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Debate |
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¿Debe ser la lucha antiterrorista la nueva función de la OTAN?
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| Daniel S. Hamilton
VERSUS
Sir Timothy Garden |
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Daniel S. Hamilton es profesor y director del Centro para las Relaciones Transatlánticas de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins. Recientemente ocupó los cargos de segundo Adjunto del Secretario de Estado para Asuntos Europeos, Coordinador especial de EEUU para la Estabilización de Europa Suroriental, y Director asociado del personal de planificación de políticas de dos Secretarios de Estado.
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Sir Timothy Garden es profesor invitado en el Centro de Estudios de la Defensa del King College de Londres. Anteriormente ocupó el cargo de Director del Real Instituto de Asuntos Exteriores en Chatham House. Como piloto militar profesional, llegó a ser General de tres estrellas del Ejército del Aire y fue Vicedirector del departamento de Defensa del Reino Unido a cargo de la planificación a largo plazo para los tres ejércitos.
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sì
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no
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Querido Tim,
Esperaba con ilusión este debate,
pues creo que es el momento de discutir de forma abierta y
franca sobre las futuras funciones y misiones de la OTAN.
Tenemos al alcance de la mano nuestra visión de una Europa
unida, libre y en paz consigo misma. Las decisiones adoptadas
este otoño por la Unión Europea y la OTAN de proseguir su
ampliación, pueden ayudar a garantizar la estabilidad y la
democracia desde el Báltico al Mar Negro. Tanto el Consejo
OTAN-Rusia como la ampliación de la cooperación de este país
con Occidente, aportan unas oportunidades nunca vistas.
Europa seguirá afrontando desafíos contra su seguridad,
y el compromiso de EEUU con ella sigue siendo imprescindible.
Los Balcanes todavía constituyen un problema y, a pesar de
los progresos obtenidos, la integración de Rusia en Occidente
durará más de una generación. De ahí la importancia de mejorar
la capacidad de la Unión Europea para actuar con rapidez y
eficacia ante crisis fuera de sus fronteras, al tiempo que
acoge a nuevos miembros. Y las puertas de la OTAN deben seguir
abiertas después de la Cumbre de Praga. Pero, en conjunto,
vamos por el buen camino.
Podemos enorgullecernos de estos logros, pero no debemos
bajar la guardia. El principal reto estratégico de la actualidad,
que aún no hemos podido superar, se encuentra fuera del continente
europeo. El verdadero peligro no reside en el terrorismo como
tal, sino el terrorismo antioccidental asociado a las armas
de destrucción masiva (WMD), que constituye una amenaza de
vida o muerte para Norteamérica y Europa.
Aunque Estados Unidos sea hoy el objetivo principal, al
Qaeda también planeaba importantes operaciones en Europa.
En realidad, como ha resaltado mi amigo Simon Sefarty, esta
oleada de terrorismo masivo supone un ataque frontal contra
la idea misma en la que se basa Europa - los esfuerzos de
los supervivientes de la guerra para, una vez finalizada ésta,
trabajar conjuntamente para evitar que una tragedia de esas
proporciones pueda repetirse nunca. Si no consiguiéramos hacer
frente a este reto, estaríamos traicionando esta visión histórica,
y abandonando a los norteamericanos y europeos a merced de
unos implacables extremistas, que no pretenden cambiar, sino
destruir nuestras sociedades.
Actualmente es más probable que sean asesinados por terroristas
millones de norteamericanos o europeos a causa de la utilización
de armas de destrucción masiva, que por nuevos conflictos
balcánicos o por una invasión rusa. Y la posibilidad de que
esto ocurra es ahora mayor que durante la Guerra Fría, puesto
que todavía no estamos lo bastante preparados para afrontar
esta amenaza. La Alianza está enfocada para combatir contra
las amenazas que ahora resultan menos probables, y no contra
los verdaderos peligros a los que nos enfrentamos.
