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Debate |
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El poderío militar ¿sigue constituyendo la clave de la seguridad internacional?
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| Steven Everts
VERSUS
Gary Schmitt |
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Steven Everts es investigador senior del Centro para
la Reforma Europea, de Londres, y director de su programa
transatlántico.
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Gary Schmitt es el director ejecutivo del Proyecto para
el "Nuevo Siglo Americano", en Washington DC.
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NO
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YES
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Querido Gary,
El poderío militar y su papel en la
consecución de los objetivos políticos en el mundo actual
constituyen una cuestión estratégica esencial. Conseguir un
consenso sobre ella quizás sea más importante que alcanzar
acuerdos sobre la política a seguir respecto a Irak, el conflicto
de Oriente Medio o el Tribunal Penal Internacional.
Obviamente, para enfrentarse a la gran mayoría de los problemas
mundiales actuales se necesita una calculada combinación de
instrumentos de seguridad, tanto moderados como agresivos.
Seguro que estamos de acuerdo en que el escenario de seguridad
internacional ha cambiado decisivamente desde los viejos tiempos
de la guerra fría la época de la distensión y la disuasión.
En esta nueva era hemos pasado de los peligros a las amenazas:
del peligro único de un conflicto nuclear a las múltiples
amenazas de la inseguridad a escala mundial. Por eso tenemos
que afrontar ahora un escenario mucho más difuso, lleno de
matices grises, frente al blanco y negro del pasado. Una de
las consecuencias de estos cambios es la pérdida de importancia
del poder militar, que a menudo no resulta adecuado para resolver
los complejos problemas políticos y de seguridad a los que
nos enfrentamos.
Tanto si se trata del fanatismo terrorista, la proliferación
de armamentos, los Estados en crisis, la gestión de conflictos
regionales o cualquier otro problema internacional que se
nos pueda ocurrir, la conclusión es siempre la misma: se trata
de cuestiones de difícil resolución. Pero los países que sean
capaces de utilizar todo la gama de instrumentos disponibles
y cuenten con el decidido propósito de colaborar con socios
que compartan esta actitud tienen muchas más posibilidades
de salir victoriosos. Por eso me preocupa la actual tendencia
de Estados Unidos hacia la excesiva militarización. A diferencia
de lo que ocurre con buena parte de la izquierda europea,
no siento ninguna prevención hacia el poderío estadounidense.
Está claro que un mundo amenazado por una creciente tensión
internacional necesita una implicación constructiva y polifacética
de Estados Unidos. Pero también creo que seguir incrementando
el gasto en defensa hasta superar con creces los mil millones
de dólares diarios, mientras se destinan sumas miserables
a otras formas de intervención internacional no es un buen
camino, pues significa que cada vez se destinan menos recursos
a la verdaderas soluciones de los problemas internacionales.
Un ejemplo ilustrativo: el porcentaje del presupuesto federal
dedicado a cuestiones internacionales, una vez descontado
el gasto en defensa empleado en usos como el programa Nunn-Lugar,
destinado a impedir que las armas y material nucleares rusos
vayan a parar a malas manos ha ido cayendo desde el 4 por
ciento en la década de los 60, pasando por el 2 por ciento
de los 70, hasta el uno por ciento actual.
Es cierto que en ciertos momentos la superioridad militar
puede ser necesaria y eficaz, como ocurrió durante la campaña
de Afganistán contra los talibanes. Pero la fuerza militar
por sí sola pocas veces funciona, incluso a medio plazo. Basta
con contemplar la situación afgana actual. En un sentido amplio,
no creo que la "supremacía en todos los campos" pueda por
sí sola darle la victoria a Estados Unidos en su guerra contra
el terror. La derrota del terrorismo es ante todo una labor
policial y de inteligencia, que pasa por ganarse corazones
y mentes, como han tenido que aprender los europeos con dificultades.
Y no será a través del poderío militar como se consiga aproximar
Rusia a Occidente, gestionar la integración de China en el
sistema mundial o promover un acuerdo de paz en Oriente Medio.
