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Exportación de armamentos y violencia de género

La disponibilidad de armas ligeras favorece la violencia sexual contra las mujeres, por eso esta cuestión debería centrar los debates internacionales sobre el Tratado de Comercio de Armas (ATT), y los gobiernos deberían actuar para poner fin a la impunidad de la violencia armada contra las mujeres.

© Reuter Jorge Silva

Cuando pides auxilio la gente te oye, pero no se atreven a intervenir en tu ayuda si hay hombres armados.

Marie fue violada por una banda el 10 de junio de 2010. “Cuando pides auxilio la gente te oye, pero no se atreven a intervenir en tu ayuda si hay hombres armados”, declaró.

Su historia es una de las muchas incluidas en el informe de Amnistía Internacional sobre Haití de enero de 2011, titulado "Secuelas: Las mujeres denuncian la violencia sexual". La mayoría de las víctimas de violación entrevistadas fueron amenazadas por grupos de hombres armados.

Del 28 de febrero al 4 de marzo de 2011 se reunió en Nueva York la Comisión Preparatoria para el Tratado de Comercio de Armas (ATT). Los debates sobre el Tratado representan una oportunidad única para analizar los instrumentos usados en los actos de violencia de género, normalmente armas ligeras y de pequeño calibre (SALW). Existe mucha legislación internacional vinculante sobre la violencia de género, que sin embargo no ha sido tenida en cuenta por los que se ocupan del desarme.

¿Qué efectos provoca el comercio internacional de armas y municiones convencionales sobre la vida de las mujeres?

La historia de Marie revela los efectos invisibles de la violencia armada: sus efectos sobre la mente, el cuerpo y la libertad de las mujeres. El gran número de muertos y heridos representa su secuela más evidente y visible, pero en las estadísticas no aparecen los casos en los que las armas no se utilizan para matar sino para dominar: cuando se usan para subyugar a la familia tras las puertas del hogar, para amenazar a chicas adolescentes en violaciones, o para obligar a huir a familias enteras. Cuando se habla de armas ligeras nos olvidamos de mencionar la violación de decenas de miles de mujeres a punta de pistola.

Existe una fuerte correlación entre el hecho de portar armas y el concepto de masculinidad, lo que se considera la "cultura de las armas" tradicional. Un conflicto armado puede cambiar la visión de los hombres sobre lo que caracteriza el comportamiento masculino: la presión grupal puede amplificar la agresividad masculina y su propensión a tratar a las mujeres como seres inferiores. En épocas de conflictos casi todos los hombres portan armas, que pueden usar para imponerse por la fuerza a las mujeres.

En Colombia, donde entre 60 y el 70 por ciento de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, la presencia de armas en la sociedad está estrechamente vinculada a una cultura patriarcal y "machista", que sostiene la teoría de que los hombres necesitan armas para defenderse y proteger a sus familias. Estas armas, sin embargo, en vez de proporcionar seguridad impulsan e incrementan la violencia contra mujeres y niñas, durante los conflictos y después de ellos.

© Reuter Stringer Afghanistan Administration

Las armas impulsan e incrementan la violencia contra mujeres y niñas, durante los conflictos y después de ellos.

En el verano de 2010 se produjeron durante cuatro días violaciones en masa en Luvungi, al este de la República Democrática del Congo (RDC). En la casi totalidad de las 303 violaciones denunciadas los autores fueron grupos de entre dos y seis hombres armados, que las perpetraron frente a los hijos y maridos de la mujeres. Se calcula que en la región de los Grandes Lagos hay 200 millones de armas ligeras en circulación, que se concentran principalmente en la zona oriental de la RDC.

En Colombia, que ocupa el segundo puesto tras Sudán en número de desplazados interiores, dos de cada diez mujeres desplazadas señalan la violencia sexual como causa directa de su situación. En este conflicto armado todos los bandos usan la violencia sexual como arma de guerra.

En la guerra civil de Sierra Leona, entre 1991 y 2002, 64.000 mujeres y niñas sufrieron actos de violencia sexual relacionados con la situación bélica. Sus testimonios explican cómo los asaltos se realizaban a punta de pistola. "Apoyaron el cañón de sus armas en nuestras gargantas y estómagos para asegurarse que obedecíamos sus órdenes", declaró una de esas mujeres.

También en Libia se utiliza la violación como táctica para inculcar el miedo. "(...) le obligaron a mirar mientras dos de ellos se turnaban para violar a la mujer", relataba un habitante de Trípoli al describir la irrupción de cuatro milicianos armados en la vivienda de un familiar.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha reconocido que las violaciones durante un conflicto armado constituyen una amenaza contra la seguridad internacional. Entonces, ¿por qué se venden tantas armas a países en los que la violación representa una estrategia, una táctica para deshumanizar y sojuzgar?

"Para las mujeres, la guerra no acaba cuando se acaba"

Se ha dicho que "para las mujeres, la guerra no acaba cuando se acaba". Según un estudio realizado en Montenegro en 2007, el 90 por ciento de 1.500 mujeres solicitantes de acogida en refugios habían sufrido amenazadas armadas de sus parejas. A menudo se usan en actos de violencia doméstica armas traídas al hogar por soldados, policías y guardias privados fuera de servicio. En su reciente visita a EEUU el Relator Especial de las NU para la violencia contra las mujeres destacó el uso generalizado de armas en los actos de violencia doméstica.

Las armas se usan a diario para impedir que las mujeres ejerzan sus derechos básicos, permitiendo la dominación y violencia contra ellas: en los mercados en los que comercian, en los campos que cultivan, en los pozos y en los caminos que recorren las niñas hasta el colegio.

© Reuter Lucas Jackson

Desde Haití a los Balcanes, las historias se repiten de forma interminable.

Desde Haití a los Balcanes, las historias se repiten de forma interminable. Se usan armas de forma masiva para privar a las mujeres de sus derechos. Entonces, ¿por qué no se incluye la violencia de género en el debate sobre el comercio de armas?

En 2009 EEUU cambió su postura respecto al ATT y decidió apoyar las negociaciones. Este giro en la política del mayor exportador mundial de armamentos, con unas ventas de armas convencionales de 55.000 millones de dólares anuales (40% del total mundial), representó un gran paso adelante.

Mientras tanto, la Unión Europea convirtió recientemente su código de conducta interno sobre exportación de armas en legislación vinculante, para así convertirse en "un actor muy creíble" como promotor del ATT. Las negociaciones de 2012 no resultarán sencillas, pero es evidente que para proteger los derechos de las mujeres debe aplicarse la legislación internacional relativa a la violencia de género en las decisiones sobre el comercio de armas.

Sin embargo, el ATT no es suficiente. Los estados tienen también que empezar a recoger datos. Sin una información precisa sobre la posesión y tráfico de armas y su vinculación con la violencia de género no se podrán elaborar políticas públicas que tengan éxito en este campo.

Finalmente, los diferentes países deben actuar para poner fin a la impunidad de la violencia armada contra las mujeres, y aumentar la participación de éstas en los debates sobre las políticas a aplicar respecto a las armas ligeras.

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