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Sebestyén L. v. Gorka analiza tres libros sobre la reforma militar desde el final de la Guerra Fría.
Tras los conflictos de Bosnia-Herzegovina, Somalia, Kosovo y Afganistán en los 90, nadie puede dudar de la transformación fundamental que han sufrido las fuerzas armadas tras el final de la Guerra Fría, tanto en sus medios como en su misión y relaciones con el resto de la sociedad. Cada uno de estos tres libros intenta abordar las cuestiones de cómo se relacionan los ejércitos modernos con las sociedades que los rodean y sostienen, y cómo deben utilizarse dichos ejércitos para los problemas actuales.
Los dos primeros libros - "La ampliación de la OTAN y Europa Central: un estudio sobre las relaciones cívico-militares" (NDU Press, Washington,
1996) de Jeffrey Simon y la recopilación de ensayos titulada
"Ejército y Estado en la Europa poscomunista" (Frank
Cass, London, 2001), editado por David Betz y John Löwenhardt - abordan específicamente los desafíos que afrontan los antiguos países del Pacto de Varsovia, y están dirigidos a una reducida audiencia de especialistas. A nivel internacional, los analistas de habla inglesa especializados en este campo son pocos y dispersos, pero suelen estar muy al corriente de los problemas que les quedan más cercanos y, a menudo, han ocupado puestos oficiales en el sector de la defensa, así que queda poco margen para inexactitudes o generalizaciones. El tercer libro"El debate sobre la intervención: hacia una postura de un juicio basado en principios"
(US
Army War College, Carlisle, PA, 2002) de John Garafano, se enfrenta a la cuestión, oportuna y espinosa, de en qué casos una nación debe usar la fuerza. El trabajo de un autor norteamericano especializado en estrategias de despliegue militar de su país puede parecer fuera de lugar en este grupo, pero lo cierto es que hoy día todas las naciones desarrolladas afrontan el desafío de los cambios en el escenario estratégico iniciados tras el final de la Guerra Fría. En aquel entonces, a pesar de la amenaza opresiva y gigantesca de una Tercera Guerra Mundial, al menos existían una estabilidad y predecibilidad hasta cierto punto reconfortantes: los enemigos, las necesidades y los medios eran evidentes y conocidos. Pero ahora, los beneficios del periodo de paz tras el fin de la Guerra Fría se traducen en reducciones militares y recortes en los presupuestos de defensa, al tiempo que una multitud de nuevas y costosas misiones - la pacificación, el mantenimiento de la paz y la construcción de naciones - exigen el máximo uso de las capacidades y recursos disponibles. Estos cambios afectan a todos los Socios de la OTAN, así como a los países que quieren llegar a estar estrechamente asociados con la Alianza y contribuir a sus nuevas misiones.
Aunque el libro de Jeffrey Simon se publicó
hace seis años, lo incluimos en esta reseña por dos
motivos. El primero, sus frecuentes y periódicas visitas
a la región en los años que precedieron a la primera
ronda de ampliación de la OTAN en 1999 le dieron a Simon
un posición privilegiada entre los escritores occidentales
que se ocupaban de las reformas militares en Europa
Central. Difícilmente encontraremos otro investigador
que haya publicado tantos artículos sobre estos países,
considerando el gran volumen que publicó en 1996 y sus
colaboraciones habituales en la revista Strategic
Forum , el boletín del Instituto de Estudios
para la Seguridad Nacional de la Universidad para la
Defensa Nacional. El segundo, dados la decisión
sobre la próxima ronda de ampliación que
la OTAN debe tomar en la Cumbre de Praga, y el seguimiento
que sobre esta cuestión ha realizado Simon, puede
resultar de gran utilidad recordar las evaluaciones
que realizó antes de la Cumbre de Washington
de 1999 sobre la reforma militar en los países
centroeuropeos.
El libro aborda en primer lugar un debate genérico
sobre las iniciativas que la OTAN llevó a cabo para
facilitar la cooperación y una posible ampliación, seguido
por una descripción, ordenada cronológicamente para
cada país, del enfoque de las reformas militares a principios
de los 90, y del grado de implementación que tuvieron
las mismas. Se analiza primero el caso alemán, con la
absorción del Nationale Volksarmee de Alemania
Oriental en el Bundeswehr, y posteriores capítulos
tratan de Checoslovaquia - y los países que la reemplazaron
- Hungría y Polonia. En conclusión, Simon resume las
cuestiones más candentes que son comunes a todos ellos.
