Entrevista
Hikmet Çetin: Nuestro hombre en Kabul
(© BHR)
Hikmet Çetin es el Máximo Representante Civil de la OTAN en Afganistán, representando por tanto el rostro político de la Alianza en este país. Nombrado en noviembre de 2003, ha estado destinado en Kabul desde enero de 2004. Economista de formación, el Sr. Çetin se incorporó a este nuevo destino tras una larga y distinguida carrera en su país, Turquía. Durante más de un cuarto de siglo ha formado parte de su parlamento, ejerciendo diversos cargos de alto nivel como Ministro de Asuntos Exteriores, Vice Primer Ministro y Presidente del parlamento.

Revista de la OTAN: ¿Qué papel desempeña usted como Máximo Representante Civil de la OTAN en Afganistán, y cómo se relaciona con el Comandante de la ISAF?
Hikmet Çetin: Yo represento a la OTAN en Afganistán y mi tarea consiste en desarrollar la agenda política y militar de la Alianza. Mi mandato incluye también el mantenimiento de estrechos vínculos con las restantes organizaciones internacionales, y en especial con la Misión de Ayuda de las Naciones Unidas en Afganistán, así como funciones de enlace con el gobierno de este país, con otros actores políticos y, en caso necesario, con los países vecinos. Hasta ahora he trabajado con seis comandantes de la ISAF diferentes, y puedo asegurar que fue un placer trabajar con todos y cada uno de ellos. Nuestras funciones son complementarias y nos reunimos periódicamente para informar o consultar los unos con los otros. Estamos ubicados en el mismo edificio, y esta proximidad física favorece la buena comunicación y la coordinación.

RO: ¿Hasta qué punto es importante para la OTAN el tener un papel político en las regiones en crisis en las que están desplegadas sus fuerzas?
HÇ: En mi opinión se trata de una cuestión extremadamente importante. No se puede tener éxito en las operaciones de gestión de crisis utilizando únicamente medios militares. La única forma de gestionar con eficacia los conflictos y llegar a soluciones estables consiste en adoptar un enfoque global y polifacético que aproveche todos los instrumentos posibles, incluyendo especialmente el aspecto político. Y esto es exactamente lo que ocurre en Afganistán, donde uno de nuestros objetivos es ayudar al gobierno local a ampliar su autoridad al conjunto del país. Actualmente estamos colaborando para reconstruir instituciones que llevan treinta años sin funcionar.

Existen otras muchas actividades políticas que también ayudan a construir soluciones duraderas. Por ejemplo, el desarrollo de las relaciones con los países vecinos precisa de una clara implicación política y resulta fundamental para el éxito de la misión de la OTAN y para el futuro de Afganistán. Además, cuanto más se alarguen las operaciones militares, más importante resultará el proceso político. Y según vayan tomando el mando del proceso político los mismos afganos, más importancia irá adquiriendo el papel político de la Alianza.

RO: ¿Qué percepción tienen los afganos de la presencia militar extranjera en su país y cómo le han recibido?
HÇ: Históricamente, los afganos se han opuesto a los diversos ejércitos extranjeros que han pretendido ocupar su país, y han combatido contra ellos, pero se dan cuenta de que la OTAN está en Afganistán por invitación de su gobierno, para ayudarles en las tareas de reconstrucción. No pretendemos gobernar Afganistán, y estamos aquí porque tenemos un mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La OTAN y la ISAF han trabajado duro para ganarse los corazones y las mentes de la población afgana, y en la mayor parte de los casos hemos tenido éxito en ese intento.

En todos mis contactos con afganos, sean gente del pueblo, líderes políticos o funcionarios del gobierno, intento explicar el motivo por el que estamos aquí, lo que estamos haciendo y cómo podemos ayudarles. También les pido que ayuden a las tropas de la OTAN para que éstas puedan ayudarles. Y agradezco enormemente el apoyo del pueblo afgano, que ha hecho todo aquello que la comunidad internacional le ha pedido.

