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Vaclav Havel relata sus aspiraciones
en la próxima Cumbre de la OTAN en Praga, la primera
que se celebrará detrás del antiguo Telón de Acero.
El ingreso en la OTAN de la República
Checa, Hungría y Polonia, y la extensión de esta oportunidad
a otros países, ha sido la mayor y más visible prueba
de la transformación de la Alianza desde el final de
la Guerra Fría. En tres años, mientras
los países miembros de la Alianza se preparan para la
próxima Cumbre de Praga, su ampliación estará de nuevo
en la agenda, al igual que el futuro mismo de la Alianza.
En relativamente poco tiempo, dos hitos históricos
habrán cambiado de una forma absoluta y definitiva la
visión de la misión de la OTAN, tanto dentro como fuera
de la misma. Estos dos hitos fueron la intervención
de la Alianza en Kosovo en 1999, y los ataques terroristas
contra los EEUU el 11 de septiembre, que provocaron,
entre otros efectos, que por primera vez en la historia
de la Alianza se invocara el Artículo 5 del Tratado
de Washington sobre defensa colectiva.
Estos dos acontecimientos - síntomas de los procesos
históricos iniciados por el final de la Guerra Fría
y la evolución de nuestra civilización hacia lo que
ahora denominamos globalización - nos han hecho ver
la magnitud de los retos de seguridad que afrontamos
a comienzos del siglo XXI. Entre estas nuevas amenazas
podemos contar los conflictos regionales, difíciles
de prever y con el riesgo potencial de desembocar en
confrontaciones a gran escala; los ataques con armas
muy sofisticadas, sin aviso previo, que pueden proceder
de varias direcciones; y un amplio abanico de peligros
que provienen del difuso terreno donde conviven el crimen
organizado, el terrorismo y la guerra civil. Por eso
es éste el momento adecuado para que la Alianza lleve
a cabo una revisión fundamental de su identidad, de
su misión histórica y del papel que pretende desempeñar
en la escena mundial.
En las últimas cumbres de la OTAN se han adoptado
iniciativas que muestran que la Alianza es consciente,
desde hace tiempo, de estas nuevas amenazas contra la
seguridad. De hecho, hizo patente su interés al invitar
a los antiguos miembros del Pacto de Varsovia, que vivieron
bajo la dominación soviética hasta la caída del comunismo,
a incorporarse a la Cumbre de Madrid de 1997. Esta fue
la primera prueba tangible de la determinación de Occidente
de acabar con la división europea. Además, la cumbre
de este año tendrá lugar por primera vez en un nuevo
estado miembro situado detrás del antiguo Telón de Acero.
Desde hace mucho tiempo he pensado que el futuro
reside en la cooperación de grupos regionales claramente
definidos, basados en unos valores comunes. Por eso
creo que, por motivos culturales y geográficos, debe
ofrecerse la adhesión a la Alianza a las tres Repúblicas
Bálticas, Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia y Rumania,
además de a otros estados, especialmente a los de Europa
Suroriental. Aunque seguramente no será posible incorporar
a la vez a todos esos países, y algunos no están aún
preparados para la adhesión, la Alianza debería declarar
en la Cumbre de Praga cuáles son las naciones que podrían
llegar a convertirse en futuros miembros de la misma.
Una declaración de ese tipo es un requisito previo
esencial para crear y desarrollar una colaboración realmente
eficaz entre la Alianza y otras entidades y grupos regionales,
como la Federación Rusa, cuya cooperación actual con
la OTAN puede convertirse en una relación a largo plazo,
mutuamente beneficiosa. Por eso la Cumbre de Praga debe
ayudar a encontrar una nueva forma de asociación entre
la OTAN y Rusia. También debe trazar nuevos caminos
para la cooperación de la Alianza con los países de
la región mediterránea, con las ex repúblicas soviéticas
- en especial las de Asia Central y el Cáucaso - y con
los países de Europa Suroriental.
La transformación y modernización de la OTAN, junto
a las necesidades que plantea su ampliación, implican
y seguirán implicando cambios de gran alcance en su
doctrina militar, instituciones y estructuras, en la
naturaleza de sus fuerzas armadas y mandos, así como
en un cambio de prioridades hacia otros sistemas de
armamento. Si el número de miembros de la OTAN aumenta
tanto como espero que ocurra en un futuro próximo, será
sin duda necesario reconsiderar los actuales procedimientos
internos de toma de decisiones.
La campaña de Kosovo inspiró tanto
el nuevo Concepto Estratégico - el documento
que describe los objetivos de la Alianza y los medios
militares y políticos de alcanzarlos - como la
Iniciativa de Capacidades de Defensa - el programa al
máximo nivel para aumentar las capacidades aliadas
- adoptados en la Cumbre de Washington de 1999. Pero
los acontecimientos del 11 de septiembre han hecho que
el entorno de seguridad actual se concentre en un objetivo
aún más concreto. Para que la Alianza
defina con claridad el papel que quiere desempeñar
en la campaña antiterrorista mundial, la Cumbre
de Praga tendrá que incluir un nuevo análisis
básico sobre el modo de operar de la OTAN. Además,
tendrá que poner en marcha una transformación
aún más radical de la Alianza, a fin de
que ésta reafirme su posición como pilar
fundamental de la seguridad internacional, y que sirva
como modelo de organización comprometida con
la defensa de la libertad de la humanidad.
Aunque los ataques terroristas del 11 de septiembre significaron un oscuro comienzo para este tercer milenio, la Cumbre de Praga puede ser la luz que ilumine nuestro camino. El paso del tiempo determinará la importancia real de esos trágicos acontecimientos y lo que han representado para nuestra civilización. Pero ya, en este mismo momento, debemos ser capaces de extraer ciertas conclusiones para el presente, y ojalá que Praga establezca un marco propicio e inspirador para ello. Sería realmente maravilloso si todos, dentro y fuera de la Alianza, viviéramos lo suficiente para ver el fin de la era de la división artificial del mundo. Y sería igualmente magnífico si, gracias al ejemplo dado, la Alianza contribuyera a configurar un mundo con menos sufrimiento y menos víctimas de la violencia.
Vaclav Havel es presidente de la República Checa.
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