Cada uno de los informes nacionales resulta casi abrumador
por el nivel de detalle, en especial por las personas
citadas y las descripciones de sucesos realizadas por
participantes fundamentales en los mismos, que reflejan
las frecuentes reuniones y el libre acceso que tenía
el autor con las personalidades implicadas. Por eso
ha podido dar una buena visión general de la reducción
y los cambios organizativos sufridos por las fuerzas
armadas, así como de los obstáculos específicos que
encontraron en cada caso las reformas.
El capítulo sobre Polonia permite conocer al lector los entresijos del conflicto entre el Presidente Walesa y los altos funcionarios civiles del Ministerio de Defensa polaco, por un lado, y un Jefe de Estado Mayor ,bastante creativo en sus interpretaciones sobre las restricciones constitucionales y la cadena de mando, por otro. En el caso húngaro, el autor nos documenta el improvisado concepto que se tenía - y todavía se tiene - en Budapest de lo que es el control civil sobre el ejército, al tiempo que resume su principal crítica en el subtítulo: "De ciudadanos de uniforme a generales en traje civil" . Simon resalta que para un auténtico control y reforma de las fuerzas armadas, la falta de claridad constitucional supone un verdadero obstáculo, como lo es la debilidad del comité parlamentario que supervisa el gasto en defensa. En general, incluso en los capítulos que dedica a Checoslovaquia y a los países que le sucedieron, Simon establece una sólida base para el análisis posterior de las dificultades que cada país sufrió - y en algunos casos, sigue sufriendo - en la transición desde un sistema militar obediente hacia Moscú, sobrecargado de mandos y que subestimaba totalmente la delegación de responsabilidades en los suboficiales, hacia un sistema de fuerzas independientes con capacidades modernizadas, en el que se recompensa la capacidad de iniciativa.
Las únicas críticas posibles hacia la obra de Simon se centrarían en defectos menores, difícilmente evitables. El grado de comprensión de un autor hacia un país y sus problemas específicos - sobre todo en un sector muy especializado como la defensa - puede siempre verse cuestionado cuando éste no conoce los idiomas de dicho país. Cuando uno se ha visto implicado en el proceso de reforma de la defensa, resulta fácil detectar cuándo un poco de información nativa hubiera completado con facilidad el cuadro, o hubiese ayudado a clarificar algunas cuestiones no resueltas. Sin embargo, las conclusiones que expone el autor mantienen su validez. La mayoría de los países implicados necesitaban tomarse más seriamente la reforma de la defensa y el ejército, y ayudar a prestigiar un sector que lleva mucho tiempo abandonado, además de estar a la altura de sus compromisos internacionales, tanto políticos como financieros. Desafortunadamente, aunque tres de los países analizados se han integrado la OTAN en los años transcurridos, pocas cosas han cambiado desde la publicación del libro.
Frank Cass probablemente sea el editor preferido para los analistas de política de seguridad, habiéndose ganado una posición que nadie, salvo quizás Greenwoods en los EEUU, parece capaz de alcanzar, apoyando publicaciones de pequeña tirada centradas en cuestiones de inteligencia, policiales y de terrorismo, y publicando tratados muy centrados en temas de la Guerra Fría. Personalmente, a menudo desconfío de las recopilaciones de ensayos como este "Ejército y Estado en la Europa poscomunista"
; pues con demasiada frecuencia los componen un conjunto de partes mal hilvanadas y de calidad muy desigual, o la colección proviene solamente de la necesidad de publicar a raíz de una conferencia internacional. Además, siento aversión hacia etiquetas de dudosa utilidad, como la de "Europa poscomunista", un término que todos comprendemos fácilmente desde el punto de vista geográfico, pero que al mezclar naciones tan dispares como Eslovenia y la Federación Rusa, difícilmente puede calificarse de conjunto coherente desde una perspectiva científica. Dejando estos prejuicios aparte, el libro se orienta hacia un campo poco conocido, lo que le hace merecedor de una buena acogida.
