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¿Sabe usted hablar con los rinocerontes?

Nicholas Lunt, antiguo portavoz de la ISAF (Fuerza Internacional de Apoyo a la Seguridad) que ha regresado recientemente al Reino Unido procedente de Afganistán, habla sobre cómo lograr comunicar con claridad, tanto de forma general como en el caso particular de Afganistán.

En la película “Doctor Doolittle” (1967), el protagonista intenta aprender el lenguaje de los animales. “Nos abriría todo un nuevo mundo”, asegura.

Charlaría con el oso polar y la serpiente pitón.

Y maldeciría con fluidez en el idioma de los canguros.

Si la gente me preguntara “¿sabe hablar con los rinocerontes?“,

les diría “Por supuesto que sí, ¿usted no?”.

El Dr Doolittle logra aprender a “hablar con los rinocerontes”. Gracias a esta capacidad mágica, por primera vez en la historia el reino animal confía en un ser humano. El Doctor se dedica a curar a animales enfermos de todas partes y a arreglar los malentendidos que surgen entre animales y humanos.

¿La moraleja? El empleo del lenguaje adecuado es el principio fundamental de cualquier comunicación eficaz. Pero el matiz, el tono de voz, la alegoría y la metáfora constituyen la esencia de la auténtica interacción humana, tanto verbal como escrita. La gente normal no se comunica con los demás empleando el lenguaje de los tratados gramaticales y lingüísticos. Así que ¿hasta qué punto es eficaz la OTAN a la hora de “hablar con los rinocerontes”?

En abril de 2007 se volvía a emprender el programa de erradicación del cultivo de la amapola en el sur de Afganistán. El mandato de la ISAF respecto a este programa resulta bastante complejo y lleno de matices. La versión oficial es que el Gobierno de la República Islámica de Afganistán (GoIRA) es quien debe dirigir tanto la erradicación de la amapola como la lucha contra las drogas en general.

Existen buenos argumentos para apoyar esta tesis. En lo que se refiere a las tropas de la ISAF, es lógico que se quiera evitar el enfrentamiento con la ya de por sí volátil y excesivamente vulnerable población rural. La ISAF no debe parecer implicada en actividades que perjudican las posibilidades de supervivencia de una población inmersa en una economía de subsistencia y totalmente rural.

Hasta ahora las tropas de la ISAF han evitado verse directamente envueltas en actividades de lucha antidroga. En abril de 2007 la ISAF sintió la necesidad de reforzar su posición. Se organizó una campaña para explicar a la población local que en los próximos meses serían las autoridades de seguridad afganas y no las tropas de la ISAF las encargadas de la eliminación de la amapola en la región. La ISAF necesitaba marcar distancias con el proceso sin que disminuyera por ello su reputación como fuerza de seguridad eficaz.

Probablemente baste con esta breve explicación del dilema al que se enfrentaba la ISAF para que el lector comprenda que el lenguaje y la simbología usados para comunicar el mensaje deseado en la forma adecuada deben estar perfectamente matizados. Y encima hay que contar con el bajo grado de alfabetización de la población.

Ante una situación tan delicada como ésta lo aconsejable es que los canales y herramientas utilizados para la comunicación de los mensajes deberían consistir siempre en fuentes locales de confianza. Desgraciadamente las zonas con más cultivo de amapolas son, de momento, las mismas en las que el sistema judicial del GoIRA es muy débil o prácticamente inexistente.

El lenguaje y la simbología usados para comunicar el mensaje deseado en la forma adecuada deben estar perfectamente matizados. Y encima hay que contar con el bajo grado de alfabetización de la población.

El resultado fue que la ISAF preparó una serie de instrumentos informativos, entre ellos folletos gráficos repartidos desde el aire y anuncios en emisoras de radio. Se contó con personal afgano para ayudar a preparar el material, que se probó con varias muestras representativas de la población. A partir de la información así obtenida se hicieron los ajustes finales antes de enviar el material a sus objetivos.

Unos días más tarde llegaban malas noticias al Cuartel General de la ISAF en Kabul, mucho más al norte: la situación se había vuelto problemática.

Merced a la campaña de información de la ISAF los habitantes de la provincia de Helmand habían comprendido que la ISAF se mantendría al margen de la campaña de erradicación del cultivo de amapolas. Eso estaba muy bien.

