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Eliminación de agentes químicos: la posibilidad de que la población civil pueda sufrir daños catastróficos a consecuencia de ataques químicos, biológicos, nucleares o radiológicos resulta enormemente preocupante para la OTAN
(© OTAN) |
Dagmar de Mora-Figueroa analiza la respuesta de la OTAN ante la amenaza terrorista tras los ataques del 11 de septiembre contra Estados Unidos.
Los últimos atentados terroristas cometidos en Inglaterra, Irak, Turquía y otros diversos lugares, así como los aniversarios del 11-S y de la masacre de la escuela de Beslan del año pasado han supuesto un amargo recordatorio de que la lucha contra el terrorismo debe seguir encabezando de la agenda de la Alianza.
En la agenda de seguridad de la OTAN el terrorismo no siempre fue de interés prioritario: aunque en el Concepto Estratégico de 1999 –el documento que establece los retos que debe afrontar la OTAN y la forma de hacerlo– se menciona el terrorismo como una de las nuevas amenazas en la era posterior a la guerra fría, lo cierto es que los Aliados le prestaron poca atención hasta que se produjeron los atentados del 11 de septiembre de 2001. Apenas había existido debate político sobre la naturaleza y orígenes del terrorismo, o sobre las repercusiones que pudiera tener sobre los conceptos, políticas, estructuras y capacidades de la Alianza. Sin embargo, desde entonces prácticamente todas las actividades de la OTAN han sido revisadas teniendo en cuenta la amenaza que representa el terrorismo para nuestras poblaciones y fuerzas.
La reacción de la OTAN tras los ataques contra Estados Unidos fue inmediata y contundente. En menos de 24 horas los Aliados invocaron por primera vez en la historia el Artículo 5 del Tratado de Washington, la cláusula de defensa colectiva. Poco después, y a petición de Estados Unidos, se aprobó un paquete de medidas entre las que se contaban: un mayor intercambio de inteligencia sobre terrorismo; la ayuda a los Aliados y otros países que vieran aumentado el riesgo de sufrir ataques terroristas como consecuencia de su apoyo a la campaña antiterrorista; el incremento de las medidas de seguridad en las instalaciones situadas en territorio de la OTAN; la reposición de ciertos activos de la Alianza que tengan que ser utilizados para apoyar las operaciones antiterroristas; autorizaciones de sobrevuelo de los aviones militares que realicen misiones antiterroristas; acceso a puertos y aeropuertos para la realización de dichas misiones; el despliegue de las fuerzas navales de la Alianza en el Mediterráneo Oriental; y el traslado a Estados Unidos de aparatos del Sistema Aerotransportado de Control y Detección Avanzada (AWACS) de la OTAN (para más detalles sobre la ayuda prestada por la Alianza tras el 11-S puede consultarse el artículo Ayudar a América de la Revista de la OTAN de invierno de 2001 ).
Desde entonces, a partir del impulso político y las directrices que aportaron las Cumbres de Praga de 2002 y de Estambul de 2004, la Alianza se ha esforzado en realizar una aportación eficaz y valiosa a la lucha de la comunidad internacional contra del terrorismo. Y por eso ha tenido en cuenta esta amenaza durante el desarrollo de sus políticas, conceptos, capacidades y asociaciones.
Política
Desde 2001 la Alianza ha desarrollado y articulado una política coherente respecto al terrorismo, que se fue plasmando en las declaraciones finales aprobadas en las cumbres y reuniones ministeriales y en las decisiones adoptadas por el Consejo del Atlántico Norte, y que combina una enérgica condena del terrorismo en todas sus formas con un compromiso para la unidad y solidaridad ante esa amenaza y con la determinación de combatirla durante tanto tiempo como haga falta. Dado que los terroristas tratan de destruir los valores que constituyen el fundamento de la Alianza y que son también compartidos por sus Socios, resulta fundamental para todos ellos mantener esa unidad y solidaridad en la lucha antiterrorista.
La contribución de la OTAN en una lucha que se presenta larga y difícil pone de manifiesto las ventajas que aporta la organización y que se basan en su experiencia actual. Al mismo tiempo, al tratarse de una amenaza polifacética la cooperación con los países Socios y los diversos organismos internacionales se ha convertido en uno de los aspectos fundamentales de su planteamiento antiterrorista. El terrorismo se ha convertido en un punto permanente a tratar en las agendas del Consejo del Atlántico Norte y del Consejo de Asociación Euroatlántico. Las consultas periódicas sobre esta cuestión entre los Aliados y los Socios y con otras organizaciones internacionales favorecen la elaboración de valoraciones comunes y actuaciones concertadas, contribuyendo a desarrollar una respuesta internacional unificada en la lucha contra el terrorismo.
