Sumario

Una invocación dentro de contexto

Sebestyén L. v. Gorka

Los firmantes del Tratado de Washington redactaron el Artículo 5 intentando diseñar un mecanismo que obligara a Estados Unidos a acudir en ayuda de sus Aliados europeos, pero la primera vez que se ha invocado esta cláusula fundamental han sido precisamente los Aliados europeos los que han ofrecido a Washington su apoyo a raíz de los ataques terroristas del 11-S. Las consecuencias derivadas de esta invocación todavía siguen manifestándose en diversas maneras que reflejan la forma en la que se elaboró el documento. El Tratado de Washington representó un compromiso: aunque existía una obligación automática de acudir en ayuda de un Aliado que hubiera sido atacado, la redacción de la cláusula permitía que cada Aliado eligiera libremente la naturaleza de su respuesta. Los padres fundadores de la Alianza no podían prever el escenario en el que se produjo la invocación por primera vez del Artículo 5. A pesar de la decisión inicial de EEUU de no aceptar el apoyo de la OTAN para la campaña de Afganistán en 2001, tras los atentados del 11-S, catorce de los diecinueve Aliados que componían entonces la Alianza aportaron fuerzas a la misma. La invocación del Artículo 5 marcó el rumbo de la transformación que actualmente lleva a cabo la Alianza, con el desarrollo de competencias relacionadas con el terrorismo y la creación de la Fuerza de Respuesta de la OTAN. Algunos piensan que el Artículo 5 debe interpretarse como una cláusula directamente vinculada con la respuesta de la Alianza ante los nuevos y cambiantes retos.

La invocación del Artículo 5

Edgar Buckley

La decisión de la OTAN de invocar el Artículo 5 inmediatamente después de los ataques terroristas del 11-S no fue en ningún modo inevitable. La incertidumbre inicial sobre la autoría de los ataques provocó dudas sobre si provenían del exterior de Estados Unidos. Y la misma naturaleza del ataque -un verdadero arquetipo de "guerra asimétrica"- no se prestaba con facilidad a una invocación del Artículo 5 al menos en la forma que los redactores del Tratado de Washington habían previsto. Ante la falta de directrices provenientes de decisiones anteriores o de los gobiernos, los responsables de la OTAN sabían que lo que hicieran en ese momento sentaría un importante precedente que marcaría el rumbo futuro de la Alianza. Una vez que se determinó que el uso de aviones como armas constituía un "ataque armado" en el sentido que definía el Artículo 5, y que los ataques eran cualitativamente diferentes del terrorismo interior "habitual", el autor trabajó conjuntamente con otros funcionarios de la OTAN para elaborar un documento que invocara el Artículo 5, que el Consejo del Atlántico Norte hizo suyo posteriormente. La transformación que actualmente lleva a cabo la Alianza no hubiera sido posible si los Aliados no hubieran escogido previamente permanecer unidos tras los ataques del 11-S.

Comprobar la realidad

Tomas Valasek

Polonia, la República Checa y Hungría no estaban en absoluto interesados en la campaña de bombardeo contra Serbia que se inició apenas 12 días después de su ingreso en la Alianza del Atlántico Norte. La necesidad de una consolidación de la democracia, los temores que aún persistían ante el resurgimiento de Rusia y el deseo de reincorporarse a la Europa moderna eran los motivos que impulsaron a estos países a llevar a cabo unas reformas necesarias para el ingreso pero a menudo dolorosas. El conflicto de Kosovo sumió en un mar de dudas a las élites políticas polacas, checas y húngaras, que intentaban explicar a unas opiniones públicas ansiosas por qué la alianza defensiva a la que se habían incorporado se había implicado en una acción militar directa contra un país vecino de Europa Oriental. En 2001 varios de los riesgos que amenazaban inicialmente a los países de Europa Central y Oriental se habían desvanecido, y con ellos buena parte la necesidad de la defensa colectiva para los nuevos miembros de la OTAN, lo que ha reducido las diferencias entre los nuevos Aliados y los antiguos. A partir de los ataques del 11-S y la intervención posterior de EEUU en Iraq, la actitud de estos países hacia la Alianza se ha ido haciendo más diversa y muchas veces se ve influida por el punto de vista de Estados Unidos. Por eso la competencia entre las perspectivas eurocéntrica y euroatlántica forma parte del discurso actual de la Alianza.

