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Entrevista
Gijs de Vries: Coordinador antiterrorista en la UE
 

(© Consejo Europeo )

 


Desde marzo de 2004 Gijs de Vries es el primer coordinador antiterrorista de la Unión Europea. Su tarea bajo las órdenes del Alto Representante Javier Solana consiste en racionalizar, organizar y coordinar la lucha antiterrorista dentro de la UE. Éste ex político holandés de 49 años fue Viceministro del Interior de Holanda desde 1998 a 2002, y representó a su país en la convención encargada de redactar el borrador de la Constitución Europea. Anteriormente había desempeñado un importante papel en la creación del Tribunal Penal Internacional (TPI), tras haber presidido el grupo democrático liberal del Parlamento Europeo, en cuyos escaños se sentó entre 1984 a 1998.





¿Qué entiende usted por terrorismo?

No existe una definición universalmente aceptada de lo que es el terrorismo, pero se estamos en el camino de preparar una convención antiterrorista a nivel mundial en la que se deberá definir el término. Sin embargo todavía estamos atascados en la polémica entre los que quieren luchar contra el terrorismo y quienes consideran que los que denominan “luchadores de la resistencia” no deber quedar incluidos dentro del concepto de terroristas. Pero cada vez se va extendiendo más la idea de que se precisa una nueva definición y que los ataques indiscriminados contra civiles deberían ser ilegales en todas las circunstancias, tanto en tiempo de paz como de guerra.

La ausencia de una definición adecuada no quiere decir que no exista base legal suficiente para las actividades antiterroristas. Ya había 12 Convenciones diferentes referidas al terrorismo, que se han convertido ahora en 13 al aprobarse la Convención sobre terrorismo nuclear, y todas ellas son legalmente vinculantes. Desgraciadamente hasta la fecha solamente un tercio de los países del mundo han ratificado las 12. Por eso la Unión Europea está liderando el proceso de ratificación universal de estos 12 instrumentos que incluyen convenciones tan importantes como la Convención contra los bombardeos terroristas y la Convención contra la financiación del terrorismo. Por último quiero aclarar que dentro de la Unión Europea tenemos instrumentos legales que definen suficientemente el terrorismo al menos en lo que concierne al funcionamiento interno de la misma Unión Europea.

¿A qué amenazas terroristas se enfrenta actualmente la Unión Europea? ¿Cree que se repetirán hechos como los de marzo de 2004 en Madrid y julio de este año en Londres?

Europa tiene un largo y trágico historial de terrorismo interno. El IRA, la ETA, la Fracción del Ejército Rojo y las Brigadas Rojas constituyen algunos ejemplos de las diversas organizaciones que han reivindicado más de 4.000 asesinatos en las últimas décadas, así es que estamos bastante familiarizados con el fenómeno terrorista. Pero este terrorismo indiscriminado con motivaciones religiosas que traspasa las fronteras nos resulta totalmente nuevo. En los últimos años hemos reforzado considerablemente nuestras defensas tanto a nivel nacional como de toda la Unión Europea, pero seguimos siendo vulnerables. No es posible un 100 % de seguridad contra los terroristas, que siempre tendrán la ventaja de la sorpresa. Debemos ser conscientes de que nuestras vulnerabilidades representan una parte de la realidad que nos rodea. Pero creo que también debemos considerar muy positivamente el que Al Qaeda haya fracasado en su principal objetivo, la creación de movimientos revolucionarios para derribar a los regímenes musulmanes de países como Pakistán, Arabia Saudita, Indonesia y otros. Los terroristas tampoco han logrado provocar conflictos sociales en Europa entre musulmanes y no musulmanes. Lo que debe darnos ánimos es el hecho de que al final la libertad y la democracia son siempre más fuertes que el miedo y la tiranía.

¿Cuáles son los elementos básicos de la estrategia antiterrorista de la Unión Europea?

Podemos distinguir tres elementos fundamentales. Primero: son las agencias nacionales las que siguen liderando la lucha antiterrorista; los gobiernos nacionales mantienen el control total de sus fuerzas de policía, sus medios de inteligencia y sus autoridades judiciales. Segundo: para ser eficaces todos estos organismos deben trabajar más allá de sus fronteras. Tenemos un programa europeo de grandes dimensiones encaminado a desarrollar la cooperación práctica e impulsar los instrumentos legislativos que la faciliten. Como ejemplos pueden citarse la Europol, en la que cooperan las fuerzas policiales; Eurojust, en donde investigan jueces y fiscales; el Centro de la Situación, en el que los servicios de inteligencia y seguridad analizan conjuntamente las amenazas terroristas provenientes tanto en el exterior de la Unión Europea como de su interior; y la Agencia Europea de Fronteras en Varsovia, recientemente creada para ayudar a la policía de fronteras a fin de lograr una mayor cooperación y compartir las mutuas experiencias. Partiendo de esta base hemos aprobado un programa a largo plazo sobre legislación que pretende impulsar actividades como la lucha contra la financiación del terrorismo y dificultar el cruce de fronteras por parte de los elementos terroristas.