Conceptos y doctrinas
Se ha revisado la práctica totalidad de los conceptos y doctrinas de la Alianza para que tengan en cuenta la amenaza terrorista. A este respecto el documento más significativo dentro de la OTAN es el Concepto Militar sobre Defensa contra el terrorismo, aprobado en la cumbre de Praga. Con este Concepto Militar la defensa contra el terrorismo se integra como una parte integral de las misiones de las fuerzas de la Alianza.
El Concepto Militar establece la contribución potencial que pueden realizar las fuerzas militares de la Alianza en este contexto y les permite prepararse para este tipo de funciones operativas de modo que en el seno de la defensa contra el terrorismo se prevé la intervención de las fuerzas armadas, siempre a partir de las decisiones adoptadas por el Consejo del Atlántico Norte, para ayudar a disuadir, defender, desarticular y proteger frente ataques terroristas, en curso o potenciales, dirigidos desde el extranjero contra las poblaciones, el territorio, las infraestructuras o las fuerzas los Aliados, mediante actuaciones realizadas contra los terroristas y quienes les den asilo. Y si se considera preciso, las fuerzas armadas prestarán también ayuda a las autoridades nacionales para ocuparse de las consecuencias de los ataques terroristas, especialmente si incluyen armas químicas, biológicas, biológicas, radiológicas o nucleares (CBRN).
En lo que constituye una clara refutación de la idea preconcebida que se mantenía en el pasado según la cual resultaba muy improbable que la OTAN llegara a actuar fuera de la zona euroatlántica, el Concepto Militar prevé que las tropas puedan desplegarse donde y cuando sea necesario, siempre que lo decida así el Consejo del Atlántico Norte. También contempla la posibilidad de llevar cabo actuaciones militares de la Alianza contando con la petición o autorización del Consejo de seguridad de la ONU, en apoyo de los esfuerzos de la comunidad internacional –o formando parte de ellos– como pueden ser las operaciones realizadas de respuesta ante crisis. Se han revisado o elaborado otros muchos conceptos, doctrinas y planes militares para adaptarlos a este nuevo Concepto Militar (para más detalles sobre el Concepto Militar sobre Defensa contra el terrorismo de la OTAN véase el Concepto militar sobre defensa contra el terrorismo ).
Capacidades
Los Aliados también han adoptado una serie de medidas para mejorar sus capacidades militares antiterroristas. Se están desarrollando iniciativas de gran importancia, como el laboratorio de campaña de análisis nuclear, químico y biológico (NBC), el equipo de respuesta ante incidentes NBC, el centro virtual para defensa contra armas NBC, el arsenal de defensas biológicas y químicas de la Alianza y el sistema de supervisión de epidemias, a fin de mejorar las defensas de la OTAN contra las armas NBC. Se ha creado además un Batallón de Defensa NBCR para poder responder a un posible empleo de armas de destrucción masiva, especialmente contra las tropas desplegadas sobre el terreno, y controlar sus consecuencias (para más información sobre el Batallón de Defensa CBRN véase el artículo Impulso a las capacidades CBRN de la OTAN en este mismo número de la Revista de la OTAN).
La Conferencia de Directores Generales de Armamento de la OTAN ha elaborado por su parte un ambicioso programa de trabajo para la defensa contra el terrorismo que incluye áreas como la protección de los aviones de gran tamaño contra los sistemas de misiles antiaéreos portátiles (denominados MANPADS); la protección de buques y puertos; la protección de los helicópteros; la neutralización de artefactos explosivos caseros; la detección y neutralización de las armas NBCR y de sus efectos; nuevas tecnologías para uso en misiones de inteligencia, reconocimiento, vigilancia y adquisición de blancos en la lucha antiterrorista; la destrucción segura de explosivos y municiones y la protección de infraestructuras e instalaciones vitales como oleoductos y plantas de energía nuclear (para más información sobre este programa véase La tecnología en la lucha antiterrorista en la Revista de la OTAN de otoño de 2004 ).
Y desde un punto de vista más amplio, los esfuerzos de la OTAN en mejorar sus capacidades militares para poder llevar a cabo toda su gama de misiones también ayudan a potenciar la respuesta de la Alianza frente al terrorismo. Esto es lo que ocurre precisamente con iniciativas como la Fuerza de Respuesta de la OTAN, su nueva Estructura de Mando y el Compromiso sobre Capacidades de Praga.