RO: ¿Cuáles son los principales retos contra la seguridad que afronta actualmente Afganistán?
HÇ: En los últimos años se han conseguido avances significativos en el campo de la seguridad, pero todavía existen retos importantes. Tenemos que hacer frente a una creciente insurgencia, especialmente en las regiones meridionales y orientales, que además está modificando sus tácticas. Tanto los talibanes como las otras fuerzas militares opositoras están centrando sus ataques en objetivos "fáciles" para maximizar la repercusión en los medios con el mínimo coste. Además de al Ejército Nacional Afgano y a la Policía Nacional Afgana, atacan objetivos civiles como profesores y escuelas. Y cada vez colaboran más estrechamente con traficantes de drogas y otros grupos criminales. Por ejemplo, obligan a los campesinos a cultivar amapolas para producir opio y se llevan un porcentaje de la cosecha a cambio de proporcionarles protección.

Otro reto fundamental es el de la seguridad fronteriza, pues Afganistán tiene unas fronteras extremadamente largas, que incluyen 2.500 kilómetros en común con Pakistán y unos 1.000 kilómetros con Irán. La única forma de garantizar la seguridad fronteriza pasa por coordinar las operaciones contra la insurgencia a ambos lados de la frontera, por ejemplo entre Afganistán y Pakistán. Dado que todos los países de la zona afrontan una amenaza similar, para todos ellos resultará tan importante como para la ISAF y la OTAN el trabajar conjuntamente para elaborar respuestas comunes.

RO: ¿Cuál es su visión de las perspectivas de la reconstrucción nacional en Afganistán una vez completado el proceso de Bonn?
HÇ: Los cuatro años y medio transcurridos desde que las diferentes facciones afganas se reunieron en diciembre de 2001 para lanzar el denominado proceso de Bonn representan un periodo de tiempo muy corto dentro de la vida de un país, y sin embargo en ese intervalo se han conseguido grandes éxitos, especialmente en el terreno de la construcción nacional. En 2001 Afganistán no tenía presidente, ni gobierno, ni parlamento, ni constitución, mientras que ahora los afganos tienen por primera vez un presidente elegido por votación popular, además de una constitución, un parlamento y un gobierno elegidos democráticamente.

Cuando se completó el proceso de Bonn se celebró una conferencia en Londres para establecer el programa para Afganistán durante los próximos cinco años. En dicha conferencia se firmó el llamado Pacto por Afganistán entre el gobierno de ese país y la comunidad internacional. Los más de sesenta países y organizaciones internacionales presentes renovaron su compromiso con Afganistán y prometieron entregar otros 10.500 millones de dólares para tareas de reconstrucción. Se trata de una suma muy elevada y generosa, pero insuficiente dada la magnitud de las necesidades que presenta este país. Tendremos que intentar obtener la máxima eficacia de esta ayuda porque no se puede alcanzar la paz, estabilidad y seguridad sin un desarrollo paralelo en lo social y económico. Afganistán es uno de los países más pobres del mundo y seguirá necesitando de ayuda financiera internacional durante muchos años.

RO: ¿En qué forma pueden la OTAN y la ISAF contribuir mejor a la estabilización de Afganistán?
HÇ: La OTAN y la ISAF se esfuerzan en propporcionar paz y estabilidad a este país mediante una política basada en una expansión gradual de la autoridad del gobierno afgano hasta que ésta se extienda a todo el país. Tenemos que ayudarles a convencer a los afganos de que les interesa apoyar al gobierno en vez de a los insurgentes. Para ello tenemos que proporcionar un nivel básico de seguridad para la población porque sólo cuando se sientan seguros los afganos tendrán suficiente confianza como para demostrar su fidelidad al gobierno central.

La misión de la OTAN en Afganistán representa un enorme reto. Tenemos que centrarnos en nuestros recursos militares y en nuestra ayuda financiera para ganar los corazones y las mentes de la población, pues si no lo logramos, jamás conseguiremos estabilizar el país. Para poder culminar con éxito la misión de la ISAF resulta esencial obtener la simpatía y el apoyo de los afganos. Y me enorgullece contemplar cómo los diferentes países proporcionan a sus tropas el entrenamiento adecuado para poder relacionarse con la población local. Pero para ser totalmente eficaces, las operaciones militares tienen que coordinarse con los esfuerzos de reconstrucción de la comunidad internacional.