Enfrentarse a esta amenaza supone el gran desafío
de nuestro tiempo, y precisa de una estrategia multidimensional,
basada no sólo en la fuerza militar sino también
en nuevas formas de cooperación en los aspectos diplomático,
financiero, económico, de inteligencia, de aduanas
y policial. Esto significa alinear las estrategias de defensa
nacionales con la doctrina y planes de emergencia civiles
y militares de la Alianza, en defensa de nuestra "nación
OTAN", así como nuevas formas de cooperación
entre la UE y la OTAN. También significa potenciar
las regulaciones internacionales contra el terrorismo, aumentar
el número de programas Nunn-Lugar para proteger las
armas de destrucción masiva, sus materiales y los conocimientos
sobre las mismas. Supone una decidida estrategia transatlántica
en la amplia zona denominada el Gran Oriente Medio, y múltiples
esfuerzos para el desarrollo económico y el fomento
de la democracia, a fin de aliviar las condiciones que suponen
un terreno abonado para el terrorismo. E implica aumentar
nuestra ayuda exterior, sobre todo para la reconstrucción
nacional.
| Los ataques del 11 de septiembre no afectaron a nuestra vulnerabilidad frente al terrorismo masivo, únicamente hicieron que nos diésemos cuenta de ella |
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Resulta un conjunto de retos ciertamente impresionante. ¿Se trata quizás de un temor demasiado lejano? ¿O de una exagerada respuesta norteamericana ante lo que hasta ahora han sido unos pocos, aunque terribles, ataques contra EEUU?.Mi respuesta es no. La necesidad de una estrategia de ese tipo existía el 10 de septiembre, y durante los últimos años de la Administración Clinton intentamos equipar a la Alianza con nuevos instrumentos para enfrentarse a las armas de destrucción masiva. Lo que no existía entonces entre los Aliados era esta sensación de urgencia.
Los ataques del 11 de septiembre no afectaron a nuestra vulnerabilidad frente al terrorismo masivo, únicamente hicieron que nos diésemos cuenta de ella. Fue una terrible llamada de atención. ¿Cuántos miles o millones de norteamericanos o europeos tienen que morir para que nos decidamos a actuar de forma conjunta?
Esta estrategia global no afecta solamente a la OTAN, pero esta organización debe convertirse en un importante componente en el marco de un esfuerzo más amplio, tal y como lo ha resumido el Senador Richard Lugar: "En un mundo en el que ataques terroristas contemplados en el Artículo 5 pueden haber sido planeados en Alemania, financiados en Asia y ejecutados en Estados Unidos, las antiguas distinciones entre fuera y dentro del territorio carecen de sentido... Si las amenazas contra nuestra seguridad contempladas en el Artículo 5 pueden provenir de fuera de Europa, la OTAN tiene que ser capaz de actuar fuera de sus fronteras para enfrentarse a ellas, si quiere seguir cumpliendo con su misión tradicional"
Si no somos capaces de defender a nuestras sociedades frente a un gran ataque terrorista con armas de destrucción masiva, la Alianza habrá fracasado en su tarea fundamental; lo que supondría su marginación y un gran deterioro de nuestra seguridad. Este fracaso tendría también consecuencias negativas sobre el papel de la OTAN en Europa.
Enfrentarse a una amenaza terrorista acompañada de armas de destrucción masiva debe ser el objetivo principal de la Cumbre de Praga. Por muy importantes que sean la integración de nuevos miembros y la revitalización de la asociación OTAN-Rusia, no puede olvidarse que una OTAN mayor tiene que ser también una OTAN más comprometida en la campaña antiterrorista.
Atentamente,
Dan
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Querido Dan
Ojalá todos tus deseos pudieran
hacerse realidad. Ha pasado bastante tiempo desde la época
de la guerra fría, cuando los miembros de la OTAN tenían
una visión común sobre las amenazas compartidas.
Aunque su final supuso una victoria para la Alianza, la visión
nostálgica de antiguos y nuevos miembros colaborando
con una misma visión han acabado en frustración.
La OTAN ha hecho bien al proseguir la búsqueda de nuevas
funciones durante la agitada década de los 90
Tras las vacilaciones iniciales de los principales implicados
a ambos lados del Atlántico, los Balcanes han supuesto un
éxito para la OTAN. Pero la experiencia de la campaña aérea
sobre Kosovo ha forjado dos visiones sobre el futuro, una
norteamericana y otra europea,. La irritación de los USA,
que pese a aportar el 80 por ciento de las fuerzas deseaban
conseguir un consenso con las otras 18 naciones sobre los
métodos operativos tuvo graves consecuencias posteriores.
Temo que Kosovo pase a la historia como la primera y última
guerra de la OTAN.
