Historia
La asociación de Suecia con la OTAN
Dag el diplomático: El primer Secretario General sueco de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld
( © AP / Reporters)
Ryan Hendrickson comenta la forma en la que Suecia ha logrado sacar el máximo partido tanto de su neutralidad como de la OTAN.
Durante los últimos 170 años Suecia ha mantenido una política de neutralidad en su política exterior. Ya a principios del siglo XX, con el rey Karl XIV Johan, este país evitó intervenir militarmente en conflictos internacionales. Así que no es una casualidad que no haya participado en ninguna guerra desde 1814.

Pero desde mediados de la década de los noventa Suecia ha ido cooperando cada vez más con la OTAN, y en la actualidad se está convirtiendo en un país que puede desempeñar un papel protagonista como proveedor de seguridad y un Socio fundamental para los Aliados.

No tan neutral en diplomacia internacional

Tras la Segunda Guerra Mundial la posición oficial de Suecia era de neutralidad, pero cuando se creó la ONU esté país dejó clara su posición favorable a la democracia y la protección de los derechos humanos. Para conseguir alcanzar ambos objetivos aportó algunos de sus diplomáticos más experimentados para ayudar a diseñar la agenda política internacional.

Entre los diplomáticos suecos que tras la Segunda Guerra Mundial desempeñaron este tipo de tareas se encontraba el “visionario” Dag Hammarskjöld, Secretario General de las Naciones Unidas. Hammarskjöld fue un estratega pionero que solicitó la intervención de fuerzas de paz internacionales para estabilizar las crisis políticas internacionales, lo que todavía sigue constituyendo un aspecto fundamental de la misión de la OTAN tras el final de la guerra fría.

Suecia está empezando a usar cada vez más a sus militares, a menudo en coordinación con los de la OTAN, para aprovechar sus capacidades diplomáticas
Otros ciudadanos suecos, como el ex Primer Ministro Olof Palme, y más recientemente Rolf Ekéus, Hans Blix y Jan Eliasson, han desempeñado también tareas diplomáticos significativas en las misiones de paz y seguridad de las Naciones Unidas. Han conseguido éxitos en países como Iraq, Mozambique, Namibia, Somalia y Sudán. Incluso hoy día el Ministro de Asuntos Exteriores sueco, Carl Bildt, es conocido por su anterior implicación en la promoción del proceso de pacificación y reconciliación en los Balcanes.

El uso de diplomáticos experimentados para actuar de mediadores constituye casi una característica intrínseca de los escandinavos. Por ejemplo, los diplomáticos noruegos desempeñaron un papel protagonista en la diplomacia internacional durante la gestación de los Acuerdos de Oslo entre israelitas y palestinos.

Noruega, país miembro de la OTAN, combina su diplomacia con sus alianzas militares. Pero ahora es Suecia la que está empezando a usar cada vez más a sus militares, a menudo en coordinación con los de la OTAN, para aprovechar sus capacidades diplomáticas.

Suecia y la OTAN

Aunque este país se mantuvo oficialmente neutral durante la guerra fría, los análisis históricos publicados por el gobierno sueco durante la década de los noventa muestran las estrechas relaciones entre Suecia y varios Aliados de la OTAN. Desde que se creó la Alianza, los responsables políticos suecos tenían la sensación de que en caso de ser atacados existía una cierta garantía de seguridad de facto por parte de algunos de los Aliados. Así que al menos en este aspecto los suecos no tenían nada de neutrales. Y existe también una larga tradición de discreta cooperación con los países de la OTAN en cuestiones conjuntas de seguridad.

A pesar de este tipo de acuerdos Suecia sabía que no podía descuidar sus necesidades militares y de defensa, y comprendía que debía disponer de un ejército moderno y profesional, capaz de defender su territorio. En la actualidad el proceso de modernización militar a largo plazo y el gasto en defensa han permitido la creación de unas fuerzas armadas profesionales y bien equipadas.

Suecia respalda su trabajo diplomático con tropas sobre el terreno ( © Rickard Wissman/Combat Camera/Swedish Defence Force)
En ellas se encuadran modernas aeronaves de transporte y combate, así como quince unidades militares preparadas para actuar en operaciones internacionales. Y sus constantes inversiones para garantizar que el avión JAS 39 Gripen pueda interoperar con las fuerzas de la OTAN hacen de Suecia un Socio cada día más compatible.

Así pues tanto la OTAN como Suecia fueron conscientes de las ventajas potenciales que ofrecía el anuncio de la Alianza en 1994 de la creación de la Asociación para la Paz (APP). Suecia se convirtió, casi inmediatamente, en un Socio oficial de los Aliados.

Los acuerdos de la APP ofrecen a Suecia la posibilidad de mantener una amplia relación con los Aliados, que incluye actividades como operaciones del entrenamiento conjunto en la gestión de rescates internacionales y la participación en los programas de retirada de minas de la Alianza en Albania y Serbia. En 1997 Suecia se convirtió también en miembro del Consejo de Asociación Euroatlántico (EAPC).

