Ir a Página de Inicio de la OTAN
Ir a Página de Inicio de la Revista de la OTAN
      Número actual: otoño 2003 Números anteriores  |  Idioma
Ir a Página de Inicio de la OTAN
 Índice
 Introducción
 Sumario
 Debate
 Entrevista
 Reseña
 bibliográfica
 Especial
 Temas militares
 Colaboraciones
 Enlaces
 Próximo número
Ir a Página de Inicio de la Revista de la OTAN Escribir al Director/Suscripciones Versión para imprimir

Enviar este artículo a un amigo

Especial

Llamada desde Pekín

Zuqian Zhang analiza las perspectivas para un estrechamiento de relaciones entre China y la OTAN.


Protesta contra el bombardeo de Belgrado: los chinos
no han olvidado todavía el que la OTAN bombardeó su
embajada en Belgrado, aunque muchos aceptan ya que
dicho bombardeo fue un error (© Reuters)

Muchos analistas de seguridad se sintieron sorprendidos al enterarse, en octubre del pasado año, de que el embajador chino en Bruselas se había reunido con el Secretario General de la OTAN, Lord Robertson, para discutir las posibles opciones para forjar una relación más estrecha entre aquel país y la Alianza. Pero a partir de ese momento la iniciativa, que ya había sido objeto de discusiones no oficiales en círculos políticos chinos, ha ido adquiriendo un mayor impulso. Además ha de tenerse en cuenta que a pesar de las numerosas diferencias existentes entre China y la OTAN, la construcción de unas relaciones de cooperación entre ambos supone un paso lógico y acorde con el interés a largo plazo de las dos partes, así como del resto de la comunidad internacional.

Poco después del inicio de esta apertura china hacia la OTAN el presidente de la influyente Brookins Institution y ex Vicesecretario de Estado norteamericano, Strobe Talbot, se ocupó de la cuestión en un artículo publicado en el número de noviembre/diciembre de 2002 de "Foreign Affairs", en el que sugería que después de la ampliación de la OTAN y el éxito del programa de la Asociación para la Paz había llegado el momento de que los responsables de la OTAN prestaran atención a las relaciones de la organización con China. Sería un cambio que reflejaría el desplazamiento del centro de atención de las cuestiones internacionales que se ha producido desde el final de la guerra fría y que según muchos analistas - entre ellos Zbigniew Brzezinski - se ha trasladado de Europa a Eurasia.

En muchos sentidos puede considerarse que el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) constituye el precedente para su acercamiento a la OTAN. Con su ingreso en la OMC China se ha integrado en la economía mundial, así que era solamente cuestión de tiempo que empezara a moverse a fin de integrarse también en el sistema de seguridad internacional. A pesar de tener la población más numerosa del mundo, la segunda mayor economía (en términos de poder adquisitivo equivalente), el tercer arsenal nuclear y el mayor ejército en número de efectivos, lo cierto es que intentar mantener una política de seguridad totalmente independiente no tiene ninguna viabilidad a largo plazo. Para China resulta mucho más conveniente integrarse en el sistema de seguridad internacional de forma que disfrute de la seguridad común junto a otros miembros de la comunidad internacional. Dentro de este contexto resulta lógico que China y la OTAN - la organización internacional con mayor capacidad militar en el mundo actual - tengan un legítimo interés en explorar las posibilidades de unas relaciones más oficiales. Estas relaciones tendrían una evidente importancia para la paz y la estabilidad en toda Eurasia.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y los posteriores acontecimientos con ellos relacionados - la mejora en las relaciones OTAN-Rusia, la segunda ronda de ampliación de la Alianza tras la guerra fría y su creciente papel en Afganistán - han reducido la distancia física que separaba a China y la OTAN. Y tras el reciente despliegue de tropas de la Alianza en Asia Central los soldados de ambas partes prácticamente se encuentran cara a cara en algunas fronteras internacionales. Esta proximidad no predetermina ningún tipo de hostilidad, sino todo lo contrario: debe contemplarse como una gran oportunidad que con una gestión cuidadosa puede conducirnos a una importante cooperación OTAN-China en cuestiones de seguridad.

La cooperación estratégica entre las dos partes viene de lejos. Ya a finales de la guerra fría China y la OTAN fueron aliados de hecho frente a la Unión Soviética, auque no estaban ligados por ningún acuerdo oficial. Esta alianza táctica desempeñó además un importante papel en la desintegración final de la Unión Soviética al obligar a este país a desplegar sus tropas tanto en sus fronteras occidentales con la OTAN como en las orientales. Además, antes del embargo de armas que Occidente impuso a China en 1989 a raíz de los sucesos de la Plaza de Tiananmen los países de la OTAN fueron la principal fuente de suministro a China de armas y tecnología militar.