En pleno apogeo de la campaña sobre Kosovo, la Alianza
celebró su 50 aniversario, lanzó un nuevo concepto estratégico
e hizo montones de promesas, la principal de ellas la Iniciativa
de Capacidades de Defensa (DCI). Los Aliados europeos reconocieron
sus limitaciones en cuanto a estas capacidades, y prometieron
mejorar mediante planes concretos. No sólo no se han cumplido,
sino que en los tres años posteriores se produjeron nuevas
reducciones. En otro intento de mejorar la situación, Francia
y el Reino Unido lanzaron una iniciativa para crear una fuerza
europea de despliegue rápido bastante modesta, lo que alarmó
a los que pensaron que se desarrollaría a costa de la OTAN.
Ahora preocupa a casi todo el mundo, pues en un futuro próximo
no se contemplan nuevas fuerzas que pudiera utilizar la OTAN.
Los ataques terroristas del 11 de septiembre sobre Washington
y Nueva York supusieron una llamada de atención para
el mundo occidental. Nuestras sociedades presentan nuevos
puntos débiles que permiten a enemigos pequeños
pero incisivos producir grandes daños con un bajo coste.
La respuesta inicial del Gobierno de EEUU ante el aterrador
ataque fue adecuada y muy medida, y la OTAN se sorprendió
a sí misma por la rapidez con la que se acordó
invocar el Artículo 5. Pero, vistas retrospectivamente,
esta rapidez y unanimidad en el apoyo fueron otro hito en
el camino de la OTAN hacia la impotencia. El Presidente Bush
no podía menos que estar agradecido por esa reacción,
similar a la de otras regiones amigas que prometieron su colaboración.
Pero al llegar el momento de la verdad en Afganistán
¿donde estuvo la OTAN? Los Estados Unidos, escarmentados
por la experiencia de Kosovo, prefirieron pedir ayuda a ciertos
Aliados concretos, de forma bilateral cuando precisaban algo
de ellos
| No existe una visión común entre los Aliados sobre cómo abordar la amenaza que, a largo plazo, supone el terrorismo internacional |
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Tras el cambio de régimen en
Afganistán, no existe una estrategia común entre los Aliados
sobre cómo abordar la amenaza que a largo plazo supone el
terrorismo internacional. Los europeos, con una larga experiencia
antiterrorista, saben que, a corto plazo no hay respuestas
militares fáciles. Como bien dices, necesitamos una estrategia
multidimensional basada no sólo en la fuerza armadas sino
también en nuevas formas de cooperación diplomática, financiera,
económica, de inteligencia, de aduanas, y policial. Y la OTAN
no es el foro adecuado para planteamientos tan complejos.
Afortunadamente, Europa ha sentado las bases para una
visión supranacional sobre los nuevos problemas de
seguridad. La Unión Europea proporciona los mecanismos
para un punto de vista común sobre la justicia y las
cuestiones de interior, y a pesar de lo difícil que
resulta compartir información antiterrorista, incluso
entre agencias de un mismo país, la UE tiene muchas
mayores probabilidades que la OTAN de conseguir una cooperación
eficaz. Combatir las causas originarias del terrorismo mediante
medidas de prevención de conflictos y ayuda exterior
ha sido una especialidad de la UE, que actualmente invierte
el triple que EEUU en estas actividades. Es sólo en
el campo de las capacidades militares donde la UE sigue fallando,
y los intentos de la OTAN de corregir esta debilidad han tenido
hasta ahora poco éxito.
Si la OTAN decide centrarse en la guerra antiterrorista, se acentuará la división transatlántica entre estrategia y táctica. Es mejor aceptar que la Alianza sea en los próximos años útil para facilitar la formación de coaliciones cuando sea preciso; dar confianza a los nuevos miembros y proporcionar un foro. Su existencia nos proporciona a todos tranquilidad, pero resultaría absurdo pensar que sus miembros están preparados para firmar un cheque en blanco que suscriba el punto de vista de EEUU sobre cómo combatir al terrorismo. La OTAN resultaba adecuada en la época de la disuasión, pero para afrontar los problemas mundiales actuales, que envuelven otras muchas áreas además del terrorismo. Pero tanto la UE como EEUU tienen que cooperar, y es mejor que lo hagan mediante unas Naciones Unidas reforzadas y no a través de una alianza militar regional.
Atentamente,
Tim
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Querido Tim,
Estamos de acuerdo en que Europa y Norteamérica, junto a muchos otros países, asociaciones e instituciones, tienen que emprender una amplia y multidimensional campaña antiterrorista. Donde discrepamos es en que una de esas organizaciones debe ser la OTAN. No estoy diciendo que la OTAN deba asumir la campaña a solas, también ella debe intervenir. Y no digo que la fuerza militar deba estar en primera línea de defensa. Ésta fuerza militar y la cooperación dentro de la Alianza deben formar parte integral de dicha defensa.