La "visión del mundo" que tienen los Estados tiende inevitablemente
a adaptarse a los instrumentos de que disponen. La política
norteamericana cada vez recuerda más el dicho: "Si tu única
herramienta es un martillo, todos tus problemas te parecen
clavos". La visión mundial casi hobbesiana contenida en la
nueva Estrategia de Seguridad Nacional, cuyo eje es la doctrina
del ataque preventivo, ha avivado el fuego de los temores
europeos a un distanciamiento entre Europa y Estados Unidos
en la importantísima cuestión de la estrategia global.
Frente a las quejas europeas por su unilateralismo, los norteamericanos
tienden a responder señalando el deprimente nivel del gasto
europeo en defensa. Por supuesto que Europa tiene la obligación
de mejorar sus principales capacidades defensivas. Afortunadamente,
algunos países como Francia y Reino Unido - ya están aumentando
su gasto en defensa. Al igual que la mayoría de los analistas,
no me cansaré de repetir que Europa debe gastar más y mejor
en defensa si quiere estar a la altura de sus expectativas
en política exterior. En los debates entre europeos me muestro
siempre partidario de potenciar las capacidades militares
europeas, no para "agradar" a los norteamericanos sino para
que Europa pueda cumplir las tareas que se ha autoimpuesto,
tanto en la OTAN como en la Unión Europea.
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| El poderío militar a menudo
no resulta adecuado para resolver los complejos
problemas políticos y de seguridad a los que nos
enfrentamos |
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Pero existen razones de peso para que los europeos se muestren renuentes a dar prioridad al gasto en defensa. En primer lugar, las decisiones norteamericanas en este terreno están provocando un vacío de seguridad que Europa tiene que rellenar. Por ejemplo, si Estados Unidos no se implica en la prevención de conflictos o en la reconstrucción de la posguerra, ¿quién lo va a hacer? Y en segundo lugar, muchos europeos se sienten escépticos respecto a que unas mayores capacidades de defensa les lleguen a dar una mayor influencia ante Washington, como sostienen algunos analistas. Los norteamericanos y más aún su actual Administración tienden a decidir primero su estrategia y después presionar y convencer a sus Aliados para que la apoyen. Una frase muy repetida entre los europeos es la de que Estados Unidos no busca coaliciones con los países que tengan voluntad y capacidad, sino con los obedientes y sumisos. En tercer lugar, se nos presenta de nuevo la cuestión de la eficacia. Si la fuerza militar solamente resulta útil para un conjunto reducido y quizás decreciente de problemas internacionales, y a menudo sólo de forma transitoria, muchos europeos se preguntan qué sentido tiene gastar tanto en defensa.
Resulta evidente que necesitamos un debate transatlántico, franco y abierto, sobre cuáles son los principales problemas mundiales (la discusión sería sobre "los locos y las armas nucleares descontroladas" frente al lado oscuro de la globalización) y sobre qué estrategias pueden aplicarse con mayor eficacia: poderío militar unilateral y ataques preventivos, o coaliciones amplias y la combinación de instrumentos de seguridad moderados y agresivos.
Estos días, en Washington, resulta casi obligado fustigar a los europeos por su incapacidad para alcanzar un nivel adecuado en gastos en defensa. Pero si nos paramos a pensar en ello, observaremos que en el lado norteamericano el desequilibrio es aún mayor y más preocupante. Espero con ansia el día en que Estados Unidos se dé cuenta de que se ha equivocado en sus prioridades de gasto. La supremacía militar actual podrá hacer que los norteamericanos se sientan poderosos, pero de poco va a servirles para resolver los crecientes problemas de este mundo convulso.
Atentamente,
Steven
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Querido Steven,
Antes de contestar a tus comentarios tengo que dar mi propia respuesta a la pregunta concreta que se nos ha planteado: ¿Sigue siendo el poderío militar la clave de la seguridad internacional? La respuesta es "no". La clave sigue estando, como siempre, en el carácter de los regímenes que definen el orden internacional. Y en nuestro tiempo la clave de la seguridad internacional reside en si un Estado o un grupo de Estados son o no democracias liberales. El mayor de los avances en la teoría de la seguridad internacional ha sido el "descubrimiento" de que la paz y prosperidad internacionales son directamente proporcionales a la generalización de los gobiernos democráticos en el mundo.
