Ir a Página de Inicio de la OTAN
Ir a Página de Inicio de la Revista de la OTAN
      Número actual: Primavera 2002 Números anteriores  |  Idioma
Ir a Página de Inicio de la OTAN
 Sumario
 Introducción
 Debate
 Reseña bibliográfica
 Entrevista
 Reportajes
 Opinión
 Temas militares
 Mapa
 Colaboraciones
 Enlaces
 Próximo número
Ir a Página de Inicio de la Revista de la OTAN Escribir al Director/Suscripciones Versión para imprimir


Enviar este artículo a un amigo


















































Predicciones sobre Praga

Vaclav Havel relata sus aspiraciones en la próxima Cumbre de la OTAN en Praga, la primera que se celebrará detrás del antiguo Telón de Acero.

El ingreso en la OTAN de la República Checa, Hungría y Polonia, y la extensión de esta oportunidad a otros países, ha sido la mayor y más visible prueba de la transformación de la Alianza desde el final de la Guerra Fría. En tres años, mientras los países miembros de la Alianza se preparan para la próxima Cumbre de Praga, su ampliación estará de nuevo en la agenda, al igual que el futuro mismo de la Alianza.

En relativamente poco tiempo, dos hitos históricos habrán cambiado de una forma absoluta y definitiva la visión de la misión de la OTAN, tanto dentro como fuera de la misma. Estos dos hitos fueron la intervención de la Alianza en Kosovo en 1999, y los ataques terroristas contra los EEUU el 11 de septiembre, que provocaron, entre otros efectos, que por primera vez en la historia de la Alianza se invocara el Artículo 5 del Tratado de Washington sobre defensa colectiva.

Estos dos acontecimientos - síntomas de los procesos históricos iniciados por el final de la Guerra Fría y la evolución de nuestra civilización hacia lo que ahora denominamos globalización - nos han hecho ver la magnitud de los retos de seguridad que afrontamos a comienzos del siglo XXI. Entre estas nuevas amenazas podemos contar los conflictos regionales, difíciles de prever y con el riesgo potencial de desembocar en confrontaciones a gran escala; los ataques con armas muy sofisticadas, sin aviso previo, que pueden proceder de varias direcciones; y un amplio abanico de peligros que provienen del difuso terreno donde conviven el crimen organizado, el terrorismo y la guerra civil. Por eso es éste el momento adecuado para que la Alianza lleve a cabo una revisión fundamental de su identidad, de su misión histórica y del papel que pretende desempeñar en la escena mundial.

En las últimas cumbres de la OTAN se han adoptado iniciativas que muestran que la Alianza es consciente, desde hace tiempo, de estas nuevas amenazas contra la seguridad. De hecho, hizo patente su interés al invitar a los antiguos miembros del Pacto de Varsovia, que vivieron bajo la dominación soviética hasta la caída del comunismo, a incorporarse a la Cumbre de Madrid de 1997. Esta fue la primera prueba tangible de la determinación de Occidente de acabar con la división europea. Además, la cumbre de este año tendrá lugar por primera vez en un nuevo estado miembro situado detrás del antiguo Telón de Acero.

Desde hace mucho tiempo he pensado que el futuro reside en la cooperación de grupos regionales claramente definidos, basados en unos valores comunes. Por eso creo que, por motivos culturales y geográficos, debe ofrecerse la adhesión a la Alianza a las tres Repúblicas Bálticas, Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia y Rumania, además de a otros estados, especialmente a los de Europa Suroriental. Aunque seguramente no será posible incorporar a la vez a todos esos países, y algunos no están aún preparados para la adhesión, la Alianza debería declarar en la Cumbre de Praga cuáles son las naciones que podrían llegar a convertirse en futuros miembros de la misma.

Una declaración de ese tipo es un requisito previo esencial para crear y desarrollar una colaboración realmente eficaz entre la Alianza y otras entidades y grupos regionales, como la Federación Rusa, cuya cooperación actual con la OTAN puede convertirse en una relación a largo plazo, mutuamente beneficiosa. Por eso la Cumbre de Praga debe ayudar a encontrar una nueva forma de asociación entre la OTAN y Rusia. También debe trazar nuevos caminos para la cooperación de la Alianza con los países de la región mediterránea, con las ex repúblicas soviéticas - en especial las de Asia Central y el Cáucaso - y con los países de Europa Suroriental.

La transformación y modernización de la OTAN, junto a las necesidades que plantea su ampliación, implican y seguirán implicando cambios de gran alcance en su doctrina militar, instituciones y estructuras, en la naturaleza de sus fuerzas armadas y mandos, así como en un cambio de prioridades hacia otros sistemas de armamento. Si el número de miembros de la OTAN aumenta tanto como espero que ocurra en un futuro próximo, será sin duda necesario reconsiderar los actuales procedimientos internos de toma de decisiones.

La campaña de Kosovo inspiró tanto el nuevo Concepto Estratégico - el documento que describe los objetivos de la Alianza y los medios militares y políticos de alcanzarlos - como la Iniciativa de Capacidades de Defensa - el programa al máximo nivel para aumentar las capacidades aliadas - adoptados en la Cumbre de Washington de 1999. Pero los acontecimientos del 11 de septiembre han hecho que el entorno de seguridad actual se concentre en un objetivo aún más concreto. Para que la Alianza defina con claridad el papel que quiere desempeñar en la campaña antiterrorista mundial, la Cumbre de Praga tendrá que incluir un nuevo análisis básico sobre el modo de operar de la OTAN. Además, tendrá que poner en marcha una transformación aún más radical de la Alianza, a fin de que ésta reafirme su posición como pilar fundamental de la seguridad internacional, y que sirva como modelo de organización comprometida con la defensa de la libertad de la humanidad.

Aunque los ataques terroristas del 11 de septiembre significaron un oscuro comienzo para este tercer milenio, la Cumbre de Praga puede ser la luz que ilumine nuestro camino. El paso del tiempo determinará la importancia real de esos trágicos acontecimientos y lo que han representado para nuestra civilización. Pero ya, en este mismo momento, debemos ser capaces de extraer ciertas conclusiones para el presente, y ojalá que Praga establezca un marco propicio e inspirador para ello. Sería realmente maravilloso si todos, dentro y fuera de la Alianza, viviéramos lo suficiente para ver el fin de la era de la división artificial del mundo. Y sería igualmente magnífico si, gracias al ejemplo dado, la Alianza contribuyera a configurar un mundo con menos sufrimiento y menos víctimas de la violencia.

Vaclav Havel es presidente de la República Checa.

...Subir...