La tercera línea de acción consiste en el reforzamiento de la cooperación entre la Unión Europea y nuestros socios y amigos de todo el mundo. Entre ellos incluyo las diversas organizaciones internacionales, empezando por supuesto por la ONU, pero también contando con la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) en Viena, y la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW) en La Haya. También trabajamos cada vez más estrechamente con Estados Unidos, Canadá, Noruega y Suiza, así como con otros países limítrofes con la Unión Europea por el este y sur, tratando de proporcionar ayuda antiterrorista a países como Marruecos, Jordania y otros. Cuanto más se protejan a sí mismos todas estas naciones más se beneficiará nuestra seguridad.


La Unión Europea elaboró un plan de acción antiterrorista como consecuencia de los ataques terroristas del 11 de septiembre, que se actualiza cada seis meses. ¿En qué medida ha mejorado ese plan nuestra capacidad antiterrorista?

Desde enero de este año los servicios de seguridad e inteligencia europeos han estado analizando de forma conjunta la amenaza terrorista. Anteriormente este tipo de análisis conjuntos solamente los llevaban a cabo los servicios de inteligencia, que realizaban una evaluación de amenazas que se limitaba a las procedentes del exterior de la Unión Europea y que se entregaba a los ministros de asuntos exteriores. Ahora se les han sumado expertos de los servicios de seguridad con lo que se consigue una visión más global, tanto interior y exterior, y no sólo para los ministros de asuntos exteriores sino también para los de justicia e interior. Este enfoque permite abarcar aspectos bastante diversos, como la financiación del terrorismo. Pero hay muchas otras áreas que continúan evaluándose en la forma tradicional.

¿Qué capacidad tiene la Unión Europea para enfrentarse a las consecuencias de un ataque con armas de destrucción masiva (WMD)?

Hemos identificado la necesidad de mejorar estas defensas como un área de atención preferente. Algunos países miembros tienen una capacitación técnica considerable en estas cuestiones, tanto a nivel civil como militar, mientras que otros carecen de ella. Y lo que también resulta esencial en este campo es el trabajar con nuestros socios en todo el mundo. Por ejemplo, la Unión Europea ha desarrollado un programa para ayudar a Rusia a destruir su material químico y nuclear sobrante. También hemos aumentado nuestra ayuda financiera al OPCW y a la IAEA y es de todos conocido que la Unión Europea a través de tres de sus estados miembros y de Javier Solana trabaja incansablemente para convencer al gobierno iraní de que debe detener su programa nuclear. En cuanto a posibles ataques terroristas del tipo CBRN (biológicos, químicos, radiológicos o nucleares) hemos hecho inventario de las capacidades disponibles en la Unión Europea y los Estados miembros están analizando posibles formas de mejorar sus capacidades técnicas y la cooperación internacional.

¿Qué se está haciendo actualmente y qué se podrá hacer en el futuro para detener el reclutamiento y la radicalización de los musulmanes europeos por parte de los extremistas?

Todavía no hemos terminado el análisis que estamos realizando de esa cuestión fundamental, pero se trata de una de las prioridades fijadas por los ministros para lo que resta de este año.

La Unión Europea tiene previsto disponer antes de final de este año de una estrategia para hacer frente tanto a la dimensión externa de la radicalización y el reclutamiento -las cosas que pasan fuera de nuestras fronteras- como a la interna. No existe una conexión automática entre pobreza y terrorismo, y entre los millones de personas pobres que hay en el mundo sólo unos pocos se hacen terroristas. Lo que está bastante claro es que en situaciones de conflicto militar, de desórdenes civiles, de ausencia de Estado de Derecho, de mal gobierno y de violación de los derechos humanos, los terroristas encuentran más facilidades para esconderse, entrenarse y preparar sus ataques y es más difícil lograr que el peso de la ley caiga sobre ellos.