Tú no te opones a ello por ser inadmisible, sino porque no te parece factible - principalmente porque a los norteamericanos no les gustan las guerras con dirección colegiada, y los europeos estrechos de miras son incapaces de luchar junto a su Aliado norteamericano. Permíteme tratar cada uno de esos puntos
Todos compartimos la frustración por la reacción inicial de la Administración Bush frente a las ofertas de ayuda Aliadas para Afganistán. ¡Qué gran error! Los beneficios derivados de una participación colectiva habrían sido enormes, y habrían superado con creces todas las adaptaciones necesarias. El rechazo ha debilitado también a la OTAN ante la opinión pública y el Congreso norteamericanos, lo que podría volverse contra la Administración durante la ratificación por el Senado de la ampliación de la OTAN. Parece que, al menos, algunos miembros de esta Administración agradecieron la ayuda posterior prestada por los Aliados.
También compartimos la frustración por la morosidad de los Europeos en la mejora de sus capacidades militares pero que sus fuerzas no puedan hacerlo todo no significa que no puedan hacer nada. En vez de replantear viejas iniciativas, debemos aprovechar la oportunidad que nos proporcionó el 11 de septiembre para adaptar las fuerzas europeas a los nuevos retos. Una fuerza de combate de élite de la OTAN, con capacidad para misiones en el extranjero y para conflictos de alta intensidad, podría ser una prioridad en esos esfuerzos. Con el tiempo, se podrá ir poniendo en marcha.
| Debemos aprovechar la oportunidad que nos proporcionó el 11 de septiembre para adaptar las fuerzas europeas a los nuevos retos |
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Enfrentarse a la amenaza de terroristas con WMD no sólo implica tener preparadas fuerzas, sino también aumentar la seguridad interior. En mi opinión, el Artículo 5 significa que existe una "nación OTAN", por lo que tenemos que planificar nuestras actividades nacionales de seguridad teniendo en mente la dimensión transatlántica. La OTAN está avanzando con un esfuerzo mínimo, que podría aumentarse en gran medida. Los dos estamos de acuerdo en que dicho esfuerzo debe basarse, sobre todo, en la cooperación en una amplia gama de actividades.
Históricamente, la defensa de los USA se ha construido a partir de la proyección de fuerzas, y no de la seguridad territorial, mientras que el planteamiento europeo ha sido el contrario. En esta nueva era, cada uno debe hacer más, precisamente en el área en el que otro tiene una mayor capacidad y experiencia y esto abre el campo a potenciales sinergias.
Dices que debemos estar contentos de que la OTAN, incluidas las fuerzas de EEUU, se centre en el mantenimiento de la paz en Europa, pero no creo que se puedan separar nuestros papeles dentro y fuera de Europa, especialmente ahora que las amenazas contra la paz en Europa proceden de Oriente Medio. Si la presencia de EEUU en Europa no está vinculada con el reto de seguridad más acuciante y todavía por resolver, y si nuestros Aliados europeos aseguran que ya están preparados para gestionar a través de la UE la seguridad europea, cada vez más norteamericanos se cuestionarán por qué deben seguir estacionadas en ese continente fuerzas estadounidenses.
Nuestros dirigentes afrontan en Praga una elección muy simple. Pueden reorientar la mayor alianza de la historia hacia los retos estratégicos actuales, o pueden asistir a su decadencia. Tienes razón al cuestionarte si los gobiernos actuales están preparados para una asociación como ésta, e incluso si la desean. Lo que nos diferencia es que yo creo que la primera elección todavía es posible, mientras que tú piensas que ya se ha adoptado la segunda.
Atentamente,
Dan
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Querido Dan
Me temo que la forma en que presentas el debate demuestra
lo muy dolorosa que resultaría esta misma discusión
en el seno de la OTAN, intentando alcanzar, como siempre,
el consenso. Quizás sea cierto que a EEUU no les guste
combatir en guerras con dirección colegiada - ¿a
quién le gusta? Pero lo que me parece falso es que
"los Aliados europeos son incapaces de luchar junto a
los norteamericanos". De hecho, la diferencia de puntos
de vista sobre el carácter de la guerra antiterrorista
provoca que a Estados Unidos le resulte difícil encajar
los puntos de vista de sus Aliados de la OTAN. En Europa,
no se contempla esta cuestión como un problema de estar
preparados para "luchar juntos", sino para subordinarse
a los deseos de EEUU, sin cuestionar en ningún momento
la estrategia global.