En la actualidad Suecia es una de los colaboradores más estrechos de los Aliados entre los numerosos socios que tiene la OTAN. Por ejemplo, en septiembre de este año Suecia destacó 260 efectivos en Afganistán en su calidad de país responsable del Equipo Provincial de Reconstrucción (PRT) de Mazar-e-Sharif. También mantiene unos 300 efectivos en la Fuerza para Kosovo (KFOR) de la Alianza.

Lo más importante es que Suecia ha demostrado que sus fuerzas armadas pueden desplegar en un corto espacio de tiempo
Las tropas suecas no sólo participan en operaciones de la OTAN. Hay otros 240 efectivos destacados en la misión de las Naciones Unidas en Liberia, así como 70 soldados en la misión de la Unión Europea (UE) en Bosnia.

Misiones suecas: lejos y rápido

Y lo más importante es que Suecia ha demostrado que sus fuerzas armadas pueden desplegar en un corto espacio de tiempo. En 2003 fue una de las primeras naciones en enviar fuerzas especiales a la misión de la UE en Bunia (República Democrática del Congo) contribuyendo así a evitar una crisis humanitaria de mayor magnitud.

Suecia está reformando sus fuerzas armadas para hacerlas más desplegables y profesionales siguiendo el modelo de la OTAN de transformación militar. Este objetivo quedó reflejado en sus Acuerdos de Defensa de 2004 y 2005.

Esta transformación ha quedado de manifiesto en su compromiso de crear, antes de 2008, el Grupo de Combate Nórdico, un marco militar multilateral que cuenta con la participación de Estonia, Finlandia y Noruega. El Grupo apoyará los esfuerzos de la Unión Europea para crear sus propias fuerzas de reacción rápida.

Suecia ha estado también activa en las misiones de entrenamiento de la recientemente creada Fuerza de Respuesta de la OTAN. Y durante la última década ha mantenido una amplia cooperación con los Aliados bálticos, ayudándoles en la transformación de su defensa y sus fuerzas armadas, y potenciando sus actividades conjuntas de vigilancia naval y aérea con sus vecinos noruegos, miembros de la Alianza.

Pero, a pesar de todos estos avances, existe un aspecto que sigue siendo motivo de preocupación: Suecia está disminuyendo el porcentaje de sus gastos militares desde 2001. En 2005 el porcentaje del Producto Interior Bruto que Suecia dedicó a gastos militares fue sólo del 1’5 %. Aunque la mayor parte del presupuesto de defensa estaba dedicada a gastos de investigación y desarrollo así como a adquisición de armamento, este constante descenso del gasto limitará la posibilidad de unos planes de modernización militar más ambiciosos. Este fue uno de los factores que motivaron la dimisión del entonces Ministro de Defensa, Mikael Odenberg, a principios de este año.

Experiencias adquiridas

¿Qué lecciones podemos extraer de las relaciones entre Suecia y la OTAN?

Primero, que la OTAN ha encontrado diversas formas de integrar a países no alineados y a nuevos Socios.

Segundo, aunque Suecia siga siendo un país “militarmente no alineado” queda claro que en lo referente a la OTAN es cualquier cosa menos neutral. Sus actividades en Afganistán y Kosovo, en las operaciones de entrenamiento de la OTAN y en la modernización de fuerzas demuestran que este país tiene la voluntad política y las capacidades militares necesarias para ser un auténtico “proveedor de seguridad” para los Aliados.

Finalmente, la dirección sueca del Equipo Provincial de Reconstrucción de Mazar-e-Sharif (Afganistán) y su participación en la KFOR indican que este país está influyendo en la agenda política internacional tanto con medios militares como con elementos diplomáticos tradicionales.

El Grupo de Combate Nórdico constituye en muchos aspectos un ejemplo excelente de la política exterior y de seguridad sueca. Implica cooperación multilateral, modernización de la defensa y esfuerzos conjuntos con dos Aliados, pero manteniendo un cierto grado de independencia respecto a la Unión Europea y la OTAN.

Compromiso sin integración

Suecia sabe que las amenazas modernas contra la seguridad necesitan una cooperación multilateral y una presencia militar activa en el exterior; ser “neutral” con el terrorismo y las violaciones masivas de los derechos humanos constituye una política insostenible. Por otra parte, mientras que la mayoría de los suecos apoyan estos cambios políticos, existe mucho menos consenso en cuanto a una posible integración de su país en la OTAN.

En algunos asuntos la ya larga relación entre Suecia y la OTAN no puede compararse con ninguna otra. Pero también sirve para demostrar que –aunque la población todavía no apoye plenamente la integración en la OTAN– existen vías para que los miembros del EAPC y la APP puedan realizar importantes contribuciones a los objetivos de seguridad de los Aliados.

Tal y como ha demostrado Suecia en muchas ocasiones, la integración en la OTAN no constituye un imperativo para los países que quieran desempeñar un papel destacado en el cambiante entorno mundial de la seguridad.
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