Uno de los elementos de nuestra estrategia es, y seguirá siendo, ayudar a todos los países del mundo que se encuentren en estas condiciones. Debemos tratar de secar las ciénagas en las que se cría el terrorismo, pues siempre será extremadamente difícil detener todos y cada uno de los ataques terroristas potenciales. Lo que hay que dejar bien claro es que los radicales violentos no son los representantes legítimos de la abrumadora mayoría de los musulmanes del mundo. Y es por eso que los debates dentro de las comunidades de musulmanes, tanto dentro como fuera de la Unión Europea, resultan fundamentales. Por ejemplo, me resulta enormemente alentadora la fatwa que la Comisión Islámica de España publicó recientemente contra el terrorismo en general y contra Al Qaeda y Ben Laden en particular. Resulta esencial que trabajemos en estrecha colaboración con las fuerzas musulmanes moderadas tanto a nivel local, como nacional e internacional. Éste será sin lugar a dudas uno de los elementos más importantes de nuestra estrategia.

En enero de 2004 se aprobó una orden de arresto europea. ¿Qué eficacia ha tenido en la lucha contra el terrorismo?

Ha resultado ser un instrumento de gran utilidad desde todos los puntos de vista, aunque también se han realizado avances de similar importancia en otros aspectos de las tareas policiales. Desde la ratificación de esta herramienta legal por los Estados miembros se han emitido cientos de órdenes de arresto y se han extraditado un buen número de presuntos terroristas. El pasado mes de julio, por ejemplo, se detuvo en Marsella un sospechoso de ascendencia argelina en el curso de una operación conjunta franco-italiana iniciada a petición de este último país. La ventaja de este nuevo instrumento reside en su rapidez: en vez de casi un año, una extradición viene a tardar actualmente un par de meses.

¿Qué tipo de información se comparte entre los Estados miembros? ¿Está usted satisfecho con la situación actual en ese sentido?

En el campo de la inteligencia, como todos sabemos, existen límites en lo relativo a la información que se puede compartir. La confidencialidad es fundamental no sólo para salvaguardar la efectividad del trabajo de los organismos involucrados sino también para proteger la vida y el entorno de las personas que han suministrado la información. Si ésta cayera en manos equivocadas podrían verse en peligro muchas vidas.

Dicho esto hay que aclarar también que existe una cooperación estrecha e intensa tanto entre los miembros de la UE como con otros aliados, como es el caso de Estados Unidos. Todos estamos de acuerdo en que para combatir un fenómeno internacional hay que compartir información a ese mismo nivel. Sin embargo hemos identificado algunos campos en los que el intercambio de información debería mejorarse. Un aspecto políticamente sensible lo constituye el grado de acceso policial dentro del marco de las investigaciones antiterroristas a las bases de datos que se están desarrollando a nivel europeo, incluidos los nuevos sistemas de información para la concesión de visados. Se trata de cuestiones muy difíciles porque tocan de lleno la cuestión de la protección de datos personales: si se va a intercambiar información a nivel internacional, habrá que intensificar también esa protección. Ambas cuestiones vienen a ser las dos caras de una misma moneda y los diferentes países están firmemente comprometidos a mantener un alto grado de protección de los datos personales.


¿Qué información se comparte entre los Estados miembros de la UE y Estados Unidos? ¿Está usted satisfecho del estado de cosas actual?

En general se puede decir que existe una buena cooperación, pero hemos identificado algunos aspectos en la que podría mejorarse. Nos gustaría que se incrementara la cooperación entre las diversas agencias estadounidenses y la Europol. También nos agradaría ver incrementarse la cooperación con Eurojust. Ya se han dado los primeros pasos, pero aún queda mucho por hacer. También debemos analizar de una forma conjunta la cuestión de bajo qué condiciones se puede utilizar ante los tribunales la información procedente de los servicios de inteligencia. De todos es conocido el caso del juicio en Hamburgo contra Mounir al Motassadeq en el que el juez alemán determinó que no podía establecer la culpabilidad de un sospechoso de participar en los atentados del 11 de septiembre porque no había tenido acceso a una información que él consideraba esencial y que estaba en poder de las autoridades de EEUU. Y no se trata de un problema entre nosotros y Estados Unidos, pues también surgen este tipo de dificultades entre los países de la UE.

¿Qué pasos ha dado la Unión Europea para cegar las fuentes de financiación del terrorismo y qué éxito han tenido hasta ahora?

