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Cooperación antiterrorista entre la OTAN y Rusia

Experiencias conjuntas y ensayos: la cooperación
antiterrorista entre la OTAN y Rusia ha superado la
fase de evaluaciones “sobre el papel” para pasar a la
realización de ejercicios conjuntos como Kaliningrado
2004 (foto superior)
(© OTAN)

Andrei Kelin describe cómo la OTAN y Rusia están forjando una asociación cada vez más eficaz en su lucha contra la amenaza terrorista.

Al poco tiempo de producirse los atentados de julio en el Metro de Londres el Presidente ruso Vladimir Putin se lamentó públicamente por los escasos avances conseguidos en la cooperación antiterrorista internacional, a pesar de la magnitud que ha alcanzado la amenaza terrorista y las atrocidades que está provocando. Aunque se han obtenido algunos progresos en este campo en los años transcurridos desde el 11-S, se trata de un reto de tal naturaleza que todavía estamos aprendiendo a combatirlo de forma global. Al menos esto es lo que ocurre en lo que a Rusia respecta, y probablemente le suceda lo mismo a la OTAN pues esta poderosa organización político-militar no fue diseñada originalmente para combatir el terrorismo.

Se está impulsando la cooperación internacional en varios foros distintos de forma simultánea, pues la lacra terrorista solamente será eliminada si demostramos una determinación universal y combinamos todos nuestros esfuerzos contra ella. Por eso la lucha internacional contra el terrorismo fue una de las cuestiones principales de la agenda de la sesión del sexagésimo aniversario de la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebró en septiembre de este año. Y se trata también de un área prioritaria de trabajo para el Consejo OTAN-Rusia (NRC), en la que sobre todo intentamos maximizar la dimensión práctica de nuestra colaboración.

La lucha antiterrorista estaba ya en la agenda de nuestro diálogo con la OTAN incluso antes de que se firmara el Acta Fundacional OTAN-Rusia en 1997. Ya a mediados de los años noventa la Alianza invitó a los países Socios a asistir a las reuniones de sus principales comités, a la vez que empezaba a organizar reuniones en formato “OTAN+Rusia” en las que podían participar representantes de diversos servicios rusos. Posteriormente se identificó el antiterrorismo, es decir, las medidas defensivas para reducir nuestra vulnerabilidad frente al terrorismo, como un área específica de consultas y cooperación dentro del Acta Fundacional. Pero en ese momento tanto a la OTAN como a Rusia les faltaba una comprensión clara de cuál era la mejor forma de desarrollar la cooperación en ese campo y en qué áreas y objetivos debían centrarse. Los primeros debates consistieron básicamente en un intercambio de garantías mutuas sobre la importancia de esta cooperación y llamamientos para su ulterior desarrollo.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre supusieron un punto de inflexión para las relaciones OTAN-Rusia. La necesidad de combinar esfuerzos adquirió una nueva urgencia, y a los dos días de haberse producido los atentados el Consejo Permanente OTAN-Rusia aprobó una declaración conjunta en la que se condenaban los ataques y se expresaba la voluntad de ambas partes de trabajar conjuntamente para combatir esa amenaza. Un mes después se aprobó un primer plan de actuación para la cooperación que resaltaba la necesidad de una mayor colaboración entre la OTAN y Rusia para hacer frente a los nuevos retos de seguridad.

Está claro que Rusia tiene mucho que ofrecer a sus socios dentro del campo de la lucha antiterrorista. Entre los activos que posee podemos resaltar sus capacidades de inteligencia, su influencia política en regiones muy importantes del mundo y su experiencia tanto en la prevención de ataques terroristas como en la gestión de sus consecuencias. La OTAN, por su parte, tiene a su disposición un impresionante conjunto de posibles respuestas de tipo político-militar a utilizar en situaciones de crisis. Además la Alianza, a diferencia de otras estructuras intergubernamentales, puede garantizar la confidencialidad de la información transmitida, lo que tiene una importancia enorme en la lucha antiterrorista.

La creación del Consejo OTAN-Rusia

La “Declaración de Roma sobre las relaciones OTAN-Rusia: una calidad nueva” de mayo de 2002, en la que se creaba el Consejo OTAN-Rusia, mencionaba específicamente la lucha antiterrorista como una de las áreas claves de cooperación práctica. También estableció nuevos mecanismos y procedimientos de cooperación para contribuir a alcanzar un mayor acercamiento y comprensión entre los Aliados y Rusia.