Dicho esto, ¿constituye el poderío militar la segunda cuestión de mayor importancia para la seguridad internacional? Mi respuesta a esto es que sí. ¿Es la única? No. ¿Puede resolver todos los problemas? No. Pero probablemente constituya la mejor explicación de por qué la mayoría de los Estados se comportan como lo hacen, por qué no se comportan como podrían hacerlo y por qué la superioridad militar potencia la eficacia de otros instrumentos. Resulta irónico que la razón por la que mantenemos este debate sea que el poderío militar norteamericano es tan omnipresente que ya damos por sentados los beneficios que ofrece en términos de estabilidad mundial. Un buen ejemplo sería tu misma observación de que la fuerza militar no conseguirá "aproximar Rusia a Occidente, gestionar la integración de China en el sistema mundial o promover un acuerdo de paz en Oriente Medio". Es evidente que el poderío militar no puede "resolver" esos problemas, pero es la supremacía militar de Estados Unidos o Israel lo que realmente disuade a Rusia, China o la Autoridad Nacional Palestina de adoptar políticas más agresivas o perjudiciales para el orden internacional. En resumen, el poderío militar tiene importancia no solamente porque algunos problemas sean realmente "clavos" (como Milosevic, Ben Laden y otros) sino porque poseer la superioridad militar supone neutralizar otros problemas. Basta con imaginar un escenario mundial en el que Estados Unidos no tuviera sus capacidades militares actuales para darse cuenta de lo diferente (y peligroso) que sería este mundo.
Por el contrario, tu argumento principal es que Estados Unidos no acepta "la pérdida de importancia del poderío militar" ante los cada vez más "complejos problemas políticos y de seguridad" tras el fin de la guerra fría. Aparte de que tu retrato de los problemas de seguridad que afrontaron los norteamericanos durante la guerra fría el "blanco y negro" ante el "peligro único de un conflicto nuclear" no es cierto (y en mi opinión resulta muy euro-céntrico), también resulta erróneo describir su política actual como una "excesiva militarización".
Desde que terminó la guerra fría el presupuesto militar norteamericano se ha ido reduciendo, al igual que el europeo. Hace diez años su gasto en defensa suponía casi el 5 por ciento del PIB. Cuando George Bush tomó posesión, suponía apenas un 3 por ciento. Y hasta el 11 de septiembre la Administración Bush había dejado claro que no tenía intención de aumentar de forma significativa el gasto en defensa. Por supuesto, dado el tamaño de la economía estadounidense un 3,3 o 3,4 por ciento del PIB (que es lo que se estima que supondrá el presupuesto de defensa de los dos próximos años) da para mucho. Pero si contemplamos las responsabilidades norteamericanas en todo el mundo en Asia, Europa y Oriente Medio, y ahora también en su propio territorio apenas resulta suficiente. Además, al no tener un competidor próximo los reflejos de Estados Unidos disminuyeron, como se pudo apreciar en Bosnia-Herzegovina y Kosovo. Tampoco realizaron ninguna acción militar decisiva contra Ben Laden hasta que se produjo el 11 de septiembre, a pesar de que al Qaeda había asesinado a cientos de personas en sus atentados contra objetivos norteamericanos. Incluso el inminente conflicto con Irak ha venido precedido de más de una década de incumplimientos de este país en las obligaciones impuestas tras el alto el fuego. Y no parece que Washington vaya a afrontar la crisis en la Península de Corea con bombardeos de precisión.
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| La clave de la seguridad internacional reside en si un Estado o un grupo de Estados son o no democracias |
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Tú mantienes una versión caricaturesca de la política norteamericana al declarar que la nueva Estrategia de Seguridad Nacional se guía por una "visión hobbesiana del mundo", y que "su eje" lo constituye la doctrina del ataque preventivo. En primer lugar, si su doctrina fuera realmente hobbesiana no pondrían tanto énfasis en la necesidad de difundir los principios económicos y políticos liberales por todo el mundo. Y, en segundo lugar, cualquier lectura imparcial del documento permitiría concluir que los ataque preventivos no constituyen el eje de la nueva estrategia. ¿Han adquirido una mayor importancia en una época en la que la proliferación de armamentos se nos ha ido de las manos? Sí. ¿Constituyen por ello el elemento fundamental de la estrategia global? Difícilmente.