La negociación del Artículo 5

Stanley R. Sloan

Tras el fracaso de las conversaciones mantenidas por Francia, Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética en diciembre de 1947, surgió la necesidad de una alianza militar transatlántica que frenara el expansionismo soviético. Mientras los países occidentales estaban comprometidos con un acuerdo de seguridad colectivo, el sentimiento aislacionista que aún permanecía en el Congreso de EEUU provocaba que resultase problemática la aprobación de cualquier tratado que pareciese usurpar los poderes constitucionales. Las negociaciones posteriores se centraron en cómo conjugar la determinación del Senado norteamericano de mantener su competencia exclusiva de declarar la guerra y el deseo de los Aliados europeos de un compromiso norteamericano de ayudarlos militarmente si eran atacados. El resultado de dichas negociaciones fue el Artículo 5 del Tratado de Washington, una cláusula cuya redacción era lo bastante flexible como para permitir que la OTAN sobreviviera e incluso prosperara a través de unas condiciones históricas en continuo cambio. Aunque las actividades actuales se basan en el mandato del Artículo 4 de realizar consultas ente los Aliados ante los cambios producidos en las amenazas de seguridad, el Artículo 5 sigue representando el núcleo y el alma de la Alianza.

La lucha contra el tráfico ilegal de seres humanos

Capitán Keith J. Allred

Recientemente algunas fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas y de varios países se han visto implicadas como usuarios del comercio sexual en el Congo, Bosnia-Herzegovina y otros lugares del mundo. Ante estos hechos se ha desarrollado un consenso respecto a que el tráfico de seres humanos constituye en parte una cuestión de seguridad porque las organizaciones criminales que dirigen esta trata ilegal pueden llegar a ser lo bastante poderosas como para amenazar la independencia e incluso la existencia misma de países débiles. Por lo tanto, el tráfico ilegal de seres humanos puede llegar a amenazar la integridad de las operaciones de la OTAN. Para hacer frente a esta amenaza los Aliados anunciaron en la Cumbre de Estambul de 2004 una Directriz Política para la lucha contra el tráfico ilegal de personas. Aunque la Directriz Política aborda todos los diferentes aspectos de ese tráfico, se centra especialmente en el efecto que pueden tener las tropas desplegadas sobre el terreno en la demanda de mujeres captadas por las redes de tráfico sexual. La Directriz exige que los países miembros realicen diversas actuaciones para combatir el tráfico ilegal de seres humanos. Aunque todavía queda mucho por hacer, los primeros resultados han sido alentadores, según los ejércitos de los Aliados van incorporando las medidas contra la trata de mujeres a sus manuales de campaña y sus mandos reciben adiestramiento específico sobre como combatir esta trata ilegal.


La OTAN del futuro

Stephan De Spiegeleire y Rem Korteweg

Los estudios habituales sobre el futuro de la OTAN o bien reflejan las preferencias políticas de sus autores, o se limitan a extrapolar las tendencias actuales. Sin embargo, los autores diseccionan las características esenciales de la fuerza institucional de la OTAN a fin de obtener cinco "fotos" de escenarios futuros hacia los que la Alianza podría haber evolucionado en 2025. En el primer escenario un liderazgo fuerte de EEUU, una percepción compartida de las amenazas de seguridad y una Europa comparativamente débil se combinan para formar una OTAN "caja de herramientas potente". En el segundo escenario una Europa fuerte y homogénea, junto a un vínculo transatlántico firme, crean una OTAN "asociación compartida" con un ámbito global. En los siguientes escenarios el vínculo transatlántico se deteriora y el liderazgo norteamericano se va debilitando hasta llegar al quinto escenario, en el que se combinan unos Estados Unidos faltos de interés y una Europa fragmentada dentro de una Alianza en declive que apenas es algo más que una "tertulia de viejos amigos" para debates bizantinos. De ahí que los autores lleguen a la conclusión de que el factor principal que determinará la fuerza de la Alianza será el interés que EEUU muestre respecto a ella. Tanto si la Unión Europea resulta ser débil o fuerte, y con independencia del modo en el que se peciban las amenazas, el futuro de la OTAN sería sombrío si no existiera el liderazgo de EEUU.
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