Sin embargo, la población local también había llegado a la conclusión de que las tropas de la ISAF no defenderían a las fuerzas afganas de seguridad antinarcóticos si eran atacadas mientras intentaban cumplir su misión. Inadvertidamente los mensajes de la ISAF habían dado la impresión a los cultivadores de amapola de Helmand de que se iban a tolerar los ataques que se produjeran contra la policía afgana que interfiriera en sus negocios.

Se trata de uno de los peores ejemplos que pueden citarse, junto a otros de mucho menor importancia y gravedad, de cómo la ISAF u otros organismos internacionales hacen todo lo que pueden para comunicarse con los afganos –para acabar descubriendo que “no saben hablar con los rinocerontes”. Lo cierto es que en Afganistán los extranjeros nunca serán capaces de “hablar con los rinocerontes” de forma adecuada. Y creo que deberíamos dejar de intentarlo.

Por supuesto, la OTAN tiene un mandato legítimo para explicar sus actividades a la opinión pública de los países que aportan tropas. Y es probable que necesite más y mejores recursos para conseguir hacerlo con eficacia. Pero estoy firmemente convencido de que explicar la misión de la ISAF a los afganos es una tarea que sólo puede ser llevada a cabo por afganos que hablen en nombre de la ISAF.

La ISAF está aprendiendo que es mejor que sus operaciones cinéticas las lleven a cabo las fuerzas afganas –o al menos que exista la percepción de que eso es lo que está ocurriendo. Lo mismo podría decirse de sus esfuerzos de comunicación.

En los últimos doce meses he sido testigo de cambios importantes en la forma en que la ISAF contempla el futuro de sus operaciones en Afganistán. La diferencia esencial reside en el énfasis que se pone en desarrollar las capacidades autóctonas. Generalmente se acepta que la comunicación estratégica (que abarca las operaciones de información, de medios de comunicación social y psicológicas, entre otras) representan una de las herramientas más importantes en las operaciones de contrainsurgencia o de fomento de la paz. ¿No debería existir cierta correspondencia entre los esfuerzos y la energía empleados en lograr la capacidad “cinética” y el interés orientado a las capacidades de comunicaciones estratégicas?

Adiestrar a los comunicadores estratégicos afganos para que operen eficazmente en un entorno como el de Afganistán representa todo un reto para la ISAF. La comunicación estratégica no constituye una disciplina fundamental para la mayoría de los ejércitos de la OTAN, lo que significa que los recursos disponibles para este adiestramiento resultan bastante escasos.

Adiestrar a los comunicadores estratégicos afganos para que operen eficazmente en un entorno como el de Afganistán representa todo un reto para la ISAF.

El potencial humano disponible en Afganistán con capacidad suficiente para diseñar e implementar unas comunicaciones estratégicas eficaces es aún más reducido. La sociedad afgana adolece de unas tendencias autocráticas que se han visto agravadas por los casi veinte años de régimen comunista, y que perjudican seriamente los esfuerzos de la ISAF en pos de una comunicación convincente y creíble.

La solución, por tanto, consiste en ayudar a las fuerzas de seguridad afganas a explotar de la mejor forma posible las capacidades comunicativas tradicionales y muy localizadas –redes tribales, y líderes locales o religiosos. El empleo de estos canales tradicionales no anula la necesidad de desarrollar un planteamiento profesional y organizado.

La planificación detallada constituye la clave del éxito de la comunicación estratégica y debe abarcar la preparación e interpretación de la investigación y desarrollo de una planificación interrelacionada y multinivel. Deben emplearse una gran cantidad de recursos técnicos y capacidades para llevar a cabo campañas integradas y medir sus efectos.

Hará falta tiempo para conseguir crear estos recursos y habilidades. Cuanto antes se adopte un planteamiento sistemático para desarrollar estas capacidades, mucho mejor.

Quizás sea ya demasiado tarde para que la OTAN aprenda a “hablar con los rinocerontes”, pero no para ayudar “a los que saben hablar con los rinocerontes” a comunicarse de una forma más eficaz.

Talento local: La transmisión de los mensajes a la audiencia local ¿debe restringirse a los naturales del país?

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