Moscú pudo apreciar la importancia política del Consejo OTAN-Rusia tras la tragedia del colegio de Beslan de septiembre de 2004 en la que murieron 344 civiles, de los que 186 eran niños. El Consejo OTAN-Rusia fue el primer organismo internacional que aprobó una declaración en la que condenaba enérgicamente y sin la menor traza de ambigüedad la tragedia producida, a la que calificaba de crimen y amenaza directa contra nuestra seguridad común, los valores democráticos que compartimos y las libertades y derechos humanos básicos. También confirmaba la determinación del Consejo de intensificar sus esfuerzos conjuntos para combatir el terrorismo. Por aquel entonces agradecimos profundamente la solidaridad demostrada por los restantes miembros del NRC y las declaraciones de apoyo del Secretario General de la OTAN.

Uno de los mecanismos nuevos del Consejo OTAN-Rusia es el Grupo de Trabajo Ad Hoc sobre terrorismo, en el que se discuten tanto planteamientos conceptuales sobre la lucha antiterrorista como el posible desarrollo de cooperación práctica en este campo. Hasta ahora el grupo ha elaborado y aprobado varios documentos conjuntos, ente ellos evaluaciones sobre las amenazas y retos que representa Al Qaeda, las amenazas terroristas contra la seguridad de las fuerzas de pacificación en los Balcanes, las amenazas terroristas contra la aviación civil, incluyendo la que representa la utilización de aparatos civiles contra infraestructuras esenciales, las amenazas contra los países pertenecientes al NRC provenientes de los radicales islámicos de Asia Central, y las amenaza actuales y futuras contra el transporte de mercancías y pasajeros. Estamos elaborando también un documento que se ocupa de las amenazas potenciales contra los sistemas informáticos de los países miembros del NRC.

El trabajo conjunto para desarrollar análisis de amenazas terroristas ha demostrado que a pesar de las diferencias de planteamiento que puedan tener, la OTAN y Rusia mantienen muchos puntos de vista comunes sobre la amenaza terrorista y el enfoque a adoptar a la hora de enfrentarse a ella. En vista de la magnitud del reto, el trabajo conjunto de la OTAN y Rusia en este campo tendrá que ser multidimensional y polifacético.

Entre las áreas de estudio más importantes se encuentra la cooperación entre militares. Para debatir esta cuestión y elaborar recomendaciones prácticas orientadas a la actuación conjunta se han celebrado tres conferencias de alto nivel en Norfolk, Moscú y Roma sobre el papel de los ejércitos en la lucha antiterrorista. Otra de estas áreas se ocupa de la posible utilización de armas no letales en operaciones antiterroristas, y con este fin se han organizado bajo los auspicios de la Conferencia de Directores Nacionales de Armamento varias exhibiciones y presentaciones de nuevas tecnologías desarrolladas por compañías rusas y occidentales que podrían usarse en este tipo de operaciones. Y el terrorismo también se ha tratado en foros como la Iniciativa de Cooperación en el Espacio Aéreo, los grupos de trabajo ad hoc sobre defensa ante misiles de teatro y proliferación de armas de destrucción masiva y el grupo de expertos nucleares.

Entre el 27 de junio y el 1 de julio de este año se celebró bajo el patrocinio del Consejo OTAN-Rusia una conferencia internacional en Ljubljana (Eslovenia) sobre las lecciones extraídas a partir de los últimos atentados terroristas. A ella asistieron representantes de servicios policiales, de rescate y sanitarios de los países miembros del NRC que se habían visto implicados en operaciones de respuesta ante ataques terroristas, compartiendo sus experiencias prácticas en la prevención del terrorismo, la gestión de sus consecuencias y la actuación ante situaciones de toma de rehenes.

Se ha descrito a la ISAF como el nuevo horizonte operativo de la Alianza

Aunque las discusiones a nivel de expertos tienen gran importancia a la hora de desarrollar estrategias antiterroristas eficaces, la colaboración en este campo debe ir más allá del análisis teórico. Así que se ha procedido a comprobar la validez de diversos estudios y evaluaciones mediante ejercicios prácticos, como el de Kaliningrado 2004, que sirvió de ensayo para los procedimientos para el reparto de responsabilidades al hacer frente a las consecuencias de una catástrofe a gran escala, y el de Avaria 2004, que se centró en las medidas para garantizar el almacenamiento seguro de armas nucleares.

También se está impulsando la cooperación antiterrorista en los planes de emergencia civil. Así, por ejemplo, se está desarrollando una iniciativa conjunta de Hungría y Rusia para crear una capacidad NRC que pueda aportar una respuesta rápida ante desastres naturales, catástrofes provocadas por el hombre y, sobre todo, actos terroristas que impliquen un uso potencial o real de armas de destrucción masiva. Rusia ha ofrecido poner a disposición de esta capacidad unidades especializadas en la detección y gestión de sustancias peligrosas.