Amenazas comunes

Los hechos del 11 de septiembre de 2001 provocaron que pasara a primer plano la discusión sobre las amenazas contra la seguridad a principios del siglo XXI y dieron una mayor relevancia a la cooperación internacional contra dichas amenazas: terrorismo, proliferación de armas de destrucción masiva, tráfico de drogas, degradación del medio ambiente, crimen organizado, transmisión de epidemias y otras similares. Todas ellas suponen para China tanto peligro como para la OTAN. Además, según ha ido transformándose la Alianza en los últimos años ha aumentado su implicación en los esfuerzos destinados a restaurar o mantener la paz a nivel regional y mundial, lo que también redunda en el interés de China. Solamente si el mundo, en su conjunto, disfruta de paz, estabilidad y prosperidad podrá China alcanzar los ambiciosos objetivos de su programa de desarrollo económico.

Por otra parte resulta evidente que China mantiene puntos de vista muy diferentes a los de la OTAN en muchas cuestiones de seguridad y, en algunos ambientes, existe una cierta prevención. Los chinos no han olvidado el bombardeo de su embajada en Belgrado durante la campaña de Kosovo, aunque la mayoría ha llegado a aceptar que se trató de un error y no de un acto premeditado con motivaciones políticas. Las sinceras excusas presentadas por el Presidente Clinton y otros dirigentes de la OTAN contribuyeron a atenuar los daños, pero no consiguieron borrar totalmente los hechos de su memoria.

Por grandes que sean las diferencias en ciertas áreas, no deben constituir un obstáculo para la cooperación OTAN-China en aquellos campos en los que ambas partes tengan intereses comunes. Y es probable que un programa de cooperación bien planificado y gestionado ayude a reducir las diferencias en los puntos de vista respectivos y aumentar las áreas de consenso entre las partes.

Varios factores permiten ser optimistas respecto a una evolución positiva de las relaciones entre la OTAN y China. En primer lugar, la Alianza ya ha ampliado sus perspectivas respecto a la cooperación con países de dentro y fuera de Europa, y modificado su Concepto Estratégico de modo que incluya más cuestiones que las exclusivamente militares. Así que no debe resultar muy difícil que China y la OTAN encuentren áreas en las que trabajar conjuntamente.

En segundo lugar, desde el fin de la guerra fría la OTAN y la ONU han demostrado repetidas veces que pueden mantener una relación complementaria en vez de antagónica. Por supuesto que China prefiere que sean las Naciones Unidas las que desempeñen el papel protagonista en la escena mundial, pero al carecer de una capacidad permanente este organismo tendrá que seguir confiando en las contribuciones de sus miembros y en la cooperación con otras organizaciones internacionales como la OTAN. Además, las Naciones Unidas y la Alianza han colaborado con eficacia durante casi una década en los Balcanes en tareas de reconstrucción de la paz y estabilidad, y probablemente lleguen a establecer en los próximos meses una colaboración más estrecha en Afganistán e Irak. En su papel de miembro permanente del Consejo de Seguridad China probablemente contemplará con aprobación e, incluso satisfacción, la colaboración entre las Naciones Unidas y la OTAN.

Por último - y más importante - China está atravesando una etapa de cambios profundos que probablemente tiendan a alinear su política de seguridad con la de la mayoría de los países. Después de más de 20 años de reformas económicas y de creciente contacto con el resto del mundo se han producido cambios importantes no solamente en su economía, sino también en su política, sociedad y mentalidad.

En los primeros años de reformas el entonces dirigente chino Deng Xiaoping acuñó la frase "socialismo al modo chino" para describir el camino que estaban emprendiendo y para tranquilizar a los conservadores. Su sucesor, Jiang Zemin, se vio favorecido por un entorno más flexible para proseguir un programa de reformas cada vez más pragmático. En su informe político, presentado en el XVI Congreso del Partido Comunista en noviembre pasado, Jiang instó a sus compañeros a abandonar las interpretaciones incorrectas del marxismo y a aprender de los logros de la civilización política cómo una democracia socialista debía institucionalizar los procedimientos. También dijo Jiang que al ser la consecución del comunismo un proceso histórico de enorme duración, así que el pueblo no debía esperar alcanzar ese estado final en un futuro próximo. Además parece probable que el sucesor de Jiang, Hu Jintao, impulse un nuevo programa de reformas económicas y políticas.