El que ambos nos sintamos frustrados por la incapacidad de la Administración de EEUU para implicar desde el principio a la OTAN en su guerra antiterrorista no altera los hechos, y el resultado es que esta organización ha perdido fuerza e importancia. Una fuerza de combate de élite de la OTAN puede ser una prioridad para EEUU, pero ¿quién decide dónde y cuándo va a intervenir? Estados Unidos puede querer aislar a Irán, Irak y Corea del Norte por formar un "eje del mal", pero ¿ha analizado y suscrito la OTAN ese concepto? Muchos europeos (y algunos norteamericanos) creen que ha sido un gran error estratégico marginar a Irán, que podría ser de gran ayuda en varios aspectos. ¿Estaría disponible esta fuerza de combate para ayudar a Israel a reprimir a los palestinos? Estos son sólo dos ejemplos de las grandes diferencias existentes entre las dos orillas del Atlántico en ciertos planteamientos sobre las relaciones internacionales.
Sí, la lucha antiterrorista consiste en tomar medidas para proteger el territorio nacional, y se puede sostener que Estados Unidos ha tomado este aspecto con mayor seriedad que los gobiernos europeos. Por otro lado, queda mucha más tarea por hacer en Estados Unidos, después de tanto tiempo sin afrontar una amenaza terrorista a gran escala. La seguridad del territorio nacional exige trabajo policial, recogida de información, vigilancia de fronteras, servicios de emergencia y coordinación intragubernamental. A pesar del uso de los AWACs de la OTAN tras el 11 de septiembre, dudo que a EEUU le agradase una mayor implicación de esta organización en sus asuntos internos, igual que le ocurriría a cualquier otro gobierno. La dimensión militar tiene su importancia, pero no tanta dentro de esta área de seguridad.
| Una fuerza de combate de élite puede ser una prioridad para EEUU, pero ¿quién decide dónde y cuándo va a intervenir? |
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No estoy del todo de acuerdo
con tu punto de vista de que "históricamente,
la defensa de EEUU se ha construido a partir de la proyección
de fuerzas, y no de la seguridad territorial, mientras que
el planteamiento europeo ha sido el contrario" pues depende
del periodo histórico y la nación europea a
la que te refieras. Pero sí que has hecho una evaluación
ajustada de la situación de las capacidades militares
en cada orilla del Atlántico. No tengo mucha confianza
en tu teoría sinérgica de que Estados Unidos
pedirá ayuda a Europa para su defensa territorial,
mientras que Europa seguirá los pasos de EEUU en busca
de una proyección de fuerzas de alto coste y tecnología
avanzada, que en su opinión no va a resolver los problemas
de los desposeídos del mundo.
¿Cómo afecta esto a Praga? No es fácil tomar una decisión. Un esfuerzo excesivo para reorientar la Alianza en una dirección nueva y que será causa de división, sería clavar otro clavo en el ataúd. Seguro que los dirigentes firmarán alguna gran declaración que significará cosas distintas para cada uno de ellos, lo que provocará más decepciones y desilusión a ambos lados del Atlántico. Entonces ¿por qué no utilizar Praga para subrayar los verdaderos logros de la OTAN tras la guerra fría en los Balcanes? Se podría usar esta experiencia para mostrar cómo la OTAN puede usar su experiencia militar para abordar algunas de las causas originarias del terrorismo, dando estabilidad a regiones sumidas en al anarquía. Pero, si la OTAN va a ser un instrumento para que Estados Unidos obligue a los europeos a someterse a sus puntos de vista, entonces la Alianza está condenada.
Atentamente,
Tim
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Querido Tim,
La diferencias transatlánticas no suponen una novedad.
Los fundadores de la OTAN carecían de un visión
común sobre la forma de tratar a la Unión Soviética
cuando la Alianza acababa de crearse. Durante la guerra fría
los Aliados sostuvieron frecuentes discusiones sobre esta
cuestión y las diferencias de opinión sobre
los Balcanes estuvieron a punto de destruir a la Alianza.
A los que se preocupan por el desacuerdo en el seno de la
Alianza se les puede contestar con la clásica ironía
"Pero ¿cuándo estuvo de acuerdo la Alianza?"