El libro contiene nueve ensayos, algunos más generalistas, como el de Chris Donnelly, de la OTAN, que da una visión global de las relaciones entre civiles y militares en las nuevas democracias, y otros más especializados, como el análisis de Pavel Baev sobre la reforma militar en Rusia. En ocasiones, los autores recurren a la jerga burocrática al describir la situación de sus propios países, pero este hecho se ve compensado por algunas de las áreas escogidas para el análisis, que pocas veces - quizás ninguna - se han visto cubiertas antes. Como ejemplos de este trabajo de vanguardia están el ensayo de Anton Bebler, que se centra en la corrupción entre el personal de seguridad en la Europa Central y Oriental, y el de Sven Gunnar Simonsen que, entre otros temas, analiza el nacionalismo en las fuerzas armadas rusas. En general, se trata de un libro útil, al menos porque puede ampliar los horizontes del especialista nacional y permitirle al lector de a pie ponerse rápidamente al corriente de algunas de las herencias más persistentes del comunismo.
John Garafano, un antiguo investigador de Escuela Oficial Kennedy, de Harvard, se centra en su monografía en la cuestión de cómo Occidente - y principalmente los EEUU - deben utilizar sus fuerzas armadas. Este enfoque le expone inevitablemente a ser comparado con la gran figura de la teoría de las relaciones cívico-militares en Occidente, Samuel P. Huntington, cuyo trabajo "El soldado y el Estado"
, a pesar de haberse publicado por primera vez en 1957, sigue siendo de obligada lectura para los que se mueven en ese campo. En el último decenio se ha escrito mucho sobre este tema, pero esta nueva obra, recientemente publicada, resulta uno de los análisis más completos y sistemáticos editados hasta el momento.
La primera parte del libro está dedicada a definir los que el autor considera que son los cuatro marcos principales que la administración norteamericana utiliza desde la Guerra de Vietnam para enfocar la cuestión de cómo y cuándo usar la fuerza militar, y que él denomina el planteamiento doctrinal o de criterio estricto, el intervencionismo intuitivo, la escalada progresiva o sobrecarga crítica y el marco lógico. En línea con la tradición de casi todos los investigadores sobre política exterior o de seguridad nacional de los EEUU, Garafano vincula cada método con un personaje- Weinberger, Shultz/Albright, Clinton y Powell/Bush, respectivamente - aunque, en realidad, probablemente se vaya pasando por diferentes fases de cada uno, más que cambiar totalmente de un marco a otro. El autor describe claramente cada una de las situaciones, poniendo ejemplos de su aplicación a decisiones de seguridad nacional, y subrayando los riesgos que conllevan en cada caso.
Según la opinión de Garafano, los Estados Unidos tienen que permanecer activos y dispuestos a usar la fuerza con frecuencia, pero evitando utilizar por un exceso de celo su poderío militar para resolver toda clase de tareas en política exterior. En la segunda parte del tratado, a partir de las ventajas y desventajas señaladas en los cuatro planteamientos previos, el autor propone su propio marco recomendado, al que denomina "el juicio basado en principios". Estos principios se refieren a ocho criterios que siempre deben ser tenidos en cuenta antes de recurrir al uso de la fuerza. Muchos de ellos pueden parecer que pertenezcan al sentido común más básico, como la necesidad de definir los intereses nacionales, pero vale la pena mencionarlos porque algunos países centroeuropeos todavía no han sabido aplicarlos adecuadamente. Otros están bastante bien adaptados al nuevo escenario de seguridad, como el abandono de la idea de que el uso de la fuerza es el "último recurso".
Resulta difícil encontrarle defectos a un tratado tan profundo y convincente, que sin duda agradará a los que siguen los estudios estratégicos clásicos. Pero para el profesional parece que algo falta. Tras haber enumerado los elementos que componen su nuevo sistema, Garafano reconoce que para llevarlo a cabo debe producirse un cambio de actitud en las instituciones, pero cualquier lector cínico encontrará el fallo de un sistema que resulta tan claro y perfectamente definido: todos los sistemas son dirigidos por seres humanos, y la defensa constituye un supersistema especialmente vulnerable ante los caprichos personales y políticos. Pero como ejercicio de entrenamiento mental y como muestra de un análisis político sin trabas, el libro resulta impresionante. Una de sus conclusiones principales, relativa a la necesidad de "cultivar" expertos en estrategia, civiles y militares, resulta realmente importante para los países de Europa Central y Oriental que todavía están intentando reformar sus ejércitos. Estas recomendaciones prácticas hacen que su libro resulte atractivo a un público mucho más amplio que el de los EEUU.
Sebestyén L. v. Gorka es Director Ejecutivo del Centro para la Democracia e Integración Euroatlántica de Budapest.
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