La evolución del pensamiento sobre seguridad

A la vista de la evolución política interna se observa que también el pensamiento sobre seguridad de Pekín ha cambiado. Desde mediados de los 90 el Gobierno chino ha publicado tres Libros Blancos sobre defensa nacional, el primero de ellos con el título de "Política china respecto al desarme y el control de armamentos". En estos documentos puede detectarse con facilidad la creciente importancia que van teniendo la transparencia y la cooperación internacional en el pensamiento de seguridad de Pekín. Además los dirigentes chinos han dejado claro en repetidas ocasiones que el denominado Nuevo Concepto de Seguridad chino estará basado en la confianza recíproca, el mutuo beneficio, la igualdad y la cooperación con otros países. De ahí la atención que Pekín presta en la actualidad a la seguridad colectiva y la seguridad común con otros países, especialmente aquellos que son sus vecinos.
Por grandes que sean las diferencias en ciertas áreas, no deben constituir un obstáculo para la cooperación OTAN-China en aquellos campos en los que ambas partes tengan intereses comunes.

A pesar de todo lo anterior, la cuestión de las relaciones entre China y la OTAN, aparte incluso de la posible cooperación futura en entre ambas, sigue constituyendo un asunto controvertido y muy sensible. La situación se parece en muchos aspectos a la de los años iniciales de las reformas económicas, cuando muchos chinos se oponían totalmente a abrir su país a la inversión extranjera por el temor a ser explotados por capitalistas extranjeros. Hoy en día pocos chinos siguen oponiéndose a la integración de su país en la economía mundial. Del mismo modo, según los chinos vayan contemplando los beneficios tangibles de una política de cooperación internacional en el campo de la seguridad es probable que cambie la actitud de la mayoría de ellos.

Desde el 11 de septiembre de 2001 muchos analistas de seguridad chinos se han dado cuenta de que su país se ha beneficiado de su compromiso con la campaña internacional contra el terrorismo y las armas de destrucción masiva. Por supuesto que la amenaza terrorista no tiene la misma prioridad en China que en Estados Unidos y otros países. Para China es más importante impedir que fuerzas separatistas puedan dividir el país, así que el principal propósito de los esfuerzos de Pekín por potenciar sus capacidades militares consiste en alcanzar un mayor poder de disuasión frente a las fuerzas separatistas en Taiwan o en cualquier otro punto del país.

Pero Pekín se ha dado cuenta de que su participación en la coalición antiterrorista internacional ha favorecido sus esfuerzos para frenar a las fuerzas separatistas internas. Las relaciones entre EEUU y China han mejorado de forma constante en los últimos años, y ello se debe en gran parte a la positiva cooperación de China en cuestiones de gran importancia para Estados Unidos. El Departamento de Estado norteamericano ha clasificado oficialmente al Movimiento Islámico del Turkestán Oriental - uno de los grupos separatistas de la provincia de Xinjiang - como organización terrorista. Y la Administración Bush ha manifestado públicamente en varias ocasiones que Estados Unidos mantendrán su política de "una sola China" y no apoyarán una eventual independencia de Taiwan. Lo cierto es que en la cuestión de Taiwan una postura más favorable respecto a Pekín por parte de Washington tiene más valor para la disuasión del despliegue de otros 100 misiles chinos apuntando a la isla. Además, la imagen internacional de China ha mejorado gracias a su compromiso de dedicar más recursos para la seguridad internacional y esto es bueno para los intereses, a largo plazo, de Pekín.

En lo que se refiere a la posibilidad de una futura relación China-OTAN, resulta tentador fijarse en el precedente de las relaciones de la Alianza con Rusia, pero la naturaleza de cualquier relación entre la OTAN y Pekín será siempre muy diferente de la existente con Moscú. Ello se debe a que China seguirá estando fuera del área de actuación de la OTAN y no puede existir la menor posibilidad de que este país pueda llegar a convertirse algún día en un nuevo miembro de la Alianza. Pero esto no debe hacernos minimizar la importancia que China puede llegar a tener para la OTAN.

Según la OTAN va asumiendo misiones fuera de su área tradicional de operaciones para poder luchar contra la amenaza que suponen el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva, se va acercando a China en Asia Central, Meridional y Suroriental. Dada la prácticamente inexistente rivalidad estratégica y geopolítica entre China y la OTAN, sus relaciones mutuas deberían desarrollarse de forma más tranquila que entre la OTAN y Rusia. Al mismo tiempo el rápido crecimiento de la economía china y su dinámica evolución en el pensamiento estratégico permiten que este país esté cada vez más capaz y dispuesto a cooperar con otros países y organizaciones - incluida la OTAN - en el campo de la seguridad. Ahora que la OTAN asume el mando de la Fuerza Internacional de Apoyo a la Seguridad en Afganistán puede que sea ya el momento de oficializar sus relaciones con China.

Zuqian Zhang es el director de Estudios Europeos en el Instituto de Estudios Internacionales de Shangai.

...Subir...