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| Los atentados terroristas que siguen produciéndose
deben recordarnos que aún queda mucho por hacer para acabar con esta
lacra |
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Otro aspecto importante de la lucha contra el terrorismo
es la disponibilidad de inteligencia eficaz, que contribuya a aportar una comprensión común sobre las amenazas terroristas y medidas para hacerles frente. Por ello resulta tan prioritario para la Alianza el potenciar la puesta en común
de inteligencia entre los Aliados y Socios.
Se ha creado una Unidad de Inteligencia contra Amenazas Terroristas para mejorar
el uso compartido de la inteligencia y los análisis sobre terrorismo. Esta Unidad recoge información a partir de las fuentes de inteligencia civiles y militares, tanto de países de la OTAN como Socios, a fin de poder asesorar al Consejo del Atlántico Norte y al personal de la OTAN. Y se está llevando a cabo también una profunda revisión de las estructuras de inteligencia de la OTAN. Pero todavía queda mucho por hacer en este campo para asegurar una producción eficaz de inteligencia que sirva de base para la toma de decisiones. Y será especialmente importante definir claramente el tipo de inteligencia que sería podría resultar más útil al ser compartida entre todos los Aliados. La inteligencia de tipo operativo y de alta sensibilidad –el tipo de inteligencia que los servicios secretos están menos dispuestos a compartir– quizás sea menos importante para los fines de la Alianza que las valoraciones y evaluaciones de tipo estratégico.
Gestión de las consecuencias
Los Aliados y los Socios trabajan conjuntamente para mejorar la preparación civil frente a posibles atentados terroristas. Merece atención especial la posibilidad de que se produzcan daños catastróficos como consecuencia de ataques con agentes químicos, biológicos, nucleares o radiológicos contra poblaciones civiles. Se está desarrollando un conjunto de “estándares mínimos y directrices no obligatorias para los responsables de los servicios de urgencia en lo relativo al planeamiento, entrenamiento, procedimientos y directivas de actuación ante incidentes CBRN”, y están en curso varias iniciativas para proteger las infraestructuras civiles esenciales. Se trata de un trabajo consistente tanto en la elaboración de conceptos como en la identificación y preparación de las capacidades de que disponen los Aliados y Socios para responder a este tipo de ataques, como el Centro Euroatlántico de Coordinación
de Respuestas ante Desastres (EADRCC), y el posible uso de los equipos de defensa
CBRN de la Alianza.
También deben analizarse cuidadosamente las implicaciones que pudiera tener un fracaso de las actividades de disuasión y prevención. Por eso hay que pensar en la preparación de planes de contingencia para poder enfrentarse a destrucciones graves provocadas por ataques terroristas, especialmente si se emplearan armas de destrucción masiva. En este contexto la cooperación cívico-militar en la gestión de las consecuencias y un buen nivel de preparación podrían ayudar a respuesta más
efectiva.
Operaciones
Las operaciones de la OTAN han demostrado, directa o indirectamente, su grado
de preparación y su determinación de actuar enérgicamente frente a la amenaza terrorista. Por medio de ellas ha podido poner en práctica sus políticas, conceptos y capacidades, y su experiencia y sus activos principales –su estructura militar integrada, su elevada capacidad para el desarrollo operativo y sus procedimientos para poder utilizar una amplia gama de activos y capacidades militares en Europa y Norteamérica– le
permiten desarrollar una gran variedad de operaciones militares multinacionales
de gran trascendencia, incluyendo las directamente relacionadas con la lucha
antiterrorista.
La Operación Active Endeavour , la operación antiterrorista de la OTAN en el Mediterráneo, demuestra claramente la determinación y capacidad de respuesta de la Alianza ante el terrorismo. Esta operación se aprobó en octubre de 2001 dentro del contexto de la invocación del Artículo 5 del Tratado de Washington, consistiendo inicialmente en operaciones de patrulla en el Mediterráneo oriental y supervisión de los barcos mercantes. Posteriormente se fue extendiendo para incluir la escolta de buques civiles que navegaban por el Estrecho de Gibraltar y el abordaje y comprobación de barcos sospechosos, ampliándose su zona de acción a la totalidad el Mediterráneo. Los Socios de la Alianza van mostrando un creciente interés en participar, y ya se han concluido acuerdos de colaboración a este respecto con Rusia y Ucrania. Se están llevando a cabo negociaciones con varios países del Diálogo Mediterráneo sobre la forma en que podrían apoyar esta operación (para más detalles sobre la Operación Active Endeavour,
véase el artículo Lucha contra el terrorismo en el Mediteráneo en este
mísmo número de la Revista de la OTAN).