Por último, para sostener tu aseveración de que la política estadounidense está siendo "excesivamente militarista" afirmas que Washington destina "sumas miserables a otras formas de intervención internacional". Se puede discutir si Estados Unidos destina suficiente dinero para ayuda exterior (12.700 millones de dólares en 2000), y si esta ayuda sirve realmente para algo, pero calificar de "miserable" a semejante volumen de ayuda resulta excesivo. Exceptuando Japón, ninguna otra nación gasta tanto dinero en ayuda exterior gubernamental como Estados Unidos, y el próximo año nadie les superará en este tipo de gasto. Además, la ayuda que proporciona se entrega de una forma más generosa (Japón proporciona la mayoría de sus ayudas en forma de préstamos con garantías y exige, como algunos Estados europeos, que estas ayudas se empleen en compras de bienes y servicios a sus empresas). Lo cierto es que el gobierno estadounidense es el mayor donante bilateral del mundo para los países subdesarrollados: proporciona 11.000 millones de dólares en ayudas oficiales para el desarrollo y más de 17.000 millones en el conjunto de ayudas. También es el líder mundial en ayuda humanitaria, el mayor donante de los bancos de desarrollo, el líder en donaciones de caridad privadas y la principal fuente de financiación privada para los países subdesarrollados. De hecho, cada año los particulares envían más de 30.000 millones de dólares desde Estados Unidos a los países subdesarrollados una cantidad igual o mayor que el presupuesto de defensa de cualquier país de la OTAN, exceptuando Francia, Reino Unido y Estados Unidos.
A los europeos les gusta presumir de poseer una perspectiva más equilibrada y matizada para manejar los problemas de seguridad actuales que esos "vaqueros" norteamericanos. Pero los hechos nos dicen que Estados Unidos no solamente tiene el mayor "martillo" del mundo sino también el "bolsillo" más generoso. Lo que llama la atención es que ambos sean mucho más equilibrados que por ejemplo, Alemania, donde si juntas el dinero empleado en ayuda exterior y defensa el resultado todavía está bastante por debajo del 2 por ciento del PIB. La verdad es que no resulta sorprendente si consideramos que Alemania y toda Europa en general confía en que sea Estados Unidos quien lleve la mayor parte de la carga de los principales problemas de seguridad mundiales. Me parece muy bien, pero entonces que dejen de convertir esa debilidad en una supuesta nueva perspectiva respecto a las claves de la seguridad internacional en el mundo surgido tras la guerra fría.
Atentamente,
Gary
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Querido Gary,
Déjame que divida mi respuesta en tres partes, referidas respectivamente a la agenda de seguridad transatlántica, la eficacia de la fuerza militar y las decisiones presupuestarias.
Me complace que estemos de acuerdo en que la clave de la seguridad internacional no reside en el poderío militar de los Estados, sino en si dichos Estados son o no democracias liberales. El descubrimiento de que las democracias liberales no luchan entre sí es lo más parecido a una "ley empírica" que pueda existir en las relaciones internacionales. Mi pregunta entonces es: ¿cómo podemos difundir la paz democrática? Creo que el mejor método para crear democracias liberales es la prevención de conflictos y la reconstrucción posbélica que tan a menudo han utilizado los europeos - y otros países y que los norteamericanos tienden a rechazar o despreciar. Un mayor gasto en defensa está muy bien si lo que quiere Estados Unidos es aumentar aún más su predominio militar, pero ¿cómo podrá evitar que caigan en la anarquía Estados en situación crítica o en plena desintegración? ¿Cómo impedirá que Afganistán se convierta de nuevo en el campo de batalla de los caudillos militares y los grupos islamistas más fanáticos?