Mirando hacia el futuro, el desarrollo de las fuerzas de seguridad afganas resultará esencial para la estabilidad del país. Pero debemos entender que no se pueden obtener soldados y policías eficaces y bien entrenados de la noche a la mañana. Hasta ahora los esfuerzos para reclutar voluntarios para el Ejército Nacional Afgano y la Policía Nacional Afgana han tenido bastante éxito en términos cuantitativos, pero lo importante es la calidad, no la cantidad. Y para conseguir calidad se necesita más tiempo, más entrenamiento y mejores equipos. Nuestro objetivo a largo plazo consiste en crear unas fuerzas de seguridad capaces de mantenerse por sí solas y asumir la responsabilidad de hacer frente a las necesidades de seguridad de su país.

RO: ¿Hasta qué punto debe apoyar la OTAN los esfuerzos antidroga en Afganistán?
HÇ: La cuestión de la lucha antidroga probablemente constituya el reto más importante que afronta Afganistán en la actualidad. Si no somos capaces de encontrarle una solución, no podremos resolver el problema de la seguridad global en el país. Pero también se trata de una cuestión tremendamente complicada cuyas dimensiones exceden el marco de la seguridad hasta llegar a alcanzar el núcleo de la economía del país. El cultivo de amapolas constituye el medio de vida de muchos campesinos pobres en Afganistán, así que debemos abordar este asunto con muchísimo cuidado.

En lo relativo a los esfuerzos internacionales para combatir las drogas, Reino Unido ejerce el papel de país dirigente. Y debo aclarar que tanto la ISAF como la OTAN y los diferentes Aliados no llevarán a cabo operaciones de erradicación de cultivos de drogas, pues este tipo de misiones representan una responsabilidad de las autoridades afganas. Por eso solamente proporcionaremos ayuda, pues el apoyo a los esfuerzos antidroga del gobierno afgano constituye una parte del mandato de la ISAF. Hemos colaborado para desarrollar unos procedimientos de mando y control para una coordinación eficaz de enlace; hemos ayudado a la campaña de información contra las drogas, y a entrenar a las fuerzas de seguridad afganas en operaciones antidroga. También proporcionamos apoyo logístico a diversas agencias internacionales antidroga, y prestamos asistencia a las operaciones antidroga del gobierno afgano mediante capacidades de inteligencia y reconocimiento. En última instancia, esperamos ayudar a crear unas fuerzas de seguridad afganas capaces de llevar a cabo esos programas sin ningún tipo de ayuda exterior.

Dada la importancia de la dimensión económica del problema de las drogas en Afganistán, resulta fundamental poder ofrecer a los campesinos afganos una forma alternativa de ganarse la vida. Por eso los Aliados deben estar dispuestos ayudar financieramente a Afganistán y a invertir en programas que posibiliten este cambio de actividad.

RO: Algunas ONG han criticado el concepto de Equipos Provinciales de Reconstrucción (PRT) porque difuminan la distinción entre actividades civiles y militares. ¿Hasta qué punto deben intervenir los soldados en tareas de reconstrucción?
HÇ: El concepto PRT se diseñó para incluir elementos civiles y militares de forma que se maximice el efecto de los esfuerzos de la comunidad internacional y se atiendan las necesidades de las provincias en las que se establecen PRT. Solamente conseguiremos tener éxito en Afganistán si los actores civiles y militares trabajan conjuntamente y con eficacia. Pero las condiciones son diferentes en cada una de las provincias afganas y el equilibrio entre elementos civiles y militares dentro de cada PRT debe adaptarse a las necesidades locales.

En algunas provincias la situación de seguridad obliga a los PRT a centrarse en la seguridad, así que su porcentaje de componente militar es mucho mayor. Por ejemplo, en la provincia de Helmand, al sur del país, la situación de seguridad es relativamente precaria, así que el componente militar es muy superior al civil.

Aunque las condiciones pueden variar, el objetivo final en todas las provincias es el mismo: garantizar unas condiciones de estabilidad en las que Kabul pueda extender su autoridad y se puedan llevar a cabo las tareas de reconstrucción. Desde que llegamos a Afganistán para ayudar a los afganos, las expectativas de la población respecto a la ayuda a la reconstrucción -la tarea del componente civil de los PRT- son inmensas. Los componentes civiles de los PRT trabajan conjuntamente con todos los niveles gubernamentales, incluyendo los consejos locales, para identificar proyectos que ayuden a la reconstrucción de Afganistán.