También se está proporcionando apoyo práctico a los países Aliados durante la celebración de reuniones importantes o actos públicos de diversa índole. Estas actuaciones se iniciaron inmediatamente después del 11 de septiembre con la Operación Eagle Assist, que proporcionó a Estados Unidos apoyo en la detección temprana aerotransportada desde octubre de 2001 hasta mayo de 2002. Posteriormente se proporcionó una ayuda similar en acontecimientos como las cumbres de la UE y la OTAN y los Juegos Olímpicos de Atenas, en los que además del apoyo en la detección temprana aerotransportada se desplegó parte del batallón
de defensa NBCR de la OTAN.
Las operaciones realizadas bajo la dirección de la OTAN en Afganistán y los Balcanes occidentales ayudaron a evitar que grupos terroristas o extremistas entorpecieran los esfuerzos para restablecer la paz y la estabilidad. La Fuerza Internacional de Apoyo a la Seguridad (ISAF) dirigida por la OTAN en Afganistán ha contribuido, entre otras cosas, al proceso electoral de los comicios presidenciales y parlamentarios y ha ayudado a que los grupos extremistas y terroristas no consiguieran alterar el Proceso de Bonn, el programa internacional para la estabilización del país. En Kosovo la KFOR sigue recolectando inteligencia sobre grupos extremistas y terroristas para limitar su libertad de movimientos, y mantiene bajo supervisión y vigilancia las fronteras regionales e internacionales. En Bosnia-Herzegovina el cuartel general remanente de la OTAN en Sarajevo han retenido la capacidad suficiente para apoyar las actividades antiterroristas a la vez que se mantiene la protección de las fuerzas. Los cuarteles generales de la OTAN en Skopje (ex República Yugoslava de Macedonia*) y Tirana (Albania) proporcionan asesoramiento a las autoridades locales sobre la reforma de la defensa y las operaciones de vigilancia fronteriza, contribuyendo así al reforzamiento de las capacidades antiterroristas de estos países.
Cooperación internacional
El compromiso de la OTAN de trabajar con los Socios y con las restantes organizaciones
internacionales en la lucha antiterrorista ha quedado reflejado en una serie
de iniciativas y actuaciones concretas. La carta fundacional del Consejo OTAN-Rusia,
creado en mayo de 2002, señala el terrorismo como uno de los elementos fundamentales para las consultas y cooperación práctica entre la OTAN y Rusia, y en diciembre de 2004 ambas partes aprobaron un Plan de Actuación contra el Terrorismo. (para más detalles sobre la cooperación OTAN-Rusia en este campo véase el artículo Cooperación antiterrorista entre la OTAN y Rusia en
este mismo número de la Revista de la OTAN ). La lucha antiterrorista
también ocupa un lugar prominente dentro del diálogo de la OTAN con Ucrania, y el Plan de Actuación de la Asociación contra el Terrorismo aprobado en noviembre de 2002 ha proporcionado un marco para la cooperación de la Alianza con todos los Socios en esta área (para más detalles de este programa véase La colaboración con los países socios en la lucha antiterrorista en
el número de primavera de 2003 de la Revista de la OTAN ).
Además, se ha decidido que los siete países del Diálogo Mediterráneo pueden participar en actividades del Plan de Actuación de la Asociación
contra el Terrorismo de forma particularizada para cada caso concreto.
La actuación de la Alianza en Afganistán fue esencial para trasladar la cooperación con las Naciones Unidas contra el terrorismo a un nivel superior, al tiempo que se intensifican las relaciones con el Comité Antiterrorista de la ONU y con varias agencias de esta Organización, en especial en el campo de los planes de emergencias civiles. Las consultas e intercambio de información sobre terrorismo y proliferación de WMD con la UE se mantienen en plena actividad, y se llevan a cabo consultas periódicas con la OSCE, incluyendo especialmente las relacionadas con los MANPADS, los aspectos económicos del terrorismo y el control de fronteras. Además, la OTAN está trabajando con EUROCONTROL, la Organización Internacional de Aviación Civil y la Asociación Internacional del Transporte Aéreo para mejorar la coordinación cívico-militar en el control del tráfico aéreo.
Los atentados terroristas que siguen produciéndose deben recordarnos que aún queda mucho por hacer para acabar con esta lacra. La Alianza, gracias a su dimensión transatlántica fundamental, sus asociaciones y su experiencia sin rival, puede y debe realizar una importante contribución a esta lucha a largo plazo. Los jefes de Estado y de gobierno han establecido una agenda lo suficientemente exigente para la OTAN a este respecto. Ahora hay que esperar su plena y efectiva implementación.
Dagmar de Mora-Figueroa trabaja en cuestiones relacionadas
con el terrorismo en la División de Planes y Políticas de Defensa de la OTAN. |