado Estados Unidos. La continua proliferación de armas de destrucción masiva y de sus medios de lanzamiento provoca que creamos firmemente que los Aliados deben seguir trabajando muy en serio en este campo. La indivisibilidad de la seguridad, defensa colectiva y solidaridad transatlánticas seguirá resultando un factor esencial. Y la OTAN debe estar en primera fila en esta empresa.

También esperamos con interés la definición del valor añadido que puede aportar la OTAN en la seguridad energética, avanzando un paso más en los acuerdos de la Cumbre de Riga. Tenemos que acelerar el proceso de identificación del papel de la Alianza en ese campo, utilizando solamente los activos de la organización y evitando duplicidades. Y debemos tener en mente que las cuestiones energéticas están íntimamente ligadas a la protección medioambiental.

En resumen, la Cumbre de Bucarest podría convertirse en un puente que conecte los compromisos de la OTAN a nivel euroatlántico y global, así como nuestros logros del pasado y las nuevas tareas, poniendo la vista en la Cumbre del aniversario, en 2009, y las que se celebren posteriormente. Tenemos la oportunidad de abrir debates y comenzar a diseñar nuestro rumbo hacia un nuevo concepto estratégico que ampliará las capacidades y misiones de la OTAN para asegurar la estabilidad tanto dentro de la zona euroatlántica como fuera de ella.

El Sr. Traian Băsescu, Presidente de Rumanía

Desde Afganistán hasta Bucarest, la OTAN está cambiando

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