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Como una montaña rusa...

Robert Pszczel nos ofrece su visión personal sobre los cambios que se han producido en los medios de comunicación a lo largo de su carrera… a los dos lados del Telón de Acero.

Todos hemos notado que los medios de comunicación han evolucionado a gran velocidad durante las últimas décadas. Pero mi experiencia personal de los últimos veinte años me ha permitido contemplar los dos extremos de todos estos cambios –desde los viejos medios de comunicación del bloque soviético en la época de la guerra fría hasta los oficiales de enlace para los nuevos medios en el Cuartel General de la OTAN en Bruselas.

Comparemos dos instantáneas. Una, en 1988, nos lleva de regreso a Varsovia. Recuerdo la atmósfera de censura relajada (pero todavía activa) que se aplicaba a los medios de comunicación polacos. Mi trabajo por aquel entonces en un diario me trae a la memoria los violentos debates sobre las posibilidades de una verdadera democracia asociada al resurgimiento del movimiento Solidaridad –que jamás podrían llegar a aparecer en las publicaciones oficiales, pero se mantenían vivos en la prensa clandestina y en las reuniones ilegales.

Curiosamente, los recuerdos más nítidos de aquella época se refieren a problemas rutinarios, relacionados con el estado arcaico de la “infraestructura de los medios de comunicación” como:

• el olor del plomo en la imprenta donde se preparaban las ediciones de la mañana, utilizando normalmente tecnologías bastante rudimentarias.

• el placer de escribir artículos de corresponsales en el extranjero que dictaban sus crónicas a través de una chirriante línea telefónica.

• y la diversión de recoger y enrollar las largas tiras de papel del télex de las agencias de noticias oficiales.

Nada de Internet, ni teléfonos móviles, ni blackberris.

Y ¿qué se puede decir respecto los debates públicos sobre política exterior y de seguridad? Cualquier mención a la OTAN –a menos que fuese acompañada de una condena tajante de esa “maquinaria belicista"– ponía furiosos a los censores. Las cifras de participación en elecciones municipales en ciudades en las que había un número importante de militares no se podían publicar para no dar al “enemigo” (¿la OTAN?) ninguna pista sobre posibles desviaciones en las fuerzas armadas. A los periodistas que trataban de obtener cifras reales sobre los gastos de defensa se les decía que se buscasen otros temas porque este tipo de información se consideraba secreto oficial.

En resumen, intentar debatir sobre el contenido del último comunicado del Pacto de Varsovia resultaba completamente inútil –y suponía un riesgo para tus perspectivas laborales...

Cualquier mención a la OTAN –a menos que fuese acompañada de una condena tajante de esa “maquinaria belicista"– ponía furiosos a los censores.

Y sin embargo, aún entonces, a pesar del ambiente hostil se mantenía un cierto flujo de información. Algunas publicaciones especializadas publicaban evaluaciones profesionales sobre las últimas tendencias en tecnología de defensa. Los compañeros que regresaban del extranjero compartían resúmenes de los principales artículos publicados en las capitales de la Alianza. Y algunas mentes valerosas empezaron a hacer cábalas sobre las posibles líneas de actuación en política de seguridad cuando se hubiese derrumbado el antiguo régimen.

Los que no disponían de libertad para analizar el presente y predecir las futuras tendencias militares, tenían que mirar... al pasado. Se escribieron un montón de comentarios fascinantes sobre antiguas batallas y campañas –con conclusiones muy actuales. Recuerdo un artículo histórico sobre las campañas de Alejandro Magno que de algún modo consiguió pasar el filtro de la censura a pesar de que el blanco de sus críticas mordaces tenía una sorprendente semejanza con las tácticas usadas por el ejército soviético en los años 80.

Volvamos a 2008 y veremos que parece como si aterrizáramos en otro planeta.

Ahora no tengo que preocuparme porque el gobierno censure mis artículos sobre la política de seguridad o la OTAN: de hecho ¡me pagan por ellos! Polonia, junto con otros diez países pertenecientes anteriormente al Pacto de Varsovia, se ha integrado plenamente en la Alianza. Y se trata de una OTAN muy diferente.

Ahora no tengo que preocuparme por que el gobierno censure mis artículos sobre la política de seguridad o la OTAN: de hecho ¡me pagan por ellos!

Tras sus esfuerzos estabilizadores en los Balcanes (todavía en curso, especialmente en Kosovo), la atención de la Alianza se centra ahora en Afganistán. Los medios de comunicación (tanto locales como regionales o internacionales) cubren los acontecimientos con todo detalle. Los comentarios políticos, análisis militares y relatos de civiles y militares que intervienen en la misión en Afganistán aportan un flujo permanente de noticias –publicadas o emitidas.

Mis compatriotas, al igual que los ciudadanos de otros países que aportan tropas a la ISAF, siguen estas informaciones con enorme interés. Y, naturalmente, no se conforman con los comunicados y declaraciones oficiales. Se busca información en sitios web, artículos, fotografías, vídeos, audios de conferencias de prensa y módulos de Ipod. Incluso han llegado a ser habituales los blogs de personas destacadas sobre el terreno. Y los periodistas integrados en unidades militares permiten que los telespectadores y lectores puedan seguir en directo los enfrentamientos.

Para un servicio de prensa como el nuestro la rapidez del tiempo de respuesta representa un desafío especial. Los periodistas no están preparados para esperar una información o unos comentarios durante mucho tiempo –la presión ejercida por los canales de noticias de 24 horas y los plazos cada vez más acuciantes (las agencias de prensa internacionales son un buen ejemplo de ello) incrementan el valor de la coordinación y el intercambio de información entre los componentes civiles de la OTAN.

El equipo de prensa de la Alianza se enfrenta a todos estos problemas. Sabemos que es mucho lo que está en juego. Los contribuyentes deben saber en qué se gastan sus impuestos. La mala información puede afectar al apoyo a la misión. Y nosotros tenemos que plantar cara a a saboteadores como terroristas, insurgentes y talibanes, cuyas mentiras y tácticas de intimidación se difunden por los medios de comunicación, antiguos y modernos, y que deben ser refutadas con toda firmeza.

Una última observación. La mayoría de la gente sabe que la OTAN realiza misiones de seguridad, como las de Afganistán, Kosovo y el Mediterráneo, y la misión de adiestramiento en Iraq. Pero la Alianza se enfrenta también a desafíos que se salen del terreno puramente militar. La defensa en la ciber-guerra, la seguridad de la energía y la lucha contra el terrorismo presentan unos importantes componentes políticos, presupuestarios y técnicos.

Así que, a pesar de los enormes cambios geopolíticos que se han producido en Europa y de los impresionantes avances tecnológicos conseguidos en el mundo de los medios de comunicación en las últimas dos décadas, existe un principio que se mantiene inalterable: la información sobre seguridad internacional sigue siendo esencial. Todavía queda mucho por decir al respecto. Sigan atentos a esta página...

Robert Pszczel

Los viejos tiempos: hoy en día, la gestión de los medios requiere mucha más capacidad

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