La prueba de fuego para los Aliados no reside en la ausencia
de diferencias, sino en la capacidad de manejarlas de forma
que nuestras capacidades y perspectivas se alineen y apunten
en una dirección común. Nadie dice que vaya
a ser fácil, pero tampoco lo fue el ganar la guerra
fría, intervenir en Yugoslavia o garantizar la paz
posterior.
Estoy de acuerdo en que esto no funcionará si la Administración Bush contempla la OTAN como un instrumento para presionar a sus Aliados para que acepten su visión del mundo, y en que algunos miembros de dicha Administración están perdiendo esto de vista, hasta el punto de que si seguimos hablando unos a espaldas de otros, no sólo la OTAN sino toda nuestra asociación transatlántica verá mermada su eficacia.
| La prueba de fuego para los Aliados no reside en la ausencia de diferencias, sino en la capacidad de manejarlas de forma que nuestras capacidades y perspectivas se alineen y apunten en una dirección común |
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Pero no estoy conforme en que
para volver al buen camino haya que recurrir a una visión
retrospectiva y nostálgica del pasado de la Alianza.
Si la Cumbre de Praga va a consistir en eso más vale
que nuestros dirigentes se queden en casa. La función
de Praga debe ser la de afrontar las amenazas futuras, no
la de celebrar las glorias pasadas. Y estas amenazas provienen
de terroristas equipados con armas de destrucción masiva.
Afortunadamente, creo que hay más áreas de coincidencia
de las que sugieres. Los ministros aceptaron ya que la OTAN
debe estar dispuesta para ayudar a disuadir, defender, desarticular
y afrontar los ataques terroristas, o para hacer frente a
la posibilidad de dichos ataques, dirigidos desde el exterior
y que amenazan nuestras poblaciones, territorios, infraestructuras
y ejércitos, y en especial aquellas que implican armamento
químico, biológico, radiológico o nuclear.
Y lo que quizás sea más importante, aceptan
también que la OTAN debe estar preparada para desplegar
sus fuerzas "cuándo y dónde sea necesario"
para ejecutar esas misiones.
Estos son sólo unos pasos iniciales, pero importantes. Pero podemos, y debemos hacer más - todos juntos. ¿Difícil? Sí. ¿Imposible? No.
Atentamente,
Dan
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Querido Dan
Igual que ocurre con los miembros
de la OTAN, estamos de acuerdo en muchas cosas, pero llegamos
a conclusiones muy diferentes. Al comienzo del debate dije
que la nostalgia estaba condenada a acabar en desilusión pero
eso no significa que debamos ignorar las experiencias de la
Alianza. Desde los Balcanes, sabemos qué cosas sabe hacer
la Alianza, y la necesidad de estabilización no sólo no ha
desaparecido sino incluso asumió una mayor importancia. Los
Estados en ruinas constituyen un terreno abonado para el terrorismo,
y la OTAN puede ayudar a restaurar en ellos el orden y el
Estado de Derecho.
Sigue existiendo a ambos lados del Atlántico una percepción diferente sobre la naturaleza de la amenaza. Recoges la amenaza a largo plazo que supone el terrorismo y que se siente tan intensamente en Estados Unidos. Europa está preocupada, como lo ha estado durante mucho tiempo, pero centrarse en un único problema podría desequilibrar el planteamiento global sobre la seguridad.
| Los Estados en ruinas constituyen un terreno abonado para el terrorismo, y la OTAN puede ayudar a restaurar en ellos el orden y el Estado de Derecho |
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La actual Administración de EEUU parece empeñada en llevar a cabo su guerra antiterrorista con ataques preventivos contra países lejanos. Una serie de aventuras militares en Irak, Irán y otros países podría, en última instancia, aumentar la amenaza terrorista y perjudicar a la democracia en nuestras sociedades. Europa cree que la actual situación estratégica necesita un planteamiento mucho más complejo. La idea de que la OTAN actúe como una moderna legión romana, defendiendo el imperio de Occidente no resulta nada atractiva.
Quizás no debamos preocuparnos demasiado sobre las dificultades que se producirán en Praga. Nuestros diplomáticos harán un magnífico trabajo, como siempre. Se garantizará la nueva ronda de adhesiones. Rusia se sentirá importante y apreciada. Los europeos pensarán que han sido capaces de ejercer su influencia moderadora sobre los norteamericanos. Y, lo que es más importante, Estados Unidos pensará que sigue estando a cargo de la política global de seguridad. Cada uno tendrá su parte, y aquí no habrá pasado nada.
Atentamente,
Tim
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