RO: ¿Qué tal está progresando la expansión de la ISAF en el sur de Afganistán? ¿Cuáles son los principales retos que debe afrontar?
HÇ: La expansión a la zona sur de Afganistán probablemente sea la operación terrestre más difícil que haya realizado nunca la Alianza. Los preparativos están ya en marcha y la expansión tendrá lugar este verano. Algunos de los Aliados están desplegando ya fuerzas en el sur, y los países implicados están preparando la transferencia de autoridad y colaboran con las autoridades que serán reemplazadas para garantizar una transición sin brusquedades.

Dado que la estructura y capacidades son diferentes, habrá que realizar algunos ajustes. La OTAN está desplegando una mayor cantidad de tropas en el sur, así que su presencia será más visible en esa zona. La ISAF (y con ella la OTAN) asumirá el mando y control de la región a finales de julio y los preparativos están en marcha; se ha conseguido además una buena cooperación sobre el terreno entre la OTAN y la Operación Libertad Duradera.

Los insurgentes han estado intentando tantear las decisiones de la OTAN y desanimar a los Aliados que aportan tropas para que renuncien a desplegar sus fuerzas. Al parecer piensan que pueden conseguirlo con ataques convenientemente dirigidos precisamente porque somos países democráticos. Lo cierto es que los Aliados debaten estas cuestiones en sus parlamentos y la opinión pública se muestra muy interesada en el tema. Pero la OTAN está comprometida con la ayuda a Afganistán y ha dejado bien claro que la ISAF constituye la principal prioridad dentro de la agenda de la Alianza.

Todo el mundo es consciente de que la OTAN se va a enfrentar a situaciones difíciles y que tendrá que usar la fuerza en el sur del país. Pero nada disuadirá a la Alianza: su resolución es fuerte y las naciones que aportan tropas están desplegando fuerzas en las provincias meridionales sin casi ningún tipo de restricciones o vetos preventivos respecto a la forma en la que van a operar. La OTAN está más decidida que nunca a hacer todo lo que haga falta en el sur.

RO: A pesar de la expansión de la ISAF y de la sinergia entre ella y la Operación Libertad Duradera, las dos siguen representando operaciones separadas y diferentes. ¿Cómo debería evolucionar su relación mutua?
HÇ: Ya existe una sinergia excelente entre la ISAF y la Operación Libertad Duradera, que irá incluso mejorando según se expanda la misión de la ISAF. Una vez ésta se haya completado, las dos misiones dependerán de un único comandante de la OTAN, de modo que seguirá habiendo dos organizaciones con dos misiones diferentes y separadas, operando en el mismo teatro de operaciones. Puede sonar raro, pero no es algo excepcional desde el punto de vista militar. Aunque los respectivos mandatos de las dos operaciones sigan siendo diferentes, se irá produciendo una fusión progresiva en algunas funciones, que debe ayudar a potenciar la sinergia y hacerlas más eficaces.

RO: La OTAN y Afganistán están desarrollando actualmente un programa especial de cooperación. ¿A qué motivos se debe y qué ámbitos comprende?
HÇ: En septiembre de 2006 el presidente afgano, Hamid Karzai, escribió al Secretario General de las Naciones Unidas solicitando una "buena asociación estratégica con la OTAN", pues la Alianza es importante para Afganistán y Afganistán es importante para la Alianza. Dado que ésta última mantiene ya una serie de programas de asociación, entre ellos la Asociación para la Paz, el Consejo OTAN-Rusia, la Comisión OTAN-Ucrania, el Diálogo Mediterráneo y la Iniciativa de Cooperación de Estambul, que pueden representar instrumentos útiles para desarrollar una asociación con Afganistán.

El contenido de este programa todavía se encuentra sometido a debate, pero resulta evidente que Afganistán busca una relación a largo plazo con la OTAN, desarrollar la interoperatividad entre sus fuerzas y las de la Alianza y hacer posible que el personal militar afgano utilice los centros de adiestramiento de esta organización. Afganistán quiere asegurarse de que la comunidad internacional no le abandona. Y aunque los 26 Aliados de la OTAN tienen que ponerse de acuerdo sobre la naturaleza de esta asociación, tengo confianza en que seremos capaces de llegar a un acuerdo que beneficie los intereses de Afganistán y de la OTAN.