En los últimos años el Comité Científico del NRC ha reorientado sus prioridades para impulsar la investigación científica relacionada con la lucha antiterrorista. Se ha constituido un grupo de expertos sobre las consecuencias sociales y sicológicas de los actos terroristas que ha estado analizando los recientes atentados en Estados Unidos, Rusia y otros países europeos y ha emitido una serie de recomendaciones sobre cómo actuar en casos semejantes. También se ha trabajado en la detección de sustancias explosivas, artefactos caseros y cinturones de explosivos de los terroristas suicidas. Y se están formando grupos de expertos sobre cuestiones como las vulnerabilidades de las infraestructuras de transportes, ciberseguridad, y aspectos técnicos y científicos de los problemas de seguridad relativos a la utilización de artefactos nucleares, biológicos y químicos por parte de terroristas. Además se han elaborado planes para la cooperación en el campo de la lucha contra el “terrorismo ecológico”.

El Plan de Actuación contra el Terrorismo

El acuerdo para elaborar un plan anual de actuación contra el terrorismo alcanzado durante la reunión del NRC en la Cumbre de Estambul de junio de 2004 marcó un hito en la evolución de la cooperación antiterrorista entre la OTAN y Rusia. Posteriormente los ministros de asuntos exteriores aprobaron en diciembre de ese mismo año un Plan de Acción OTAN-Rusia contra el Terrorismo que establecía una estrategia global y coherente para prevenir los ataques de los terroristas, combatirlos y gestionar las consecuencias de sus acciones. En este momento estamos en la fase de las declaraciones de intenciones iniciales y la exploración de posibilidades de actuación conjunta, incluyendo las que impliquen la utilización de medios militares para combatir la amenaza terrorista.

A nivel operativo hay que señalar que a principios del próximo año Rusia empezará a participar en la Active Endeavour, la operación antiterrorista de la OTAN en el Mediterráneo, en lo que será la primera operación conjunta OTAN-Rusia desde que el contingente militar ruso se retiró de los Balcanes en 2003. Los barcos rusos se unirán a los de los Aliados en la supervisión e inspección de embarcaciones mercantes sospechosas de estar implicadas en actividades ilegales.

Otro elemento fundamental dentro de la asociación antiterrorista en el seno del NRC es el de la cooperación en la lucha contra el tráfico de narcóticos en Afganistán, una cuestión de gran importancia pues a menudo el dinero de la droga sirve para financiar grupos terroristas. Se han celebrado numerosas reuniones de expertos que han procedido a identificar las siguientes áreas de posible cooperación: intercambio de información, incluyendo información clasificada; entrenamiento de especialistas de unidades antidroga; y el apoyo práctico a los servicios antidroga de Afganistán y de otros países de Asia Central que sirven de ruta de tránsito para este comercio ilegal. Actualmente está en marcha un proyecto piloto orientado al entrenamiento de especialistas de unidades antidroga de estos países mediante el uso de equipos de adiestramiento móviles que se desplazan a los diferentes países y de instalaciones ya existentes como las del Centro Domodedovo en Rusia.

En todos los foros en los que ha participado, Rusia ha buscado de forma permanente el desarrollo de una estrategia global contra los nuevos retos y amenazas de seguridad. La cooperación antiterrorista entre la OTAN y Rusia resultará mucho más eficaz si complementa los esfuerzos de la demás organizaciones internacionales que trabajan en este campo. Por eso Rusia apoya también los esfuerzos de la Alianza para el desarrollo de una cooperación más estrecha con las Naciones Unidas, así como con la Unión Europea y otras estructuras regionales. Y también creemos en el desarrollo de cooperación práctica entre la OTAN y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) que incluye, entre otros, a los países del Cáucaso y Asia Central, además de a la misma Rusia. Dado que la CSTO y la OTAN tienen mucho en común, el combinar las capacidades y experiencias de las dos organizaciones podría contribuir a mejorar sus respuestas ante los retos del terrorismo y el radicalismo.

La OTAN y Rusia han avanzado mucho en los últimos años en el desarrollo de su cooperación en el campo de la lucha antiterrorista, pero esta cooperación se encuentra aún en sus inicios y su dimensión práctica necesita ser potenciada. A pesar de los esfuerzos de la comunidad internacional, la amenaza que representa el terrorismo internacional no se ha reducido. Por eso nuestro objetivo debe consistir en el fomento de una verdadera cooperación antiterrorista mediante una asociación estratégica entre la OTAN y Rusia en toda la región euroatlántica.

Andrei Kelin es director de departamento en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.

 

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