La reconstrucción de sociedades destrozadas por los conflictos es una tarea difícil y poco atractiva, y además requiere mucho más tiempo y dinero que la misma guerra. Sería magnífico que EEUU reconsiderara su reticencia a la "reconstrucción nacional" y ofreciera los recursos financieros y el compromiso político necesarios. En el terreno militar, podría unirse a sus Aliados europeos para contribuir con más fuerzas a las misiones de las Naciones Unidas. Actualmente Estados Unidos tiene un solo soldado sí, solamente uno participando en operaciones de paz de las Naciones Unidas (sobre un total de 36.000). Un cambio de actitud resultaría muy beneficioso tanto para su imagen internacional y como para la seguridad mundial.
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| La reconstrucción de sociedades destrozadas por la guerra requiere mucho más tiempo y dinero que la misma guerra |
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Por supuesto que a veces es preciso utilizar la fuerza militar. Una diplomacia que no tenga el respaldo de su uso potencial puede resultar ineficaz, como ocurrió a primeros de los 90 en la antigua Yugoslavia. Pero la fuerza militar sola, sin una estrategia diplomática o política, resulta a menudo contraproducente y puede provocar más problemas que los que resuelve, como ocurrió en Somalia entre el 91 y el 92. Otro ejemplo sería el Reino Unido e Irlanda del Norte, donde la violencia está desapareciendo gracias a la negociación, no a la supremacía militar británica. Tu argumento de que la supremacía militar de Israel es lo que disuade "a la Autoridad Nacional Palestina de adoptar políticas más ambiciosas y perjudiciales para el orden internacional" resulta bastante discutible. La conciencia de su propia supremacía militar llevó a Israel a emprender la desastrosa invasión del Líbano en 1982 y hace que se engañe pensando que si utiliza su fuerza con la suficiente determinación logrará acabar con los atentados suicidas. Con independencia de la opinión que cada uno tenga sobre la situación en Oriente Medio, lo cierto es que solamente una pequeña minoría de extremistas de ambos bandos sigue pensando que existe una solución militar.
Y, por último, está la cuestión presupuestaria. Tú defiendes con ardor el historial norteamericano en lo referente a la ayuda al desarrollo y das unas cifras impresionantes, pero engañosas, y que no soportan un análisis detallado. En primer lugar, el término "miserable" no es mío, ni una exageración europea, sino la opinión de Joseph Nye sobre la cantidad de dinero que Estados Unidos dedica actualmente a los instrumentos "moderados" de seguridad. En segundo lugar, los 11.000 millones de dólares que dedica a ayuda exterior resultan menos impresionantes si te das cuenta de que de esta cifra más de 5.000 millones están destinados a Israel y Egipto. Por supuesto que Estados Unidos es con frecuencia pero no siempre el principal donante bilateral, y que realiza contribuciones muy importantes a los presupuestos de las Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial y otras organizaciones internacionales. Pero si juntas todas las contribuciones de los europeos, superan con mucho las de los norteamericanos, como demuestran las cifras comparativas. Como Chris Patten no se cansa de repetir: "La Unión Europea y sus miembros aportan el 55 por ciento de toda la ayuda internacional al desarrollo y, aproximadamente, el 66 por ciento de todas las subvenciones a países subdesarrollados. También financian el 50 por ciento de la ayuda que recibe Palestina, un 60 por ciento de la de Rusia y más del 85 por ciento en los Balcanes".
No trato de ganar un "concurso de belleza en la ayuda exterior", sino de demostrar que los cambios en el entorno de seguridad mundial requieren un planteamiento polifacético y una combinación de instrumentos de seguridad moderados y agresivos. Es obvio que los europeos tienen que mejorar la coherencia y eficacia de su actuación en política exterior, pero la gestión de la política de seguridad mundial probablemente exija aún más cambios a Estados Unidos. Tanto la forma de pensar de algunos de los halcones de la Administración Bush como los instrumentos que este país tiene a su disposición no están debidamente adaptados al escenario actual de seguridad. El principio que debe guiar el debate transatlántico sobre las contribuciones respectivas a la seguridad mundial es: primero replanteárselas, después hacer el reparto.