Al tratarse de una cuestión política los países que forman el Consejo Europeo decidieron adoptar las recomendaciones del Grupo de Trabajo de Acción Financiera (FATF) de París, y convertirlas en instrumentos legales jurídicamente vinculantes dentro de la Unión Europea, con lo que se daría fuerza legal a dichas recomendaciones. El ejemplo más reciente dentro de esa área es el de la Tercera Directiva sobre Blanqueo de Dinero, aprobada por el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo. Otro ejemplo podría ser la reciente normativa sobre las transferencias monetarias. Al haber incrementado los organismos públicos, los bancos y los restantes organismos financieros la supervisión de las transferencias internacionales de fondos, los terroristas se ven obligados a utilizar otros mecanismos más informales para poder mover su dinero. Ahora atraviesan las fronteras llevando consigo maletines llenos de billetes, así que hemos dictado una nueva norma: toda suma superior a 10.000 euros debe ser declarada en la aduana, y de no cumplir ese trámite podrá ser requisada. Esto aumenta la carga de responsabilidad de las autoridades fronterizas en lo relativo a la eficacia de sus controles.

También hemos incrementado nuestra cooperación con terceros países y convocado una reunión a alto nivel con los países del Consejo de Cooperación del Golfo para convencerles de la necesidad de ratificar e implementar la Convención de la ONU contra la Financiación del terrorismo. Trabajamos estrechamente con los norteamericanos, tanto con el Departamento del Tesoro como con el de Estado y los restantes organismos y agencias. Y en los próximos meses se publicará una propuesta de la Comisión para mejorar la transparencia financiera de las sociedades benéficas. Hemos visto como en ocasiones se han utilizado organizaciones no gubernamentales (ONG) islámicas para financiar el terrorismo. Queremos dejar bien claro que el dinero limpio debe seguir circulando sin ningún problema tanto en estas como en otras ONG, tal como la gente quiera, pero no permitiremos que caiga en manos de las personas equivocadas. La transparencia resulta fundamental y estamos estudiando posibles medidas para mejorarla dentro de la Unión Europea.


¿Qué espera usted conseguir como coordinador antiterrorista de la Unión Europea y cómo debe ser juzgado su trabajo?

Mi principal ambición sería acabar resultando innecesario. Para conseguir esto la cooperación dentro la Unión Europea debería intensificarse todavía más. También en este campo el modelo de la Unión Europea se basa en la actuación de los niveles inferiores, pues el papel protagonista dentro de la lucha antiterrorista siguen asumiéndolo las autoridades nacionales. Cuanto más se potencie la coordinación interna de los gobiernos nacionales (entre las fuerzas policiales, los órganos de inteligencia, las autoridades, los servicios de aduanas y los fiscales) más fácil resultará conseguir la coordinación internacional. Por supuesto que desde el punto de vista legal cada Estado es libre de elegir cómo van a ser sus estructuras internas y eso no lo podemos controlar ni Javier Solana, ni yo, ni el Consejo Europeo.

A finales de este año se habrá implementado la práctica totalidad del plan de acción que aprobó la Unión Europea en junio de 2004. Espero que a finales de este año, durante la presidencia británica, pueda proponer a los ministros a un plan de acción a medio plazo que abarque el año 2006 y un poco más allá. Deseo y espero que los países miembros mantengan el impulso actual y adopten un programa tan ambicioso como el anterior. Ya se han definido como prioritarias para el próximo año áreas como la protección de las infraestructuras europeas esenciales, principalmente las más vinculadas a la economía como pueden ser los transportes, las telecomunicaciones y la energía, pero también otras como la alimentación y los recursos hidrológicos o sanitarios. Lo cierto es que existen muchos y diversos sectores que podrían verse gravemente afectados por ataques terroristas bien dirigidos, especialmente si se produjeran simultáneamente en varios países diferentes.

Todavía queda mucho trabajo por hacer y confío en que los países miembros quieran proseguir con él. Se trata de un campo en el que todavía se aplica la regla de la unanimidad. Desgraciadamente no tenemos una nueva constitución, que habría hecho mucho más fácil conseguir la mayoría necesaria en el Consejo. La nueva constitución hubiera fortalecido los controles democráticos y judiciales, así como la protección de las libertades civiles. Ahora nos veremos obligados a hacer eso mismo utilizando el tratado actualmente en vigor. Tal y como nos muestra la historia se trata de algo factible, pero difícil. Creo que los países miembros continuarán en su misma línea de actuación y querrán colaborar con los organismos correspondientes de las Naciones Unidas y la OTAN. Me siento optimista a largo plazo porque he visto que en Europa y el resto del mundo la libertad resulta mucho más atrayente que el fundamentalismo radical.

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