Atentamente,
Steven
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Querido Steven,
Muy bien, estamos de acuerdo en que la clave de la paz internacional reside en que los Estados sean democracias liberales. Pero tu respuesta ante la pregunta de cómo podemos difundir la paz democrática es que "el mejor método para crear democracias liberales es la prevención de conflictos y la reconstrucción posbélica que tan a menudo han aplicado los europeos - y otros países y que los norteamericanos tienden a rechazar o despreciar".
En primer lugar, la paz democrática no depende tan solo de que haya más Estados democráticos en el mundo, sino también de la defensa y protección de las democracias ya existentes. Hablas como si la paz y seguridad que estas democracias disfrutan actualmente se mantuvieran por sí solas, cuando evidentemente no es así. Esa paz depende en muchos sentidos de las capacidades militares que tantos deseos tienes de pasar por alto. ¿De verdad piensas que sin el poderío militar de EEUU la democracia surcoreana estaría segura frente al inmenso arsenal de Corea del Norte? ¿Crees que sin los portaaviones norteamericanos un régimen democrático como Taiwan duraría más de una semana ante el declarado objetivo de China de conquistarlo por la fuerza? ¿Y que sin la superioridad militar estadounidense Irak no se hubiera hecho con el control de las reservas de crudo de las que dependen las democracias occidentales? ¿O existiría Israel hoy si su ejército no fuese muy superior a los de Siria o Irak? ¿Habría firmado Egipto un tratado de paz con Israel si éste país no le hubiera derrotado por dos veces? Y en este sentido hay que recordar que lo primero que han planteado las nuevas democracias del Este de Europa es el ingreso en la OTAN, y sólo después su entrada en la Unión Europea. ¿No se deberá a que saben que para hacer negocios lo primero que hace falta es tener seguridad? Y su seguridad se basa en asociarse con la principal potencia militar.
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| Poseer la superioridad militar supone poder mantener a raya otros problemas |
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En cuanto a tus otras aseveraciones, yo nunca he dicho que hubiera "una solución militar" para el problema de Oriente Medio, pero también tengo claro que si la capacidad militar israelí hubiera estado a la altura de la del Líbano no hubiera existido la menor posibilidad de un "proceso de paz", pues Arafat y los suyos solamente han rebajado sus objetivos entre los cuales estaba la destrucción del Estado de Israel ante la demostrada capacidad de defenderse de este país. Y ocurre algo parecido con la "reconstrucción posbélica", en la que tanto insistes sin aceptar lo obvio: tal y como ha ocurrido siempre, hasta que no te libras de los dictadores y criminales que, por cierto, no suelen preocuparse mucho por tus amonestaciones "antes del conflicto" no puedes empezar a propagar la paz democrática. Por muchos problemas que tengamos que afrontar para conseguir un autogobierno válido y estable para Afganistán, Bosnia-Herzegovina y Kosovo, la misma posibilidad de que esto pueda ocurrir se debe a que antes se utilizó el poderío militar. Incluso tu referencia al conflicto de Irlanda del Norte se puede usar a mi favor. Aunque la violencia esté desapareciendo a partir de la apertura de las negociaciones de paz, ha sido la aplicación del poderío militar, policial y de inteligencia del Reino Unido lo que ha obligado al IRA a aceptar que no podía conseguir sus objetivos mediante el terrorismo.
Por último, sigues aferrado a una versión caricaturesca de la política norteamericana. Dices que Estados Unidos tiene "un solo soldado sí, solamente uno participando en operaciones de paz de las Naciones Unidas", pero silencias el hecho de que este país paga más de la tercera parte del coste de esas operaciones (y más del doble con lo que contribuye cualquier otro país), y que además de sus otras responsabilidades militares a nivel mundial, en 2001 seguía siendo el principal contribuyente en las operaciones de paz multilaterales.
Es verdad que Europa en su conjunto gasta más en ayuda internacional al desarrollo con fondos públicos que Estados Unidos, pero también debe contar la eficacia. La ayuda al desarrollo del sector privado norteamericano totaliza 36.000 millones de dólares al año, una cifra que sobrepasa con mucho cualquier cantidad similar de la Unión Europea, y refleja el criterio estadounidense de que la ayuda resulta más eficaz y está mejor gestionada si se deja en manos de organizaciones privadas y no gubernamentales. Resulta un poco irónico que Joe Nye, el gurú de los "métodos moderados" de Estados Unidos, no tenga conciencia de esos "métodos moderados" cuando se producen. Mientras tanto Europa ha sido, individual y colectivamente, el principal suministrador de ayuda con anterioridad al 11 de septiembre para Afganistán, la Autoridad Nacional Palestina, Irak, Libia, y Siria. A lo mejor Chris Patten puede explicarnos cómo esos centenares de millones de dólares promovieron la paz en el mundo y la difusión de la democracia. Yo, particularmente, lo dudo.
Atentamente,
Gary
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Querido Gary,
Para cerrar este debate, déjame repetir mi argumento principal: para resolver la inmensa mayoría de los problemas de seguridad actuales, los países o mejor, los grupos de países deben utilizar un planteamiento polifacético, que combine instrumentos de seguridad moderados y agresivos, y una clara determinación de mantener el rumbo trazado. Dejaré que los demás decidan si yo he ofrecido una "visión caricaturesca" de las políticas norteamericanas si relees mis cartas quizás te des cuenta de que fui un poco más sutil que todo eso. A riesgo de repetirme, permíteme que vuelva a remarcar que estoy totalmente a favor de una implicación activa de Estados Unidos en los asuntos mundiales. Por poner un ejemplo: las políticas norteamericanas durante la década que siguió a la Segunda Guerra Mundial se caracterizaron por su visión de futuro, su generosidad y su gran éxito. Y reconozco que siempre habrá diferencias en el grado de contribución de Europa y Estados Unidos a la seguridad mundial.
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| Cuanto más confía Norteamérica en el poderío y la fuerza, menos éxito tiene en el desarrollo de la persuasión y la moderación |
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Lo que de verdad me preocupa es que mientras que los europeos, aunque sea con dudas y errores, intentan hacer frente a su debilidad, no veo una actitud similar en los norteamericanos. Las distancias están incluso aumentando, tanto en recursos como en la forma de pensar. Y lo cierto es que cuanto más confía Norteamérica en el poderío y la fuerza, menos éxito tiene en el desarrollo de la persuasión y la moderación. Y lo malo de esta forma de actuar es que acaba provocando los mismos hechos que parecen darle la razón. Y eso significará que el mundo será un lugar con menos paz y seguridad.
Atentamente,
Steven
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Querido Steven,
Yo también estoy conforme en que los problemas internacionales precisan de un enfoque polifacético. Dicho esto, resulta interesante tu opinión de que las políticas adoptadas por Estados Unidos durante la década que siguió a la Segunda Guerra Mundial "se caracterizaron por su visión de futuro, su generosidad y su gran éxito". Completamente de acuerdo. Pero ¿cuáles fueron esas políticas? Consistieron sobre todo en el establecimiento de un sistema económico y financiero internacional, en la creación de una red de alianzas entre los Estados democráticos en todo el mundo, en el apoyo a la reconstrucción de los países destruidos por la guerra y en un programa de rearme masivo. Si tenemos en cuenta los cambios en el escenario y en la forma de utilizarlos, podemos decir que siguen constituyendo los elementos básicos de la política norteamericana actual.
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| Hasta que no te libras de los dictadores y criminales no puedes empezar a propagar la paz democrática |
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Para decirlo claramente, el verdadero problema de los europeos respecto a Estados Unidos no es que Washington no utilice un enfoque polifacético ante los asuntos mundiales, sino que este país no está interesado en ampliar dicho planteamiento para que incluya un nuevo conjunto de instituciones y tratados multilaterales con el objetivo de reducir su poderío. Parece que por una serie de motivos, tanto antiguos como modernos, muchas personas en la Europa continental han perdido su fe en la capacidad de los Estados democráticos de mantener su poderío y de utilizarlo con sabiduría. Pues ese no es el caso de Estados Unidos. Nosotros creemos todavía que la paz y prosperidad mundiales dependen en última instancia de que los demócratas de todo el mundo sigan teniendo un potencial bélico más poderoso que el de los dictadores y bandidos.
Atentamente,
Gary
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